Categorías
Testimonio

Testimonio: Mi dieta y la independencia

TESTIMONIOS
Si deseas contar tu testimonio y hablarnos de tu historia personal, puedes eviarnoslo a info@sumate.cat

__________________________________________________________________________________

Mi dieta y la independencia

Me llamo Daniel García de la Mata Álvarez y tengo siete años. Se estarán preguntando ¿cómo es posible que, con siete años y el sistema educativo que sufrimos, he sido capaz de escribir tres palabras seguidas sin cometer faltas ortográficas? Es por que me vine a vivir a Catalunya hace siete años, ergo tengo siete años como catalán, pero antes cumplí treinta y tres como español. Exacto: me eduqué en los años setenta y en un colegio de curas de la meseta. Hay que reconocer a esos… (la palabra que estoy pensando empieza por “C” y acaba por “S”)… como decía: hay que reconocer a esos ‘c… curas’ que sabían lo que se hacían: “La letra con sangre entra” y tenían razón: sangré, pero me entró.Tengo dos problemas: el sobrepeso y la independencia de Catalunya.Aunque soy alto, no lo suficiente para mi peso. Si midiera dos metros treinta, estaría en mi peso ideal, pero con mi metro casi ochenta, me sobran veinte kilos. Yo me esfuerzo. Salgo a correr por mi pueblo, lo que es una auténtica gozada porque en menos de cinco minutos estoy en mitad de un precioso bosque frondoso de coníferas y pinos. Me cruzo casi con tantos deportistas como jabalíes… vivo en un verdadero paraíso. De pequeño, en la árida meseta, leía comics de Astérix y Obélix y veía en sus viñetas los frondosos bosques de la Galia. Otro país. Otra época. Otra orografía. Y resulta que ahora vivo en un pueblo parecido al de Astérix; y encima, como aquél, resiste ahora y siempre al invasor: igualito que en mi cómic.

Además de correr, también intento hacer dieta. Lo intento, porque cuando he bajado un par de kilos, me creo con derecho a algo y picoteo cosas ricas: después de un esfuerzo, es justo darse una recompensa. El resultado es que voy corriendo en círculos recuperando en dos minutos lo que perdí en dos semanas. No: no tengo derecho de recompensa, ya que el esfuerzo y el sacrificio deberían ser la recompensa. Es lo mismo que les pasa a los independentistas: en vez de avanzar en su lucha, cada pequeño éxito les hace parar a mirarse la barriga y a darse codazos unos a otros diciéndose que ya está hecho: mañana independientes. Y no: como en mi dieta, la recompensa no es ganar una consulta no vinculante de pueblo. Esto es un paso. Un buen paso… pero queda mucho y la recompensa, de momento, debe de ser el sacrificio y la lucha.

Para colmo de males, soy y me siento español. Español pero culpable, porque llevo siete años siendo catalán y veo cosas que no me cuadran. Yo, oriundo de la meseta central, cosecha del setenta y tres, he tenido siempre claras tres cosas: que España era Una, Grande y Libre. Y resulta que hay un montón de cosas que no se sujetan ni con el “Pattex no más clavos”.

Hay diferencias. Unas enormes y otras nimias. El metro de allí entra en la estación por la derecha, el de aquí, por la izquierda. El billete del metro de Madrid se sella en el torno de la derecha; En Barcelona, en el de la izquierda. Allí llaman bote a lo que aquí es una lata de refresco. El aire de la meseta es seco y cuando más claros son los días, las sombras son más oscuras. En mi pueblo el aire es dulce y la sombra difumina sin ocultar. Pequeñas diferencias.

Pero las hay enormes, porque todos los que venimos de otro sitio, observamos los detalles que nos diferencian. A orillas del Manzanares, todo el mundo habla con todo el mundo, el que llega tarde al trabajo es el más listo y el que se queda a hacer horas es el más idiota. Después del trabajo… o incluso en varios momentos de la jornada laboral, los bares están llenos de cafeteros y “cañiteros”. Sin llevar reloj, en Madrid se sabe la hora exacta sólo mirando dentro de un bar: Café desde las ocho hasta las once y cañitas hasta las dos. Vinitos hasta las cuatro. Sol y sombra y demás libaciones hasta las ocho y combinados hasta las tres de la madrugada.

En Catalunya la gente es diferente. Aquí el café se toma en casa y, si se pacta con la empresa, diez minutos a media mañana. Si no, café en la mesa de trabajo. En Catalunya el que llega tarde se disculpa y el que se queda a hacer horas, o bien es por que se las pagan, o por que es responsable de su tarea. Del trabajo a casa y sólo con algún motivo se toman algo entre semana después del trabajo. Raro, raro, raro.

Pero las grandes diferencias son las sociales. Todos somos iguales ante Dios y ante la Ley. Bueno, ya sabemos que unos son más iguales que otros, como dijo aquél; pero la socialización nos abre una brecha enorme. No es malo, es diferente. Un madrileño se cortaría un brazo antes que cambiar de opinión; un catalán se cortaría un brazo antes que derrochar o dejarse pisotear; un italiano se cortaría un brazo antes de ir desaliñado y sin gafas de sol… y así hasta mil ejemplos. ¿Es malo? No, por eso hay que investigar lo que nos une y tener claro lo que nos diferencia.

¿Por qué soy un español que se siente culpable? Porque mi España Una, Grande y Libre, no es Una. Porque sus dirigentes la hacen Pequeña y los que vivimos en ella nos sentimos Encarcelados. Y si los tres pilares son mentira, mi culpa es haberlo descubierto. Soy y me siento español, pero mi subconsciente me traiciona: me Llamo Daniel y tengo siete años. Resulta que soy un español que cada día se siente más catalán. Y para más Inri, por mi estilo de vida, soy más catalán todavía; y lo más fuerte: soy un español que entiende que Catalunya se quiera independizar. Quien sabe, lo mismo de aquí a cinco meses o menos me he convertido en independentista, porque no lo soy, pero confieso que ya he empezado a caminar por esa senda.

Daniel García de la Mata Álvarez (Cervelló)

Categorías
Testimonio

Testimonio: Antonio Cuadrado

TESTIMONIOS
Si deseas contar tu testimonio y hablarnos de tu historia personal, puedes eviarnoslo a info@sumate.cat

__________________________________________________________________________________

De la dehesa extremeña al Vallès Occidental


Soy demócrata, soy trabajador. En la ANC hay muchos trabajadores. No soy monárquico ni español lo demuestra mi DNI (el catala). Yo no me siento español como los del PP, ni como los del PSOE, ni como Ciudadanos. No!!Me entendería muy bien con ciudadanos como J. M. Sánchez Gordillo (Alcalde de Marinaleda), admiro a, Federico García Lorca, Antonio Machado, Miguel Hernández, personas de la cultura, como Willy Toledo, la familia Bardem etc.Yo nací en Extremadura, quiero a mi familia de Extremadura. Pero mi tierra es Catalunya!! Me ha dado más de lo que podía esperar: la vida que tengo, una esposa y una hija. Yo voto INDEPENDENCIA por amor a Catalunya pero no por la caja.

Trabajo todos los días de mi vida para intentar hacerla mejor:

– De joven en los CENTROS CULTURALES de los barrios, en los años 70.
– Desde el SINDICALISMO, buscando mejores condiciones para los trabajadores.
– Desde ORGANIZACIONES POLÍTICAS, dando salida a nuestras inquietudes políticas (llibertat, amnistía, estatut d´autonomia) con riesgo de pasar por la cárcel.

– Y en la madurez desde las ASOCIACIONES DE VECINOS (haciendo matinales infantiles de cine en el barrio u organizando el Festival de Cine de Terror de la ciudad).

La independencia no tiene precio, tiene valor, se tiene que ser independiente por sentimiento, por la lengua, la cultura y la historia. Donde la mujer goce de igualdad de derechos y oportunidades, donde se le respete y proteja de asesinos. Catalunya por demócrata ha de ser republicana, solidaria con sus hijos, con el resto de España y con los necesitados del mundo.

Yo amo profundamente a Catalunya. ¿Que puede hacer Catalunya por mí… o que puedo hacer yo por Catalunya?

Antonio Cuadrado (Sabadell)

Categorías
Testimonio

Testimonio: Isabel San Martín

TESTIMONIOS
Si deseas contar tu testimonio y hablarnos de tu historia personal, puedes eviarnoslo a info@sumate.cat

__________________________________________________________________________________



Yo soy de Navarra, vivo en Barcelona desde hace 2 años. Mi pareja es Catalana. Apoyo a la independencia.
Hasta el día de hoy no he tenido ningún problema, ni hablando en castellano, ni hablando el catalán. Estudio educación infantil en el IOC Institut Obert de Catalunya y no tengo ningún problema con el idioma.
 Se que para trabajar como auxiliar de enfermera y como educadora es importante tener un nivel de catalán, pero ofertan cursos para aprenderlo en el Consorci per a la Normalització Lingüística.
Viva mi tierra Navarra. Y viva Catalunya.

Isabel San Martín (Barcelona)

Categorías
Testimonio

Testimonio: Sonia Mata

TESTIMONIOS
Si deseas contar tu testimonio y hablarnos de tu historia personal, puedes eviarnoslo a info@sumate.cat

__________________________________________________________________________________

Malagueña que apoya la independencia


Me llamo Sonia soy malagueña y llevo cinco años viviendo aquí, en Cataluña, donde me han recibido con los brazos abiertos. Me encanta su cultura, su lengua y su gente.He participado en la Via Catalana y he quedado maravillada de la participación ciudadana, su civismo y su reivindicacion de forma pacífica.Los catalanes merecen una consulta para decidir sobre su futuro y deseo que llegue el dia en que pueda ser un estado propio.

Sonia Mata (Santa Coloma de Gramanet)

Categorías
Testimonio

Testimonio: Ireneu Castillo

TESTIMONIOS
Si deseas contar tu testimonio y hablarnos de tu historia personal, puedes eviarnoslo a info@sumate.cat

__________________________________________________________________________________

Mis razones de ser independentista


Mucha gente se puede preguntar como, un personaje como yo, nacido en Barcelona de padres castellanos, que vivo en Hospitalet de Llobregat de toda la vida, que soy seguidor del RCD. Espanyol y que escribo desde hace 8 años estos renglones en español, es tan abiertamente independentista. Quien no esté dentro de mi piel, y no comparta lo que se mueve en mis neuronas, es muy posible que pueda pensar que he sido manipulado, ya sea por TV3 (¿con lo asquerosamente culés que son?), por los estudios (¡pero si los hice exclusivamente en castellano hasta los 14 años!) o por las amistades (¡si casi todos son castellanoparlantes!), la realidad es que, ante todo tengo cerebro, y otra cosa no se, pero plantearme cosas, me las planteo. Y llego a conclusiones. Conclusiones que, por suerte o desgracia, no gustan a todo el mundo, pero que son las mías. ¿Y cuales son mis razones para ser independentista en Catalunya con los antecedentes antes descritos?¡Si tendría que salir todos los días con la rojigualda hasta en los calzoncillos! Pues aunque le parezca mentira, las tengo:
Soy catalán

Me guste o no, soy catalán de nacimiento y, por tanto, es mi tierra, con una historia propia y unas características que la hacen diferente. Tiene una lengua diferente de la que hablo en casa (aunque mi padre me la enseñaba de pequeño) y la cual considero igual de mía que el castellano. Asimismo, tiene una realidad que la hace diferente al resto de España, la cual no pretendo obviar ya que es parte de mi propia experiencia como persona. Si hay gente a la que no le gusta, lo siento, no pretendo cambiarles a ellos, pero cada uno en su casa podemos ser todos amigos. Tengo amigos franceses, alemanes, sudamericanos y de otros sitios, y no se diferencian en nada de los españoles: todos ellos sangran si les pinchan. Además, si usted pasa a Francia en coche por la frontera de Coll d’Ares no se diferencia en nada de pasar la frontera con Valencia o con Aragón. ¿Donde está el problema?
Rechazo por el mero hecho de nacer en Catalunya

Si se supone que todos los que vivimos en España somos españoles, no tendría porqué ser problema haber nacido en cualquier parte de su geografía. Pues no; por el hecho de ser catalán, ya soy un elemento sospechoso en cuanto salgo de los límites de Catalunya, independientemente de que mis raíces tengan más bien poco de catalanas. Por ejemplo, en Madrid, donde me tocó hacer el servicio militar, se me ha llamado «polaco de mierda» y «catalufo» en mi cara y me han censurado hablar en catalán a un valenciano que no sabía castellano (increíble, pero cierto) al grito de «no ladréis, aquí se habla en español». Curiosamente, aquí no me he encontrado nunca que nadie me censure por hablar castellano. Casualidad o no, la barrera, en todo caso, no la he puesto yo.
Realidad social diferente

Guste o no, las realidades de un territorio que está en la puerta de Europa, no es la misma que visto desde el centro de la Meseta castellana. En Catalunya, el hecho de estar a mitad de camino entre Madrid y París, hace que el intercambio de ideas y de gentes sea mucho más abierto, y más ahora con la facilidad de comunicaciones que hay. Si a eso sumamos que han de convivir dos lenguas oficiales con una infinidad de otros usos y culturas provenientes de la inmigración, hace que la sociedad catalana actual sea de todo, menos tradicional y cerrada. Todo ello contrasta con la realidad de una sociedad monolingüe que solo entiende a la diferencia como algo malo a destruir y que ha de estar sometido a la voluntad de una entidad primaria. Solo así se entiende que se nos tachen de «enemigo de la patria», ya que nuestra diferencia -aunque sea sutil- molesta a quien no la comparte. Mal vamos si mi realidad no gusta a quien ha de ser, supuestamente, mi igual. Otra barrera que no he puesto yo.
Vengo de familia de inmigrantes

Mi familia vino de diferentes partes de España con la intención de buscar un futuro que simplemente no existía en sus zonas de origen. Mi madre, zamorana, pero criada en Aragón, llegó a principios de los 60 buscando ganarse la vida. Más grave fue la situación de mi padre el cual vino de La Mancha con mis abuelos en los años 40. Mi abuelo, había sido soldado republicano y había sido herido en la batalla del Ebro, donde luchó en la columna de Lister y El Campesino, y hecho prisionero.
Después de estar 3 años sobreviviendo como pudo por los campos de concentración franquistas, fue liberado y, al volver a su pueblo, Los Hinojosos (Cuenca), tuvo que sufrir el «mobbing» de los oligarcas del pueblo, ya que fue tachado de «rojo». No le quedó más opción que venirse a una Barcelona que prácticamente no hablaba castellano a buscar trabajo… o morir de hambre. Intentó volver a su pueblo unos pocos años después, pero todo había cambiado, encontrándose que ya, ni era de allí, ni era de aquí y tuvo que volver a Barcelona. De carácter agrio -normal, dado lo que le tocó vivir-, nunca se llegó a integrar a la realidad catalana de la época y a mí, primer nieto, me puso el nombre de Ireneo (Pacífico). Por algo sería, aunque sus razones se las llevó a la tumba.
Visto lo visto…¿Qué estima puedo tener a un país que echó por activa y por pasiva a mis ancestros de sus lugares de origen? Una cosa es que quiera a mis familiares, que pueda tener amigos en aquellas tierras o que cumpla la legalidad impuesta, pero lo que no puedo, de ninguna de las formas, es considerarlo mío, porque no tengo nada que agradecerles. Al contrario, el agradecimiento lo he de tener con la tierra de acogida, no con quien los expulsó.
Crisis y ausencia de futuro en el estado actual

Llevamos casi 6 años de crisis, de los cuales llevo un año y medio en paro… y lo que es peor, sin ningún viso de salir del pozo. Esta crisis no es una mera crisis económica, ya que el resto de países de nuestro entorno están saliendo más o menos adelante, sino una crisis de sistema. España no funciona porque el actual estado español no hace más que seguir con las premisas que inspiraron a todas las grandes potencias del siglo XVII y XVIII, lo que quiere decir +territorios= +comercio.
Este modelo totalmente desfasado y caduco, todavía funciona a la reducida clase oligárquica que manda en España (a pesar de guerras y repúblicas varias) desde mediados del siglo XIX, y mientras que sigan en el poder, les importará un rábano que haya 6 o 26 millones de parados. Ellos están en su chiringuito, y si no sigues su juego, eres un mal patriota y el enemigo a batir. Pues va a ser que no.
La independencia de Catalunya, además de dar una ilusión para tirar adelante, supondría romper totalmente con el statu quo imperante en la actualidad, destrozando los lazos clientelares y de corrupción sobre los que están basados las columnas del poder en este país. Ello significaría una ruptura total y, al menos, la posibilidad de generar una situación nueva y avanzar hacia una posible solución del problema que, de otra forma, simplemente no existirá porque a los que ya les va bien, no tienen ninguna intención de esforzarse por conseguirla. Ah! Y no nos engañemos, el beneficio será mutuo, tanto para los españoles, como para los catalanes.
Yo seguiré siendo el mismo de siempre

Si soy independiente, seguiré llegando justo a fin de mes (en el caso de que tenga trabajo), seguiré queriendo con locura a mis familiares y seguiré siendo amigo de mis amigos tal y como lo soy ahora… y exactamente igual a como pasaría si estuviese viviendo en China o en Alemania. Eso no tiene nada que ver. Por tanto, si solo molesta a los que cobran mis impuestos y no hacen nada para que pueda salir del pozo de la crisis… ¿tengo que tener remordimientos por ellos? Pues no. Al contrario, si les molesta, que se jodan.
En definitiva, las banderas se abrazan o dejan de abrazar en la proporción que cada persona se sienta identificadas con ellas. La bandera española, para mí, no significa nada más que imposición y fascismo, mientras que la catalana, para mí, es una democrática libertad de elección, en tanto que nadie me ha obligado a asumirla como propia y creo, muy firmemente, que podemos construir un país nuevo totalmente viable y con mejores oportunidades para todos. Cada uno es muy libre de sentirse como quiera, yo me siento así, y por eso soy independentista.
Y al que no le guste, como decimos en catalán: «que s’hi posi fulles!»

 

Ireneu Castillo (L’Hospitalet de Llobregat)
Extraido con consentimiento expreso de su blog
Categorías
Testimonio

Testimonio: Nicolasa Fernandez

TESTIMONIOS
Si deseas contar tu testimonio y hablarnos de tu historia personal, puedes eviarnoslo a info@sumate.cat

__________________________________________________________________________________

¿Porqué soy independentista?


Hola, me presento. Mi nombre es Nicolasa Fernandéz. Soy de un pueblo de Sevilla y tengo 49 años. Hace 43 años que vivo en Catalunya.
Creo que hace años que tengo el sentimiento independentista y no me daba cuenta.
Siempre que íbamos de vacaciones a Andalucía, a Galicia, a Asturias o a Extremadura, nos sentíamos en otro mundo. El sentimiento era raro. Estábamos con la familia, pero nos sentíamos como extraños. Es evidente que creciamos a distinto nivel.
Al regresar siempre hacíamos el mismo comentario: como en Catalunya no hay nada; su cultura y los valores distintos al resto de España, no se parece en nada, Sin ninguna duda Catalunya ha evolucionado diferente que España.
En la manifestación del 11 septiembre 2012 fue la primera vez en mi vida que grite “¡Independencia!”. Poco a poco me iba saliendo la rabia por las injusticias que vive el pueblo catalán. Injusticias de parte del gobierno central, indiferentemente del partido que sea.
Esas injusticias las vivimos en nuestras casas. Pagamos más impuestos en los recibos del agua y luz; con nuestros hijos en los colegios tenemos menos recursos, sufrimos más recortes de becas; con nuestros ancianos, los recursos para los geriátricos podrían ser mayores si los impuestos recaudados en Catalunya se quedasen aquí; y con nuestros derechos, que quedan recortados con todos los impuestos que tenemos que pagar, como las autopistas, a diferencia con otras comunidades de España, por ejemplo.
Sí, señores. Quiero la independencia de Catalunya.
Y si tenemos que ayudar a España, se le ayuda. De país a país. Que cada país administre sus recursos y luche por sus intereses para prosperar.
Quiero tener el derecho de decidir.
Quiero decidir sobre el futuro de mis hijos.
Quiero decidir sobre el futuro de mis ancianos.
Quiero que el gobierno tenga en cuenta a los ciudadanos en la toma de decisiones, que de nuestras vidas depende. Mediante referendum, todos los que sean necesarios.
Quiero decidir si el dinero de mis impuestos se emplean en armamento o en sanidad y educación.
Quiero decidir sobre mi futuro.
Yo en lo que pueda siempre ayudaré a mi família que tengo por toda España. Lo que sí está claro es que no podemos llevar a nuestras espaldas el Reino de España, con su monarquía y cientos de políticos que de vivir bien, si entienden.
No respetan mi opinión y me privan de mi libertad.
Nicolasa Fernández (Tarragona)