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Respuesta al editorial de EL PAÍS «Un golpe de mano», de 18 de marzo de 2014

Editorial de EL PAÍS «Un golpe de mano», de 18 de marzo de 2014

En los primeros años de la llamada Transición, el diario EL PAÍS fue un poderoso instrumento de creación de opinión, y solía hacerlo a partir de su inequívoca identificación con la incipiente democracia. Una democracia reclamada por la calle y trasladada, en un grado entonces más que aceptable, a las estructuras del Estado a través de un proceso liderado por un presidente del gobierno, Adolfo Suárez, que reclamó de las cortes altura de miras para «elevar a la categoría política de normal, lo que a nivel de calle es plenamente normal». En esos años, EL PAÍS entendía lo que ocurría en las calles de España, lo que era «plenamente normal» en ellas. Tal vez siga entendiendo lo que es plenamente normal en las calles españolas, pero o no entiende lo que ocurre en las calles catalanas, lo cual le merma seriamente como creador de opinión al respecto, o lo entiende pero lo tergiversa o simplemente lo oculta, en cuyo caso no queda mermado como creador de opinión, sino desprovisto de toda credibilidad.

Junto con la credibilidad, parece estar perdiendo también la capacidad de sostener su esfuerzo como creador de opinión en observaciones sólidamente argumentadas. Entrar en la discusión semántica de los términos ‘elecciones plebiscitarias’ para intentar demostrar que son un ejemplo de la actitud manipuladora de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) es un recurso más propio de una conversación matutina de bar que de un equipo profesional del periodismo supuestamente de alta calidad. Pero ni siquiera eso es lo más preocupante. Como profesor de lengua y literatura en castellano que he sido durante bastantes años, puedo apreciar su interés por la precisión en el uso de las palabras. Lo que no puedo ni quiero ni debo aceptar, como ciudadano, es que esa discusión semántica sustituya cualquier elaboración sobre el significado plenamente normal que los términos ‘elecciones plebiscitarias’ tienen en las calles y en el Parlament de Catalunya y con el que, por cierto, Felipe González, a quienes ustedes protegieron durante muchos años, no tuvo ningún problema de comprensión lectora en su conversación con Artur Mas y Jordi Évole.
Pero hay más. Ustedes entienden perfectamente la descripción de un proceso por el que, si el gobierno de Mariano Rajoy no da los pasos para autorizar la consulta del 9 de noviembre, lo más probable es que el President Artur Mas disuelva el Parlament y convoque elecciones plebiscitarias, en las que los partidos que defienden el derecho a decidir y la celebración de la consulta como un ejercicio inequívocamente democrático de los derechos inividuales de los ciudadanos catalanes, se comprometerán a instar al nuevo Parlament a crear el Estado Catalán independiente. Si, como parece más que probable, esos partidos obtienen una mayoría más que holgada, ese compromiso se convertirá en un mandato recibido directamente de los electores catalanes. Eso es democracia. Entren ustedes a discutir eso, analizarlo, debatirlo en la sociedad española como se está debatiendo intensamente en la sociedad catalana, y rebátanlo con los argumentos que estimen apropiados. Vuelvan a ser verdaderamente creadores de opinión y entren en el debate, en lugar de evitarlo como hacen sistemáticamente el gobierno central y el PP. Y háganse conscientes de que cuando uno habla serenamente y el otro calla, el silencio pertinaz es el único que cree oír gritos en las palabras del que habla.
Entrando en el debate seriamente, y no con juegos semánticos evitativos, contribuirán a que la sociedad española debata qué país quiere tener, qué Estado quiere tener, qué aspectos valiosos de sus formas de pensar, sentir, actuar, ser quiere mantener y cuáles quiere o necesita cambiar. Contribuyan a que la sociedad española debata sobre sus identidades y sobre los efectos que el casi perenne y sin duda obsesivo centralismo castellanista ha tenido y sigue teniendo en la vida de los ciudadanos españoles. Contribuyan a que los españoles (no solo los políticos sino, ante todo, los ciudadanos, que es de quienes provienen los mandatos), conozcan mejor su historia, no como una sucesión de hechos supuestamente heroicos de sus élites, sino desde la perspectiva de los efectos duraderos de las acciones interesadas de esas mismas élites. Contribuyan a que los españoles sepan qué ocurrió no solo en 1714 sino, sobre todo, después, y desde entonces hasta hoy. Contribuyan a generar ese debate social que ahora no se oye por ninguna parte, y verán cómo entonces se desencadena el debate político en España que ahora no existe. Eso es lo que hace años estamos haciendo los catalanes: generar y mantener un intenso y sereno debate social que acaba siendo recogido, como debe ser, por nuestros representantes políticos que entonces, más que nunca, nos representan, no solo porque hayan recibido nuestros votos el día de las elecciones, sino porque escuchan el debate que se da en la calle, lo interpretan correctamente y lo asumen. Ustedes llaman a eso golpe de mano asambleario. Nosotros lo llamamos democracia.
Cuando sean ustedes capaces otra vez de escuchar a su ciudadanía, la española, y detectar en el debate (o en la ausencia de debate) social tendencias, síntomas, señales, indicaciones, y sean capaces de interpretarlas, utilicen ese caudal de información y elaboración para analizar lo que hace la sociedad catalana. Mientras tanto, tal vez sería más útil para todos que escucharan más y mejor, y recuperaran su propia memoria histórica como periódico y la del que durante décadas ha sido su partido de referencia, el PSOE, que defendió en su día el derecho de autodeterminación, ese mismo que hoy ustedes contribuyen a criminalizar.


José María Ribal (@josemariaribal)

Fuente: blog personal
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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.