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¿Interesa el Estado Español a la sociedad catalana?

¿España  tiene un proyecto para Cataluña o sólo es un freno?

Se acerca la hora de la verdad, la hora de la culminación de este momento histórico, en que cada catalán tendrá que decidir en su intimidad si está a favor de la independencia, si está en contra o si se abstiene.

Desde la fatídica sentencia del Estatut (2010) han pasado siete años.  En este tiempo se ha dicho de todo.  Los argumentos a favor están todos publicados. Queda muy poco por explicar, sólo quedan excusas para quien no lo quiere atender. Es más, creo que la mayoría de catalanes ya saben hoy que votarían si mañana mismo se hiciera el referéndum. Cada uno tiene sus razones y es tan legítimo estar a favor de la independencia como en contra.

Lo que no parecen creíbles son una serie de argumentos de última hornada para manifestar dudas sobre la independencia e intentar barrerlas hacia el no. Parecen excusas de personas contrarias a la independencia (legítima) pero disfrazadas de razones. Son aquellos de la pureza, que exigen una Cataluña inmaculada para apoyar su independencia, como si el país del que dudan separarse, España, fuera un ejemplo mundial de honradez. Estos, no quieren la independencia, de acuerdo, pero no tienen razones, tienen excusas.

Hay mil muestras de ello. Por ejemplo: los que cuando estalla el caso 3% o cuando Millet o Montull delatan a CDC, dicen no querer formar parte de un nuevo estado donde hay corruptos. Por lo tanto, prefieren mantenerse en la España de Gürtel que en la Cataluña de Millet. No, mire, ustedes no quieren la independencia, y es muy respetable, pero no caigan en estos razonamientos, que se parecen más al autoengaño que a la reflexión. Es más: montar un estado nuevo es la oportunidad perfecta para crear un sistema político también nuevo, con todas las ventajas que ello supone a la hora de limpiar con el pasado y poner vacunas para el futuro.

En esto de las excusas, hay un ámbito que me tiene el corazón robado: el de la pureza ideológica.
Se debe hacer un país nuevo pero, sin derecha extrema o sin izquierda extrema y si no, no me apunto. Queremos que Cataluña sea un país normal pero eso sí, sin el extremo ideológico al que le tengo manía y que, curiosamente, sí tienen todos los países del mundo empezando por España. Llevado al extremo: «No quiero una independencia con una derecha con posibilidades de gobernar… prefiero una España monárquica liderada por Rajoy y apoyada por “Ciudadanos”. Pues lamento deciros a todos que la Republica Catalana, tendrá fachas y okupas y los estudiantes también continuarán bloqueando las calles con contenedores cruzados.

Pero esto no tiene nada que ver con lo que podemos conseguir como poder político y económico del país. Queremos un estado con 15.000 millones de euros más cada año y poder decidir en infraestructuras y políticas sociales ¿sí o no?

El problema ha sido que en lugar de debatir si es mejor votar sí o votar no, el debate ha ido sobre si se debe votar o no se debe votar. Y eso ha hecho desaparecer el debate real, el de los pros y contras de pertenecer a España. Quizás una cosa es consecuencia de la otra.

¿Se ha ocultado el debate real para disimular que España no tiene un proyecto para Cataluña, sino un freno?

Un freno a su crecimiento económico.
Un freno a ser un país puntero en el reto de la mundialización
Un freno a poder adoptar políticas sociales.
Un freno a poder decidir si Cataluña quiere tener un proyecto propio.

España se ha dedicado a negar sus déficits con Cataluña antes que repararlos. Y esto, por sí solo, es una de las principales razones para estar a favor de la independencia. Los hay que no tienen suficiente con esto y que, antes de la libertad de movimientos prefieren la dependencia hacia Madrid.

Habrá que tener en cuenta que en las papeletas sólo pondrá sí o no, un referéndum no mide el grado de convencimiento con el que votas. O a favor o en contra, no hay partes medias. E insisto: todo es legítimo. Pero que conste: se vota un estado nuevo e independiente o depender del actual. Esto son razones. Y el resto no dejan de ser excusas.

Paco Martinez

 

 

 

 

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Ésta es mi historia

Ésta es mi historia

Dado los últimos acontecimientos y opiniones de prensa, la mayoría esperpénticos en su contenido insultante y amenazante en contra de los porqués soberanistas, os cuento porque estoy a favor del cambio total.

Como la mayoría sabéis soy andaluz, onubense para más señas. Mis padres emigraron a Cataluña cuando yo tenía tres añitos. Dejaron atrás la falta de trabajo y el hambre.  Diréis que esta historia está ya muy contada, lo sé, pero es la historia de los otros catalanes, la de mis padres y la mía.  Aquí encontraron estabilidad y seguridad.

Ellos emigraron para conseguir un futuro para sus hijos y lo lograron con mucho sacrificio y trabajo. Fue su revolución, a su manera, era la única forma de hacerla, emigrar hacia otras provincias , pero ellos desconocían lo que estaban comenzando. Hace falta tener mucho valor o pasar mucha hambre para dejar tus raíces y familiares atrás.  A su manera fueron revolucionarios sin saberlo ni pretenderlo.

Gracias a sus decisiones yo estoy ahora donde estoy, me siento privilegiado, no me falta de nada. Sé que tengo mucha suerte y muchos de los nuestros no pueden decir lo mismo, paro, desahucios, falta de asistencia etc.  Afortunadamente, de momento no me encuentro en ninguna de esas situaciones.  Bien, pues a pesar de que  tengo todo lo que necesito,  no caeré en la desidia de pensar que estas elecciones no van conmigo . Todo lo contrario, a mi manera quiero continuar la revolución que empezaron mis padres, sencillamente un futuro para mis hijos y mis nietos.

Respeto pero no comprendo a las personas que están en Cataluña en mi misma situación o parecida, que aún creen que siguiendo en España se va a solucionar el futuro de los suyos. Estos gobiernos que nos ha tocado en suerte nunca han mirado por el ciudadano sino por ellos (véase todos los puestos con sueldos suculentos que les quedan, por ejemplo a todos los ex presidentes,  por no hablar del saqueo de las arcas del estado en beneficio de ellos).

Lo que son los gobiernos españoles ya lo sé,  son casi 80 años de lo mismo. Gobiernos que no respetan a los más necesitados, gobiernos que nos han engañado bajo una democracia que no lo es,  (votar cada cuatro años no es democracia) , alternándose continuamente, abrazados a los poderes absolutos, los tribunales politizados, televisiones, prensa, etc…

Un gobierno democrático no debería menospreciar ni insultar a los que pensamos distinto que ellos llamándonos nazis y adoctrinados, un gobierno democrático pone las urnas,….ahhh que la constitución lo prohíbe y las leyes también, bien las cambian ellos para sus beneficios y además con nocturnidad (quien este informado me entenderá y quien no que lo investigue). Estos gobiernos no quieren a Cataluña ni a nadie.

Por todo eso quiero la independencia de Catalunya,  para empezar de cero, construir un país de calidad humana, cultural y laboral como nunca lo hemos conocido. Llamadme soñador o incluso iluso, bueno esto último ya me lo han dicho incluso negándome lo evidente. Ilusionado Sí,  porque podemos hacerlo.

A los que están indecisos, la independencia no representará renegar de tus raíces, yo seguiría siendo español y además catalán.

Hay muchos motivos para desear la independencia , pero mis motivos son mis hijos y mis nietos ¿no querrías un futuro mejor para los tuyos?

Yo votare independencia.

 

Paco Linares

Coordinador Súmate Hospitalet

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Es la hora de la gente

ES LA HORA DE LA GENTE

El régimen del 78, chapa y pintura del de 1939, ha desposeído al pueblo de su soberanía:

-Millones de euros gastados en Aves y aeropuertos sin pasajeros

-Una banca que se forró en la época de las vacas gordas y que con las vacas flacas ha sido rescatada con 122.OOO millones de euros, según informe reciente del Tribunal de Cuentas. Las ganancias a manos privadas y las pérdidas y pufos cubiertos con dinero público

-Una energía eléctrica cara dependiente de la importación, y el petróleo, en el país con más horas de sol de Europa

-Mientras la banca es rescatada y las eléctricas se protegen siguen los desahucios y cortes de energía

-Cuando el Parlament de Catalunya saca una ley que obliga a los bancos y grandes tenedores de pisos a realojar a los desahuciados y a las compañías energéticas a no efectuar cortes sin aviso a servicios sociales, esta ley es declarada inconstitucional. La Constitución Española permite rescatar a los bancos, pero no a las personas

-La reforma laboral iniciada por el PSOE y seguida por el PP ha provocado un descenso de los salarios, un aumento de la precariedad y ha creado un marco de relaciones laborales donde se hacen miles de horas  sin cobrar

-Unas pensiones camino de la quiebra por el descenso de los salarios que provocan descenso en las cotizaciones y por el descenso de cotizantes. La hucha de las pensiones se está agotando.

-Una corrupción terrible que se ha cobrado millones de euros aquí y allí

-Las instituciones no funcionan, la monarquía es una institución antigua, que conlleva un jefe de estado vitalicio que debemos mantener sin votarlo y sin poder echarlo, con un presupuesto que gasta libremente al que se añaden extras injustificables

-En el Parlamento donde no llegan  los votos llega el Ibex 35 con su larga mano para cambiar el No es No por la abstención.

-La división de poderes no funciona y el Tribunal Constitucional está deslegitimado desde que se cepilló un Estatut votado por los catalanes en referéndum

Es hora de decir basta y de recuperar la soberanía política, que el Ibex 35 y sus cómplices de aquí nos han quitado y con la política tendremos la económica, cultural, alimentaria y energética.

No basta con un cambio de gobierno, necesitamos un cambio de régimen donde tengamos derecho al pan, al trabajo, al techo y a la libertad.

Un nuevo régimen en un nuevo país donde se redistribuya la riqueza y tengamos la Sanidad, la Educación, y la atención a las personas dependientes que nos merecemos.

Un país feminista, sostenible, antifascista y que acoja refugiados políticos y económicos.

El 27 s en Catalunya  votamos una mayoría republicana .

Esa mayoría nos legitima. Es la hora del cambio y de votar para hacerlo

Tenemos derecho a decidir nuestro futuro, tenemos derecho a hacer un referéndum.

No importa como te llames, seas mujer u hombre, sea cual sea el lugar en el que hayas nacido, sea cual sea tu orientación sexual. Únete a nuestro proyecto, la salida la tenemos juntas tú y yo y ella y él: es gobernarnos.

Defiende el Referéndum

Vota Sí a la Independencia, Sí a la República

 

EN CATALUNYA ES LA HORA DE LA GENTE

 

Juan Batlle

Miembro de Súmate

 

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Carta a Felipe VI

Anoche un señor que vive en un palacio pagado por todos y al que no ha votado nadie salió en la tv y durante 12 minutos y 22 segundos habló de España, de legalidad y de convivencia. Otra vez. Y ya van 41 veces, 41 años (comenzó su padre Juan Carlos de Borbón al que al menos si votó alguien, un tal Francisco Franco Bahamonde pionero en esto de hablar en navidades allá por el año 1937). El señor de ayer se llama Felipe de Borbón y por su apellido cobra 7.700.000 euros públicos al año.

Durante esos 12 minutos además de hablar de “patrimonio común” (entiendo que no se refería al suyo) y del “valor de la familia” (entiendo que no se refería a la suya) habló de “unidad” y de “no romper normas” (entiendo que no se refería al Caso Nóos ni a su cuñado) que pueden hacer peligrar una supuesta recuperación económica que seguro que desde los bonitos y cuidados jardines de la Zarzuela se percibe. Es en este punto en el que conviene hacer ciertas puntualizaciones por alusiones.

Una vez más. Una urna no separa. Una urna no divide. Divide y separa un desahucio, no una votación. Divide y separa la cola frente a la puerta de comedor social, no frente a la cola de un colegio electoral. Divide y separa elegir entre comer o pagar la luz y no elegir entre un sí o un no en un referéndum. Divide y separa pagarle un safari a un señor para matar elefantes y no pagar una convocatoria electoral. Divide y separa ver a un señor en un palacio enmoquetado de centenares de metros desde tu casa de 60 cada nochebuena. Divide y separa ver a Carme Forcadell en las puertas de un juzgado por ser independentista y a Urdangarín en la playa por ser quien es. Divide y separa responder a centenares de miles de personas que salen a la calle cada año y a una mayoría parlamentaria total y absoluta con hipocresía, amenazas veladas y paternalismo predemocrático.

En definitiva, lo que amenaza a la soberanía (y al respeto) del pueblo español no es un referéndum en Catalunya, es apellidarte Borbón y hablar en prime time en la televisión de “una España de brazos abiertos y manos tendidas donde nadie agite viejos rencores o abra heridas cerradas”, en un país con 120.000 personas que siguen en cunetas 80 años después.

La dicotomía ahora en Catalunya es sencilla. Hay quien defiende una votación refrendada por un rey y hay quien defiende una votación refrendada por el pueblo de Catalunya. Con discursos como el de anoche, nos cargan de razones a unos y pone el foco sobre otros. En 2017 veremos. Feliz año republicano.

Gabriel Rufián, diputado de ERC en el Congreso y miembro de Súmate.

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Valores Republicanos

La Nación es el sentimiento y el Estado la herramienta para realizar ese sentimiento.

Como herramienta básica es imprescindible para solucionar las problemáticas sociales y económicas que sufrimos todas las personas que vivimos en Cataluña. Sin capacidad legislativa, judicial y ejecutiva propias, ni recursos económicos propios, pues los entregamos al Estado español, no podremos alcanzar el estado de bienestar que, por su capacidad productiva se merece el pueblo de Catalunya.

Valorando las opciones que tienen hoy en día los estados modernos, entre monarquía parlamentaria y república, descartando los estados totalitarios, por supuesto, mi opción sin lugar a dudas es la república.

Considero que los valores republicanos, nacidos de la revolución francesa, son muy superiores a los que representan las monarquías parlamentarias.

Posteriormente y en pleno siglo XX en España, se crearon una especie de mandamientos para ensalzar dichos valores.

El texto fue recopilado en unas octavillas de mano, editadas en la imprenta Gutenberg de Guadalajara el 31 de Mayo de 1931 y, en los que se rogaba la mayor publicidad posible, comentando asimismo cada uno de esos mandamientos con muy precisa calidad conceptual:

“El primero, amar a la Justicia sobre todas las cosas; el segundo, rendir culto a la Dignidad; el tercero, vivir con Honestidad; el cuarto, intervenir rectamente en la Vida Política; el quinto, cultivar la Inteligencia; el sexto, propagar la Instrucción; el séptimo, Trabajar; el octavo, “Ahorrar”; el noveno, Proteger al débil; el décimo, no procurar el Beneficio Propio a costa del Perjuicio Ajeno”.

Quizás después de las experiencias vividas en esta sociedad Española, desde los años 30 hasta ahora, nos parezcan bastante ingenuos estos hombres que crearos estos mandamientos. Pero me daría por satisfecho que nuestra República Catalana, fuera capaz de cumplir como mínimo con un 60% de estos anhelos y con el paso del tiempo nadie pudiera decir a la hora de valorar nuestros logros, que habíamos sido muy ingenuos al crear nuestros objetivos de sociedad.

Paco Martínez, miembro de Súmate y de la ANC.

 

 

 

 

 

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¿Y por qué debería obedecer a la Constitución?

Hoy es el día de la Constitución. La Constitución Española, aquel texto que nos dio todas las libertades y derechos, dotado de tal poderío que incluso dos personas tan diferentes como Manuel Fraga Iribarne y Santiago Carrillo se tuvieron que sentar alrededor de la misma mesa para redactarla, dando como resultado unas páginas tan perfectas que, gracias a ellas, pudimos salir de la oscura etapa del franquismo para poder adentrarnos por fin en esta gloriosa época de esplendorosa democracia, donde los ciudadanos podemos expresarnos libremente cuando queramos, tanto en la calle como en la urnas, a la vez que gozamos de unos servicios públicos gratuitos y de calidad, que ya les gustaría a algunos países nórdicos. Y lo pudimos hacer gracias a que la Transición fue, sobretodo, modélica.

¿Y lo mejor de todo? Que la votamos todos los españoles. Todos. Absolutamente todos. Incluso aquellos a los que nos faltaba lustros por nacer, he aquí su grandeza. Además, incorporando alguien que salvó nuestro gran país: Juan Carlos de Borbón. Sí, nos salvó el 23 de febrero de 1981 de los golpistas. Le debemos tanto… Además cercano y campechano. Y por si fuera poco, ahora Felipe VI, persona culta, educada, y sobretodo, preparada. Y todo gracias al gran demócrata Adolfo Suárez. ¿Y tener que soportar aquellos hombres pobres de espíritu que se quejan de que no hemos votado a sus majestades y a la monarquía? ¡Si ya los votamos! Todos. Y si no te gusta la Constitución… pues la Constitución incluye mecanismos para ser cambiada. Preséntate a las elecciones, saca una mayoría de dos tercios, y cámbiala. ¡Así de fácil!

Llevamos ya muchos, muchos años, aguantando ciertos mantras fachas y cuñaos de este estilo. Muchos. Y los consecuencias son las siguientes:
Tenemos una Constitución que en 38 años ha sido cambiada solamente dos veces, las dos sin la aprobación de la ciudadanía vía referéndum, las dos dirigidas desde Europa, las dos cambiando solamente un par de líneas. En 38 años, nada menos. Una Constitución que ya no es un medio por el cual se garantiza a la ciudadanía que tendrá derechos, libertades y servicios públicos, sino que es un medio por el cual la clase política que ha gobernado durante estos años se puede meter en el ámbito judicial para hacer y deshacer impunemente a su antojo. Y lo peor, es que en algunos casos, más que el medio ha resultado ser el fin, dado que el único proyecto de país de una mayoría política del estado ha acabado siendo defender con todos los medios posibles esta Constitución, con el único objetivo de que el antiguo régimen del 78 sobreviva el mayor tiempo posible a esa esperanza de cambio en España, que tardará aún mucho tiempo por llegar. Una táctica, tal vez puramente irracional, basada en aquella creencia propia del nacionalismo español rancio que dice que tocar la Constitución es atacar España, que solo ha provocado el olvido de la gente humilde y trabajadora por parte de aquel tripartito constitucionalista. Unas clase trabajadora, que, de un modo inexplicable a ojos de muchos de nosotros, siguen defendiendo, en muchas partes del Estado, este modelo. Y todo, sin olvidar que la Constitución estuvo tutelada por dirigentes y militares franquistas, y sin olvidar tampoco que el pueblo, entonces, no tuvo más remedio que votarla si quería salir del franquismo, y sin olvidar, tampoco, que algunos de sus artífices eran antiguos políticos del Movimiento Nacional (recordemos que durante el franquismo, Manuel Fraga ocupó la cartera ministerial de Ministro de Información y Turismo, y el admiradísimo por la prensa imparcial Adolfo Suárez fue gobernador civil de Segovia y director general de lo que hoy es RTVE).

Pero al margen de lo poco que nos pueda gustar la Constitución a muchos, podemos analizar un poco la demografía de España durante estos últimos años, y nos encontramos de cara con los siguientes hechos, que son, como mínimo, preocupantes:

Más de la mitad de la gente que en el 78 pudo votar la Constitución hoy está muerta. Y no solo eso, más de la mitad de los mayores de edad que vivimos a día de hoy no la hemos votado.
Así que la pregunta que me formulo es la siguiente: ¿Una Constitución votada mayoritariamente por gente que ahora está muerta, y no votada mayoritariamente por la que hoy está viva, no está, en cierto modo, muerta?

Y de ser así, ¿por qué debería obedecer a una Constitución que está muerta?
Y de no serlo, ¿por qué debería obedecer a una ley que no está legitimada por las urnas por más de la mitad de la población?

¿Y por qué debería obedecer una ley que no obedece ni tan solo el propio Gobierno, que debería ser el primero en cumplirlo? Y pongo un ejemplo. Artículo 47: «Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. […]» (Y si queréis más ejemplos, buscad los artículos 35, 40 y 128). A lo que también cabría preguntar, ¿por qué la vieja política solo habla de aquellos artículos que tratan (ignorando estos últimos meses, en que se ha hablado también de aquellos que tratan del funcionamiento electoral) la unidad de España y de la suspensión de la autonomía? ¿Será una coincidencia?

¿Y por qué debería obedecer una Constitución que ni tan siquiera se obedece a si misma? Y si crees que acabo de decir una tontería, juzga tú mismo:
Artículo 14: Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
Artículo 57.1: […] La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre […] en el mismo grado, el varón a la mujer.
(¿Y, de hecho, no es la monarquía de por si contraria a lo que establece el artículo 14?)

Y no sólo esto. Un «jovencito» que mañana cumpla 56 años, no habrá podido votar la Constitución. Es decir, la grandísima mayoría de la clase trabajadora no la han votado, lo que implica que quienes sustentan el país no han podido ser partícipes de la ley más importante que lo rige y fundamenta. Y aún más, a este ritmo, en pocos años, ningún votante de la Constitución estará en edad de trabajar.
Y si aún lo piensas más, hay ya muchos niños pequeños, y cada día son más, cuyos abuelos no han podido votar la Constitución. Y muchísimos jóvenes, ya mayores de edad, cuyos padres tampoco la han podido votar, como ocurre en mi caso.

Y entonces, ¿no estamos siendo, en cierto modo, excluidos del sistema por el propio sistema? Y pensándolo más, ¿no es la Constitución un contrato que establece la Ciudadanía con sus instituciones? Y de ser así, ¿no ha caducado ya hace mucho tiempo? ¿Y qué legitimidad le puedo dar a una ley que ni tan siquiera mis padres pudieron votar? ¿No están quedando ellos, también, en cierto modo, fuera del sistema? Y de no ser así, explíquenme qué es.

Y en cualquier caso, si hay una mayoría de gente que la rechaza, ¿sigue estando legitimada? ¿Y si la hay, por qué no se cambia de una vez? Y en particular, si en un territorio concreto hay una gran mayoría de gente que no está de acuerdo con esa Constitución y la quiere cambiar, ¿sigue siendo legítima en ese territorio?

¿Y por qué se utiliza la excusa “lo dice la Constitución” para dejar de hacer política? ¿A caso es la Constitución una especie de biblia inalterable? ¿O es solo la biblia de esta ideología “nacionalconstitucionalista” que ya casi se ha convertido en religión?

Resumiendo, creo que tengo motivos para pensar que podemos desobedecer esta Constitución, porque si ni mis padres ni yo hemos podido votarla, y como los míos, muchos otros, si ni la mayoría de la gente del estado en el que vivimos la votó, si la mayoría de la gente de estado que la pudo votar murió, si el gobierno de este estado la desobedece y la desobedeció, y la utilizó a su gusto para abusar de su poder a su conveniencia, si la propia Constitución tiene contradicciones, si la clase trabajadora ha quedado de forma ampliamente mayoritaria fuera de la votación de esta Constitución, si se ha reformado un par de veces sin referéndum popular, si no se reconoce por una gran cantidad de gente y por algún territorio en concreto, ¿no está total y absolutamente deslegitimada? Y en este caso, ¿por qué yo la debería obedecer? Y no solo yo, ¿por qué alguien de nosotros la deberíamos obedecer?

Esto no es ningún llamamiento a la desobediencia, es un llamamiento a la reflexión. Y si reflexionáramos un poco más, creo que estaríamos ampliamente de acuerdo en que ni la Constitución, ni por consiguiente, el Estado, cambiarán en cuestión de décadas. Algunos, en muchas partes de este estado, no tendrán, por desgracia, más remedio que seguir tragando todas estas décadas sin cambios. En otras, por suerte, se puede conseguir este cambio, que pasa por un proceso de autodeterminación que resulte en independencia, que significan, precisamente, y por muy radical que parezca, eso mismo, “determinar qué queremos ser” y “dejar de depender de”, en este caso, de un estado cuyos distintos gobiernos se han preocupado más bien poco por su ciudadanía. Y en el caso de Cataluña, no nos engañamos, sabemos que no va a ser un país perfecto. Simplemente, nos basta con que sea digno, democrático, de todos, y para todos. Nuestros familiares y amigos, o más en general, la gente a la que queremos, se lo merece. Privarnos de este nuevo país significaría seguir sometido a esta vieja política del estado español, con lo que todo eso implica. Y piensa bien qué significa “con lo que todo eso implica”. Aprovechemos la oportunidad. Desobedezcamos a quienes no nos representan y construyamos todos juntos este nuevo país.

Víctor Martín, miembro de Súmate

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Replica sobre el artículo “En un mundo globalizado la independencia es prácticamente imposible”, publicado por el Lendakari Urkullu en El País el pasado 3 de diciembre

Palabras que sin mencionarlo, iban dirigidas a las pretensiones de Catalunya, levantando una emoción incontenible en toda la prensa del Estado Español.

El Lehendakari Urkullu tiene unas habilidades muy de alumno educado con los jesuitas en Deusto y la principal es el gran pragmatismo que abunda entre las personas formadas en esta universidad, este pragmatismo les lleva como en este caso a llevar lo que vulgarmente se dice “la ascua a su sardina”.

En este momento todo lo que sea rechazar la palabra independencia va a favor de quien la rechaza y en contra de quien la propone, Urkullu gana un plus para sus objetivos delante del Estado Español.

Pero se debería de aclarar qué quieren decir la mayoría de los catalanes cuando piden la independencia de España

No estamos pidiendo la independencia del mundo globalizado, somos conscientes de que en este mundo del siglo XXI, nadie es independiente, estamos pidiendo la independencia del Estado Español, que a su vez sigue siendo dependiente de la UE, cosa que una vez construyamos nuestra República, los catalanes continuaremos siendo dependientes como otros estados europeos.

Por lo tanto el señor Urkullu tiene razón, en este mundo globalizado nadie es independiente, pero los Estados aunque hayan cedido parte de su soberanía, todavía les queda la potestad de regir sus políticas internas para prepararse en las mejores condiciones de competencia ante los retos que deberán afrontar ante este mundo globalizado. Como somos conscientes que según el criterio mayoritario de los catalanes el Estado Español no lo está haciendo, es por lo que sin dejar de ser dependientes de UE, queremos hacer nuestro Estado, para tener las herramientas de competición con este nuevo mundo global del siglo XXI, y con nuestro progreso poder recuperar el Estado de Bienestar que se merece una población tan laboriosa, emprendedora y activa, que es la población catalana.

También dice Urkullu que el concepto independencia es antiguo, del siglo XIX, ya he explicado, que ese concepto antiguo no es el que la mayoría de los catalanes pretendemos aplicar.

Pero Urkullu debería aplicarse otro dicho castellano que dice “ver la paja del ojo de los demás y no ver la viga en el suyo”

Lo digo porque hablando de antigüedades tendríamos que repasar de donde viene ese injusto concierto Vasco, nada más ni nada menos del siglo XIX, de una guerra Carlista, supongo que después de este descubrimiento, el señor Urkullu siguiendo sus propios consejos, renunciara mañana mismo a dicho antiguo concierto

Por cierto un concierto que lleva a ser más solidaria con la recaudación de los Presupuestos Generales del Estado a la Comunidad de Murcia, que a la comunidad más rica de España que es Euskadi, el déficit fiscal que tiene Murcia con respecto a lo que ingresa y lo que le retornan es 2,13%, el de Euskadi un mísero 1,35%.

Todo esto a mí me parece muy poco moderno, por lo menos en este siglo XXI se ven muy pocos ejemplos en UE.

A todo ello, los que más se llenan la boca a la hora de defender la igualdad de los españoles (PSOE), ayudan con su apoyo a colaborar con un gobierno de Urkullu, que continuara con esas diferencias, sin plantear otro modelo de Cupo más solidario.

Sé que nos es popular la crítica al Concierto Vasco, pero he escrito lo que yo pienso, y si alguno opina que es envidia, pues yo le digo que sí es envidia y seguramente muy insana.

Paco Martínez- Miembro de Súmate y de la Sectorial de Jubilats de la ANC

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La ‘España’ de Ocho apellidos catalanes: una unidad de destino en la Universal

La fabricación exprés de una presunta identidad nacional, motivada por la necesidad ideológica de consolidar un Estado en poco más de los restos peninsulares del miniaturizado imperio borbónico, se ha venido basando en menospreciar las diferentes culturas nacionales de los pueblos en él incluidos a la fuerza. A pesar del mito del “Estado más antiguo de Europa” con que nos martillean los variados aparatos difusores de la ideología de Estado, ningún sustrato de cultura específica sirve de sustrato a lo que no es sino una entidad política, no nacional… salvo pasar a llamarle “español” a la lengua de Castilla (hasta 1923 la Gramática de la RAE todavía se catalogaba como lo que es: “castellana”) y vampirizar, vaciándolos de contenido, elementos de la cultura andaluza para hacerlos pasar por constituyentes de lo genuinamente español. En efecto, “según los usos y costumbres del nacionalismo español inconsciente, la guitarra es «españolísima», pero no lo son, desde luego, ni la tenora, ni el txistu, ni la gaita. ¿Qué es la «canción española», en el lenguaje del nacionalismo español? La copla andaluza”.

Empero, como hemos indicado, un importante mecanismo de cohesión identitaria en el Estado consolidado en el siglo XIX ha sido el desprecio a las distintas culturas contenidas en su territorio, por ejemplo a través de los estereotipos negativos sobre gallegos pusilánimes, andaluces vagos o vascos brutos, condiciones particulares que solo se superarán si cada uno de esos pueblos abraza la identidad superior; verbigracia, la ‘española’. En ese modus operandi, no obstante, la catalanofobia se ha llevado la palma, en ausencia de un poder aglutinante en torno a símbolos como la bandera borbónica, como vector ideológico de masas del españolismo, por motivos histórico-sociológicos que sería largo de detallar aquí, pero que, en definitiva, se han convertido en componentes esenciales de lo que se conoce como nacionalismo trivial o banal, el cual, a pesar de su denominación, resulta enormemente efectivo: a menudo, un chiste de (contra) catalanes puede ser más cohesionador que agitar una rojigualda.  

En Ocho apellidos catalanes (OAC; 2015, Telecinco Cinema / Lazona Films / Weather Films, distribuida por Universal Pictures Spain) encontramos todos estos ingredientes. Ser de Galicia, Euskal Herria o Andalucía es sinónimo de aldeanismo. En 53:47, una de las personajes, Judith, que hasta dicho punto hemos creído que era catalana, se confiesa como gallega (en una alocución muy marcada lingüísticamente), de Cangas do Morrazo, revelando un fuerte complejo de inferioridad, cuando le confiesa a Rafa, el andaluz: “Bueno, yo hice marketing en Pontevedra, ¿eh? Pero luego, cuando vine a trabajar a Barcelona, me daba cosa decir que era de un pueblo gallego: aquí son más cosmopolitas”. Como ella está enamorada en secreto de Pau, artista catalán que va a casarse con la vasca Amaia, Rafa la consuela explicándole: “Que yo conozco a Amaia, que ella no va a vivir fuera de Argoitia (pueblo imaginario del País Vasco) ni harta de vino”. Amaia no quiere salir de Euskadi y su padre, Koldo, es tan igual de cerrado en su paletismo periférico que obliga a Rafa a llevarle ‘a caballito’ por la estación de tren de Atocha porque “¡un vasco como Dios manda no pisa Madrid!”; incluso, en su embrutecimiento euskaldún, le amenaza con amputarle el pie “sin anestesia ni hostias” como le haga pisar la capital del Estado (16:48). Del personaje andaluz, el estigma con el que más se le asocia es el de la ignorancia y el ‘hablar mal’. De hecho, por ejemplo, en 6:41, la secuela repite, no sabemos si adrede o por despiste, exactamente el mismo chiste que ya apareció en la película precedente, Ocho apellidos vascos (OAV): pronunciar “abertzale” como “aberchándal”. Las caracterizaciones estereotipadas tanto de las personas de Andalucía como de las de Euskal Herria simplemente siguen la tónica de la primera entrega.

En contraste con los rasgos que adornan a los citados pueblos, el estereotipo de lo catalán se caracteriza por un cierto cosmopolitismo, pero esnob y superficial, amén de, como es tradicional, por la obsesión por el dinero y la tacañería. A modo de muestra, Pau, que habla de sí mismo en tercera persona, se permite utilizar una Polaroid en vez de las actuales cámaras fotográficas digitales y solo regala una foto a una pareja de amigos para que los dos miembros de ella se la disputen, con tal de no tener que hacer (gastar) una foto más. “Os habrá contado Amaia la que estamos liando para la boda [entre ella y él]. ¡Ahí sí que se mueve mucho cash; incluso para mí! No voy a cometer la bajeza de comentaros de cuántos ceros es la cifra de la que estamos hablando…”. Pero al momento susurra, con aire de misterio: “¡Cinco ceros!” (minuto 25:22).

El diálogo entre Roser, madre de Pau, y la que se supone que se convertirá en su futura nuera, Amaia, en 49:45, responde al dibujo del nacionalismo catalán elitista, burgués, prepotente, pesetero, mezquino e insolidario (porque así es siempre, a ojos de la españolidad) que nos ofrecen los medios hegemónicos de comunicación propios del vigente nacionalismo de Estado. A la que parece que se convertirá en suegra de Amaia, suegra que ni siquiera se molesta en aprenderse el nombre de pila de la prometida de su hijo, le han hecho creer, como gesto compasivo antes de lo que estiman su cercano fallecimiento, que Cataluña ya es independiente. Pero Roser desconfía de la joven vasca, de la que, como dato sintomático, nunca recuerda su nombre exacto (unas veces la llama Hamaca, otras Imelda…): “No sé qué tanto por ciento de tu amor por Pau es interés, pero si es lo que me huelo, cámbiate de banco, porque en este no te vamos a dar ni la cubertería. […] No, sí; ya sé lo que quieres: la nacionalidad. […] Claro; la nacionalidad catalana. Desde que Cataluña es independiente, todos los españoles, ¡hala!, cap aquí, a buscar una vida mejor. Pero te advierto…”.

En 50:50 tiene lugar un momento en la película de alto valor simbólico. Rafa, para no ser visto por Roser en la terraza, trata de escapar corriendo a colgarse del mástil de una gran estelada, bandera independentista catalana. En planos posteriores, se agarra directamente a la enseña cuatribarrada y estrellada, la cual se va desenganchando del mástil y cae con él: una metáfora visual de la ‘fatuidad’ de la inviable quimera separatista. La crítica habitual al independentismo catalán en los medios españolistas toma el lugar común de que quienes abogan por esa opción política adolecen de una absoluta ingenuidad, dado que poco menos que piensan que con la independencia se atarán los perros con longaniza. En 58:49 podemos comprobar, en boca de la madre de Pau, a quien han hecho creer que ya vive en la Cataluña independiente, la reproducción de este estereotipo. De paso, la independentista y superburguesa Roser sigue exhibiendo su prepotencia y desprecio por Amaia, a quien se refiere de un modo algo despectivo y xenófobo: “No sabéis las ganas que tenía de compartir con vosotros la independencia, que tanto hemos esperado. Ya me han dicho, sí, que las cosechas son más abundantes y que los ríos bajan más caudalosos, y que el Soronelles Futbol Club, nuestro equipo, ¡ya jugará con la Champions! Bueno, todo esto son exageraciones de mi nieto; pero da igual, porque lo importante, amigos, llegará mañana, cuando nuestro alcalde case al Pau, al hereu [heredero], con la… forastera”.  

Las celebraciones en torno a la boda prosiguen (así como el nulo interés de Roser en aprenderse el nombre de pila de su futura nuera) en 1:02:05 con un parlamento del alcalde de Soronelles, quien, desde el balcón, anuncia a su audiencia un inminente aperitivo con boicot a “productos españoles”, aunque mitigado por el cliché del seny (asimilado, aquí, con lo pragmáticamente tramposo) para hacer una excepción con la carne y el vino. La saga Ocho apellidos, esta vez, vuelve a hacer una denuncia selectiva de comportamientos y actitudes xenófobas cargando las tintas contra las que vienen de los llamados nacionalismos periféricos, nunca del nacionalismo de Estado centralista (nacionalismo que se presentará siempre como invisible). Así se articula este doble rasero cuando Roser anuncia, ante el aplauso de la multitud: “Dejadme decirle a Imelda [Amaia] que no tendrá que pasar el mal trago de volver a España porque yo les voy a regalar mi masía y vivirán en una Catalunya lliure”. El alcalde de Soronelles añade, también en medio de ovaciones: “Luego nos vemos en la masía de la Roser, donde vamos a disfrutar de un piscolabis ¡con boicot a productos españoles! Bueno, jamón ibérico y rioja habrá, que tampoco nos vamos a volver locos con los boicots, ¿eh? […] ¡Visca Catalunya i visca la Roser!”

Sin embargo, ha habido en la realidad otro boicot, en sentido inverso, al que no se alude en la parodia cinematográfica. Como narra Marketingdirecto.com (13/I/2006), “Desde que el ex presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, diese comienzo a su campaña independentista para declarar Cataluña como un Estado separado de España”, porque de acuerdo con la imagen dominante todo el proceso catalán es obra de un solo señor, de acuerdo con la regla de la propaganda de la simplificación y el enemigo único, “arrancaba de forma paralela en el resto del país [España] una serie de movimientos (con mayor o menor aceptación) contra el consumo de productos catalanes. […] Ya en 2005 se iniciaron movimientos para frenar el proyecto del Estatuto catalán como el puesto en marcha por la web Liberalismo.org en el que ya se incluían las marcas catalanas o empresas afincadas en Cataluña contra las que se promovía (y promueve) el boicot. […] De acuerdo [con] datos ofrecidos por el último informe elaborado por Ipsos, titulado “La Percepción de la Imagen de Cataluña en el resto de España”, […] hasta un 14,3% señala que tiene previsto restringir el consumo y los viajes a Cataluña en los próximos meses”. De hecho, cuesta pensar que el guión de OAC haya incluido esta referencia al “boicot a productos españoles” sin nombrar al, por el contrario, muy real y difundido boicot a productos catalanes (a menudo, también a vascos) en el resto del Estado por mera inocencia. Como apunta Francesc Reguant (El Periódico de Catalunya, 17/XII/2015), al señalar al director madrileño de la película y al citado fragmento del discurso del imaginario alcalde de Soronelles, “este comentario ha sorprendido en Catalunya ya que desde Catalunya no se fomenta este boicot. Lógica y legítimamente se potencia el consumo local de proximidad, pero este es un concepto de autoestima, no de agresión como es el boicot. Por el contrario, el boicot a los productos catalanes, que normalmente va dirigido a productos alimentarios, no tan solo existe sino que ha sido alentado desde importantes medios de comunicación y sugerido por políticos del nacionalismo español. Por ello, quizá sin intención, Emilio Martínez-Lázaro parece querer justificar el boicot real a los productos catalanes creando la existencia del recíproco”. Y pone ejemplos de la verdadera situación: “Hace algunos años una prestigiosa revista del corazón ofrecía una cesta navideña que incluía vinos procedentes de una cooperativa catalana. Pues bien, las artes del Photoshop habían hecho desaparecer de la imagen el origen de las botellas. ¿Se trataba de una política comercial anticatalana de esta empresa? No, simplemente se quería no generar rechazo en un mercado español con alta sensibilidad anticatalana, dando por descontado –observación importante– que en Catalunya la reacción inversa no se produciría. En la misma dirección, los ejemplos de estrategias de las empresas catalanas para ocultar su origen y eludir el rechazo de la catalanofobia son numerosos”.

En 1:06:12, OAC refuerza la idea de que es básicamente Cataluña el territorio del Estado donde se desprecia a Andalucía considerándola país de gente vaga, esta vez desde una visión racista clásica del paradigma biológico decimonónico, apelando a los genes. Muy vinculada a la reiteración de dicho mito, reencontramos en este fragmento la obsesión catalana por el dinero. Pau le pide a Rafa que sean amigos, “digan lo que digan”. ¿Quiénes?, se pregunta el segundo. “La gente. Ya sabes cómo es la gente”. […] Yo no; yo no soy de andar calculando qué porcentaje de nuestros impuestos nos cuesta Andalucía. ¡Pues entre un uno y un dos con cinco por ciento será; yo qué se! A mí no me escucharán llamaros «vagos» sólo porque genéticamente tengáis un inclinación a trabajar menos. De ahí a llamar «vago» a alguien, ¡respect!”. Si se quiere parodiar comentarios andalófobos en torno al tópico de la vagancia andaluza desde otros territorios, no obstante, hubiera sido fácil encontrar ejemplos variados, como la alusión de la presidenta madrileña españolista Esperanza Aguirre a “utilizar el dinero de los contribuyentes para dar pitas, pitas”, en referencia a los subsidios al campo andaluz. O la de su sucesora en todos esos atributos Cristina Cifuentes, ahora que recientemente ha declarado que “los madrileños están pagando 3.000 millones para que los andaluces tengan sanidad y educación”. O los famosos SMS racistas sobre andaluces “borrachos”, “vagos” o “ladrones” publicados en Intereconomía (cadena con sede en Madrid, no se olvide) después de que el PP no obtuviera mayoría absoluta en las elecciones andaluzas de 2012: «andalucia, una sociedad sin valores”, “este es el resultado de treinta años de profunda incultura andaluza apenada”, “mientras tantos andaluces reciban dinero sin trabajar, no ganara el pp”, “en andalucia una gran mayoría no tiene dignidad le han vuelto a dar un cheque en blanco para que sigan robando”, «A los andaluces les encanta la corrupción», «el problema de Andalucía es la cantidad de gente viviendo del cuento», “no os enteráis en Andalucía la corrupción es normalidad”, “la realidad de Andalucía es que más de la mitad vive del fraude y del subsidio”.  Recordemos que fue el filósofo de la alta burguesía madrileña, Ortega y Gasset, fue quien dejó escrito que las/os andaluzas/ces tenemos “la pereza como ideal y estilo de vida” y que “el andaluz lleva unos cuatro mil años de holgazán”. Tan madrileño como las dos anteriores… y como el director de la película. Lástima que el nacionalismo español sea el género no-marcado, por tanto supuestamente natural y pacífico, y que para esa misma ideología todos los demás nacionalismos sean automáticamente descarriados, excluyentes y xenófobos, como si no existieran versiones moderadas o democráticas de ellos. Quizá sea ese el motivo por el que Koldo llame “moruno” a Rafa en 15:24, o que su barco lleve por nombre precisamente Sabino Hiru [Tres], más que probable reminiscencia velada del nombre de pila de Arana, el fundador del PNV, al efecto de persistir en el lugar común españolista del racismo sabiniano: “He rodeado todo el Estado español en barco para venir a verte sin pisar Madrid. He roto el Sabino. Me han tenido que remolcar”, lamenta Koldo en 10:08.  

Prosigamos. En 1:18:19, Rafa es interceptado por una pareja de Mossos d’Esquadra que lo ven intentando volver a entrar en la masía donde tienen lugar las celebraciones de la inminente boda de Pau y Amaia, después de que esta le haya hecho abandonar el lugar. Cuando le piden la documentación, Rafa se asusta y les ruega: “Si me sueltas, te dejo que me pegues un par de zurriagazos con la porra en el lomo, que es donde más duele, y te haces unos selfies con los moratones, ¿eh? ¿No? Que no tienes Instagram, ¿no?” Lo interesante de este diálogo es el comienzo de lo que en la película es la asociación entre brutalidad policial y el cuerpo de seguridad catalán. Una vinculación altamente selectiva, de acuerdo con la técnica propagandística de la selección y omisión de información, dado que esta conexión entre Mossos y abusos (“¿Habéis dado alguna paliza ya o…?”, “¡Pero no me pegue, por favor!”, les ha dicho también Rafa en otro momento) no es puesta de manifiesto en ningún momento por OAC con otro cuerpo armado que también tiene su protagonismo en la cinta: la Guardia Civil.

Y no es que no se hayan producido numerosos casos de brutalidad policial por parte de los Mossos d’Esquadra: comisaría del Raval barcelonés, muerte del empresario del Eixample andaluz Juan Andrés Benítez, desalojo de inmigrantes en el barrio del Poblenou, pérdida de un ojo de Ester Quintana durante la huelga general del 14 de noviembre por el impacto de una pelota de goma, desalojo de la plaza Cataluña durante el movimiento 15-M, informe del Consejo de Europa por vulneración de derechos de detenidas/os por los Mossos, manifiesto de 200 jueces contra el indulto ministerial a cuatro mossos condenados por torturar un detenido en 2008 (20 Minutos, 23/X/2013)… Ahora bien, lo que resulta significativo es que en OAC todo el humor satírico alrededor de los abusos policiales se centre en alusiones a los Mossos d’Esquadra, sobre todo cuando en la película aparecen personajes que son agentes de la Guardia Civil, cuerpo armado cuyo historial de actuaciones brutales, reflejadas en el cine o la literatura, son parte inherente al imaginario popular en el Estado español: la tortura y maltrato a los falsos culpables del llamado crimen de Cuenca o Caso Grimaldos (llevado a la gran pantalla por Pilar Miró en 1979, aunque estrenado dos años después debido a la censura del primer posfranquismo);; el caso Almería, cuando fueron torturados y asesinados por la Guardia Civil en Roquetas de Mar tres jóvenes trabajadores residentes en Cantabria, erróneamente reconocidos como militantes de ETA, en 1981 (Eldiario.es Cantabria, 9/V/2016); las agresiones a manifestantes pidiendo agua para Carmona (Sevilla) y muerte por disparo de Miguel Roldán en 1974; la de Juan Miguel Mejías, emigrante andaluz asesinado en Barcelona a manos de un guardia civil ebrio; el asesinato del estudiante de Biología y militante izquierdista Javier Verdejo en 1976 mientras escribía en un muro una pintada con la leyenda “Pan, T…rabajo y Libertad”; el del delineante de 24 años Jesús María Zabala en Hondarribia (Guipúzcoa), mientras participaba en una manifestación pro amnistía el mismo año… Modos que, lejos de corresponderse con un remoto pasado histórico o, como mucho, la llamada “transición democrática”, siguen vigentes en ese cuerpo armado estatal. El Comité para la Prevención de la Tortura (CPT) del Consejo de Europa envió al Gobierno español en 2013 (tan solo dos años antes del estreno de OAC) un informe de más de 100 páginas en el que reprendía a las autoridades españolas por no investigar las denuncias por malos tratos e instaba a encargar una investigación independiente sobre los métodos utilizados por la Guardia Civil cuando custodian e interrogan a personas arrestadas (El País, 29/IV/2013): golpes a los detenidos (se hallaron palos y bates de béisbol en salas de interrogatorio de más de una comisaría; EITB.eus, 30/IV/2013), prácticas de tortura como la bolsa e incluso la agresión sexual, malos tratos para conseguir declaraciones firmadas de cara a la vista oral e interrogatorios al margen de la normativa vigente fueron puestos de manifiesto en el informe. Luis Roldán, exdirector general de ese cuerpo armado entre 1986 y 1993, declaró en una entrevista a El País (17/IX/2013): “hay sentencias que confirman torturas. […] Ha habido golpes, presiones físicas que no dejan huella, pero que puedes pensar que se producen. Presiones psíquicas, también. ¿Alguien se cree que declaran lo que declaran sin coacciones?”. Intentar impedir el derecho a la defensa realizando quejas y protestas a las/os abogadas/defensoras/es (o sus asociaciones profesionales) de las personas detenidas cuando aquellas recomiendan a estas no declarar es una práctica habitual de miembros de la Guardia Civil, como ha sido denunciado por la Asociación Libre de Abogados de Madrid, y como recoge el Informe sobre la tortura en el Estado español en el año 2014, elaborado por la Coordinadora para la Prevención y Denuncia de la Tortura. Es el cuerpo que  experimenta un mayor aumento en el número tanto de situaciones como de personas agredidas respecto al año anterior. En Andalucía un 78% de las personas agredidas denunciaron a agentes de la Guardia Civil como sus agresores, factor relacionado con la condición de “Frontera Sur” de Andalucía y al control fronterizo ejercido por dicho cuerpo como policía militarizada. Según un informe realizado por el Departamento de Psicología Social de la Universidad del País Vasco, en ese territorio “la Guardia Civil fue la policía relacionada con un patrón más severo de tortura. Por un lado, fue el cuerpo policial con un porcentaje más alto de alegaciones de malos tratos / tortura […] y, por otro lado, el que habría empleado métodos de tortura más graves”. El jefe de la Guardia Civil de Baleares, coronel Jaume Barceló, en una grabación reconocida como cierta por él mismo, asume y justifica agresiones a detenidos en estos términos: “Hostias y un golpe lo hemos dado ¡todos! Yo, así… El que ha trabajado un poco en esta Guardia Civil y no ha soltado una paparra [bofetón en lenguaje coloquial en Mallorca] es que ha trabajado poco. Porque eso lo hemos hecho todos” (ABC, 2/XI/2016). En un artículo sobre el mundo de la comunicación como este no podemos dejar de rememorar que en octubre de 2012 el Tribunal de Derechos Humanos Europeos condenó al Estado español por no haber investigado de manera efectiva la denuncia de torturas, por daños morales y a pagar los gastos judiciales en relación al cierre por orden judicial en 2003 del que era a la sazón el único diario en euskera, Euskaldunon Egunkaria. Siete años después de su clausura, la Audiencia Nacional absolvió a los 5 directivos del medio encausados por supuesta pertenencia a ETA, sin que se haya producido la más mínima reparación a los afectados. Uno de ellos fue Martxelo Otamendi, director del periódico desde 1993, quien, en febrero de 2003, nada más salir de prisión, dio una entrevista a Egunero (el diario provisional que sustituyó a Egunkaria) en la que narraba haber sufrido, durante los cinco días de incomunicación, vejaciones como “ejercicios físicos interminables, hasta reventar, hasta caerme y perder el aliento, flexiones, amenazas, insultos… y la bolsa, dos veces”. Cuando le preguntaron si habían sido diferentes grupos de guardias civiles los que le habían torturado, su relato fue: “Conmigo han estado dos grupos. Gente joven, de unos 30 años, con un odio profundo a los vascos, que tiene un conocimiento general de la cultura vasca, que tiene una concepción imperial centralizadora de España. Su juego favorito era preguntarme: «¿Cuales son los límites de España?». Y yo tenía que responder: «De Irun a Algeciras y de Finisterre a Cabo de Rosas». Y me hacían repetir una y otra vez”. En relación con que los guardias civiles comentaron la posibilidad de alargar la incomunicación y la detención, cuenta: “Pense que no aguantaría. Ahí mismo te presentan la posibilidad de suicidarte. Les pedí que me pegaran un tiro, y que acabaran pronto. […] Más de una vez. Le dije al forense que si no me hacía caso que me mataría contra una columna de acero que había allí. No quieres morir, pero es algo que te sale de dentro, es una forma de decir que has llegado al límite de los soportable, que no puedes más”.

Dado este amplio y documentado historial de abusos policiales, que, según los informes y documentos citados, no se circunscribe a casos aislados o anecdóticos, llama la atención, como decimos, que OAC restrinja las alusiones humorísticas sobre abusos policiales al cuerpo autonómico catalán y deje intacta a la Guardia Civil en sus chistes en lo que a ese apartado respecta, máxime cuando la trama gira alrededor de una protagonista vasca y un personaje secundario del mismo origen, como es su padre. Pero claro, en la visión españolista común, los Mossos d’Esquadra es la policía política de los nacionalistas catalanes mientras la Guardia Civil constituye uno de los referentes simbólicos del poder estatal. No es de extrañar, pues, que la película haya gozado en su día del favor del diario ultraderechista La Razón (18/XI/2015), que en uno de sus titulares resumía, de manera certera, su reseña sobre la cinta como “La «farsa» de la independencia”: una “gran farsa de los estereotipos” en la que “el cuerpo regional [sic], los Mossos d’Esquadra, es fuente constante de sátira y suministra alguno de los chistes más ácidos de la película a cuenta de los episodios de violencia injustificada que se han vivido dentro del cuerpo”. Se añade, en tono más difuso, que “la «españolísima» Guardia Civil, que intentará evitar la independencia, tampoco sale indemne de este retrato”; aunque, como ya hemos detallado, sobre este último cuerpo armado no recae ninguna de las referencias a abusos, torturas y brutalidad, las  cuales sí aparecen en relación con los Mossos (sin que, obviamente, pretendamos minimizar aquí la extrema gravedad de los hechos a los que la película alude en su parodia). Simplemente llegan dos de sus efectivos a la plaza central de Soronelles, en 1:31:30, para detener la que creen secesión catalana encubierta, con esta orden: “¡No intenten nada extraño! Saquen sus pasaportes catalanes y déjenlos donde yo pueda verlos” (la ingenuidad y escasas luces de los agentes quedan denotados mediante la expresión oral en andaluz, una vez más). El error de los guardias civiles da lugar a un clímax españolista: “¿Pero qué pasaporte ni qué pasaporte, eh?”, contesta sonriente una funcionaria no catalana, al tiempo que se abre la camisa y deja ver una pequeña rojigualda pintada sobre el corazón, lo que provoca el desconcierto en el rostro del agente, mientras todo el mundo allí presente prorrumpe en carcajadas. En todo caso, una sátira mucho más amable, sin duda, que la destinada a mossos maltratadores y sádicos. Por cierto, también aquí operan los marcadores lingüísticos, al igual que sucedía con la ignorancia de los personajes andaluces: de dos mossos que detienen y custodian a Rafa, mientras el poli bueno no abandona el castellano en ningún momento, la única a la que se oye hablar catalán es la que ejerce de poli mala, de modales ásperos y sentimentalmente reprimida. “¿No ves que está enamorado?”, le preguntaba él, Arnau, a ella, Mar, señalando a Rafa, a quien acababan de interceptar en la secuencia que introducíamos más arriba. Y prosigue: “Hay que ver, ¿eh? Como se nota que tú hace años que no…”. Ella reacciona airada: “¿Que yo no qué?”. Arnau vacila: “Nada”. A lo que Mar le insta a que culmine su comentario, con cajas destempladas: “Suelta la puta historia”. Él concreta su reproche: “Que no te enamoras”. En otro momento posterior, con el protagonista sevillano en comisaría, el poli bueno, que es el único de las/os dos que interactúa con el reo, se justifica con este: “¡Pero que yo no te puedo sacar así como así, Rafa!”. Acto seguido, consulta a su compañera: “¡Mar!, ¿qué hacemos?”. El gesto de solidaridad compasiva del mosso castellanoparlante recibe como respuesta este agrio y expeditivo parlamento, enunciado íntegramente en catalán: “¡Calla de una puta vegada, cony! [¡Calla de una puta vez, coño!]”.

Al igual que sucedía en OAV, el papel de Andalucía es el de pegamento de España, rol que una y otra vez se le pretende adjudicar en el campo político y que esta producción cinematográfica reproduce en el plano simbólico; de ahí que todos los personajes andaluces sean profunda e hiperbólicamente españolistas. La historia del  ligón que se redime dejando atrás su amplio currículum mujeriego al enamorarse de una chica sentimentalmente cerrada, aunque sea en una caricatura con pretensiones eminentemente comerciales como esta película, recrea el arquetipo del Don Juan zorrillesco que ‘conquista’ (en la terminología patriarcal al uso) a su amada, con feliz desenlace para ambas/os. Lo particular en este caso es que el andaluz ejerce de instrumento de sutura de la unidad de España: Amaia, la Doña Inés euskaldún, en contrapartida por haber sido ‘conquistada’ por el gracejo sureño, le hará ‘sentar la cabeza’, además de darle un hijo español en la escena final. Efectivamente, en 1:39:12 vemos cómo Koldo, que conduce la furgoneta donde su hija es asistida esta tanto por Rafa como por el personaje de Merche (la cacereña que ha ganado para el amor a Koldo), se niega a parar en cualquier hospital en el que puedan atender debidamente a una Amaia a punto de dar a luz. ¿El motivo? “¡Que no paro ni pa Dios! ¡Aitor no nace en Castilla; nace en Euskal Herria!”, advierte claramente. “¿Pues no estás viendo que el niño lo que quiere es ser español?”, inquiere un Rafa desesperado. “¡¿Antojos a mí?! Teníamos que ir a comprar morcillas a Burgos ¡precisamente hoy! ¿Es que en Beasain no hay buenas morcillas o qué?”, repone Koldo, insensible a los gritos de la parturienta Amaia, a la que le ruega encarecidamente: “Un niñito español no me des, que me arruinas la vida. ¡Anda, bihotza [corazón]! ”. Obligado a parar en mitad de la carretera por el inminente alumbramiento, Koldo encuentra la solución: arranca de su emplazamiento un gran poste de señalización que indica el fin de la provincia de Burgos cuyo cartel reza «Ongi etorri [Bienvenidas/os]. Euskal Herria» para resituarlo detrás del vehículo, tras lo que vemos su rostro recuperar fuelle y esbozar un principio de sonrisa cuando oye el primer llanto de su nieto. Mediante esta trampa ha pretendido cambiar la realidad como si la criatura no fuera española, pero ante el público queda patente la inanidad de la maniobra de un Koldo que muy poco antes, en 1:38:32, también se ha alejado de los hechos reales anunciando desde un balcón de la plaza de Soronelles, junto a Merche, el falso enunciado de “la primera boda de la Cataluña independiente” que no es tal.

Es claro, de acuerdo con el mensaje ideológico del filme, que las/os nacionalistas (por supuesto, sentirse español/a no se incluye en esta categoría), que no quieren a España, son personas totalmente divorciadas de una realidad que, lo quieran o no, al final sale a relucir. Así sucedía con la rojigualda pintada en el pecho bajo la camisa de la funcionaria (la verdad sale a flote), pero también en otros dos momentos caracterizados igualmente por una fuerte carga simbólica. En 51:03 ha tenido que ser precisamente el protagonista andaluz quien, tratando de esconderse de Roser, arranca del mástil y hace caer (con él) una estelada blava (bandera catalana independentista, con el triángulo azul y la estrella blanca) de la que estaba colgado. En 1:38:10, dos de las/os funcionarias/os del Estado, que previamente han tenido que ocultarse durante la “farsa independentista de Soronelles, descuelgan desde sendas ventanas, con alivio y desprecio, la gigantesca estelada que pendía de uno de los edificios: cae el telón y el símbolo “separatista” llega al suelo justo para sellar el beso con el que Rafa y Amaia, a quienes la tela de la enseña cuatribarrada cubre en ese punto de clímax emotivo, se reencuentran definitivamente. La unidad de España (es decir, el final de la independencia ficticia de Cataluña) es, así, asociada en el inconsciente de la audiencia con algo tan positivamente connotado en nuestra cultura de masas como el amor romántico, que a la postre vence las mayores tribulaciones.

Estamos, por tanto, ante una producción audiovisual que sirve de refuerzo, en el terreno de lo cómico y lo amable, de una ideología, el españolismo, que vive un intenso repunte mediático y que, como apuntábamos al comienzo del presente análisis, exalta su “unidad de destino” basándose en la ridiculización de las diferentes entidades culturales contenidas en el espacio abarcado por su ámbito territorial. Se trata de que las personas de Andalucía, Galicia, Euskal Herria o Cataluña volvamos a practicar el sanísimo ejercicio de aprender a reírnos de nosotras mismas… Para que España también pueda seguir riéndose de nosotras. Faltaría más.

Manuel Rodríguez Illana

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El PSC y sus contradicciones

El partido socialista catalán, debe plantearse inmediatamente que quiere ser dentro de la sociedad catalana, antes de preocuparse por lo que le puede venir y como puede quedar en relación al PSOE, con ese mirar hacia Madrid,  demuestra a la sociedad catalana celosa en su mayoría de mantener su soberanía, que le preocupa más su conflicto de encaje con  el PSOE, que el encaje de la propia Catalunya con España.

Sus vacilaciones y cambios de planteamientos, muchas de las veces sospechosos de interferencias del hermano mayor, hacen confirmar estas reflexiones.

Primero se adhiere al derecho a decidir un referéndum concertado con el gobierno de España, deseo  mayoritario de los catalanes, de repente hace un giro y se queda con una respuesta vaga al derecho a decidir, decidir si no fuera aceptado por los catalanes una reforma federal de la Constitución, después se saca de la manga que estarían dispuestos a aceptar una ley de claridad como la Canadenca y ahora para quedar bien con el PSOE se agarran como a un clavo ardiendo al documento de Granada.

Creo que Miquel Iceta es muy listo tanto que se ha llegado a creer que los demás somos idiotas, es mi opinión el PSC que no sabe cómo salir airoso del descarrilamiento que le está llevando sus contradicciones por su falta de comprensión ante el proceso catalán, trata de buscar protagonismo y alianzas que le permitan resistir como partido de izquierdas Catalán, pero mirando siempre hacia España y esa deslealtad el electorado catalán siempre la castiga, compruébese el futuro en Catalunya del PP.

Si el PSC tiene que aliarse con las tesis de Ciudadas y el PP en Catalunya, como hace su partido hermano en España tiene los días contados

Paco Martínez- miembro de Súmate y Sectorial de Jubilats  

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Carta contestación a un amigo Socialista de Madrid

Hablas de levantar muros:

Y dices muy inteligentemente, sin mencionar quien los levanta.

El primer muro se levanta en la mente de las personas. Ellos y nosotros y buscamos y provocamos la diferencia que siga justificando nuestra posición.

Te contesto:

Ese muro mental que tu mencionas ya existe y lleva algunos siglos construyéndose y en algunas ocasiones con violencia. Ese muro se llama “catalanofobia”.

Si  dudas de lo que afirmo, solo tienes que hacer un repaso a las hemerotecas (no hace falta que sean catalanas) pues sobran hechos y literatura para comprobar la construcción de esa muralla que mencionas,  el caso catalán siempre ha sido un problema para Castilla

Desde Espartero que dice que para controlar a los catalanes hay que bombardear Barcelona cada 50 años, luego repetido como comentario, el demócrata y admirado Azaña, hasta la reciente famosa y despectiva frase del sr. J. Segura del PSOE, “den cuatro chocolatinas a los catalanes (no a los independentistas, este también habla de todos los catalanes) para que no se vayan”

Podrían encostrase miles de frases de este tipo, pero no cabrían en este escrito.

¿Te parece un muro mental pequeño? pues puedo hablarte de la recogida de firmas contra Cataluña que hizo el PP por lo del Estatuto (por cierto el PSOE callado) hasta el boicot de productos catalanes en toda España,

El punto sin retorno

La sentencia del Constitucional sobre el nuevo estatuto, supuso sin duda un punto sin retorno sobre el convencimiento de la mayoría del pueblo Catalán, hacia la consecución de un Estado Propio, perseguir la victoria total y la humillación de todo un pueblo, puede acabar girándose en contra, este es el mensaje que traslado el president Montilla a Zapatero, en los meses previos a la sentencia, la tesis de Montilla era la de la Desafección de Cataluña Sobre España, nadie le hizo caso, y la masiva manifestación del 10 de junio 2010, en respuesta a la sentencia, fue un comienzo de lo que vendría después.

Te aseguro que de todo esto no te culpo a ti, ni te comparo con ninguno de los mencionados, tampoco te hago responsable de ninguno de los agravios recibidos, te considero un hombre demócrata, me lo has demostrado en numerosas ocasiones durante el largo periodo de amistad.

Cuando en tu escrito dices: 

Cuantos hay levantando muros esperando vivir mejor.

Lo asombroso de este muro llamado Catalanofobia, es que durante mucho tiempo se ha levantado por ignorancia, por miedo al que te parece diferente por habla otro idioma, por un deseo incomprensible de humillar al otro, o por lo que le decía un directivo de telefónica a mi hijo Sergio, de vosotros los catalanes admiro vuestra capacidad de trabajo, pero considero que sois nuestros, pero no de los nuestros.

En lo de vivir mejor por nuestra parte, tendría que hacer una observación, considero con más interesadas las palabras de Javier Fernández (presidente de la actual gestora del PSOE) cuando considera que el PSOE se ha Abstenido o sea le ha dado el gobierno por pasiva a Rajoy, para evitar que el proceso catalán pueda triunfar, porque si sucediera las pensiones de los Asturianos peligrarían, o sea cargando sobre nuestras espaldas su déficit fiscal.

De la generación de trabajo, de atraer multinacionales, de trabajar las exportaciones, de potenciar el turismo, de favorecer polos industriales, que se preocupe otro, a mí que me llegue el dinero del Estado. Eso es lo que se entiende por Federalismo.

Curioso, de la penuria de los catalanes, debido a nuestra gran deuda a nadie le preocupa, parece que seamos todos ricos y los pobres son los otros, un poco más de equidad por favor.

Pienso que somos menos egoístas nosotros que desde un principio hemos reclamado la gestión de nuestros recursos (repito la gestión de NUESTROS RECURSOS, no fináncianos dependiendo de coaccionar la voluntad de otros) para poder  rebajar esa deuda la mayor de todas la Comunidades, con el añadido de un cupo de solidaridad que ni Euskadi ni Navarra contemplan.

Eso que parece razonable ya que somos la comunidad motor de Estado,  se nos ha negado sin posibilidad de negociarlo en un futuro, sin ni siquiera  contemplar una revisión de nuestra financiación.

Por todo lo expuesto los Polacos (apodo despectivo que nos ponen a los catalanes, no a los independentistas, sino a todos) podemos tener muchos motivos para creer que existen barreras mentales que ya llevan separando durante muchos años, por lo tanto la mayoría de nosotros estamos decidiendo algo que desean todas y todos los habitantes de este planeta “ conseguir la felicidad”, algo que es difícil de conseguir con un Estado en contra, repito conseguir la felicidad en este periodo corto de tiempo en que vivimos, es algo tan preciado y deseado que incluso está contemplado en la constitución de EE.UU.

Paco Martínez – Miembro de Súmate – Sectorial Jubilats ANC