Artículo de Paco Martínez
Yo no soy un estratega internacional, pero el sentido común me dice que Europa no puede permitirse que un espacio geográfico como Cataluña, quede fuera de todo control.
1º Las propias multinacionales que hoy están instaladas en Cataluña serian las primeras en presionar para que sus exportaciones siguieran estando sin dificultades dentro de Europa.
2º La deuda del 100% del PIB que España tiene en este momento contraída con los mercados internacionales, no olvidemos que en los bonos que representan dicha deuda, pone Reino de España, por lo tanto a una Cataluña independiente legalmente los acreedores no podrían reclamarle su parte, para ello tendría que ser la propia Cataluña que se comprometiera a hacerse cargo.
Ese hecho tendría que producirse en una negociación de Cataluña con España de tu a tu juntamente con otras concesiones por parte de España.
La presión que podría suponer para España el tenerse qué hacer Cargo del pago del 100% de la deuda, sin la parte que aporta Cataluña con sus impuestos, seria brutal.
Los propios acreedores (los famosos mercados internacionales) forzarían a los dos Estados a negociar para asegurarse el cobro de la deuda, como paso en 1868 con la deuda de los Trenes, que hizo que España pasara del Escudo a la Peseta, moneda que usaba Cataluña, la cual daba más seguridad de cobro a los acreedores internacionales.
3º La propia España tiene que darse cuenta por una vez, hasta ahora no lo han hecho (y digo que no lo han hecho porque lo demuestra con su falta de interés en la construcción de infraestructuras en Cataluña) que nuestro país es uno de los pocos pasos naturales que tiene para sus exportaciones hacia Europa
Cuando se encuentren solos con esta circunstancia esencial para su comercio exterior, y sin el esfuerzo gigantesco que hace Cataluña en el sentido de exporta, volverán al sentido común y tendrá que reconocer las dificultades que puede suponer para España tener una Cataluña fuera de Europa, no pueden seguir tan ciegos, estoy convencido que se impondrá una negociación.
El ADN catalán hace que la negociación sea el factor prioritario para llegar al final de este proceso.