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TÚ, QUE ENARBOLAS TU BANDERA

“Las personas nos definimos por nuestras acciones”; una frase adoptada por algunos como verdad absoluta e irrefutable. Desde mi punto de vista, habría que considerar algunos matices, pues un mismo acto puede resultar un orgullo para sus semejantes o una sentencia para con ellos. En otras palabras, nuestra percepción sobre el contexto, los actores y los actos de los mismos condiciona esa definición, esa reflexión que nos hacemos.

Estos días se ha convertido en trending topic un sketch del programa El Intermedio de La Sexta cuyo protagonista es Dani Mateo, uno de los presentadores. Para algunos, un programa de rojos-separatistas; para muchos, uno de los programas más serios que se emiten por televisión; para otros, un programa de humor. Cada uno de nosotros tenemos una percepción de la realidad distinta y, además, a cada persona le llega la información en un contexto, momento y posición concreta, que condiciona nuestra opinión sobre lo que vemos. Creía necesario comentar lo anterior porque son cosas que, por no tenerlas en cuenta o darlas por hecho, después acaban siendo las condiciones que generan malentendidos y conflictos.

Ese sketch ha tenido, como todo acto, unos resultados. Son muchos los que han sentido orgullo de la rojigualda (después de ser supuestamente ofendida) y han salido a defenderla en sus redes sociales, como si de una guerra se tratase, porque han percibido que este presentador no les respetaba y manchaba, literalmente y metafóricamente, su orgullo patrio: <<¡Y es que encima es español el puto “progre”!(…) ¡Y la de gente que ha muerto luchando por esa bandera, defendiendo el país donde vives, desagradecido! (…) ¡Seguro que si hubieran hecho lo mismo con una republicana o una estelada los tacharía de fascistas!>> En fin… españoles, muy españoles y mucho españoles, como diría alguno de los ofendidos.

A vosotros, que estáis leyendo esto, os pregunto:

¿No os ofende vivir en un estado con un 30% de pobreza infantil? ¿No os ofende vivir en un modelo de país que nace a voluntad y permiso de un dictador que disponía de campos de trabajo para su tan amada población, a la que sometió a vivir en la miseria durante, al menos, 40 años? ¿No os ofende vivir en un país defendido por aquellos que conspiran contra sus rivales políticos, que afirman súper orgullosos, y cito literal, “nos hemos cargado su sanidad”? Quiero suponer que sí, porque ese señor hablaba de MI sanidad, la de todas y todos que viven en Catalunya.

¿No os ofende vivir en un país del que sus jóvenes tienen que emigrar porque el trabajo que se genera es, en un 90%, temporal y sin garantías de estabilidad, generando grandes dificultades para la emancipación e incluso para la recaudación pública? ¿No te ofende vivir en un país en el que existen 4 lenguas cooficiales y que la existencia de algunas de ellas sea utilizada por algunos para confrontar a la población, en lugar de contribuir a un mayor enriquecimiento cultural? Creo que sería útil que andaluces y castellanos tuvieran la oportunidad de aprender catalán y que catalanes, valencianos o asturianos pudieran aprender vasco, por ejemplo; alomejor ayudaría a que el talento y la inversión hecha en la educación pública se quedasen en vuestra amada España. Si aprender las distintas lenguas que se hablan territorio nacional te hace ser menos patriota, explícame cómo convences a los que se quieren independizar. Ya te lo digo yo, no puedes.

¿No os ofende vivir en un estado en el que, al menos hasta el último año, el 50% de sus ciudadanos no se pueden permitir ni siquiera una semana de vacaciones? ¿No os ofende defender con uñas y dientes un modelo de estado en el que la separación de poderes es más un ideal que una realidad? ¿No os ofende que el jefe del estado sea, por ley, “inviolable” y que después se nos venda que todos somos iguales ante el mismo ordenamiento jurídico, cuando parece ser que a su familia se le disculpa y encubre todo lo que evade en paraísos fiscales o que, en caso de estar involucrada en casos de corrupción, toda la responsabilidad cae sobre el que no se apellida Borbón? ¿Con qué confianza te amparas en el sistema judicial de tu país cuando es inviable económicamente para muchos hacer frente a las tasas para llevar a cabo las denuncias? ¿Y qué os parece que el Tribunal de Estrasburgo, o también conocido como Tribunal Europeo de Derechos Humanos (poco sospechoso de ser rojo-separatista), haya dictaminado que Arnaldo Otegi no tuvo un juicio justo? ¿Qué pensáis ahora, que nos encontramos ante un juicio inminente a cargos públicos escogidos por el pueblo catalán en base, principalmente, a un delito de rebelión que nunca existió y que, además, lo juzgue el mismo organismo que juzgó al político vasco? ¿No os ofende que (sí, otra vez) el Tribunal Supremo, cinco días después de haber dictaminado que son los bancos quienes deben hacer el pago de un importante impuesto sobre las hipotecas, se contradiga y cambie su dictamen en favor de los mismos bancos, perjudicando a millones de ciudadanos (haciéndonos pagar el impuesto) saltándose las leyes administrativas y procesales? Esto se llama aberración judicial y nos afecta a todas, no solo por lo que es, sino por lo que supone: un escándalo, el descrédito total del poder judicial de un estado que se hunde cual Titanic, una crisis SUPREMA de legitimidad. Si los ciudadanos no creen en la Justicia, ¿sobre qué base se sostiene del estado?

A mí me gustaría que lo que ofendiera a un patriota fuese todo lo anterior y no sonarse en una bandera, por muy rojigualdas, por muy tricolores o por muy esteladas que sean, parafraseando al diputado Gabriel Rufián. Me crispa que sea eso lo que consigue que haya gente que reaccione. Me entristece que sea eso lo que se interprete como un ataque a los españoles y no sea el verdadero ataque a otras cosas más importantes y más necesarias para nosotros, mucho más nuestras que una bandera. Como he explicado, hay cientos y cientos de motivos más dignos por los que sentirse ofendido. Pensad una cosa: mientras vosotros rajáis de un periodista que saca las verdades de los poderosos en un espacio, cuanto menos, distendido, en Catalunya ayer, en la adoctrinadora TV3, los presentadores Toni Soler i Jaír Domínguez, del programa Està passant de la televisión pública catalana, se sonaron en una senyera (es más, tenían una caja entera) y la tiraron a una urna del 1 de octubre. No creo que les haga ser menos catalanes ni menos independentistas, en caso de que lo sean, ni que sean menos dignos de pertenecer a su tierra. Tenéis la piel muy fina para cosas mucho menos importantes que otras, que si se merecen defensa patriota. Alomejor ese es el problema que tenéis, que algunos han construido un modelo de estado en base a símbolos, en lugar de para con su gente. Y lo sufrís vosotros, lo cual me entristece, porque no sois conscientes.

Toda persona, cuando hace algo, lo hace con una intención, con un propósito… y espera unos resultados. No todas las maneras de hacer son válidas y resulta dificultoso establecer cuáles sí y cuáles no, porque genera debate. Es más, de eso se trata la política. La política no es más que el choque, el conflicto, la deliberación, la conformación, la aceptación y el rechazo de unas formas u otras de gestionar lo que es de todos. Por lo tanto, cuando un acto tiene relación con algo político, siempre genera o suma, o resta.

Políticamente, económicamente y sociológicamente hablando, el actual modelo de Estado español es un fracaso. Cada día que pasa, la información y los datos contrastan que es un sujeto en descomposición, agotado, cuyos pilares se derrumban uno tras otro. Recientemente, primero el bipartidismo, que empieza su caída en 2011 a raíz del 15-M; más tarde la idea fundamental de la forma del estado, basada en que el Rey no se mete en asuntos políticos y que ejerce de árbitro imparcial, que cae el 3 de octubre de 2017 con su discurso a la Nación después de los acontecimientos relativos al referéndum del 1 de octubre, junto con la no separación de poderes,provocando el descrédito de gran parte de la población (primero catalana y ahora española) sobre el poder judicial, que se nos muestra corrupto e ilegítimo.

Aquí aplico lo que dice un cantautor que me gusta mucho, Manuel Carrasco, en una de sus letras “(…) Pero cuando encuentro espacio en los escombros resucito. Aunque pierda siempre gano, nunca me des por vencido. Cuántas veces intentaron que vendiera mis principios, menos mal que no pudieron arrancarme de mi sitio.” Comprendo que a veces puedas tener dudas sobre quién defiende de manera más real lo que es de todos. El primer paso para decidir y confirmarte en quién te vas a apoyar es descartar a aquellos en quién NO te quieres apoyar. En mi caso, me dije que no iba a reconocer a aquellos que hicieron que dejara de sentirme orgulloso de esa rojigualda a la que yo asociaba unos principios compartidos que no representa… y a los hechos me remito.

“Y para que quede claro, por si algunos no lo entienden. Eruditos y entendidos, que mi acento es mi ADN. Que no es ninguna bandera, que es una canción de cuna que mi madre me cantaba(…).

Hagamos la República Catalana no por una bandera, sino por unos valores. Yo quiero sumar.

Quiero que os suméis.

Som el fruit de moltes derrotes, però també som la llavor de totes les victòries.
Libertad presos políticos catalanes ya.

YouTube: Comparsa “La Playa” – Tú que enarbolas.

7 de noviembre, 2018
Alex Aranda
Instagram: @alex.aranda26, @lenaufragee_
Twitter: @alex.aranda26

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Carta a Mariano Rajoy

Querido señor presidente M.Rajoy,

Es tan vergonzoso que persiga usted a un presidente electo por los ciudadanos catalanes por mayoría, cuando no tiene ningún delito a sus espaldas y cuando lo puede detener por sus ideales o egoísmo sólo por haber perdido las elecciones, impropias de un gobierno, injustas, y hechas a su manera con todos los impedimentos posibles y trampas ilegales con todas las de la no ley. Y, apaleando a esos catalanes que usted tanto respeta, ni lo detiene, es ridículo, todo esto se contradice a su manera de hacer «política», usted no tiene ni idea de hacer política al igual que sus co-mandantes o cooperadores del partido popular, que no saben hablar de otra manera sino es faltando el respeto.

Me gustaría saber, o quizás mejor dicho , creo que debería usted dar explicaciones a todos los españoles de por qué derrocha usted tanto dinero público para impedir la investidura de un presidente legalmente elegido o por qué utiliza tanto dispositivo policial  para que incluso no vaya a ser que el presidente Puigdemont se cuele por el maletero de un coche.  Absurdo ¿no cree? Y yo me pregunto por qué demonios no monta usted el mismo dispositivo policial contra los verdaderos criminales, asesinos y violadores de niños y mujeres, estos parece ser que sí se les escapan por los maleteros de los coches. Nunca he visto tantos policías y guardias civiles en Barcelona para ir en contra de asesinos, criminales y violadores, pero para ir en contra de gente inocente para sólo invalidar sus ideas, eso sí ,no importa cuánto dinero tenga que derrochar y a cuántos policías , guardias civiles, ejército tenga que movilizar, para ir contra gente inocente, gente de paz que sólo querían votar. Encima mete en prisión a los Jordis y compañía, para asegurarse bien de que las elecciones no las ganasen los independentistas ¡Qué manera de manipular mas descarada! Siento indignación de que gente como usted se dedique a la política y más aún a «gobernar España». Es una vergüenza. Parece usted un analfabeto, nada más hay que esperar que alguien le haga una entrevista, para ser el hazme reír de todo el mundo.
Sepa aún así que los catalanes no daremos ni un paso atrás y defenderemos la voluntad de ser un país libre, demócrata y republicano.

¡Visca Catalunya y visca el president Puigdemont!

Josep Sánchez

Noruega

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¿Cómo es posible que ante tanta corrupción e incompetencia en España las calles no estén patas arriba?

¿CÓMO ES POSIBLE QUE ANTE TANTA CORRUPCIÓN E INCOMPETENCIA EN ESPAÑA LAS CALLES NO ESTÉN PATAS ARRIBA?

Porque el sufrido pueblo español ha sido siempre derrotado por una CASTA de señoritos con sus fieles capataces.  Una garrapata que incrusta sus huevas en el sistema económico, social, judicial, policial, etc…. Ella es España,  fuera de ella no hay nada,  solo frío.

Gracias a esa bicha,  España no tuvo ni ilustración ni revolución antiaristocratica francesa,  ni revolución industrial, ni parlamentarismo inglés, pero si IMPERIALISMO, CONTRAREFORMA, POBREZA, PICARESCA, INQUISICIÓN, ULTRACATOLICISMO,  FERNANDO VII,   FALANGE,  FRANQUISMO, PARO, PRECARIEDAD, PP y C’s.

Y el  paisanaje continúa igual pues ahora, según las últimas encuestas,  los neofranquistas de Ciudadanos reciben un enorme soporte de 22 escaños más. Hicieron salivar a mucha gente. Es de suicidio colectivo.

En España apenas existe sociedad civil organizada y menos con capacidad crítica,  porque ha estado diezmada,  disgregada, perseguida, descalificada y atacada por los medios afines al régimen. Que se lo pregunten a los comuneros, a Machado, a Unamuno, a Lorca, a Blas Infante, etc.

Pero yo les diría a mis conciudadanos que se animen, que todavía hay esperanza para cambiar las cosas. Y nada como el movimiento republicano de Cataluña, que no deja de ser un movimiento revolucionario aunque pacífico,  que haría temblar a esa garrapata y a sus huevas que nos chulea y que nos chupa a todos la sangre desde hace siglos.

Pero no será fácil, porque aun habiendo una infinidad de españoles con grandes ideales no verán bien la República. Unos por miedo a los cambios y otros porque seguramente anide en ellos ese desprecio sembrado por esa casta contra todo aquello que parezca catalán.

Y no se percatarán de que ese sentimiento es precisamente el arma  que le garantizará  a la bicha y a sus colaboradores su supervivencia. Aunque tengan 900 imputados sólo en  el caso Gurtel, la casta como si oyera llover. Interponiendo recursos y cambiando jueces.
¿Donde está el bravío  delante de esos molinos? ¿Viendo la selección por la tele tal vez?

Y en cambio esos parias de los catalanes enfrentándose a ellos solitos sin armas y con sus lazos amarillos, a las castas de allí y de aquí. Ni jueces, ni cárceles, ni porras, ni embargos los detienen.

¡Ah! Y recordar que  ERC no ha tenido ni un caso de corrupción en 85 años. Mejor no oírlo ¿verdad? Mejor creer que ellos son terroristas y que la organización criminal instalada en la Moncloa son patriotas.

Lo que realmente une a muchos españoles es «ese desprecio visceral», es ese «a por ellos»  contra los catalanes. Que tantos votos permite recolectar. Todo muy sabroso y energético para las vísceras.

Es  un odio atávico con el que de niño nos  adoctrinan y del que ya no te desprenderás. Un desprecio que se retroalimenta cada día gracias a todas la mentiras y medias verdades lanzadas desde sus poderosos medios propagandísticos.

Por ello no es de extrañar que los que emigraron a esa tierra (casi tres millones de españoles y que doblaron la población de Cataluña) expoliados por el hambre que su estimable casta era incapaz de saciar, estén  agradecidos a la que ahora es su tierra, sí su tierra.  Y que sean ellos o sus hijos, los que viendo la diferencia, sean los más fervientes  defensores de la República.

A pesar de ello, despreciaremos a ese pequeño pueblo catalán, como otros estados imperialistas han despreciado a otros grupos culturales minoritarios. Es que la  casta es muy valiente pero sólo cuando es 7 contra 1. Sus armas son la mentira, el engaño y la fuerza desproporcionada. Realmente cobarde.

Han conseguido inocular un veneno  tan adictivo y tan potente que no sólo surte efecto  entre aquellos que viven fuera de Cataluña, sino que incluso lo hace entre algunas personas que fueron a Cataluña huyendo de ese Estado español gobernado ahora por los hijos y nietos de esa casta de señoritos a los que nunca les importó dejar sin alimento, ni vestido, ni educación a su pueblo y que ahora vuelve a extorsionarlos y manipularlos por su doble condición de españoles y catalanes.

Por ello hemos de reflexionar y hacernos preguntas. Una muy sencilla sería preguntarnos  ¿cómo es posible que siendo Cataluña un pueblo de tarados haya sido desde hace siglos el motor económico, social, artístico, innovador, revolucionario? O ¿cómo es que tienen una bandera que tiene 900 años y la nuestra en el mejor de los casos tiene 170 años?

Por favor no podemos ser más tiempo cómplices del genocidio cultural de una comunidad  que siempre ha acogido a todo el mundo, a donde todo el mundo quiere ir, sigue yendo y de donde casi nadie quiere marchar. Cataluña dobló su población en 50 años sin grandes conflictos. No hay parangón mundial.

Son nuestros vecinos, hijos y amigos.  Además tal vez sea la mejor manera de que los  ciudadanos de este maravilloso país que es España se despierten de su letargo, sumisión e impotencia.

Recordad que Ciudadanos es un invento tanto de la casta financiera catalana (que en absoluto es independentista y que abandonaron a los catalanes el primer día) como de la casta española. «Necesitamos un Podemos de derechas» dijeron.  Y en dos meses nació Ciudadanos.

ÁNIMO QUE SE PUEDE MEJORAR EL MUNDO, AUNQUE SÓLO SEA UN POQUITO.
¿CONTAREMOS CONTIGO?

Ferran Oliva

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Valores republicanos

Valores Republicanos

Valorando las opciones que tienen hoy en día los estados modernos, entre Monarquía parlamentaria y República, descartando los estados totalitarios por supuesto, mi opción sin lugar a duda es la República, no creo en los valores hereditarios, soy partidario de la meritocracia.

Considero que los valores republicanos, nacidos de la revolución francesa, son muy superiores a los que representan las monarquías parlamentarias.

¿Cómo llevar la palabra República a los  barrios obreros?

La palabra república no entra en los barrios obreros, dicen los unionistas (PP, Ciudadanos, PSC) que sin pretender hacer ningún cambio en la política española, nos quieren convencer de que lo mejor que nos puede pasar es quedarnos como estamos y seguir dependiendo de la poca disposición que hasta ahora han demostrado los gobiernos españoles a crear empleo en España, en el ranking de empleo estamos en la cola de Europa, solo está peor Grecia.

Ciudadanos, estos falsos profetas (lerrouxistas), esos iluminados del IBEX 35, que tienen la mentira como programa político y modus vivendi, no han hecho nada para que el empleo crezca  en los lugares donde apoyan a otros gobiernos de otras comunidades, en estos lugares la corrupción sigue campando con su apoyo y el paro sigue estando en unas tasas que superan la media española (ejemplo Andalucía). La política española no cambiará con este partido, lo están demostrado en los lugares donde comparten gobierno.

Están demostrado que sus propuestas no sirven para crear trabajo ni futuro, que es lo que se espera de unos políticos que presumen de ser la nueva política, favoreciendo sin ningún tipo de reparo la política del PP, si llegaran a gobernar  harían que sigamos con los déficits sociales que hasta ahora nos han llevado a la financiación que designa España para Catalunya convirtiéndonos en la comunidad más endeudada, aun siendo la locomotora del Estado, la que más exporta a Europa, la que más turismo recibe, la que más multinacionales tiene en su territorio. Nos encontramos con las infraestructuras peores del país, barracones en las escuelas, colas en la atención hospitalaria, fuertes deficiencias en los trenes de cercanías de RENFE por múltiples averías y carencias superiores en bienestar social que la mayoría de comunidades. Eso sí a los vascos y navarros que son los más ricos de España que nadie les reclame ni un solo euro de solidaridad.

Que no se preocupen: nosotros los republicanos, desde el sentimiento de transversalidad de lo que suponen los valores republicanos, entraremos en los barrios y trasladaremos nuestro mensaje a quien quiera escucharnos,  lo hemos hecho, lo hacemos y lo seguiremos haciendo. Somos conscientes de lo difícil que supone para los nuestros, los de origen castellano, confiar en palabras huecas, dichas durante años por unos partidos políticos que se denominas de izquierdas; las han oído ya muchas veces y en la mayoría de los casos, los resultados ha sido dejarlos donde siguen estando ahora, en la pobreza, en la injusticia, en el abandono. ¿Cómo convencerles ahora, de que esta vez va en serio?

La República de Cataluña no es un invento de la casta.

Estamos convencidos de que en este momento histórico, el liderazgo de una negociación con el Estado español y cualquier salida a los problemas actuales no pasan por un pacto entre las burguesías catalana y española, sino en la exigencia y la presión generada por la sociedad civil organizada; hoy en día el poder está en esta sociedad civil, está en nuestras manos.

No sé si haremos una revolución, dependerá de las fuerzas políticas que seamos capaces de elegir. Pero lo que sí tengo seguro es que lo que estamos haciendo es revolucionario, es una fuerza que va de abajo a arriba, y que bien llevada lo puede cambiar todo, cuando digo todo estoy pensando en España y también en Europa.

Tenemos que tener muy claro que la República de Cataluña es hija de una gran necesidad de cambio y en ese cambio real queremos con todas nuestra fuerzas, que no quede nadie excluido.

Que nuestros barrios, nuestra gente, todos los que formamos este país, tengamos el espacio y el protagonismo que nos pertenece para construir juntos nuestro futuro.

Las personas queremos respuestas nuevas y oportunidades nuevas. Queremos un país libre de corrupción, más justo, donde haya un reparto de recursos y cargas más equitativo, con una lucha incansable contra la corrupción y el fraude fiscal, en el que haya una renovación del sistema y exista una separación de poderes real, con unos gobernantes que sean servidores públicos a los que poder fiscalizar, controlar y sustituir si no cumplen con el programa prometido. Un país en el que poder mantener y garantizar nuestros derechos y que la subida de la economía repercuta en la clase que más ha sufrido la crisis, recuperar o incrementar el estado de bienestar, aumentar el salario mínimo, poner en funcionamiento el salario garantizado aprobado por la Generalitat y suspendido por el Gobierno central a través de la intervención económica del 155 y todas las propuestas sociales aprobadas por la Generalitat y suspendidas por el Tribunal Constitucional.

Las personas queremos que la mayor preocupación de nuestro gobierno sea la resolución de nuestros problemas, porque está en juego nuestro futuro, nuestro día a día, y no un simple cambio de banderas, alimentado únicamente por una ilusión identitaria que no comporte cambios reales. Todo esto nunca lo podrán hacer unos partidos borbónicos que siempre han considerado que Catalunya por su carácter diferencial es un problema y no una solución. A todo esto sólo le podrá dar solución una república trasversal, una república para todos, una república formada por gentes que hablemos el idioma que hablemos y vengamos de donde vengamos, seamos consideradas personas libres y con plenos derechos y obligaciones.

La política la haces o te la hacen.

Estamos dispuestos a exigir que todo esto se cumpla, y estamos dispuestos a dejarnos la piel. Es el momento de seguir trabajando para sumar más gente, y conseguir una mayoría para construir juntos un nuevo país. Es posible, y todos tenemos que ser parte de ello. En catalán hay un refrán que dice ‘a la taula d’en Bernat qui no hi és, no hi és comptat’. Estamos convencidos de que en este momento histórico, si no estamos no seremos contados. Y tenemos que contar todos.

 

Paco Martínez

Socio de Súmate

 

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Nos perdieron 5 veces

La noticia de hoy mañana queda olvidada. De la polémica de mañana, pasado nadie se acuerda. La actualidad avanza a un ritmo vertiginoso y nosotros tenemos muy mala memoria. Hoy solo hablaremos de hoy. Mañana, ya no. Por muy humano que esto sea, nos hace perder de vista la realidad y el contexto en el que realmente estamos. Por eso, tal vez sea conveniente recordar qué ha ido pasando en estos últimos meses.

Después del 1 de Octubre, todo, absolutamente todo, cambió. Pero parece que lo anterior cayó en el olvido. De lo ocurrido desde entonces, poco más recordamos que lo que se proyecta en el día de hoy, con un Govern exiliado, ex-preso, o preso, esto último solo si mereces un castigo extra (es decir, si eres candidato a President y has hecho posible que se pongan urnas, o si has demostrado que los Mossos pueden proteger con increíble eficiencia toda Cataluña sin ayudas externas). Mientras, dos activistas políticos siguen presos, estamos en un estado de excepción gracias al 155 y tenemos convocadas unas elecciones ilegítimas.

Pero vamos a hacer memoria. Nos perdieron. Y no hablamos de cualquier bestialidad a las que estamos acostumbrados, como pueden ser las palabras de Pablo Casado (“a ver si Puigdemont va a acabar como Companys”), o la campaña miserable de ataques hacia Cataluña después del atentado del 17 de Agosto protagonizadas por algunos medios de la caverna. Hablamos de hechos aún más extremos. Hablamos de actos que han significado que seamos echados fuera de España. Nos perdieron. Nos perdieron, pero no una, ni dos veces, sino cinco. Hagamos memoria, pero no de cualquier manera: Recordaos a vosotros mismos, en todo lo que vivisteis, en todo lo que sentisteis. Tomaos el tiempo que encontréis oportuno:

20 de Septiembre. Golpe de Estado. Después de vergonzosos registros en imprentas y en empresas de envío postal, donde el pueblo catalán volvió a demostrar su dignidad y su carácter pacífico con el “Passi-ho bé i moltes gràcies” y con claveles para los Guardias Civiles, y después de que Montoro interviniera las cuentas de la Generalitat (porque hay que recordar que el dinero de los catalanes lo controla este señor desde setiembre), nos levantamos con la noticia de que la Guardia Civil entraba en la Conselleria d’Economia y detenía a varios altos cargos. Y no, no detenía a corruptos. Detenía a gente que preparaba el referéndum. En mi caso, me acuerdo perfectamente. Cuando vi la noticia, entendí de inmediato la gravedad y salí al momento a coger un tren hacia Plaça Catalunya. Cuando llegué, justo empezaban a cortar las calles. Pude meterme sin problema alguno delante de la puerta de la Conselleria. Eso sí, en pocos minutos, la gente ya llegaba a la otra cera de Gran Vía. El grito principal era uno: “Això sí que és un cop d’Estat”. No estábamos dispuestos a entregar nuestras instituciones y pensábamos defenderlas el tiempo que hiciera falta. Por si fuera poco, por la tarde la Policía iba a crear problemas en la sede de la CUP con varios furgones antidisturbios. Pero eso ya no lo permitimos. Sufrimos un auténtico golpe de Estado. Mucho más grave que la sentencia del Estatut que originó el Procés. Al acabar el día, solo podíamos decir una cosa: “Hoy España ha perdido a Cataluña”.

1 de Octubre. Nos levantamos a las 4 y a las 5 de la mañana. Estuvimos defiendiendo las escuelas hasta que a las 9, llegaban las urnas y constituíamos las mesas. Estábamos organizados en los CDRs, que por entonces significaban “Comité de Defensa del Referéndum”. Entonces, todo sucedió muy rápidamente: Primero, el Censo Universal, una jugada de ingenio a la catalana (¿recordáis todo el ingenio que usamos para acceder a las webs bloqueadas?) Luego, los vídeos. Empezando por la Policía destrozando la escuela donde tenía que votar Puigdemont, continuando por los pelotazos de goma en el centro de Barcelona. Los golpes, las patadas (cada día recuerdo la famosa “patada voladora” de un Policía en las escaleras de una escuela), las brechas en las frentes, y la gente que, sin distinción por razón de edad, era arrastada por el suelo hacia fuera de las escuelas. Pero también vimos cómo pueblos enteros se unían para hacer que la Policía retrocediera, cómo los bomberos protegían a sus conciudadanos, y cómo había gente que jugaba al ajedrez en una aula después de esconder las urnas ante la mirada de varios policías (y hay que recordar que no encontraron ni una sola urna antes del 1). Y por la noche, lo peor. La justificación de los hechos. El “La actuación ha sido proporcional y proporcionada”, el “Hay más policías heridos que civiles heridos”. Ese día vimos lo mejor del ser humano. Lo mejor. Pero también lo peor, la más absoluta degeneración de la condición humana, demostrada principalmente por nuestros gobernantes en España. Y no se me puede pasar nunca por alto esta encuesta de El Español: Los ciudadanos españoles apoyando la actuación policial.https://www.elespanol.com/espana/20171005/251975622_0.html. Y al acabar ese día, dijimos: “Hoy España ha perdido a Cataluña”.

Y el día 3 paramos Cataluña y llenamos las calles, y demostramos que eso era realmente así.

16 de Octubre, Jordi Cuixart y Jordi Sànchez, aquellos dos señores que aparecían en la tele cada día, que representaban a cientos de miles de personas, los responsables de las mayores mobilizaciones en la historia reciente de Europa, siempre desde el civismo y el pacifismo, iban a declarar a la Audiencia Nacional. Pensábamos que no les podía pasar nada, que tener presos políticos en la Europa del siglo XXI era impensable. Y nos equivocábamos. Y por si a alguien le quedaba alguna duda por entonces, España no era una democracia. Y volvimos a decir: “Hoy España ha perdido a Cataluña”.

27 de Octubre, artículo 155. Si todo el proceso independentista empezaba con la bestialidad que supuso el recorte del Estatut vía Tribunal Constitucional, ya nada era eso comparado con la aprobación de tal artículo por el Senado (la primera utilidad que le encontraron en 40 años). Destituyeron de manera totalmente ilegal e ilegítima (pero, por supuesto, con toda la impunidad habida y por haber), a todo nuestro Govern, y con la misma ilegalidad e ilegitimidad, se convocaban unas elecciones que, de acuerdo con la legalidad, solo podían ser convocadas por un President que, a su vez, solo podía ser destituído o por el Pueblo o por el Parlament. Y otra vez: “Hoy España ha perdido a Cataluña”.

2 de Noviembre, para acabar. Con medio Govern en Bélgica, los consellers Junqueras, Turull, Mundó, Rull, Bassa, Borràs, Forn y Romeva entran en prisión. Nuestros legítimos gobernantes elegidos por nuestro pueblo, en prisión. Y siendo unos cuantos de ellos humillados en el traslado a la cárcel. Pero ya no da para hacer párrafos más largos sobre lo que sentimos, porque poco a poco, por mucho esfuerzo que le intentábamos pones, las cosas acababan siendo normalizadas. Y una última vez, repetimos: “Hoy España ha perdido a Cataluña”.

¿Cuántas veces más nos tienen que perder? La respuesta es simple. Ninguna.

Si somos gente digna de un pueblo digno, si nos merecemos lo mejor para nosotros y para los nuestros, si queremos vivir en un lugar de paz, justicia, igualdad, libertad, democracia y fraternidad, la pregunta importante tal vez tenga una respuesta parecida: ¿Si España nos ha perdido 5 veces, qué sentido tiene permanecer en España?

Ser digno implica eligir con dignidad. Y, al menos a mi parecer, cualquier elección digna pasa porque tú y yo nos convirtamos en fundadores de la República y echemos de nuestras vidas, de una vez por todas, a Rajoy y al PP, al IBEX y al Rey. En resumen, la dignidad es vencer, por fin, al Régimen del 78.
Víctor Martín
Socio de Súmate
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CARTA A MÍ MISMA

Querida Celia, tras la “carta a mi teniente”, que dediqué a mi padre —digamos que al nuestro— después del 11 de septiembre, y ahora que han sucedido tantas “anomalías” más en Cataluña, y que todo se enrarece e intensifica a un ritmo trepidante, emprendo una segunda carta con el mismo cariño y pasión que la primera. Pero esta vez me dirijo a ti, que eres yo misma cuarenta y tantos años atrás, cuando eras una adolescente o poco más.

En el presente, soy partidaria de la independencia de Cataluña como tú eras partidaria —o mejor dicho, ni siquiera te hubieras cuestionado si lo eras— de una España en que Cataluña era española, sin fisuras. Tanto lo eras, que en una pared de la trastienda del local de quinielas familiar pintaste una bandera española de donde colgaba una sonriente Virgen del Carmen. Habrá quien ahora sonría, y no tan benéficamente como aquella imagen, ante ese escenario aparentemente rancio, pero yo, desde mi presente, lo respeto y amo como sé que tú respetarás y amarás —algún día que ya es hoy mismo— mi estelada. Y a decir verdad, mi estelada no nace de una vocación independentista, como la que impulsa a muchos amigos míos, o no del todo, sino más bien de una vocación de justicia.

Estamos, tú y yo, en puntos políticamente tan antagónicos, como ahora lo están los que huyen de un golpe de estado que creen obra del gobierno español, y los que huyen de un golpe de estado que creen obra de los independentistas. Pues bien, recordando aquella imagen del Carmen, y desde mi posición actual de creyente muy, muy —largo de explicar— a mi manera, no practicante de ninguna religión, voy a recuperar una enseñanza que tu Iglesia me inculcó y que me parece irrebatible. Y la recupero para defender mis ideas sobre Cataluña, a penas unos días antes de las elecciones del 21/D. Esa enseñanza me caló muy hondo y siempre me acompañará: “el espíritu de la letra ha de estar por encima de la letra”.

Pero antes de ir por esos derroteros de la letra y el espíritu, déjame rememorar una anécdota tuya y nuestra. Eras muy jovencita y conociste a una chica andaluza que había llegado hacía poco a Cataluña; una chica que tanto se había integrado en Cataluña que hablaba a todo el mundo en catalán. Cuando empezasteis a conoceros, ella te hablaba en catalán a ti, y tú… en castellano a ella. Menudo contrasentido, paradoja o el mundo al revés. ¿Y por qué, tú, catalana, que hablabas catalán con tanta gente —aunque por diversas circunstancias hablaras castellano en casa—, le hablabas en castellano a ella que hacía el esfuerzo apasionado y generoso de hablarte en catalán? Pues por un prejuicio: antes de conocerla te habías imaginado que hablarías con ella en castellano y eso hizo que te costara cambiar de lengua, y creo recordar que cuando ella te habló en catalán pensaste que a santo de qué una andaluza se empecinaba en hablarte en una lengua que no era la suya, si tú le hablabas en la suya. No te diste cuenta de que su actitud de no bajar del burro, era exactamente igual que la tuya pero mucho más razonable. Tuvisteis largas conversaciones sin que ninguna de las dos cediera y sin que ninguna de las dos se sintiera cómoda. Es un ejemplo del doble —uno u otro según quien lo vive— golpe de estado.  Ahora tú y yo ya nos tenemos la suficiente confianza como para que te diga, Celia, que no estuviste a la altura de tu inteligencia. Y eso es un elogio porque implica que creo en tu inteligencia de entonces. En realidad, eras tan inteligente o tonta como yo lo soy ahora, tan buena o mala persona como yo pueda serlo ahora. Nuestros cerebros, eso sí, contienen distintas informaciones, y me atrevería a decir que el mío te lleva ventaja en cuanto a número y substancia. Por esa misma razón, porque en la substancia de mis informaciones está el convencimiento de no poder juzgar a nadie, puedo criticarte pero no juzgarte. Y mucho menos odiarte. ¡Y cómo podría yo odiar a los españoles, de esa manera que algunos dicen que odiamos los independentistas, si odiar a los españoles o a España representaría odiarte a ti, que soy yo!

Vamos a lo del espíritu y la letra, ahora sí. Hoy mismo me he enterado de que la Junta Electoral Central ha obligado a retirar unos lazos amarillos de un árbol de navidad de una de las plantas de la Conselleria —una sola planta aunque el resto también luciera lacitos amarillos, porque ésa era la planta, evidentemente, denunciada por alguien. Los han quitado por representar una idea, la voluntad de libertad para los presos políticos de nuestro gobierno destituido y de nuestro activismo social. Hasta aquí bien. Bien, o muy mal, pero ya nos entendemos. Después de eso, los trabajadores y trabajadoras que habían decorado el árbol han substituido los lazos por cartelitos donde ponía “aquí había un lazo amarillo”. Resulta que esos carteles también han sufrido censura y han tenido que ser retirados. ¿Por qué? Porque el espíritu seguía siendo el mismo —dejando aparte la espectacular ignorancia de que no se pueden poner puertas al campo. Y lo que me pregunto es, si el gobierno español entiende tan bien eso del espíritu que hay dentro de la letra, del lazo que hay dentro de un cartel que dice que ahí había un lazo ¿por qué sólo lo entiende cuando le conviene? ¿Por qué no quiere entender que el espíritu de la democracia no es votar cada cuatro años —eso sería la forma— sino escuchar al pueblo y dialogar con éste cuando se produce un hecho extraordinario, entiéndase por ejemplo un uno de octubre, aunque haya muchos más, anteriores y posteriores, que han ido entrelazándose hasta estallar en un auténtico clamor?

¿Sabes en qué preciso momento me di cuenta de que, además de vivir intensamente Cataluña, y la lengua catalana como escritora y poeta, me había convertido en independentista hasta la médula? No, no fue cuando nos tumbaron tantísimas leyes justas, una de ellas contra la pobreza. No fue cuando vi que se rescataban tantos bancos con nuestro dinero mientras muchas familias eran privadas de su techo. Entonces todavía pensaba “bueno, somos libres para votar, cambiémoslo”. Quise una república independiente, no sólo como una apuesta sino como un desearla con auténtica vehemencia, en el momento de saber que sí, que éramos libres de votar, pero que en España no teníamos a quien votar que nos dejara ser libres. Me sentí como un perro que siempre ha vivido convencido de su libertad porque la cuerda con que lo sujetaban era larga. Él tampoco era perro de demasiadas correrías y no sabía ni que existía la cuerda. Si alguna vez sentía un tirón, pues debía ser el viento que le impedía avanzar. Hasta que un día, en uno de los tirones —el uno de octubre fue un buen tirón y después ya no ha habido ni cuerda: el 155 nos sujeta directamente por el collar— se gira y ve al amo llevándole, y toda su noción de libertad se viene abajo. Y el amo no sólo tiene el poder de controlar cierta prensa y llenarla de mentiras, de murmurar a los oídos de los jueces, de aplicar a su conveniencia las leyes, de reñirte por haber mirado atrás, de castigar a otros perros amigos por haber mirado atrás. Ahora sabes que el amo es quien nos permite pensar generosamente, pero en silencio, porque si es en voz alta “se dividen las familias”. Que el amo no interfiere en nuestros sueños nocturnos y nos permite soñar manifestaciones multitudinarias, siempre que al despertar nos retractemos del subconsciente subversivo.

Por eso te pido, Celia, que no quites tu bandera española por la que yo sentí tanto amor: también se puede ser poliamoroso de banderas aunque te emparejes sólo con una, y más si lo haces en épocas distintas convocadas en una sola carta. Ni quites tampoco tu virgen del Carmen, porque ella te hablaba del espíritu de la letra y llevaba razón. Pero te pido que el día 21 votes lo mismo que yo. Y no nos queda más remedio que elegir entre un gobierno que no sólo impone la ley a costa de su espíritu, que es la justicia, sino que dicta leyes nacidas ya sin espíritu, u otro que nos llega muy herido, que seguramente se equivocará  más de una vez, pero que no puede ni comparársele en dignidad.

 

 

Cèlia Sànchez-Mústich

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¿Por qué los catalanes no podemos ceder?

El tiempo juega a nuestro favor, si esta vez por circunstancias ajenas a nosotros no lo lográsemos, el Estado español es consciente que más temprano que tarde lo conseguiremos. La fuerza de nuestra juventud es imparable, por todo ello estoy convencido de que si nos rendimos y renunciamos a lo logrado como piden otras fuerzas progresistas, el Estado español hará todo lo posible para parar esta situación de supremacía que en este momento tenemos y volcará todo su poder en vaciar la autonomía, de forma que sólo represente una gestora cara y difícil de soportar económicamente, arruinándonos, llevándonos al endeudamiento y al agotamiento productivo, combatiendo el idioma, recuperando el español en las escuelas, controlando al profesorado, reduciendo el presupuesto de enseñanza, sanidad y seguridad, acabando rápidamente con nuestro estado del bienestar y nuestras competencias. Así piensan que no se les volverá a repetir en siglos lo que actualmente está sucediendo.

De todas formas, si con todo lo expuesto no tuvieran bastante y siendo conscientes, como en un principio he dicho, de que el tiempo juega a nuestro favor, siendo el Estado el que controla los presupuestos generales, porque siempre tendrá mayoría contra nosotros, preparará año tras año unos presupuestos que siempre sean poco favorables a nuestras inversiones de todo tipo y, sobre todo, en infraestructuras. Pensando astutamente que si un día logramos separarnos, el dinero de esos presupuestos generales, de los cuales nosotros ponemos el 20% del PIB, siendo sólo el 16% de la población, sea para que a la hora de la separación, ellos tengan un país preparado y nosotros un país arruinado. Lo han estado haciendo hasta ahora y lo intensificarán a partir de nuestra rendición.

Por todo lo reflejado en este escrito, propongo que no debemos dar ni un paso atrás, nos jugamos nuestro porvenir como pueblo y el futuro económico de nuestras generaciones futuras, prefiero pasar algunos años malos con la separación, que el panorama sombrío que puede representar el quedarnos en las circunstancias que describo. Puigdemont, esta tarde, adelante con la República.

Paco Martínez
Miembro de Súmate

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¿Y qué pinto yo aquí?

¿Y qué pinto yo aquí?

Un Estado donde a la gente en situación de extrema pobreza se le echa a la calle. Un Estado donde torturar a un toro es arte y donde cada Semana Santa miles de personas van a correr como locos detrás de la figura de una virgen. Un estado que regala 60.000.000.000 de euros a los bancos, que hace autopistas sin coches y AVEs donde no van a subir pasajeros. Un Estado que desprecia a sus estudiantes, a sus profesores, a sus científicos, el conocimiento. Donde el pensamiento crítico parece no tener cabida. Un Estado que hace reformas laborales que dejan a gran parte de la clase obrera en situación precaria. Un Estado que hace leyes para limitar el derecho a la libertad de expresión de sus ciudadanos. Un Estado que, obcecado en su visión centralista, ignora, desprecia e incluso inventa su propia realidad; donde si es necesario creará las burbujas informativas que hagan falta mediante unos medios de comunicación al servicio de los intereses de una banca y oligopolios con demasiada influencia sobre éste. Y sobre todo, un Estado que puede hacer todo esto impunemente, donde la mayoría de sus ciudadanos aceptarán, después de unas pocas quejas que al día siguiente ya habrán caído en el olvido, todos y cada uno de los retrocesos civiles y democráticos de éste, que empuja los límites de lo aceptable cada día, donde hoy se acepta lo que hace cinco años nunca se habría permitido.

Y lo peor de todo: un Estado regido por una Constitución que deja fuera a la mayoría de sus ciudadanos, donde la persona más joven que la votó hoy ya va camino de los 57 años. Una Constitución que dentro de muy poco sólo habrá sido votada por jubilados. Una Constitución votada, muy mayoritariamente, por gente que hoy está muerta, y por tanto, al menos a mi parecer, una Constitución muerta.

Tengo 20 años. Nací un día de otoño en 1996. Hace poco tiempo, pasé de ser un menor de edad a ser un ciudadano con derecho a voto. De un día al otro, me encontré con que era ciudadano de un Estado un poco extraño, cuyos gobernantes no representaban, tan siquiera, una minoría más o menos grande en mi tierra. Cuya oposición, tampoco. Un Estado donde sus gobernantes, además, hacían políticas contra ésta, porque esto les beneficiaba políticamente. Cuyo gobierno se negaba a hablar con el nuestro. Donde se prometían inversiones importantísimas, en trenes y carreteras, que nunca llegaban. Cuyo ministro de Educación estaba interesado en españolizarme a mí y a mis compañeros, a la vez que nos intentaba cambiar educación para la ciudadanía por religión, y nos hacía leyes educativas que ni nosotros ni nuestros profesores queríamos. Un Estado donde empezaba a aparecer una fuerza de cambio que estaría a punto de quedar políticamente marginada, mientras que en mi tierra estábamos empezando a cambiarlo absolutamente todo. Un Estado cuyos medios de comunicación principales podían mentir e intoxicar sin que les pasara nada.

Nací con unos padres que, cuando nuestra querida ley se votó, tenían solo 11 años, y que por lo tanto, quedaron fuera de ella. Hoy ya van camino de los 50. Aún no han podido votar una sola línea de ésta. Y yo me pregunto: ¿Cómo puedo reconocer una ley que no sólo me deja fuera a mí, cosa que por mi edad puede tener sentido, sino que también deja fuera a mis padres? Y me surgen más preguntas ¿Por qué vivo en un Estado que se olvida de mí y de mis compañeros como estudiantes, que premia la ignorancia, que no ayuda a sus científicos e investigadores y los obliga a emigrar? ¿Por qué vivo en un Estado que destroza, sin que nada se lo impida, la sanidad pública que me debe proteger? ¿Por qué incluso vivo en un Estado que ni tan siquiera comparte valores éticos y políticos con la mayoría de la gente de mi tierra? ¿Por qué vivo en un Estado que pone el nombre de democracia a un sistema donde el poder no lo tiene su gente, que es la propia definición de democracia (y por suerte ya me he dado cuenta que lo de “democracia” es tan sólo un nombre, un simple nombre que han dado al régimen del 78 y que intenta darle apariencia de ser algo que vale la pena)? ¿Y por qué tengo un rey? ¿Quién es ese señor y por qué está ahí? ¿Y por qué vivo en un Estado para el cual votar es un delito? Y a esta última me doy la respuesta: porque este Estado ataca todo lo que sea reflexión, crítica, capacidad de decidir, poder del pueblo, poner en duda el régimen y oponerse a la visión “uninacional” que intenta imponer.

Resumiendo: ¿Y qué pinto yo aquí? ¿Qué hago en un Estado que no me representa ni a mí ni a mi sociedad, y que además nos desprecia, nos ignora, nos interviene, y de vez en cuando, nos humilla? ¿Qué sentido tiene? ¿Y por qué, si me quiero marchar de éste, me lo quiere impedir por la vía de la fuerza y no por la del diálogo, el debate y los argumentos?
En fin, les habla alguien que no se siente español, pero tampoco catalán. Ni quiere. Simplemente quiero que mi familia, mis amigos, mis seres queridos, y yo mismo, podamos vivir en un país que no nos avergüence.

A partir del domingo, en caso de victoria del Sí, empieza un Proceso Constituyente donde ya no va a haber siete hombres blancos, heterosexuales, ricos, poderosos, con traje, de letras, y muy y mucho españoles que decidan nuestra Constitución, sino que seremos hombres, mujeres, ricos, pobres, viejos, jóvenes, de todas identidades y orientaciones sexuales, de toda clase social, de todo origen, de toda lengua, de todas las profesiones, y de todas las ideologías, creencias y estilos de vida; en definitiva, todo un pueblo desde su diversidad y pluralidad, el que lo decida todo. Para todo. Para todos.
Protejamos las urnas. Votemos el domingo. Apliquemos el resultado. Construyamos la República.

Víctor Martín

Miembro de Súmate

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Carta a mi teniente

Escribí esta carta, el día después de la Diada, sin ningún tipo de intención, a parte, quizás, de la misma catarsis. Viendo todo lo que ha ido pasando después…

CARTA A MI TENIENTE

Querido papá, ¿qué hubieras sentido, ayer, viéndome en la celebración de la Diada, y a favor de la independencia de Cataluña? Sé que no puedes responderme pero eso no impide que yo te escriba, como tú no dejabas de escribirme cartas que empezaban con “Querida Celia” por el simple hecho de que yo aún no hubiera nacido.

Tú me hiciste sentir española. Nací en España, y no estoy hablando sólo de geografía. Eras militar —aunque eso no sea sinónimo de amor a España. Tampoco eras, lo que se dice, contrario a Franco, y evidentemente sí contrario al independentismo.

Tu origen aragonés propició que yo hablara castellano en casa hasta que tuve diecinueve años, la edad en que te perdí. Y si hablábamos castellano jamás fue por imposición tuya sino porque tú y mamá os enamorasteis en Aragón, siempre os comunicasteis en esta lengua y eso se hizo extensivo a mí.

Papá, parecía que mi destino emocional, en cuanto a patrias, era únicamente España, porque tú, no solo eras militar del Ejército Español, y creías en una patria indivisible, sino que, para colmo, no respondías, para nada, a la tópica idea del padre militar antipático o autoritario, lo cual me habría hecho desconfiar de tus ideas. Al contrario. Eras uno de los hombres más extraordinariamente buenos y cachondos que he conocido. Y me importa un rábano si pensabas así o asá. O mejor dicho, no. He conocido demasiadas personas heridas por la dictadura, y desearía que ésta no te hubiera ni rozado en ningún sentido. Pero todos vivimos rodeados de informaciones distintas y parciales que nos condicionan y, conociéndote, imagino, tengo motivos para pensar que tenías tus dudas. De lo único que yo no dudo, es del padre que quiero haber tenido y seguir teniendo: tú.

Tú eras el padre que, cuando yo era pequeña, ponías una cuerda larga entre mi cama y la tuya, entre mi mano y la tuya, para que cuando me asaltaran los terrores nocturnos pudiera tirar de la cuerda y tú pudieras contestarme con otro tirón tranquilizador.

Convencerme a mí de que el independentismo era malo, y de que Cataluña debía continuar integrada en España, habría sido tan fácil para los gobernantes que en los últimos años ha tenido España… ¿Cómo se las habrán arreglado para errar el tiro tan certeramente?

Cuando alguien —afortunadamente pocas veces— me pregunta por qué escribo en catalán tiendo a responder “porque es mi lengua”, pero últimamente contesto “porque es mi lengua literaria” o simplemente “porque quiero”, ya que reconozco que no tengo una lengua sino dos. Y mi amor por España —digo España, no sus gobernantes ni su monarquía— es paralelo a mi amor por la lengua castellana. Un día escribí un poema (en catalán) dedicado a la lengua castellana, para que quedara constancia de ese amor. ¿Cómo se puede, con todos esos ingredientes, no haberme conquistado para las filas unionistas? ¿Como han podido los capitanes de ese transatlántico que dicen que es España, decepcionarme tanto como para traspasar la gruesa capa de imágenes y vivencias que me habrían impedido votar Sí el uno de octubre?

Sé que en tus valores morales no tenía cabida la mentira, ni la hipocresía —por eso te dormías delante de las visitas que no te interesaban, o te mostrabas contrario a la monarquía, o escondías en lo alto de un armario las medallas y cruces que te habían otorgado, con una sensación de vergüenza que nunca llegué a entender mientras vivías. También eras un hombre muy legal (en el sentido menos coloquial de la palabra y en el otro también) pero en muchas ocasiones me diste a entender, con palabras y con actos, que la justicia (en su sentido menos jurídico) estaba por encima de la ley. ¡Ley! Si supieras hasta que punto nos hemos hastiado de oír esta palabra en los últimos meses… Más de una vez, recuerdo que te la saltaste. Por ejemplo —y ya que esto va de cartas—, cuando animabas a los soldados analfabetos, a los que dabas clase, a redactar cartas a la novia con sus propias palabras. Aparcabas a un lado toda tu ley moral con el fin de que aprendieran a ser autosuficientes siendo ellos mismos, sin máscaras. Y aunque la temática y los términos que iban apareciendo en aquellas cartas llegaban a niveles pornográficos de altura, nunca censuraste ni una sola de ellas, al contrario, te divertía y te complacía ver que el método “carta a novia sin censura” funcionaba y tus alumnos aprendían aceleradamente.

Mi infancia fue España, sí. Y hablando de aprender, fui a un colegio nada menos que catalanista. Eras tan especial, papá, que con todo tu franquismo, y con reparos, escuchaste a mi madre y finalmente preferiste que yo fuera a una escuela “separatista”, pero buena e innovadora, que a una de las que corrían por aquellos tiempos, a finales de los cincuenta, y dejaban tanto que desear. Pero eso no mermó mi españolidad, entre otras cosas porque, contra todo pronóstico y reconociéndole muchos, muchísimos méritos, no me sentí muy bien acogida en aquel centro por parte de las compañeras. Sufrí tanta discriminación, o eso que ahora llaman bullyng, que llegué a coger manía a las personas que hablaban un catalán muy perfecto y con un marcado acento. Recuerdo que me irritaba especialmente la palabra “aleshores” en boca de las profesoras, profesionales muy responsables pero distantes que no se daban cuenta de lo que me pasaba. Insisto, yo he acaparado todos los números para que mi cerebro rechazara la idea de la independencia de por vida. Pero ¡ah! alguien ha hecho conmigo un gol en su propia portería.

He disfrutado con la literatura española; con la música española, desde la más clásica a la más folklórica; con el arte de España. Soy una apasionada del cante jondo, he tocado la guitarra flamenca; veo por televisión programas gallegos o vascos; me emociona la jota aragonesa y tanto iría a un concierto de los Mazoni como de Lola Flores —si viviera. Y siempre me ha fascinado ese puzle de culturas y paisajes ricos y diversos. Sí, sí, ese puzle que a fuerza de mazazos los dirigentes han conseguido que no encaje y que se vaya pudriendo. Conmigo también han logrado la cuadratura del círculo: que teniendo en mí un terreno tan abonado para sus intereses, yo me declare independentista, y me ilusione haber nacido en un pueblo capaz de hacer la revolución con tanta valentía, humor, alegría, voluntad de paz, y diría que una tozudez propia de mi adorada tierra maña.

Durante mucho tiempo consideré que, si algún día Cataluña alcanzaba la independencia, eso no supondría un drama para mí, pero que algo dentro de mí me produciría daño. ¿Qué ha pasado, para que incluso ese posible daño me lo hayan resquebrajado? Han perpetrado filigranas de despropósitos, artesanía pura de mentiras. Y no, que no se hagan ilusiones de que yo reniegue de España para así poder señalarme. La seguiré queriendo. Casi como tú la querías, papá. Pero es que tengo la sospecha de que incluso tú, si vivieras, o bien te hubieras vuelto independentista o comprenderías que yo lo fuera, o que como mínimo lo aceptarías. Cuando medio país, por no entrar en mezquinas discusiones de si mayoría en escaños, que si mayoría en votos — ¡habría tanto que hablar sobre eso! —, que si la mitad más uno o menos uno, en definitiva cuando medio país pide lo que pide —un referéndum—, y buena parte del otro medio no pide lo contrario, aquí pasa algo a tener en cuenta. Viendo el millón — ¡o las que fuesen! —de personas que ayer se echó a la calle para pedir la independencia pacíficamente, pero sobretodo, si oyeras las mentiras del Gobierno, y cuando te contáramos que nos invalidaron un Estatut que había estado aprobado por los catalanes, por el gobierno español y hasta firmado por el Rey… ¿Sabes qué parecen? Niños pequeños que solo saben decir “mamá” o “ajo”, sólo que ellos dicen “ley” —que por cierto, es como los chinos de las viejas caricaturas pronunciarían rey—, eso sí, sin balbuceos, como si dominaran todo un vocabulario, como si todos fueran expertos en jurisprudencia, como si de un momento a otro fueran a lanzarse a hablar de corrido… Y cuando una ley sólo se justifica por el hecho de serlo, cuando no está llena de substancia, no es de ley. ¡Pero es que ni siquiera, según parece, hay una ley que afirme que es delito organizar un referéndum como éste!

Ellos, aunque no represente una comparación en sentido estricto, se comportan como el marido que, para evitar que su mujer se vaya de casa, intentan convencerla con argumentos como “el matrimonio es sagrado”, “¿qué te ha faltado a ti?”, — en el caso de Cataluña, un argumento, dicho sea de paso, muy rebatible— “te vas a quedar sin nuestros amigos comunes, si te vas”… Tú, papá, que por no querer nada forzado, no querías regalos en el día del padre ni tampoco los hacías en el día de la madre —los dabas cuando te apetecía, y para sorprender al otro—, no creo que estuvieras de acuerdo con ese argumento. Incluso si continuaras aferrado a la idea de la unidad de España, pedirías las urnas. No, ese “marido” no se disculpa por nada ni propone cambio de actitudes ni pronuncia la palabra amor para reconquistar a su mujer. Claro que ahí sí que demuestran sinceridad. ¿Aman nuestra cultura, aquello que, según ellos, forma parte de España? ¿Invitan a los españoles a que adquieran conocimientos de otras lenguas del Estado para que puedan disfrutar de una literatura que también tendrían que considerar como propia, aunque se llamara literatura catalana? Pues claro que no. ¿Por qué no la valoran —al contrario, la ridiculizan— como parte de su patrimonio, en vez de temerla como una amenaza para su patrimonio?

En ese punto, en la prohibición sistemática de las urnas, un buen día me di cuenta de que no solo no representaría ningún drama para mí que Cataluña se independizara, sino que supondría un alivio romper relaciones con unos políticos que propugnan el diálogo contrapuesto a la violencia pero que cuando les das diálogo solo sueltan aquello de “mamá” o “ajo” o “ley”. ¿Eso no es violencia?

Si ante esa mujer que se quiere divorciar de su marido —que igual se podría tratar de ese cantante que anhela emprender una carrera en solitario y separarse de su grupo—, ellos (el marido o quien sea) arguyeran ese amor del que hablábamos, quizá ella no se iría, vete a saber. Se me ocurre que cada ser humano es una urna viviente que puede estar ocupada por votos contradictorios, o aún contrarios, y que quizá si los votos engrosaran la parte de esa mujer que quiere a su pareja, a pesar de tanto diálogo rechazado, no se iría, lo intentaría de nuevo. Pero si eso pudiera suceder, ya habría sucedido. Y no.

Papá, no sé que pensarías de esta carta. Quizá me dirías, o me dirás, echándote a reír “no te metas en camisa de once varas” —lo del once podría ir por la Diada… Tanto la risa como la frase, muy tuyas.

Te quiero, papá, por lo de la cuerda —que no ataba, sólo consolaba— y por muchas otras cosas. También por comprender, o perdonar, que ahora utilice una frase tuya como defensa de una Cataluña independiente. Solías decirla a menudo, aplicada a muchas situaciones: “cristianos a la fuerza, no”. Y eso me lleva a creer que no querrías una Cataluña española a la fuerza, una Cataluña a la que se le han negado las urnas.

Cèlia Sànchez-Mústich

Poeta y escritora en lengua catalana

 

 

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La mentira de la Andalucía subsidiada

Pensamiento Andaluz

Andalucía no es una economía subsidiada,es una economía supeditada y subordinada a los intereses del estado español y de la UE. Los subsidios que recibimos son en compensación al lucro cesante, es decir al dinero que dejamos de percibir en beneficio de otros, y provienen de nuestro propio dinero.

Dentro de la UE somos la periferia de la periferia. Supeditados a los Estados centrales de la misma, en la división internacional del trabajo somos abastecedoras de productos agrícolas y de materias primas a las zonas industriales. Pero ese papel de granero de Europa no es en exclusiva. Desde los tratados de libre comercio la UE adquiere a países en desarrollo estos productos a precios reventados y les coloca productos manufacturados al más  puro estilo colonial.

Ello constituye una competencia desleal para Andalucía sobre todo porque la mano de obra en los países en desarrollo trabaja en condiciones de semiesclavitud. Esta situación se agrava al no haber implementado el Estado el Corredor del Mediterráneo, que abarataría el coste del transporte al hacerse por tren .Y ello a pesar de ofrecerle la UE sufragar la mitad del coste de la infraestructura.

Como consecuencia de la PAC, a día de hoy 250000 ha cultivables no se cultivan en nuestra tierra. Los 80 mayores terratenientes de Andalucía han recibido de la UE 100 millones de euros sólo por limpiar sus tierras y no cultivarlas. Estos medios de producción que no se nos permiten cultivar son un lastre para nuestra economía y para nuestros proyectos vitales, pues pudiendo trabajar de agricultoras nos convertimos en perceptoras del PER.

Por imposición  de la UE sufrimos una competencia desleal como decíamos antes que justifica la subvención a los propietarios de las tierras, ello constituye un lucro cesante directo para las jornaleras que pierden salarios e indirecto para todas las andaluzas pues significa menos impuestos, menos cuotas a la Seguridad Social y menos consumo y creación  de riqueza.

Y el dinero de las subvenciones va a parar a los propietarios: los pequeños y medianos suelen reinvertir en la tierra. Los grandes en cambio, que en muchos casos no viven aquí, lo gastan o invierten fuera.

Esta mentira institucionalizada de que Andalucía es una economía subvencionada se vehicula numéricamente mediante un artificio trilero: el de las balanzas fiscales. Se entiende por balanzas fiscales la diferencia entre los impuestos que pagamos a todas las administraciones públicas y el dinero que las mismas gastan o invierten en este caso en nuestra nación andaluza. El método que el Estado utiliza para su cálculo es el de carga-beneficio que parte de la base de que los gastos e inversiones estatales benefician a todos los territorios, por lo cual imputa los mismos de manera proporcional a cada uno de ellos.

Así pues los gastos en defensa, diplomacia, mantenimiento de museos, monumentos, patrimonio, nóminas de funcionarios y todo aquello que presupuestariamente entraría en el epígrafe de servicios centrales se prorratea proporcionalmente al número de habitantes, con lo cual el primer pagano de estos gastos somos los andaluces y las andaluzas. Ni que decir tiene que territorialmente quien más se beneficia es la Comunidad de Madrid, sede de los servicios centrales del Estado. No el pueblo de Madrid, sino la oligarquía y las multinacionales que tienen allí su vida y hacienda.

El trilerismo también se produce por el lado de los ingresos. De las 35 empresas del Ibex 24 tienen su sede en Madrid, así como numerosas grandes empresas y multinacionales. Por tanto el IVA emitido por estas empresas como se paga centralizadamente se computa como impuestos pagados en Madrid. Lo mismo sucede con el Impuesto de Sociedades.

RECAPITULEMOS

1. Andalucía deja de cultivar tierras y por tanto de generar jornales y cotizaciones a la Seguridad Social e impuestos como consecuencia de la pertenencia a la UE y su PAC. Una UE que como consejo de administración  del capitalismo globalizado subordina los intereses de los andaluces y andaluzas a los del capital de tal manera que compran y colocan productos a países en desarrollo y subvencionan a terratenientes andaluces por no cultivar sus tierras.

2. Se nos imputan como gasto o inversión en Andalucía una parte alícuota, la mayor como comunidad más poblada, de los gastos de la administración del Estado en nombre del interés general.

3. No se nos computan como impuestos devengados en Andalucía aquellos que pagamos en gasolineras, telefónicas, grandes almacenes… Cuya sede no está en Andalucía. Jugamos con profunda desventaja pues solo una empresa del Ibex tiene su sede en nuestra tierra.

Por consiguiente padecemos un lucro cesante derivado de la PAC y un PER que financiamos con los impuestos que pagamos y que no se reflejan en nuestras balanzas fiscales. En el marco del estado español y de la UE somos una colonia periférica. Es hora de despertar de este letargo, empoderarnos y luchar por nuestra Independencia.

Ha quedado claro que producimos riqueza el reto es que quede en nuestra tierra y se distribuya mucho mejor. Nuestro camino es solo uno luchar por nuestra Independencia y conseguir con ella nuestra soberanía política que abrirá el camino a la soberanía económica, construyendo la sociedad socialista ejerciendo con ello de hecho la soberanía alimentaria mediante la reforma agraria y la soberanía energética gracias a las energías solar y eólica que podemos producir por nuestro clima.

No queremos poner fronteras, queremos gobernarnos como clases populares andaluzas construyendo poder popular, construyendo la República Andaluza de Trabajadores socialista, feminista, antipatriarcal y sostenible. Empoderémonos y volvamos a ser lo que siempre hemos sido mujeres y hombres de luz.

Joan Batlle

Miembro de Súmate