Fuenteovejuna es una de las más famosas obras teatrales escritas por Lope de Vega y publicada en el año 1618. Se trata de una obra con profundo contenido social y reivindicativo. Presenta la rebelión de un pueblo, Fuenteovejuna, unido contra la tiranía, la injusticia y el abuso de poder representado en la figura del Comendador, a quien acaban asesinando. Cuando el juez va al pueblo para investigar el crimen y encontrar los culpables, pregunta: “¿Quién mató al Comendador?” y el pueblo responde como una sola voz: “Fuenteovejuna, Señor!” Entonces el juez vuelve a preguntar: “¿Quién es Fuenteovejuna?” y el pueblo responde: “Todos a una, Señor!”

Esta breve introducción al artículo inspira una situación que, salvando las distancias, puede tener ciertas similitudes con la Cataluña de hoy en día.
Cataluña vive un momento histórico, un proceso que puede y debe conducir a ser un nuevo Estado europeo, un Estado nuestro, el de todos los catalanes, independientemente del origen, un Estado basado además de en el corazón, en la razón. Cuando nos pregunten: “¿Por qué queréis ser independientes?” “¿Por qué quieres serlo tú si eres andaluz?” “¿y tú si eres gallego?” “¿y tú si eres manchego?” “¿y tú que siempre has sido español?” Posiblemente, la respuesta en muchos casos sería: “Primero por un motivo emocional. Ser español no excluye ser catalán, o sí, pero eso depende del sentir de cada uno. Y segundo, por un motivo racional, la economía, Señor!!!”
El motivo económico no puede apartarse del debate soberanista. La gestión económica del Estado español, en lo referente al tratamiento del déficit fiscal y al de infraestructuras, es probablemente uno de los motivos fundamentales que ha hecho aumentar el número de adeptos al proceso independentista, haciéndonos mayoritarios, y clamando igual que el pueblo de Fuenteovejuna, con una sola voz, la segunda respuesta: “Todos a una, Señor!”
Veamos algunos datos, la frialdad de los números siempre nos sitúan donde estamos de una forma objetiva.
El actual modelo de financiación y el poder tributario de la Generalitat de Cataluña es limitado en la capacidad normativa y prácticamente inexistente en la capacidad de gestionar los grandes impuestos. Este hecho crea una dependencia de Cataluña del Gobierno central español, quien transfiere una parte de los recursos recaudados y gestionados por la Agencia Estatal de Administración Tributaria, nuevamente a Cataluña. La Generalitat gestiona menos del 5% de los impuestos que se recaudan en su territorio, mientras que el Estado central lo hace en más del 85% y el resto se gestionan localmente, por ayuntamientos o a través de diputaciones.
Cataluña, que por su capacidad fiscal ocupa el tercer lugar en generación de ingresos per cápita, después de aplicar los mecanismos de solidaridad y redistribución de recursos por el Gobierno central ocupa el décimo lugar en la recepción. Este dato rompe totalmente el llamado principio de ordinalidad, el cual existe en todo el mundo civilizado menos en el Estado español, y que dice que el orden de recursos por habitante antes y después de la nivelación debería ser el mismo.
El déficit fiscal de Cataluña con el sector público central es del 8,5% y en determinadas épocas ha llegado a ser del 10%. Representa casi el 20% de los ingresos, mientras que el porcentaje de gasto recibido es del 14%. Pero estos porcentajes todavía hay que matizarlos más, ya que tienen trampa, y excluir el sistema de ingresos y gastos de la seguridad social, que va en función del número de habitantes, pensionistas y parados. De esta forma, podemos ver mejor las decisiones discrecionales del Estado. Aplicado este ajuste, el porcentaje del gasto baja inmediatamente hasta el 11,17%. Es decir, en valor absoluto, significa que de cada 100 euros que Cataluña aporta al Estado, 43 euros no retornan en forma de gasto público. Por tanto, se demuestra que las decisiones del Gobierno estatal son claramente perjudiciales para Cataluña a la hora del destino de los gastos.
Para valorar si el déficit fiscal de Cataluña es excesivo o no, hay que compararlo con otros países o lugares. Algunos ejemplos: En Estados Unidos, California tiene un déficit fiscal del 2,92%, Nueva York del 2,49 y Massachusets del 2,26; en Bélgica, Flandes tiene el 4,40%, y en Alemania, los länder más ricos no pasan del 4%. Es decir, en cualquiera de los casos del mundo civilizado y que podemos tomar como referencia, ningún área sufre un déficit fiscal de las proporciones de Cataluña, ni similares. Estamos pues ante un caso claro de expolio fiscal.
Frente a estos argumentos, los no partidarios de la independencia esgrimen que la magnitud comercial catalana depende del mercado español y la independencia podría dañar esta relación comercial. La realidad es que el mercado español tiene un peso importante dentro de las relaciones comercial de Cataluña, pero nuevamente hay que matizar el comentario, ya que la economía catalana es una economía abierta y dinámica, así el mercado español ha ido perdiendo peso relativo frente las exportaciones en los últimos años. El superávit comercial catalán con España se ha ido reduciendo, de forma que en 1980 era del 16% del PIB y en 2011 sólo es del 2% del PIB. Por el contrario, el saldo comercial de las exportaciones no ha dejado de aumentar año tras año. Además, en un mundo globalizado, y de fácil acceso a los productos de todas partes, la existencia de un déficit fiscal no garantiza, ni mucho menos, el superávit comercial con éste.
Y en el caso de la existencia de boicot comercial, lo que en economía todo el mundo sabe que tiene efectos limitados en el tiempo, creo que debemos considerar que tanto los individuos españoles como catalanes somos maduros y no nos dejaremos arrastrar por campañas fanáticas de larga duración.
Con una Cataluña independiente, considerando el modelo fiscal actual y el nivel de presión fiscal, ambas cosas no deseables para la activación de la economía, y considerando el actual momento de crisis «salvaje», la ganancia fiscal sería de 2.000 millones anuales.
Los ingresos serían del orden de 41.000 millones, procedentes de:
– Impuestos directos ( IRPF, IS, renta no residentes): 12.000 millones
– Impuestos indirectos ( IVA, especiales, tráfico exterior ): 6.000 millones
– Tasas: 2.000 millones
– Cotizaciones a la seguridad social: 25.000 millones
– Empresas públicas: 1.000 millones
– Restamos las transferencias a administraciones públicas: – 5.000 millones,
mientras que los gastos adicionales derivados de tener Estado propio serían de 38 mil millones repartidas en las siguientes grandes magnitudes:
– Gastos que tiene el Estado español y organismos públicos: 11.000 millones
– Seguridad Social: 26.000 millones
– Empresas públicas de carácter inversor: 2.000 millones
Si extrapolamos estos datos, a los últimos cinco años, el promedio de ingresos adicionales sería de 49.000 millones anuales, y la de gastos de 35.000 millones, dándonos una ganancia media fiscal de 14.000 millones de euros anuales. Si eliminamos, además, la carga del déficit existente del Gobierno español, esta ganancia aumenta hasta 16.662 millones de euros anuales, es decir, el 8,5% del PIB ya comentado.
Con estos datos a la vista, puede afirmarse que Cataluña tendría la capacidad de reducir considerablemente la presión fiscal y no aplicar ésta a los trabajadores, a los autónomos y a las pequeñas y medianas empresas, que son los grandes perjudicados de la crisis. La presión a estas capas sociales, hace que la economía no se pueda recuperar, generando más y más desocupación laboral, y provocando que cuando empiece la recuperación de la crisis, ésta sea más lenta. La reducción de impuestos dentro de una Cataluña independiente no sólo es posible, sino que es totalmente recomendable y hasta necesaria.
Además, el efecto multiplicador que la ganancia fiscal tendría sobre la economía catalana, sería espectacular. Con 16.000 millones más podría aumentarse el gasto público, lo que en una crisis de consumo como la que estamos sufriendo, sería fundamental para iniciar la recuperación y la inversión en infraestructuras necesarias, donde el primer objetivo sería el corredor mediterráneo. Este efecto positivo en la economía incrementaría la capacidad productiva y se crearían puestos de trabajo.
…todos a una, Señor!!
Xavier Mas
Economista y Profesor de la Universitat Oberta de Catalunya
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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.