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Recortes de esperanza

Recortes de esperanza

Los recortes que se están produciendo actualmente en Catalunya están asfixiando cada vez más a los catalanes. Los recortes que se están llevando a cabo por la Generalitat en educación, en sanidad, en cultura y en todo lo que significa servicios públicos en este país están poniendo de uñas a muchos habitantes, los cuales, ante el crecimiento del independentismo, responden agriamente que menos independencia y más luchar contra los recortes, porque la situación es insostenible. Posiblemente tengan razón y no dudo que lo piensen con toda la buena fe del mundo, pero si mirasen con un poco más allá de la inmediatez del día a día verían que, en el fondo, están siendo manipulados por el gobierno central para que así piensen y de esta forma reventar, desde dentro, el imparable ascenso del independentismo. Por así decirlo, se han convertido en escudos humanos de la oligarquía española. ¿Cómo puede ser? Sencillo.

Al estar actualmente en un estado de derecho que forma parte de la Comunidad Europea, donde la democracia es reconocido como uno de los derechos humanos fundamentales, el hecho de que en Catalunya se haya desarrollado un sentimiento independentista de forma totalmente pacífica y democrática, tiene pocas formas de oposición. Si estuviéramos en otro sitio y/o en otros tiempos, ya haría bastante tiempo que estaríamos bajo un yugo militar por muy justas y democráticas que hubieran sido las reivindicaciones catalanas, como tantas otras veces ha pasado al largo de la historia.
Sin embargo, ahora no se puede hacer, excepto que el Estado español se pase por el forro todos los convenios habidos y por haber que lo impiden. El estado, por tanto, si quiere asfixiar la revuelta, tiene que utilizar otras herramientas, ya que la democrática la tiene totalmente en su contra. Por tanto, descartadas las militares y las democráticas, las que tiene más a mano son las diplomáticas y las económicas; las primeras, no las tiene todas a favor, pero las segundas, sí, y las está utilizando.
En estas circunstancias, el estado, con la excusa de la crisis (siguiendo el ejemplo de tantas y tantas empresas que han echado gente a la calle sin tener pérdidas) está haciendo recortes draconianos a las comunidades autónomas, las cuales, en tanto que son las representantes del Estado en sus territorios, los han de transmitir a la ciudadanía, con los nefastos resultados que todos conocemos. En Catalunya, encima de esos recortes, se ha de sumar el déficit fiscal que otras comunidades no tienen y los continuos incumplimientos de transferencias y pagos que debiera hacer el Estado Central a la Generalitat. ¿Resultado? La Generalitat no tiene dinero ni para pagar una bolsa de pipas y todo lo que depende de ella se resiente gravemente.
Esta asfixia económica hace que la gente más vulnerable lo esté pasando mal y exija a la Generalitat que arregle la situación dejando de lado otros condicionantes a priori menos importantes, tales como las “veleidades” del estado propio. De esta forma, la propia población catalana que sufre los desmanes de un Estado Central que la ve, no como a verdaderos españoles sino como a simples limones al cual exprimir, se pone, de forma surrealista, a hacer el juego al Estado en contra de sus propias instituciones. Es como si tus padres tuvieran que pagarte la paga, pero están siendo robados por alguien y tu, en vez de ponerte en contra del ladrón, te pusieras en contra de tus padres porque no te pagan. Surrealismo total y absoluto.
Estoy totalmente de acuerdo que se han hecho muchísimas cosas mal desde la Generalitat y que tiene cierta parte de responsabilidad de la situación actual, pero negar la mayor de que el Estado Central tiene la responsabilidad final de todos los recortes que estamos padeciendo es, como mínimo, injusto e hipócrita. El Estado español cobra los impuestos y la Generalitat paga los servicios de este estado ¿Casualidad? No, a eso se llama tener la sartén por el mango.
El Estado español (no confundir inicuamente con España) está aprovechando el sufrimiento de una parte de la ciudadanía catalana para reventar el escenario de la independencia de Catalunya, habida cuenta que la independencia afecta, y mucho, a los privilegios e intereses de una oligarquía política española formada por familias que llevan siglos haciendo y deshaciendo a su gusto (ver La política española, una cuestión de familia).
Es justamente en esta situación tan dura que, más que nunca, hemos de sumar esfuerzos para que todos los catalanes, ya sean de adopción o de nacimiento, consigamos la independencia política del Estado español. Y ello es así porque el exigir nuestra independencia no es una cuestión de sentimiento, no es una cuestión de insolidaridad, no es una cuestión de animadversión, es, simple y llanamente, una cuestión de dignidad, de derechos humanos y de esperanza, sobretodo esperanza, en conseguir un futuro mejor para todos.

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Ireneu Castillo (L’Hospitalet)

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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.
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Testimonio: Ireneu Castillo

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Mis razones de ser independentista


Mucha gente se puede preguntar como, un personaje como yo, nacido en Barcelona de padres castellanos, que vivo en Hospitalet de Llobregat de toda la vida, que soy seguidor del RCD. Espanyol y que escribo desde hace 8 años estos renglones en español, es tan abiertamente independentista. Quien no esté dentro de mi piel, y no comparta lo que se mueve en mis neuronas, es muy posible que pueda pensar que he sido manipulado, ya sea por TV3 (¿con lo asquerosamente culés que son?), por los estudios (¡pero si los hice exclusivamente en castellano hasta los 14 años!) o por las amistades (¡si casi todos son castellanoparlantes!), la realidad es que, ante todo tengo cerebro, y otra cosa no se, pero plantearme cosas, me las planteo. Y llego a conclusiones. Conclusiones que, por suerte o desgracia, no gustan a todo el mundo, pero que son las mías. ¿Y cuales son mis razones para ser independentista en Catalunya con los antecedentes antes descritos?¡Si tendría que salir todos los días con la rojigualda hasta en los calzoncillos! Pues aunque le parezca mentira, las tengo:
Soy catalán

Me guste o no, soy catalán de nacimiento y, por tanto, es mi tierra, con una historia propia y unas características que la hacen diferente. Tiene una lengua diferente de la que hablo en casa (aunque mi padre me la enseñaba de pequeño) y la cual considero igual de mía que el castellano. Asimismo, tiene una realidad que la hace diferente al resto de España, la cual no pretendo obviar ya que es parte de mi propia experiencia como persona. Si hay gente a la que no le gusta, lo siento, no pretendo cambiarles a ellos, pero cada uno en su casa podemos ser todos amigos. Tengo amigos franceses, alemanes, sudamericanos y de otros sitios, y no se diferencian en nada de los españoles: todos ellos sangran si les pinchan. Además, si usted pasa a Francia en coche por la frontera de Coll d’Ares no se diferencia en nada de pasar la frontera con Valencia o con Aragón. ¿Donde está el problema?
Rechazo por el mero hecho de nacer en Catalunya

Si se supone que todos los que vivimos en España somos españoles, no tendría porqué ser problema haber nacido en cualquier parte de su geografía. Pues no; por el hecho de ser catalán, ya soy un elemento sospechoso en cuanto salgo de los límites de Catalunya, independientemente de que mis raíces tengan más bien poco de catalanas. Por ejemplo, en Madrid, donde me tocó hacer el servicio militar, se me ha llamado «polaco de mierda» y «catalufo» en mi cara y me han censurado hablar en catalán a un valenciano que no sabía castellano (increíble, pero cierto) al grito de «no ladréis, aquí se habla en español». Curiosamente, aquí no me he encontrado nunca que nadie me censure por hablar castellano. Casualidad o no, la barrera, en todo caso, no la he puesto yo.
Realidad social diferente

Guste o no, las realidades de un territorio que está en la puerta de Europa, no es la misma que visto desde el centro de la Meseta castellana. En Catalunya, el hecho de estar a mitad de camino entre Madrid y París, hace que el intercambio de ideas y de gentes sea mucho más abierto, y más ahora con la facilidad de comunicaciones que hay. Si a eso sumamos que han de convivir dos lenguas oficiales con una infinidad de otros usos y culturas provenientes de la inmigración, hace que la sociedad catalana actual sea de todo, menos tradicional y cerrada. Todo ello contrasta con la realidad de una sociedad monolingüe que solo entiende a la diferencia como algo malo a destruir y que ha de estar sometido a la voluntad de una entidad primaria. Solo así se entiende que se nos tachen de «enemigo de la patria», ya que nuestra diferencia -aunque sea sutil- molesta a quien no la comparte. Mal vamos si mi realidad no gusta a quien ha de ser, supuestamente, mi igual. Otra barrera que no he puesto yo.
Vengo de familia de inmigrantes

Mi familia vino de diferentes partes de España con la intención de buscar un futuro que simplemente no existía en sus zonas de origen. Mi madre, zamorana, pero criada en Aragón, llegó a principios de los 60 buscando ganarse la vida. Más grave fue la situación de mi padre el cual vino de La Mancha con mis abuelos en los años 40. Mi abuelo, había sido soldado republicano y había sido herido en la batalla del Ebro, donde luchó en la columna de Lister y El Campesino, y hecho prisionero.
Después de estar 3 años sobreviviendo como pudo por los campos de concentración franquistas, fue liberado y, al volver a su pueblo, Los Hinojosos (Cuenca), tuvo que sufrir el «mobbing» de los oligarcas del pueblo, ya que fue tachado de «rojo». No le quedó más opción que venirse a una Barcelona que prácticamente no hablaba castellano a buscar trabajo… o morir de hambre. Intentó volver a su pueblo unos pocos años después, pero todo había cambiado, encontrándose que ya, ni era de allí, ni era de aquí y tuvo que volver a Barcelona. De carácter agrio -normal, dado lo que le tocó vivir-, nunca se llegó a integrar a la realidad catalana de la época y a mí, primer nieto, me puso el nombre de Ireneo (Pacífico). Por algo sería, aunque sus razones se las llevó a la tumba.
Visto lo visto…¿Qué estima puedo tener a un país que echó por activa y por pasiva a mis ancestros de sus lugares de origen? Una cosa es que quiera a mis familiares, que pueda tener amigos en aquellas tierras o que cumpla la legalidad impuesta, pero lo que no puedo, de ninguna de las formas, es considerarlo mío, porque no tengo nada que agradecerles. Al contrario, el agradecimiento lo he de tener con la tierra de acogida, no con quien los expulsó.
Crisis y ausencia de futuro en el estado actual

Llevamos casi 6 años de crisis, de los cuales llevo un año y medio en paro… y lo que es peor, sin ningún viso de salir del pozo. Esta crisis no es una mera crisis económica, ya que el resto de países de nuestro entorno están saliendo más o menos adelante, sino una crisis de sistema. España no funciona porque el actual estado español no hace más que seguir con las premisas que inspiraron a todas las grandes potencias del siglo XVII y XVIII, lo que quiere decir +territorios= +comercio.
Este modelo totalmente desfasado y caduco, todavía funciona a la reducida clase oligárquica que manda en España (a pesar de guerras y repúblicas varias) desde mediados del siglo XIX, y mientras que sigan en el poder, les importará un rábano que haya 6 o 26 millones de parados. Ellos están en su chiringuito, y si no sigues su juego, eres un mal patriota y el enemigo a batir. Pues va a ser que no.
La independencia de Catalunya, además de dar una ilusión para tirar adelante, supondría romper totalmente con el statu quo imperante en la actualidad, destrozando los lazos clientelares y de corrupción sobre los que están basados las columnas del poder en este país. Ello significaría una ruptura total y, al menos, la posibilidad de generar una situación nueva y avanzar hacia una posible solución del problema que, de otra forma, simplemente no existirá porque a los que ya les va bien, no tienen ninguna intención de esforzarse por conseguirla. Ah! Y no nos engañemos, el beneficio será mutuo, tanto para los españoles, como para los catalanes.
Yo seguiré siendo el mismo de siempre

Si soy independiente, seguiré llegando justo a fin de mes (en el caso de que tenga trabajo), seguiré queriendo con locura a mis familiares y seguiré siendo amigo de mis amigos tal y como lo soy ahora… y exactamente igual a como pasaría si estuviese viviendo en China o en Alemania. Eso no tiene nada que ver. Por tanto, si solo molesta a los que cobran mis impuestos y no hacen nada para que pueda salir del pozo de la crisis… ¿tengo que tener remordimientos por ellos? Pues no. Al contrario, si les molesta, que se jodan.
En definitiva, las banderas se abrazan o dejan de abrazar en la proporción que cada persona se sienta identificadas con ellas. La bandera española, para mí, no significa nada más que imposición y fascismo, mientras que la catalana, para mí, es una democrática libertad de elección, en tanto que nadie me ha obligado a asumirla como propia y creo, muy firmemente, que podemos construir un país nuevo totalmente viable y con mejores oportunidades para todos. Cada uno es muy libre de sentirse como quiera, yo me siento así, y por eso soy independentista.
Y al que no le guste, como decimos en catalán: «que s’hi posi fulles!»

 

Ireneu Castillo (L’Hospitalet de Llobregat)
Extraido con consentimiento expreso de su blog