¿Por qué no os enteráis de una vez?

Hace tiempo que me pregunto cómo es posible que aún queden en Catalunya personas que no entiendan (o no quieran entender) el por qué de la necesidad de ser independientes, y sólo se me ocurren dos motivos:

1) Intereses personales económicos, y

2) Desconocimiento de la situación.

En cuanto al punto 1), aunque no me guste, puedo entenderlo; el punto 2) ya es más complejo porque se junta la falta de información y los sentimientos, sin tener en cuenta que los sentimientos, aunque sean importantes, ni nos dan de comer ni nos abren un quirófano que ha sido cerrado por falta de dinero.

Se han hecho multitud de charlas, reuniones, asambleas, etc. como para poder estar informado. Pero en esto de la información es como con la cultura, que cuanto menos sabe uno, más se piensa que sabe, y al revés… cuando aprendes, te das cuenta, como dijo el filósofo, de que no sabes nada de nada.

Revertir esta situación es harto difícil, y se me ocurre que (si fuera posible, que no lo es) una forma de hacer entender las cosas de golpe, sería la siguiente: En nuestras compras, no pagar impuestos; ni en el pan, ni en la ropa, ni en la compra de una vivienda… y luego, al final de año, que nos pasaran una factura, detallada, en la que nos dijera que hemos de pagar por persona un porcentaje determinado de nuestro bolsillo, para sufragar, por ejemplo:

– El sueldo del rey y la reina eméritos

– El sueldo del rey y la reina actuales y el de la princesita

– El ejército

– Las obras de los AVE

– Las autopistas del resto de España

– La solidaridad con las CC.AA. más desfavorecidas

– Las becas del resto de España

… Y un largo etcétera

Aparte de la cara de plátano que se nos iba a quedar a todos, (ya que, entonces sí, sabríamos lo que nos cuesta estar pegados a España), podríamos comparar lo que pagamos con lo que recibimos a cambio… y valorar en qué medida nos sale rentable.

Claro, si aquí atáramos los perros con longanizas, seguramente no nos importaría, ya que el pueblo catalán es muy solidario. Pero resulta que mis hijos, mis vecinos, mis amigos, pasan sudores para vivir o sobrevivir… igual que en el resto de España, claro, con la diferencia de que nosotros hemos de quitarle el pan de la boca a nuestros nietos para que otros nietos de otros lugares, coman.

Como le dijo el Montoro a Joan Tardá en el Congreso de los Imputados: «¡A pagar, a pagar!»

 

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