Ya huele a Feria, a azahar y a hierbabuena, y también a churros y a porras y a pescaito frito. Y se reparten besos entre brindis de fino, de manzanilla, de Montilla o de rebujito, y se dicen mil te quieros, que la Feria es buen sitio para enamorarse o pa‘declararse.
Llegan por la entrada del Real sinfonías multicolores de mujeres guapas vestidas de gitana, como dicen en Graná; de flamenca, como dicen en Córdoba la Llana; o de faralaes, que es lo mismo dicho en version fashion. Emociona ver cómo se lo curran estas mujeres, unas con trajes escogidos a su aire, otras vestías toas iguales, las de los coros rocieros… Cuántas horas, cuánta ilusión, cuánto amor empleado en vestirse y peinarse cuidando hasta el menor detalle. Os habrán dicho «¡guapas!» muchas personas y yo, desde este humilde escrito, os lo llamo también a vosotras; y a los hombres, qué menos, pero igual de ilusionados se paseaban con su traje campero con sombrero cordobés o con gorrilla.
Y en eso llego Súmate, y plantamos nuestra mesa, nuestra caseta ha sido el cielo. Mujeres y hombres con la camiseta negra repartiendo globos, con un SÍ muy grande al futuro, repartiendo trípticos en los que damos argumentos con palabras de paz y voluntad de construir, de sumar y no de restar, porque en esta Cataluña nuestra no sobra nadie piense lo que piense, venga de donde venga, sienta lo que sienta.
Somos como tú, no porque estemos contigo sino porque estamos en los mismos sitios donde estás tú. Me he sentido en esta Feria orgulloso de mis raíces andaluzas, y de mi mujer andaluza, y me he acordado del cielo más bonito del mundo: el del Sur, el de Andalucía y Extremadura, ese cielo pegao a la tierra de un azul radiante.
Y me he sentido orgulloso del pueblo catalán, de ese pueblo que formamos todos los que vivimos aquí que, como decia Llach, venim del Nord, del Sud, de mar endins, de terra enllà…
Muchas, muchísimas personas con las que hemos hablado, están a favor de la consulta. Luego, unos están a favor de la independencia, pensando en su futuro, el de sus hijos y el de sus nietos; y otros en contra, creyendo que la independencia significa romper con su gente más allá de Cataluña, y les hemos dicho que no, que solo queremos separarnos del Estado español, no de los españoles, que somos nosotros mismos.
Y por encima de todo un sentimiento, no hay fractura entre fandangos y alegrias y soleás y salves rocieras, en la Feria se respira respeto. La Feria no es de nadie, es de todos. Es de esas mujeres guapas vestidas de flamenca, no pocas de ellas catalanas de origen y lengua; es de esos hombres y mujeres que con pins de esteladas, o de banderas andaluzas, o de banderas españolas, o con más de una, o sin ninguna, van a echar un rato. Y no hay fractura porque todos y todas somos un solo pueblo.
Por todo eso y por mucho más, más de una vez al caer la tarde me acercaba a lo hondo de la Feria, a la vera de la playa y mirando el mar me echaba a llorar con lágrimas güenas sientiéndome orgulloso de todas las mujeres y hombres con los que he charlado estos días, y sintiendo con más fuerza que nunca que juntos vamos a construir un nuevo país.

Juan Batlle Pie