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Carta del presidente de Súmate Josep Manuel Bueno Martínez: La Cataluña de la diversidad solo puede apostar por la dignidad democrática.

Carta del presidente de Súmate Josep Manuel Bueno Martínez: La Cataluña de la diversidad solo puede apostar por la dignidad democrática.

Cataluña ha sido, es y será una tierra de libertad construida a base de sudor, lucha y pluralidad. Desde Súmate hemos defendido desde el primer día un proyecto de futuro compartido, donde los orígenes, los apellidos o la lengua materna – sea el castellano o el catalán- no dividen, sino que suman. Sin embargo, hoy esa convivencia de valores republicanos e inclusiva se encuentra bajo un doble ataque frontal: el ahogo de una situación económica asfixiante para las clases populares y la amalgama fascista de una extrema derecha que pretende dinamitar nuestros barrios utilizando el odio como combustible. Hoy, la dignidad democrática no es una opción ideológica; es una trinchera irrenunciable.

El derecho constitucional a una vivienda digna se ha convertido en un lujo inalcanzable debido a los alquileres abusivos, la especulación de los fondos buitre y la pasividad de las instituciones. Mientras los jóvenes son expulsados de sus municipios y los desahucios siguen desangrando nuestras comunidades. Es en este escenario de sufrimiento donde aparecen los vendedores de humo de la extrema derecha, con su populismo xenófobo y su machismo reaccionario, buscando culpar al inmigrante o al eslabón más débil, mientras niegan la violencia de género y pisotean los derechos conquistados. No lo vamos a permitir. La respuesta a la emergencia social no es el racismo ni la misoginia; es regular los alquileres, expropiar los pisos vacíos de los bancos y garantizar vidas dignas para todos y todas.

Esta resistencia no nace de la nada. Los derechos de los que disfrutamos hoy son el fruto de una larga e imprescindible historia de asociacionismo obrero, vecinal y de los movimientos sociales en Cataluña. Fueron los sindicatos de clase, los ateneos y las asociaciones vecinales de las periferias metropolitanas -donde se abrazaron catalanohablantes e hijos de la inmigración de Andalucía, Extremadura o Galicia- quienes conquistaron el agua corriente, los ambulatorios y las escuelas. En esa misma primera línea ha estado siempre la lucha del feminismo de clase y anticapitalista de este país; las mujeres que organizaron las huelgas de alquileres, las que sostuvieron las cajas de resistencia y las que hoy plantan cara a la brecha salarial y a las violencias patriarcales. Cataluña ha sido también pionera en la lucha por la liberación LGTBI, tejiendo una red donde la diversidad sexual y la igualdad de género no son lujos teóricos, sino derechos fundamentales conquistados en la calle.

Pero la dignidad de un pueblo no se defiende solo recordando el pasado, sino batallando en el presente. Lo vemos cada día en la movilización social que rescata nuestra sanidad pública frente a las listas de espera crónicas y el abandono de la atención primaria, y en la comunidad educativa que planta cara a los recortes en las escuelas de nuestros hijos. De la misma manera, la defensa de la lengua catalana como vehículo de cohesión social y herramienta de acogida en las aulas y los barrios es un pilar irrenunciable. Frente a quienes pretenden usar las lenguas como trinchera y ariete de división, desde Súmate —como castellanohablantes que amamos esta tierra— afirmamos que el catalán es patrimonio de todos y cada uno de nosotros, sin importar de dónde venga.

Esta defensa de los derechos civiles choca frontalmente con la alarmante deriva de sectores de la judicatura española, instalada en una estrategia de acoso y derribo contra cualquier avance democrático. Asistimos a una ofensiva judicial sin precedentes que busca torpedear de forma sistemática la acción del Gobierno del Estado. goLa persecución política camuflada con togas representa una gravísima perversión de la separación de poderes, un intento de las élites más reaccionarias de gobernar a golpe de providencias lo que no consiguieron ganar en las urnas.

Frente a este sabotaje judicial, avances cruciales como la Ley de Amnistía demuestran que la vía es el diálogo, la política y la normalización institucional. Sin embargo, la amnistía es solo un suelo mínimo. El futuro pasa por profundizar en el derecho a decidir y, de manera inmediata, por consolidar la apuesta de Cataluña por las opciones de que defienden el avance social i progresista. Solo desde mayorías progresistas, soberanistas y valientes se puede frenar la ola involucionista y revertir las políticas que precarizan nuestras vidas.

Garantizar este avance exige plantar cara, sin titubeos ni equidistancias, a la extrema derecha en todas sus formas. Debemos combatir con la misma firmeza el nacionalismo rancio y recentralizador de Vox, que niega nuestra pluralidad nacional y nuestros derechos sociales, como el populismo supremacista y excluyente de Aliança Catalana. El fascismo es fascismo, hable la lengua que hable y vista la bandera que vista. Ambas formaciones se alimentan del miedo, fracturan la convivencia de nuestras comunidades y señalan a las personas migrantes para proteger los intereses de los de arriba. Aislarlos políticamente y desmontar sus discursos de odio es un deber ético.

Como hombre de fe y creyente, considero que esta lucha por la justicia social no es ajena al Evangelio. Durante su viaje apostólico a Cataluña, el Papa León XIV nos dejó una honda lección de fraternidad en su paso por el Estadio Olímpico de Barcelona al recordarnos que, en el fondo, «somos mendigos de amor». De la misma manera, en su mensaje a la juventud civil y trabajadora, alertó contra «la idolatría del beneficio y del rendimiento», denunciando cómo este sistema deshumaniza y devora las vidas de la gente común. Para mí, la dignidad democrática se fundamenta precisamente en esa mirada: en la convicción compartida de que los derechos humanos no se ganan por productividad o utilidad, sino que son inherentes a cada persona. Responder al odio de Vox y Aliança Catalana y al ahogo de los mercados no es solo una obligación política, sino un mandato moral de amor al prójimo, solidaridad vecinal y defensa de los más vulnerables.

Apostar por la dignidad democrática significa responder a las mentiras con el orgullo de nuestra herencia trabajadora, feminista, diversa y profundamente humana. El derecho a decidir el futuro de Cataluña no es una disputa mística de identidades puras; es la herramienta soberana indispensable para arrebatar el control de nuestras vidas a los mercados especulativos, blindar la sanidad y la educación pública, proteger nuestra lengua y construir un estado social blindado contra el odio, el racismo, el machismo, la lgtbifobia y las maniobras autoritarias de quienes añoran el pasado. Nos jugamos el futuro, la convivencia y la libertad de nuestra gente. Frente a Vox, Aliança Catalana, el secuestro judicial y la precariedad: organización, orgullo de quienes somos y de la multitud de orígenes, y ni un paso atrás.

Como nos recordó el Papa León XIV en su encuentro en Cataluña, «una sociedad que se cierra en su propio egoísmo y rechaza al hermano es una sociedad que se apaga». Porque la dignidad democrática, al igual que la propia fe en la justicia, solo es real cuando se traduce en fraternidad, en acogida y en la defensa mutua de los derechos de todos y cada uno de nosotros.

 Feliz verano,

José Manuel Bueno Martínez

Presidente de Súmate

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