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Extracto del libro «20 converses…», con Eduardo Reyes

Extracto de la conversación con Eduardo Reyes para el libro «20 converses sobre la independència de Catalunya», de Roser Pros-Roca.

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España va directamente a la quiebra número veinticuatro de su historia reciente. Ha vivido trece quiebras y diez suspensiones de pago, que se dice pronto. Si España fuese una empresa ya habría quebrado y cerrado sus puertas haría mucho tiempo. Entonces, ¿cuánto más tenemos la gente que aguantar? Y todo, como siempre, a costa del pueblo, siempre, siempre a costa del pueblo y en beneficio de unos cuantos, los mismos oligarcas de siempre.
«Yo creo que veremos una Cataluña independiente. Yo creo que Cataluña tiene que ser independiente porque los catalanes queremos que así sea y si el pueblo quiere, el pueblo lo consigue. El pueblo puede poner a alguien en el mando o quitarlo y cuando el pueblo se dé cuenta del poder que tiene, se dará cuenta de que puede actuar y actuará«.
Hace unos diez años atrás, instalados como estábamos todos, españoles y catalanes, en una cómoda burbuja que todavía no había estallado pero que ya advertía flaquezas preocupantes, nadie podía preveer lo que sucedería unos cuantos años después, ni que Cataluña tomaría la decisión de tomar las riendas de su destino. Entonces, ¿qué ha ocurrido en este momento? 
“Hace un año, no diez no, hace solamente un año, a mi como quien dice, no me importaba ni siquiera quien era el presidente del gobierno (bueno, es un decir), ni qué es lo que hacía el presidente del gobierno, pero al darme cuenta de que con el pasar de los días hacía todo lo contrario de lo que había prometido durante la campaña electoral, justo lo contrario de los que decía el programa electoral, eso sí empezó a importarme. Más incluso, empezó a dolerme. Me dañaba porque veía que la primera persona representativa del país es un completo embustero, y lo digo así a bocajarro: el señor Mariano Rajoy es un embustero y diría más cosas, pero me callo.
Entonces, hace un par de años yo no tenía ni el más mínimo conocimiento de los complicados engranajes de la política y como tenía bastante trabajo cada día, sinceramente, no disponía de demasiado tiempo para pensar en ello y el que tenía, no estaba dispuesto a invertirlo en esto. Un día, sin embargo, a la vista de los acontecimientos, de ese desmán de la clase política, de ese desorden que solo conduce a la corrupción y al caos, de esa sinvergüencería que cada día se puede ver en la Moncloa y en el Congreso de los Diputados, advertí lo asqueado que me sentía solo con pensar que yo también podía ser un cómplice callado de esa situación si no hacía algo por remediarlo. Observé también el mismo asco que yo sentía en la gran mayoría de personas que conozco y entonces caí en la cuenta de que la política tenemos que hacerla los ciudadanos, juntos, unidos, advirtiendo y demostrando a los gobiernos que el pueblo debe ser el único soberano y además tiene que ser el más representativo, el protagonista absoluto de su vida en sociedad, liderando los procesos, dejando oír su voz en los momentos de la toma de grandes decisiones, como ocurre en muchos países del mundo verdaderamente democráticos, en los que cuando unos señores se reúnen en un Consejo de Ministros para decir “vamos a hacer esta ley”, esta ley tiene que refrendarla el pueblo que debe poder decidir si esa ley está dispuesto o no a acatarla. Ya que no hay un Senado como Dios manda y si lo hay no vale para nada, pues que sea el pueblo el que diga si o no a esa ley. No puede ser que un señor, abusando de una mayoría absoluta sentencie incluso sus mismos votantes, con leyes con las que nadie está de acuerdo, como la ley del aborto o la ley Wert. Personalmente, no estoy dispuesto a dejar que nadie, arbitrariamente, haga lo que se salga de las narices con mi vida, con la de mis hijos y con la vida de mis nietos”.
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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.

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