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¿Interesa el Estado Español a la sociedad catalana?

¿España  tiene un proyecto para Cataluña o sólo es un freno?

Se acerca la hora de la verdad, la hora de la culminación de este momento histórico, en que cada catalán tendrá que decidir en su intimidad si está a favor de la independencia, si está en contra o si se abstiene.

Desde la fatídica sentencia del Estatut (2010) han pasado siete años.  En este tiempo se ha dicho de todo.  Los argumentos a favor están todos publicados. Queda muy poco por explicar, sólo quedan excusas para quien no lo quiere atender. Es más, creo que la mayoría de catalanes ya saben hoy que votarían si mañana mismo se hiciera el referéndum. Cada uno tiene sus razones y es tan legítimo estar a favor de la independencia como en contra.

Lo que no parecen creíbles son una serie de argumentos de última hornada para manifestar dudas sobre la independencia e intentar barrerlas hacia el no. Parecen excusas de personas contrarias a la independencia (legítima) pero disfrazadas de razones. Son aquellos de la pureza, que exigen una Cataluña inmaculada para apoyar su independencia, como si el país del que dudan separarse, España, fuera un ejemplo mundial de honradez. Estos, no quieren la independencia, de acuerdo, pero no tienen razones, tienen excusas.

Hay mil muestras de ello. Por ejemplo: los que cuando estalla el caso 3% o cuando Millet o Montull delatan a CDC, dicen no querer formar parte de un nuevo estado donde hay corruptos. Por lo tanto, prefieren mantenerse en la España de Gürtel que en la Cataluña de Millet. No, mire, ustedes no quieren la independencia, y es muy respetable, pero no caigan en estos razonamientos, que se parecen más al autoengaño que a la reflexión. Es más: montar un estado nuevo es la oportunidad perfecta para crear un sistema político también nuevo, con todas las ventajas que ello supone a la hora de limpiar con el pasado y poner vacunas para el futuro.

En esto de las excusas, hay un ámbito que me tiene el corazón robado: el de la pureza ideológica.
Se debe hacer un país nuevo pero, sin derecha extrema o sin izquierda extrema y si no, no me apunto. Queremos que Cataluña sea un país normal pero eso sí, sin el extremo ideológico al que le tengo manía y que, curiosamente, sí tienen todos los países del mundo empezando por España. Llevado al extremo: «No quiero una independencia con una derecha con posibilidades de gobernar… prefiero una España monárquica liderada por Rajoy y apoyada por “Ciudadanos”. Pues lamento deciros a todos que la Republica Catalana, tendrá fachas y okupas y los estudiantes también continuarán bloqueando las calles con contenedores cruzados.

Pero esto no tiene nada que ver con lo que podemos conseguir como poder político y económico del país. Queremos un estado con 15.000 millones de euros más cada año y poder decidir en infraestructuras y políticas sociales ¿sí o no?

El problema ha sido que en lugar de debatir si es mejor votar sí o votar no, el debate ha ido sobre si se debe votar o no se debe votar. Y eso ha hecho desaparecer el debate real, el de los pros y contras de pertenecer a España. Quizás una cosa es consecuencia de la otra.

¿Se ha ocultado el debate real para disimular que España no tiene un proyecto para Cataluña, sino un freno?

Un freno a su crecimiento económico.
Un freno a ser un país puntero en el reto de la mundialización
Un freno a poder adoptar políticas sociales.
Un freno a poder decidir si Cataluña quiere tener un proyecto propio.

España se ha dedicado a negar sus déficits con Cataluña antes que repararlos. Y esto, por sí solo, es una de las principales razones para estar a favor de la independencia. Los hay que no tienen suficiente con esto y que, antes de la libertad de movimientos prefieren la dependencia hacia Madrid.

Habrá que tener en cuenta que en las papeletas sólo pondrá sí o no, un referéndum no mide el grado de convencimiento con el que votas. O a favor o en contra, no hay partes medias. E insisto: todo es legítimo. Pero que conste: se vota un estado nuevo e independiente o depender del actual. Esto son razones. Y el resto no dejan de ser excusas.

Paco Martinez

 

 

 

 

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