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¿Quién tiene el «coco» más comido?

Me gustaría hacer una reflexión sobre el Derecho a Decidir (de quien sea).
Hoy he visto al Sr. Rajoy hacer una declaraciones en las que afirma que la ley es del pueblo, que hay que cumplirla, y que los catalanes piden «algo» que el gobierno español no puede dar, pero sobre todo «no quiere dar». En Cataluña ha hablado el pueblo, y no me refiero solo al millón ochocientas mil personas que salieron el 11 de septiembre; son muchas más porque, como ejemplo, en mi casa fuimos dos personas pero a la hora de votar «Sí» ¡¡¡seremos nueve!!! Si esto se multiplica por 1.800.000, seremos muchos más. 
Eso en lo que se refiere al pueblo, pero las fuerzas políticas también están unidas para poder votar el 9N. Partidos tan diferentes como Unió o CUP están de acuerdo con el apoyo al derecho a decidir. Asociaciones de todo tipo se ha unido en el Pacto Nacional para el Derecho a Decidir, y son ya más de tres mil. Y hoy mas del 96% de los ayuntamientos, diputaciones y consejos comarcales han dado solemne resplado al derecho a decidir del 9N en el Palau de la Generalitat. 
Si la ley es del pueblo, ¿qué más muestras necesita el Estado español para darse cuenta de lo que quiere el pueblo de Cataluña? ¿Nosotros no somos pueblo? ¿Somos todos borregos, con el coco comido? (Esto me lo decía una persona muy querida para mí pero que no entiende este proceso porque vive fuera de Cataluña.) ¿El Sr. Mas le ha hecho una «lobotomía cerebral» a millones de catalanes venidos de todas partes de España? Eso es lo que la propaganda estatal, con ayuda de los medios de comunicación afines, intenta propagar para restarle importancia, e incitan al odio por la falta de información que sufren el resto de españoles sobre el movimiento soberanista catalán. Yo me hago una pregunta: ¿por qué muchas de esas personas del estado español, que se hacen llamar demócratas, que critican al Partido Popular por ser antidemócrata. fascista y dictatorial, ahora lo apoyan contra Cataluña? ¿No se dan cuenta que la actitud del PP no ha cambiado, que sigue ejerciendo el mismo talante antidemocrático que siempre? ¿No piensan que si el PP está en contra de este proceso, no es por el bien de España? ¿No os dais cuenta, que lo que quiere el PPSOE es no perder los privilegios que han tenido siempre? ¿No os dais cuenta de que los engañados sois vosotros? El Estado español es muy poderoso, pero la voluntad del pueblo catalán tambien.
Estamos viendo cada dia como el estado de bienestar se destruye y cada dia hay mas casos de corrupción. No obvio la corrupción que puede haber en Catalunya. Estos «vándalos de la política» no van a la cárcel, no devuelven el dinero y siguen en sus cargos cobrando tres o cuatro sueldos. En Cataluña queremos cambiar eso, queremos construir un país nuevo, con políticos atado cortos y una constitución que no permita la corrupción; no como la que hay en España, en la que no existe la separación de poderes y los jueces, políticos, legisladores, etc, son amiguetes y se protegen en sus desmanes contra el pueblo español que cada dia se va empobreciendo. Queremos una constitución como tienen Noruega, Dinamarca, Suiza… en la que hacer un referendum es lo más normal del mundo. 
¿QUIEN TIENE EL COCO MÁS COMIDO?


Mara Martínez
Nacida en Granada y miembro de SÚMATE
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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.
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Señor Monago: Sí, estamos locos

Nuestro ya viejo amigo, el Señor Monago, nos derivó ayer hacia el área de psiquiatría diciendo que los miembros de Súmate padecemos el síndrome de Estocolmo.

Y, una vez más, este gran político tiene razón.



En Súmate, Estocolmo nos provoca un gran síndrome de envidia. Un síndrome que nos impulsa a trabajar para parecernos a ellos. Porque en Estocolmo no se entendería jamás que los ciudadanos no pudieran votar aquello que les preocupa y concierne. Porque en Estocolmo nadie llamaría loco a un compatriota sólo por querer un país mejor. Porque en Estocolmo un representante del pueblo no tendría el atrevimiento de insultar a muchos de sus paisanos que participan en Súmate y que nunca faltarían el respeto a otras ideas. Sí señor, un síndrome de Estocolmo, un ansia por vivir en un lugar más civilizado y cordial.



Tenemos un gran síndrome porque fue Estocolmo, en 1905, quien permitió que los noruegos (que en aquel entonces estaban bajo su dominio) hiciesen un referéndum por la independencia y que, tras ganarlo formasen su propio estado pacíficamente.
Síndrome, porque en el Estocolmo de aquellos años nadie pidió un boicot a los noruegos, ni les amenazó con plagas, ni vetos, ni invasiones ni mandarlos al espacio exterior.  Al contrario, viven hoy su diferencia de manera fraterna y en plena colaboración.



Padecemos también Síndrome de Estocolmo cuando vemos que allí la sanidad y la educación públicas son respetadas y promovidas y cuando vemos que la corrupción política es severamente castigada.
Tiene razón, Señor Monago. Tenemos Síndrome de Estocolmo. Y queremos que nuestro país, Cataluña se parezca a las democracias avanzadas entre las que está Suecia. Y claro que tenemos Síndrome de Estocolmo, que vive en fraternidad con con noruegos, daneses, islandeses, finlandeses sin imponerles una unidad ficticia, aceptando las diferencias de los escandinavos y respetando la diversidad de estados.



Esta vez el Señor Monago nos ha calado pero bien. Sentimos un síndrome incurable por poder vivir en un país más democrático, menos corrupto, más transparente y con mayor estado del bienestar.
¡Claro que tenemos el síndrome de querer tener un Estocolmo en lugar del gobierno de Madrid, sordo y ciego a la voluntad popular que sufrimos hoy!



Es verdad Señor Monago, nuestra situación es de psiquiátrico. Querer simplemente votar y no poder. Querer vivir con dignidad y ser insultados por quienes viven a todo tren. Es de loquero, ciertamente. Somos catalanes que se sienten también españoles y que queremos simplemente vivir de la mejor manera posible. Sin perjudicar ni olvidar a nuestros familiares y amigos de toda España y también de Extremadura. Y para ello solo pedimos votar, una locura en España, algo normal en Estocolmo.

Así que, como estamos locos, vamos a pedir sólo lo posible, lo razonable, lo inevitable: Cataluña un nuevo país para todos.




Antonio Baños
Periodista y escritor

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Soy inglesa, me siento británica… pero votaré «Yes»

Bajamos a Durham (Inglaterra), donde viven mis padres, e intento explicar a mis dos hijos, de 5 y 7 años, porqué votaré «Yes».

No es algo fácil. A mis hijos les gusta Inglaterra. Les gusta en particular los equipos de fútbol y tienen los bolsillos llenos de cromos de la Liga inglesa. Adoran a sus abuelos que viven ahi. También saben que yo soy inglesa y que no hablo como ellos. Su padre también lo es. Hay alguna disputa en quién es más escocés de los dos, ya que él se llama Mackenzie y se mudó a Escocia cuando era un niño. Yo, sin embargo, aunque crecí en Inglaterra, pasé mucho tiempo en el noreste, no muy lejos de Berwick-upon-Tweed (frontera con Escocia). Mi padre es escocés y mi familia por parte de madre está llena de gente de frontera. A pesar de ello, hay suficiente «inglesidad» para englobar nuestro hogar estadísticamente en el «No». Electoralmente, ambos estaríamos considerados demográficamente como «de origen inglés».

Mis argumentos no les valen a mis hijos. El seguir juntos les mueve más. Es como si, para ellos, Escocia siendo independiente del Reino Unido es una especie de cirugía violenta que supone desvincularse de sus familiares. Las explicaciones que ofrezco sobre «gente en un lugar llamado Westminster, muy muy lejos de nosotros», que tienen el poder y toman decisiones diferentes de aquellas que nosotros tomaríamos, no funcionan. 
A ellos les gusta la idea de justicia, sin embargo. Soy yo la que siente inseguridad sobre esto, ya que emerge la duda de si los ingleses son menos justos. Siendo inglesa, no creo eso. He visto tanta división de clases y desigualdad de ingresos en Edimburgo que en cualquier otra lugar donde he vivido en Inglaterra. Holyrood (parlamento escocés) quizás no está dominado por una casta elitista, pero aquí hay muchos de ellos en otras posiciones de poder.
Hace cuatro años, recuerdo estar hablando con un amigo nacionalista que llevaba una camiseta con un «Not British«. Le dije que nunca podría llevar esa camiseta, ya que «British» era la única etiquera que yo tenía. Decir que yo era escocesa parecía una mentira. Pero afirmarme como inglesa también parecía deshonesto: siento que perdí la mayor parte de mi «inglesidad» hace tiempo.
Puede que finalmente la perdiese cuando me convertí en madre de un niño «de origen escocés». Como muchos otros ingleses que se han mudado y se han establecido aquí -y cada vez más en décadas recientes ha habido una migración de ingleses a lo que se ha llamado a veces «periferia céltica» – yo lo hice porque adoraba el lugar y su gente.
Todavía por un tiempo sentía que el referendum no era asunto mío y que decidir era cosa de la gente de Escocia – como si yo no fuera una de ellos. Pero me di cuenta pronto que, de hecho, el «Sí» no era un ámbito en el que yo, debido a mi acento inglés, no me sintiera invitada. Y eso ha sido uno de los grandes cambios. Ya no parece apropiado hablar de la independencia en términos de nacionalismo. No se puede decir que ya no haya ningún sentimiento anti-inglés – he escuchado unos pocos cuentos – pero es principalmente no nacionalista, excepto por dos pequeñas palabras que nos dividen.

Mi «Sí» es aún inseguro. No hace mucho le dije a una votante del «No» que sentía que yo era una persona del «Sí», pero una con dudas. «Probablemente votarás No», me dijo. Pero «Sí»es a lo que siempre vuelvo. A pesar de que a menudo razono para alejarme del «Sí», aterrada ante la posibilidad de una economía arruinada, nunca llego al «No».

Cuando dudo, sin embargo, no es por lo que Gran Bretaña significa para mí. La proporción de escoceses que dicen que son británicos ha aumentado un 50% desde el 2011. Los análisis electorales dice que la gente con algún sentimiento británico son menos proclives a votar «Yes» que la gente que no lo tiene. A pesar de ello la campaña del «Sí»sigue creciendo. Mucho de esos que se consideran británicos son gente del «Sí».

Una amiga inglesa me dijo hace poco que votaría «Sí» porque se sentía atraída por una forma mucho más participativa de democracia. «El único problema es», comentó preocupada, «que entonces tendría que participar». Lo suscribo.

Uno de los principales atractivos de la campaña del «Sí», junto con librarse del «Trident» (programa de armas nucleares que Reino Unido tiene en Escocia) es que es un movimiento de gente de base, que ha animado y nos ha hecho sentir que la democracia puede funcionar.


No tienes que ser escocés para verte reflejado a eso; igual que no tienes que ser escocés para creer en una Escocia más igualitaria. Solo tienes que creer que las democracias pequeñas funcionan (y algunas lo hacen) en parte debido a que están más hechas a medida y más receptivas.

Así que eso es lo que inspira mi «Sí» más que cualquiero otra cosa. El único problema es que he escuchado este tipo de esperanzas antes. Cuando Barack Obama se presentó a presidente de los EEUU, escuchamos mucho sobre esperanza y cambio en América.

Pero, como Harry Boyte, director del Centro para la Democracia y la Ciudadanía en el Ausburg College, escribió la semana pasada: «La experiencia previa muestra el límite de la política electoral en la generación de movimientos duraderos de cambios de empoderamiento cívico y democracia participativa».

Boyted vió el debate escocés y observó que las preguntas más importantes fueron «cómo la implicación política vista en la campaña podría continuar». La respuesta, por supuesto, es que dependerá de nosotros asegurarnos que así sea, sea cual sea el resultado de la votación – no solo aquí, sino también en otras partes de Gran Bretaña.

Siempre habrá una parte de mí que apunte al sur, a Durham, y más allá, a mis amigos en Londres. La A1 y la M1(autovías que conectan norte y sur) seguirán estando ahi, conectándonos. Probablemente siempre me sentiré británica, más que inglesa-escocesa. Sin embargo, una de las razones que me hacen posible decir «Sí», sin sentir que niego mi identidad, es que yo creo que la idea de Gran Bretaña sobreviviría a la independencia. Pienso incluso que, como ha sugerido el Prof. James Mitchell de la Universidad de Edimburgo, la «britaneidad» se verá reforzada por ella. Esta separación quizás sea lo que necesita para revivir, valorando los vínculos que existen. Yo no digo «No» a Gran Bretaña, simplemente «Sí» a un modelo diferente.

Vicky Allan
Publicado en The Herald

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Ramón Cotarelo: «Cataluña puede ser la sacudida que España necesita»

Con una posible votación sobre la cuestión de la independencia de Cataluña a tan solo unas semanas, The Local habló con el nacionalista español confeso y profesor de Ciencias Políticas Ramón Cotarelo sobre las posibles serias consecuencias para España.

Fuente: The Local
Si el presidente de Cataluña Artur Mas ve sus deseos realizados, la gente de la región irá a las urnas el 9 de noviembre para participar en una votación sobre la cuestión de la independencia respecto al resto de España.

No hay garantías de que la «consulta» siga adelante. El parlamento español ha declarado ilegal la votación unilateral, mientras el presidente Mariano Rajoy ha dicho repetidamente que recurrirá ante el Tribunal Constitucional si Mas sigue adelante con sus planes.

Incluso personalidades dentro del partido gobernante en Cataluña están empezando a buscar otras opciones más allá de la votación, según un artículo publicado recientemente en el diario de centro-izquierda (?) El País.

Pero, ¿qué ocurrirá si la votación sigue adelante? ¿Qué papel juega el inminente referendum en Escocia? ¿Y cómo surgió esta última confrontación entre Madrid y Cataluña?

Para buscar respuestas a estas preguntas The Local habló recientemente con Ramón Cotarelo, director de Ciencias Políticas en la universidad a distancia UNED.


Empecemos con el resultado más dramático posible. El 6 de octubre de 1934, el presidente de Cataluña Lluís Companys proclamó un Estado catalán independiente. Duró apenas diez horas antes de que las fuerzas españolas atacasen el parlamento catalán sofocando la rebelión. ¿Podría ocurrir lo mismo de nuevo?

No. España no va a invadir Cataluña, eso no va a ocurrir, y nadie lo considera una posibilidad seria.

Sin embargo no hay duda que Madrid y Cataluña se enfrentan a un grave conflicto. Y el tema real es que el gobierno central no tiene una respuesta a la situación en la mano.

¿Seguirá la votación adelante el 9 de noviembre incluso si el Tribunal Consitucional como se espera lo prohibe?

La realidad —y eso es importante tenerlo presente— es que los independentistas no tienen nada que perder. Tanto si es el ala más dura, como el partido ERC (izquierda) o la más moderada de CiU (partido gobernante, de centro), los nacionalistas están en una posición mucho más cómoda.

Esto se debe a que aún pueden decidir seguir adelante con la votación incluso si el Tribunal Constitucional la prohibe. Y la razón es que ven ese tribunal como una herramienta del gobierno central de todos modos.

¿Cómo de importante es el resultado de la votación del 18 de septoembre en Escocia? ¿Una victoria del ‘no’ hará disminuir el apoyo a una Cataluña independiente?

La votación en Escocia es muy importante por muchas razones. Muchos catalanes, por ejemplo, miran la votación y dicen, «Si ellos pueden votar, ¿por qué no podemos nosotros?».

Sin embargo, el resultado real del referendum escocés es menos importante. Lo que importa sobre la votación tanto a España como a Cataluña es que Escocia puede celebrarlo sin problemas.

El referendum escocés también rompe cualquier legitimidad a la posición del gobierno central español. Rajoy ha dicho varias veces que ningún país democrático puede respaldar un referendum sobre la soberanía territorial. Falso. Los canadienses lo han hecho dos veces con Quebec, y los británicos lo han hecho una con Escocia.

Lo importante de un referendum es que se lleva a cabo.

Un último apunte sobre esto: aunque Cataluña llama a su votación una «consulta», no hay duda que es realmente un referendum sobre el futuro de España.


El PSOE apoya una pretendida «tercera vía» sobre Cataluña, respaldando una España federal en la que Cataluña tenga más competencias. ¿Es esto posible, o es —como algunos han dicho— demasiado tarde?

En política todo es posible, y nunca es demasiado tarde. El problema es que el PSOE ha elegido la opción federal como la opción «menos mala».

Ese partido ha estado también veinte años gobernando y no hizo nada sobre Cataluña: la verdad es que ni están a favor de una Cataluña independiente ni son realmente federalistas. Su respuesta es una tirita.

¿La situación sería diferente si ahora el PSOE estuviera en el poder y no el Partido Popular (conservadores)?

No veo una gran diferencia entre el nacionalismo español de derechas o de izquierdas, pero hay una diferencia significativa en la actitud general.

El nacionalismo de la derecha española es muchísimo más de la tradición del nacionalcatolicismo, que fue la ideología dominante bajo la dictadura de Franco (y que tuvo a la Iglesia Católica controlando muchos aspectos de la vida pública en España). Y la manera de gestionar este problema que tiene el PP es utilizar su tradicional y brutal modo de actuar.


Lo hemos visto en comentarios del ministro Wert (Educación) sobre «españolizar» a los catalanes, y también en el rechazo de Rajoy de iniciar un diálogo apropiado con Cataluña.

Por otra parte, en 2006 el PSOE se equivocó al no respadar el nuevo Estatut de Cataluña, diciendo que habñia ido demasiado lejos al hablar de Cataluña como «nación», y que le daba demasiado poder. El resultado final fue un documento diluido.

Es una vergüenza terrible que España no se diera cuenta de la importancia de aquel Estatut a tiempo (el Estatut de 2006 sigue siendo el principal escollo entre el gobierno central y Cataluña).

Aún habiendo dicho esto, no creo que el PSOE hubiera actuado de manera tan agresiva hacia Cataluña como el PP.


¿Qué papel tiene la idea de una financiación desigual de las comunidades autónomas en el aumento significativo del nacionalismo español?

El dinero ha jugado obviamente un papel clave en el debate, y si miras los datos publicados por el gobierno español verás que las cuatro comunicades que pagan más a las arcas del estado son Madrid, Cataluña, Baleares y Valencia.

Eso significa que tres de las cuatro máximas contribuidoras son regiones donde se habla catalán.

Pero el lenguaje, la cultura y las diferencias legales son también clave para entender Cataluña. Cataluña tiene una historia muy profunda, y el presidente de la Generalitat es casi como una figura patriarcal para los catalanes — algo que la gente en el resto de España no entienden.

También debes recordar que Lluís Companys es el único presidente democráticamente elegido de Europa que fue ejecutado (Franco ordenó que fuera puesto ante un pelotón de fusilamiento en 1940). Así que los sentimientos llegan muy profundo.

¿Qué papel ha jugado la crisis económica española en incentivar el nacionalismo catalán?


La crisis ha jugado un papel, por supuesto: ha afectado todo en la vida española, como comprueban la mayoría de gente a final de mes.

Pero el problema clave en lo relativo a Cataluña ha sido la falta de un planteamiento democrático por parte del gobierno. Que no quema la menor duda: han actuado de manera franquista, siguiendo la tradición autoritaria española.

El PP no pudo ocuparse de ETA. El anterior gobierno del PSOE obtuvo progresos en ello, así que ahora el PP quiere su propia «medalla» por liquidar la independencia catalana.

¿Y cómo te sientes personalmente respecto del deseo de una votación sobre la independencia en Cataluña?


Eso es obviamente un tema complicado. Racionalmente, creo que los catalanes tienen el derecho a elegir y que debe ser respetado. Por otra parte, me entristecería ver que Cataluña se va.

Pero quizás una Cataluña independiente es el único modo de hacer que los españoles reconozcan la realidad de su país: hemos pasado de ser los gobernantes de un gran imperio a ser una pandilla de vagos.

España es un desastre, y mucho de eso se debe a la incompetencia de  nuestras clases dirigentes, algo que en parte viene de siglos de ocupación.

Miremos Gibraltar, por ejemplo. ¿Qué otra gran nación europea permitiría a un poder extranjero controlar una parte estratégicamente importante de su territorio?

De lo que la gente tiene que darse cuenta es que el debate actual no es sobre la independencia de Cataluña, sino sobre el posible final de España, como actualmente existe.

Pero quizás ése sería el mejor efecto de la independencia de Cataluña: sería una gran sacudida para la nación, una que podría despertar a España de su estado de agonía y finalmente hacerla reaccionar, construyendose a sí misma sobre una nueva base.

El último libro de Ramón Cotarelo, titulado provisionalmente ‘El ser de España y la cuestión catalana‘, se publicará en octubre por Planeta
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España no escucha

Hoy se producirá una reunión entre el nuevo Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez, y el President Artur Mas en el Palau de la Generalitat. Aprovechando su visita a Barcelona, desde SÚMATE hemos solicitado una entrevista con el lider del PSOE para poder compartir con él opiniones y puntos de vista acerca del proceso que se vive en Cataluña.
Confiamos recibir algún tipo de respuesta, y que Sánchez tenga algún interés en conocer las inquietudes de una parte de la sociedad catalana. Nuestra asociación está formada por personas ̶ muchas de ellas ex votantes y miembros de su partido ̶ , con origen en el resto de España, nacidos allí o cuyas familias vinieron a Cataluña, que hablamos castellano y que no renunciamos ni a nuestra identidad ni a nuestras raíces; pero también, considerando la situación actual, queremos convertirnos en protagonistas del cambio, y poder decidir democráticamente el futuro de Cataluña.
Esperamos que muestre algo más de receptividad que otros representantes de su partido, como la señora Susana Díaz, a quien intentamos interpelar tras su conferencia en el Hotel Palace y de quién aún estamos esperando, siete meses después, algún tipo de respuesta tras solicitarlo a través de la Junta andaluza.
También lo intentamos con el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, solicitando una reunión que aún hoy, tras dos meses esperando, sigue también sin respuesta. Nos llama la atención que, en cambio, estos dirigentes mostrasen mucho más interés y urgencia en reunirse con otras entidades que, con una cuestionable representatividad, se autoarrogan la condición de auténtica “sociedad civil”.
Nosotros no pretendemos representar a toda la sociedad catalana; intentamos representar a nuestros socios y simpatizantes, y a todos aquellos que se identifican con lo que defendemos y con nuestro mensaje. Queremos que sea la sociedad, la mayoría silenciosa a la que tanto se apela, la que hable por sí misma y se exprese en las urnas.
Creemos que merecemos, al menos, la posibilidad de ser escuchados. Su silencio ante nuestras peticiones nos hace sentir que, quizás, España no escucha.

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Extracto del libro «20 converses…», con Eduardo Reyes

Extracto de la conversación con Eduardo Reyes para el libro «20 converses sobre la independència de Catalunya», de Roser Pros-Roca.

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España va directamente a la quiebra número veinticuatro de su historia reciente. Ha vivido trece quiebras y diez suspensiones de pago, que se dice pronto. Si España fuese una empresa ya habría quebrado y cerrado sus puertas haría mucho tiempo. Entonces, ¿cuánto más tenemos la gente que aguantar? Y todo, como siempre, a costa del pueblo, siempre, siempre a costa del pueblo y en beneficio de unos cuantos, los mismos oligarcas de siempre.
«Yo creo que veremos una Cataluña independiente. Yo creo que Cataluña tiene que ser independiente porque los catalanes queremos que así sea y si el pueblo quiere, el pueblo lo consigue. El pueblo puede poner a alguien en el mando o quitarlo y cuando el pueblo se dé cuenta del poder que tiene, se dará cuenta de que puede actuar y actuará«.
Hace unos diez años atrás, instalados como estábamos todos, españoles y catalanes, en una cómoda burbuja que todavía no había estallado pero que ya advertía flaquezas preocupantes, nadie podía preveer lo que sucedería unos cuantos años después, ni que Cataluña tomaría la decisión de tomar las riendas de su destino. Entonces, ¿qué ha ocurrido en este momento? 
“Hace un año, no diez no, hace solamente un año, a mi como quien dice, no me importaba ni siquiera quien era el presidente del gobierno (bueno, es un decir), ni qué es lo que hacía el presidente del gobierno, pero al darme cuenta de que con el pasar de los días hacía todo lo contrario de lo que había prometido durante la campaña electoral, justo lo contrario de los que decía el programa electoral, eso sí empezó a importarme. Más incluso, empezó a dolerme. Me dañaba porque veía que la primera persona representativa del país es un completo embustero, y lo digo así a bocajarro: el señor Mariano Rajoy es un embustero y diría más cosas, pero me callo.
Entonces, hace un par de años yo no tenía ni el más mínimo conocimiento de los complicados engranajes de la política y como tenía bastante trabajo cada día, sinceramente, no disponía de demasiado tiempo para pensar en ello y el que tenía, no estaba dispuesto a invertirlo en esto. Un día, sin embargo, a la vista de los acontecimientos, de ese desmán de la clase política, de ese desorden que solo conduce a la corrupción y al caos, de esa sinvergüencería que cada día se puede ver en la Moncloa y en el Congreso de los Diputados, advertí lo asqueado que me sentía solo con pensar que yo también podía ser un cómplice callado de esa situación si no hacía algo por remediarlo. Observé también el mismo asco que yo sentía en la gran mayoría de personas que conozco y entonces caí en la cuenta de que la política tenemos que hacerla los ciudadanos, juntos, unidos, advirtiendo y demostrando a los gobiernos que el pueblo debe ser el único soberano y además tiene que ser el más representativo, el protagonista absoluto de su vida en sociedad, liderando los procesos, dejando oír su voz en los momentos de la toma de grandes decisiones, como ocurre en muchos países del mundo verdaderamente democráticos, en los que cuando unos señores se reúnen en un Consejo de Ministros para decir “vamos a hacer esta ley”, esta ley tiene que refrendarla el pueblo que debe poder decidir si esa ley está dispuesto o no a acatarla. Ya que no hay un Senado como Dios manda y si lo hay no vale para nada, pues que sea el pueblo el que diga si o no a esa ley. No puede ser que un señor, abusando de una mayoría absoluta sentencie incluso sus mismos votantes, con leyes con las que nadie está de acuerdo, como la ley del aborto o la ley Wert. Personalmente, no estoy dispuesto a dejar que nadie, arbitrariamente, haga lo que se salga de las narices con mi vida, con la de mis hijos y con la vida de mis nietos”.
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Cataluña: el conflicto es democrático, no nacionalista

Cataluña: el conflicto es democrático, no nacionalista.

Artículo publicado originalmente en inglés para la Catalan News Agency (CNA).

En los últimos cinco años hemos visto como el independentismo en Cataluña, una de las regiones más productivas de España, ha crecido de manera significativa. Algunos pretenden ver en esto un signo de insolidaridad o de egoísmo nacionalista, sin entender los verdaderos motivos que nos han traído a esta situación.

Cataluña ha liderado siempre las reformas democráticas en España, y ha contribuido con su esfuerzo a la solidaridad con los demás pueblos del Estado. Pero en el año 2010, tras la sentencia del Constitucional en contra de nuestro autogobierno, se evidenció que era imposible continuar avanzando en un sentido cuasi-federal dentro de la España actual; a esto se le añadió la crisis económica que ha golpeado especialmente a los países mediterráneos, y ha puesto en peligro el bienestar de los ciudadanos. Desde entonces hemos sufrido un continuo retroceso en nuestros derechos sociales y también democráticos, con reformas involucionistas y recentralizadoras por parte del Estado; ataques al autogobierno y a la lengua y cultura catalanas; un sistema de financiación profundamente injusto con Cataluña y que, lejos de ser “solidario”, alimenta un modelo de despilfarro del dinero público; y la imposibilidad de emprender cualquier reforma que desbloquee la situación.
El independentismo se convierte así en la respuesta a un modelo fracasado que los dos grandes partidos mayoritarios en España no quieren cambiar. Estos dos partidos son, por otra parte, cada vez más irrelevantes en Cataluña, consolidándose dos sistemas distintos y cada vez más distantes, que añaden una crisis de legitimidad y representatividad, entre los ciudadanos y quien decide sobre sus asuntos.
Las reivindicaciones independentistas tienen un innegable componente nacionalista o identitario en su origen, pero no es de ningún modo el más importante actualmente. Basta profundizar un poco para observar que si el independentismo es hoy mayoritario en la sociedad catalana, es precisamente por dejar de ser “nacionalista”. El castellano, que no se encuentra amenazado, es la lengua habitual del 55% de los catalanes; más del 60% se sienten españoles en algún grado; la mayoría de apellidos tienen origen español, y el 70% de los catalanes tienen origen fuera, o alguno de sus progenitores nacido en el resto de España, ya que Cataluña ha sido siempre una tierra de acogida y de mezcla. Y a pesar de todo eso, el independentismo es hoy mayoritario. ¿Qué ocurre?
Paradójicamente, el unionismo españolista únicamente utiliza argumentos identitarios para intentar frenar la situación. Apelan a la sangre, a la identidad, y a los apellidos, sin entender que en Cataluña no hay dos comunidades enfrentadas, ni se trata de reivindicaciones identitarias o nacionalistas. Va mucho más allá. También lo intentan con el discurso del miedo, con amenazas y profecías apocalípticas, sin ofrecer ninguna alternativa ni argumentos para seguir juntos. Simplemente dicen que es ilegal, aunque la ley sí lo permite; lo que falta es voluntad política.
Pero un pueblo no se puede mantener sometido en contra de su voluntad. Los catalanes, de orígenes distintos, nos hemos puesto en marcha para poder cambiar la situación. Nuestra asociación, Súmate, está formada por personas orgullosas de su origen español y de nuestra lengua, el castellano, pero que queremos ser protagonistas de nuestro futuro. Queremos decidir, queremos ser escuchados y tener la oportunidad de avanzar y construir un nuevo país, sin ir en contra de nadie. Trabajamos para poder votar el próximo 9 de noviembre, porque creemos que la democracia no es el problema, sino la solución. ¿Quién tiene miedo de escuchar al pueblo?

Eduardo Reyes
Presidente de SÚMATE

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Discurso de Salvador Seguí en el Ateneo de Madrid

“En Cataluña, los elementos reaccionarios del catalanismo, a menudo levantan la bandera de las reivindicaciones catalanas, en un sentido nacionalista. Y cuando más ruido hacen es en los momentos en los que se produce un hecho social de resonancia, talmente como si buscaran la intervención de las autoridades del Estado español para combatir a los trabajadores catalanes.
Nosotros, lo digo aquí en Madrid, y si conviene también en Barcelona, somos y seremos contrarios a estos señores que pretenden monopolizar la política catalana, no para lograr la libertad de Cataluña, sino para poder defender mejor sus intereses de clase y siempre atentas a malograr las reivindicaciones del proletariado catalán. Y yo os puedo asegurar que estos reaccionarios que se autodenominan catalanistas lo que más temen es el recrudecimiento nacionalista de Cataluña, en el supuesto de que Cataluña no lo fuera sometida. Y cómo que saben que Cataluña no es un pueblo insensible, ni siquiera intentan desatar la política catalana de la española.
En cambio, nosotros, los trabajadores, como sea que con una Cataluña independiente no perderíamos nada, más bien el contrario, ganariamos mucho, la independencia de nuestra tierra no nos da miedo.
Estad seguros, amigos madrileños que me escucháis, que si algún día se habla seriamente de independizar Cataluña del Estado español, los primeros y quizás los únicos que se opondrían a la libertad nacional de Cataluña, serían los capitalistas de la Liga Regionalista y del Fomento del Trabajo Nacional. Aún así hay muchas pruebas que confirman mi razonamiento. que proclamen su catalanismo en discursos y artículos periodísticos cuando están en Barcelona. Si piensan que se encuentran en peligro los intereses particulares de bienestar de su clase, enloquecidos y deprisa y corriendo van hacia Madrid, para ofrecer sus servicios a la Monarquía centralista, y más de una vez los habréis podido ver vistiendo el sayo de ministro. ¿Es, acaso, con la colaboración ministerial cómo es pueden afianzar las aspiraciones de libertad nacional de Cataluña, sometida a una monarquía centralista y enemiga de la emancipación del pueblos hispánicos? Por suerte la Cataluña vejada e injuriada, privada de su libertad nacional, conoce bien sus detractores y sabe de qué lado están sus verdaderos amigos y defensores.
Una Cataluña, liberada del Estado español os aseguro, amigos madrileños, que sería una Cataluña amiga de todos los pueblos de la Península Hispánica y sospecho que quienes ahora pretenden presentarse como los adalides del catalanismo, temen una entente fraternal y duradera con las otras nacionalidades peninsulares. Por lo tanto es falsa la catalanidad de quienes dirigen la Liga Regionalista. Y es que esta gente antepone sus intereses de clase, es decir los intereses del capitalismo, a todo interés o ideología. Estoy tan cierto del que digo, que sin pecar de exagerado, puedo aseguraros que si algún día Cataluña conquista su libertad nacional, los primeros, si no los únicos, que le pondrán trabas, serán los hombres de la Liga Regionalista, porque en Cataluña cómo por todas partes, el capitalismo está carecido de ideología”
Salvador Seguí, El Noi del Sucre. Secretario general de la CNT
Discurso en el Ateneo de Madrid el 1 de octubre de 1919
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Ha llegado el momento del cambio

No solo debemos demostrar que queremos ser otro país, sino que además debemos creer que seremos un país diferente, en el que se le retira la oficina y diversas prerrogativas a un expresidente mentiroso y culpable de delito fiscal continuado.

Que somos capaces de meter a Millet en la cárcel y asumimos lar responsabilidades de nuestra propia corrupción; esta sería la manera de poder desterrarla.

Seguir exigiendo con más fuerza si cabe la Hacienda propia, para poder detectar y perseguir estos delitos con más rapidez y evitar las tentaciones de «guardar» ciertos fraudes, con la conveniencia de usarlos políticamente cuando convenga al Estado.

No queremos que nos confundan los que piensan que somos como los que blindan y dotan de inmunidad a su Rey , mientras meten en la cárcel al que repartía los sobres y se olvidan de los que los recibían, por cierto, también sin declarar.

Ha llegado el momento de demostrar que queremos un cambio de verdad y dejar atrás la tolerancia entre los grandes delincuentes, los que de verdad con su corrupción e incompetencia arruinan y desprestigian un país, y dejar de usar la justicia para desahuciar a unos pobres desgraciados que todo su delito ha sido ser víctimas de una crisis que estos otros han provocado.

Paco Martínez
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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.
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Balanzas fiscales y sus métodos

Dice Sala i Martí que hay dos métodos para calcular las Balanzas Fiscales: la correcta y la incorrecta; por supuesto la que emplea el gobierno de España es la incorrecta.
El método que nos presenta este gobierno («Cuentas Publicas Territorializadas») es un método no homologado internacionalmente, inventado por el economista de cabecera de Montoro, vinculado a Ciudadanos, para hacer maniobras de distracción del Estado. De todas formas es un eufemismo más de los que nos tienen acostumbrados, pues no deja de ser el método de Carga Beneficio, retocado por el famoso Ángel de la Fuente.
El método “Carga Beneficio” es subjetivo ya que un tercero decide que es lo que nos beneficia. Este método podría ser válido para un Estado con una circunscripción única, no para un estado compuesto como el autonómico. Por ejemplo, el Gobierno decidió que el AVE (de Madrid a todas partes) beneficiaba a todos los españoles, por lo tanta la carga recae sobre todos los españoles. Madrid tiene actualmente más de un millos de funcionarios que, por trabajar en los ministerios, algunos descentralizados y no desmontados, dejan su IRPF, su consumo, su IVA en Madrid. Sin embargo la carga de Salarios, SS.SS, se imputa a toda España.
El método más aceptado internacionalmente respecto a las Balanzas Fiscales, y para mí el más justo, es el de “Flujo Monetario”. Tanto pongo, tanto me devuelven. Y para un catalán, «això són fabes comptades».
Por lo tanto que no mareen la perdiz y si les salimos tan caros, tan pesados y tienen que estar haciendo tanto trabajo para desmontar nuestras supuestas mentiras, no comprendo porqué tanto problema, que nos dejen votar y si sale Sí Sí nos vamos y todos contentos.
Paco Martínez
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