Artículo de Sergi Giménez Ayats
En mi opinión dudar es un sentimiento muy beneficioso y necesario para afrontar retos de todo tipo, no suelo confiar en la gente que dice no tener dudas o asegura que tenerlas sea de cobardes. Dudar es una invitación a la reflexión que nos conduce a realizar un acto de valentía al escoger una opción a pesar de lo que otros opinen, nunca es fácil y a veces puede resultar contradictorio e incluso podría condicionar tu relación con otras personas, pero esconderse en la opinión de la multitud sin dudarlo si parece un acto de cobardía.
Tener dudas sobre la idoneidad de apostar por una Catalunya independiente es de lo más normal y en cierto modo necesario, es un paso muy trascendental y merece una profunda reflexión, estar abierto a escuchar los diferentes puntos de vista y analizar con calma los argumentos de unos y otros. Mi colaboración con la organización Súmate ya da a entender que soy partidario de construir una nueva República Catalana, pero eso no quita que en ciertos momentos haya albergado dudas del proceso y si realmente será beneficioso para mí y los que me rodean.
Podría decirse que soy un independentista de nueva generación, un individuo que ha pasado de no dar importancia a estos temas a decantarme por una opción que una vez meditada y contrastada me parece viable, interesante y lo más importante ilusionante, siendo esta última la que más ha calado en mi. Es evidente que no se puede vivir de ilusión y debe estar respaldada por acciones tangibles y realistas, pero cuando estas opciones no exentas de un esfuerzo colectivo, son realistas y realizables se plantean con ilusión y ganas, mis dudas son menores y me animan a formar parte de ello.
Soy una persona a la que le gusta escuchar e intento buscar todo tipo de opiniones en medios de todo tipo y condición, siempre que puedo miro o escucho debates sin importar en el medio que los hagan en busca de argumentos que ayuden a resolver mis dudas. En mi humilde opinión el argumentarlo “unionista” se nutre de la verborrea religiosa en general, un tipo de discurso utilizado por cientos de religiones de nuestra sociedad actual y pasada. Para que una religión tenga sentido lo primero que debe crear es un infierno que infunda miedo y desconfianza ¿De qué sirve un dios si no hay algo que temer? Y eso es lo que me transmite el discurso estatal, quieren que crea que ellos son poseedores de la única verdad y que cualquier otra cosa representa la condenación eterna, nos auguran divinos castigos como la ruptura familiar, la pobreza más absoluta o el destierro e indiferencia mundial, unos argumentos que ellos mismos poden en duda cuando reconocen a Catalunya como una potencia económica, tierra de acogida y abierta al mundo. También me parece gracioso que defiendan que crear nuevos estados independientes sea un atraso, una idea que no va con los tiempos actuales ¿Disculpen? Creo que necesitan volver al colegio para estudiar historia, lo de crear grandes imperios imponiendo ideología, religión y cultura a otros pueblos ya lo hicieron Romanos, Macedonios, Otomanos y muchos otros incluidos los españoles, conservar la propia identidad en un mundo globalizado lo considero imprescindible para no caer en el control unilateral de unos pocos.
Es una realidad incontestable que son muchos los que piensan que los argumentos de los independentistas solo están basados en ilusiones o anhelos, en pocas palabras que vendemos humo. No negaré que la ilusión es nuestro fluido conductor, pero no es menos cierto que está fundamentado en razones muy reales, tan reales como decir que la sociedad catalana está sostenida por su gran capacidad empresarial, por sus ganas de prosperar, por un tejido asociativo espectacular y un inconformismo imprescindible para seguir avanzando, el independentismo catalán cree en sus ciudadanos sin importar su procedencia o idioma, es un proceso basado en su ciudadanía y sus necesidades ¿Tiene el independentismo su demonio? Por supuesto, se llama conformismo, un peligroso estado que puede invadirnos una vez creamos haber conseguido nuestro objetivo. La naturaleza de nuestro ideario nos obligará a ser una sociedad en constante evolución, dinámica y sostenible. Y aquí surge mi gran duda ¿Seremos capaces de ello? No tengo una bola de cristal, pero si una confianza ciega en la capacidad de la sociedad catalana.