Se ha consumado lo que, durante tanto tiempo, se había venido anunciando: la estatua del dictador Franco ecuestre ya está ubicada delante del Born, espacio de reivindicación para los catalanes y para todos los que defendemos la democracia.
¿Quién se atrevería a exhibir una estatua de otro dictador, Videla, en la plaza de Mayo de Buenos Aires delante de madres y abuelas de desaparecidos? ¿Serían capaces de colocar una estatua de Hitler en la puerta de Brandeburgo en Berlín? O, mejor, en la entrada del campo de Auschbitz. ¿O pasear una imagen de Benito Mussolini por determinadas zonas de Italia?
Se ha hablado mucho y se ha querido disimular como cultura. Para cualquier republicano es un insulto. Para los demócratas, reirse en su cara. ¿Y para los que tenemos asesinados por las hordas nacional-católicas? Para nosotros ya es incalificable.
Nunca llegué a conocer a mi abuelo materno. Yo nací en 1948 y él llevaba varios años muerto. La forma fue la típica de entonces. Una noche, de madrugada, varios partidarios del golpista, armados de escopetas, llamaron a su puerta. Se lo llevaron. La familia no volvió a verlo con vida ni se atrevieron, durante tres días, a ir en su búsqueda. Al fin lo encontraron en un camino con señales claras de que lo habían dejado malherido y que se había arrastrado por la tierra. Había estado agonizando en medio de la nada, desangrándose, arañando la tierra en busca de una ayuda que nunca tuvo.
En mi casa nunca se hablaba de esto. Y apenas de que mi padre había estado en la cárcel por haber luchado en el bando republicano. Todavía seguían vigentes los odios derivados de la guerra provocada por un asesino vestido de militar. Jamás me dijeron su nombre, parecía que hasta eso podía hacer revivir fantasmas. Por indicios, sospecho que se llamaba José. Dejó mujer y tres hijos viviendo en un pequeño pueblo de la España profunda, rodeados del odio de los ganadores de la guerra.
Todos los que estamos en un caso similar o peor, ¿qué podemos sentir al ver como el ayuntamiento de Barcelona invierte tiempo y dinero en demostrarnos que Franco sigue vivo?
Para más inri, lo colocan delante del monumento a la memoria histórica del 1714. ¿Han querido significar las derrotas de Catalunya de 1714 y 1939 como si fuera una repetición? No me extrañaría.
Chema Clavero
Presidente de Súmate