Analizando argumentos

Artículo de Sergi Giménez

Una de las tareas más difíciles que se me ocurren es la de convencer a otra persona de que tus ideas serán beneficiosas para él o ella, aunque signifique recorrer un camino un tanto incierto. Pese a ello quiero intentar exponer mis razones y reflexiones para como mínimo dar que pensar al lector que no crea en la independencia de Catalunya.

Empezaré haciendo una radiografía de los diferentes perfiles de ciudadanos que prefieren continuar como hasta ahora o incluso españolizarnos más si cabe. Para hacerlo voy a guiarme por afinidades políticas, ya que ofrecen un perfil más genérico a mi entender. En primer lugar empezaré por los votantes de Unió, con un marcado perfil de derechas católicas, un colectivo formado en su base por poderosas familias catalanas que siempre se han beneficiado de la ideología caciquil del estado español, y que curiosamente han sido los catalanes venidos de otras partes de la península los que han hecho frente a este estatus. Si continuamos por la derecha nos encontramos a los simpatizantes del PP, donde predominan los nostálgicos de las últimas etapas del franquismo o de su forma de vida. Podríamos continuar por los socialistas, un colectivo que ha quedado muy diluido con fugas a todo tipo de nuevas o diferentes propuestas, pero si buscamos la radiografía podemos decir que se compone de gente trabajadora donde predominan los ciudadanos venidos de otras regiones de la península con arraigadas costumbres de su tierra natal. He dejado para el final los nuevos partidos como podemos que se alimenta de los descendientes socialistas y recuperan en cierto modo el espíritu del antiguo PSC y su lucha social, donde encontramos a los hijos de los emigrantes que sienten a Catalunya como su tierra pero temen traicionar a sus padres si lo sienten demasiado. Y para acabar los incondicionales de C’s, un colectivo seducido por un el discurso de Albert, que juega con la identidad como nadie y ofrece un espacio a todos aquellos que no tienen una identidad definida cargando contra las minorías identitarias a favor de una especie de uniformidad nacional que va contra la naturaleza pluricultural de España.

Ni que decir tiene que esto es una visión muy personal y generalista pero me sirve para entender las razones del NO. Vaya por delante mi respeto a todas las opiniones que son respetables y legítimas en su mayoría, pero que a mi humilde parecer a veces están respaldadas por débiles argumentos.

El primer argumento es el sentimental que tanto usan los unos como los otros, un argumento complejo que lo es todo y nada a la vez. Los hay que dicen que se romperán los lazos familiares, a lo que yo suelo responder que débiles deben ser esos lazos si dependen del país donde hayas decidido vivir, el amor a mi familia no entiende de fronteras , banderas o culturas un sentimiento que aseguro es reciproco. Otros temen perder sus orígenes o incluso que sus hijos los olviden, este miedo en especial no lo acabo de entender e incluso pienso que a veces puede que se haya utilizado de una forma negativa. En mi caso debo agradecer a mi padre en especial, transmitirme el amor y respeto por Aragón, su Aragón natal y testigo de su infancia, pero al mismo tiempo respetar mi amor incondicional por mi tierra, el sabe que nunca podré sentir Aragón como él lo siente, que nunca sentiré la devoción incondicional a su Virgen del Pilar o a su Cristo Marinero de Sadaba, pero también está seguro que nunca renegaré de mis orígenes viva donde viva, no soy Maño pero no cabe duda que la sangre aragonesa forma parte de mi y de lo que soy. Con este pequeño homenaje a mi padre y su tierra quiero decir que es frecuente que algunos padres no hayan facilitado a sus hijos tener su propia identidad, no es extraño escuchar cuando se pregunta a estos hijos de donde son responder; de Badalona pero mis padres son de Jaén. Como renunciando a la identidad catalana y son estos los que el señor Rivera con mucha astucia a reclutado, un sector de población que ha quedado en el limbo identitario y se autoproclaman españoles por encima de todo, huérfanos de esa identidad primaria de la que sus progenitores están orgullosos de pertenecer ,andaluces ,extremeños o lo que sea.

El siguiente argumento es el económico, una cuestión que podemos dividir en dos visiones diferentes, una vista por la gente de a pie de los miles de trabajadores, trabajadoras y pensionistas que creen amenazadas sus prestaciones o sus puestos de trabajo, y la de los empresarios o mejor dicho las grandes fortunas familiares que se beneficían de un estado con tics de feudalismo.

Creo que se ha explicado por activa y por pasiva el tema de las pensiones, pero si es necesario se vuelve a explicar. Las pensiones dependen en su totalidad de que exista trabajo, ya que al contrario de lo que muchos piensan las retenciones de seguridad social que se nos aplican en la nómina sirven para pagar las pensiones de los actuales pensionistas, no se guardan en un cajoncito para nosotros, o sea que lo único que asegura las pensiones es generar trabajo, crear empresas e innovar. Si algo define a la sociedad catalana es su empeño empresarial y su cultura del esfuerzo, eso no debe dar miedo, al contrario es un estimulo para ser más competitivos ofreciendo calidad y buen hacer a los mercados internacionales. Y en referencia a las grandes fortunas es mi deseo que creemos un estado donde las grandes operaciones especulativas, que no aportan nada a la sociedad tengan sus movimientos limitados y exentos de la impunidad de la que gozan ahora.

Existen muchos más argumentos como el histórico, el comercial o el reconocimiento internacional, que también merecen un análisis pero quiero reservarlos para próximos artículos. Si hay una gran diferencia entre el argumentario independentista y el inmovilista, es que el primero se basa en la ilusión, el cambio y el esfuerzo, en cambio los inmovilistas apelan al miedo, al desasosiego y la pereza.

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