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Soy inglesa, me siento británica… pero votaré «Yes»

Bajamos a Durham (Inglaterra), donde viven mis padres, e intento explicar a mis dos hijos, de 5 y 7 años, porqué votaré «Yes».

No es algo fácil. A mis hijos les gusta Inglaterra. Les gusta en particular los equipos de fútbol y tienen los bolsillos llenos de cromos de la Liga inglesa. Adoran a sus abuelos que viven ahi. También saben que yo soy inglesa y que no hablo como ellos. Su padre también lo es. Hay alguna disputa en quién es más escocés de los dos, ya que él se llama Mackenzie y se mudó a Escocia cuando era un niño. Yo, sin embargo, aunque crecí en Inglaterra, pasé mucho tiempo en el noreste, no muy lejos de Berwick-upon-Tweed (frontera con Escocia). Mi padre es escocés y mi familia por parte de madre está llena de gente de frontera. A pesar de ello, hay suficiente «inglesidad» para englobar nuestro hogar estadísticamente en el «No». Electoralmente, ambos estaríamos considerados demográficamente como «de origen inglés».

Mis argumentos no les valen a mis hijos. El seguir juntos les mueve más. Es como si, para ellos, Escocia siendo independiente del Reino Unido es una especie de cirugía violenta que supone desvincularse de sus familiares. Las explicaciones que ofrezco sobre «gente en un lugar llamado Westminster, muy muy lejos de nosotros», que tienen el poder y toman decisiones diferentes de aquellas que nosotros tomaríamos, no funcionan. 
A ellos les gusta la idea de justicia, sin embargo. Soy yo la que siente inseguridad sobre esto, ya que emerge la duda de si los ingleses son menos justos. Siendo inglesa, no creo eso. He visto tanta división de clases y desigualdad de ingresos en Edimburgo que en cualquier otra lugar donde he vivido en Inglaterra. Holyrood (parlamento escocés) quizás no está dominado por una casta elitista, pero aquí hay muchos de ellos en otras posiciones de poder.
Hace cuatro años, recuerdo estar hablando con un amigo nacionalista que llevaba una camiseta con un «Not British«. Le dije que nunca podría llevar esa camiseta, ya que «British» era la única etiquera que yo tenía. Decir que yo era escocesa parecía una mentira. Pero afirmarme como inglesa también parecía deshonesto: siento que perdí la mayor parte de mi «inglesidad» hace tiempo.
Puede que finalmente la perdiese cuando me convertí en madre de un niño «de origen escocés». Como muchos otros ingleses que se han mudado y se han establecido aquí -y cada vez más en décadas recientes ha habido una migración de ingleses a lo que se ha llamado a veces «periferia céltica» – yo lo hice porque adoraba el lugar y su gente.
Todavía por un tiempo sentía que el referendum no era asunto mío y que decidir era cosa de la gente de Escocia – como si yo no fuera una de ellos. Pero me di cuenta pronto que, de hecho, el «Sí» no era un ámbito en el que yo, debido a mi acento inglés, no me sintiera invitada. Y eso ha sido uno de los grandes cambios. Ya no parece apropiado hablar de la independencia en términos de nacionalismo. No se puede decir que ya no haya ningún sentimiento anti-inglés – he escuchado unos pocos cuentos – pero es principalmente no nacionalista, excepto por dos pequeñas palabras que nos dividen.

Mi «Sí» es aún inseguro. No hace mucho le dije a una votante del «No» que sentía que yo era una persona del «Sí», pero una con dudas. «Probablemente votarás No», me dijo. Pero «Sí»es a lo que siempre vuelvo. A pesar de que a menudo razono para alejarme del «Sí», aterrada ante la posibilidad de una economía arruinada, nunca llego al «No».

Cuando dudo, sin embargo, no es por lo que Gran Bretaña significa para mí. La proporción de escoceses que dicen que son británicos ha aumentado un 50% desde el 2011. Los análisis electorales dice que la gente con algún sentimiento británico son menos proclives a votar «Yes» que la gente que no lo tiene. A pesar de ello la campaña del «Sí»sigue creciendo. Mucho de esos que se consideran británicos son gente del «Sí».

Una amiga inglesa me dijo hace poco que votaría «Sí» porque se sentía atraída por una forma mucho más participativa de democracia. «El único problema es», comentó preocupada, «que entonces tendría que participar». Lo suscribo.

Uno de los principales atractivos de la campaña del «Sí», junto con librarse del «Trident» (programa de armas nucleares que Reino Unido tiene en Escocia) es que es un movimiento de gente de base, que ha animado y nos ha hecho sentir que la democracia puede funcionar.


No tienes que ser escocés para verte reflejado a eso; igual que no tienes que ser escocés para creer en una Escocia más igualitaria. Solo tienes que creer que las democracias pequeñas funcionan (y algunas lo hacen) en parte debido a que están más hechas a medida y más receptivas.

Así que eso es lo que inspira mi «Sí» más que cualquiero otra cosa. El único problema es que he escuchado este tipo de esperanzas antes. Cuando Barack Obama se presentó a presidente de los EEUU, escuchamos mucho sobre esperanza y cambio en América.

Pero, como Harry Boyte, director del Centro para la Democracia y la Ciudadanía en el Ausburg College, escribió la semana pasada: «La experiencia previa muestra el límite de la política electoral en la generación de movimientos duraderos de cambios de empoderamiento cívico y democracia participativa».

Boyted vió el debate escocés y observó que las preguntas más importantes fueron «cómo la implicación política vista en la campaña podría continuar». La respuesta, por supuesto, es que dependerá de nosotros asegurarnos que así sea, sea cual sea el resultado de la votación – no solo aquí, sino también en otras partes de Gran Bretaña.

Siempre habrá una parte de mí que apunte al sur, a Durham, y más allá, a mis amigos en Londres. La A1 y la M1(autovías que conectan norte y sur) seguirán estando ahi, conectándonos. Probablemente siempre me sentiré británica, más que inglesa-escocesa. Sin embargo, una de las razones que me hacen posible decir «Sí», sin sentir que niego mi identidad, es que yo creo que la idea de Gran Bretaña sobreviviría a la independencia. Pienso incluso que, como ha sugerido el Prof. James Mitchell de la Universidad de Edimburgo, la «britaneidad» se verá reforzada por ella. Esta separación quizás sea lo que necesita para revivir, valorando los vínculos que existen. Yo no digo «No» a Gran Bretaña, simplemente «Sí» a un modelo diferente.

Vicky Allan
Publicado en The Herald

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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.
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Las puertas de la UE, abiertas a una Escocia independiente

Accedería rápidamente a la Unión Europea y el proceso sería mera formalidad. Esto es lo que, según diputados y representantes de los principales partidos daneses, tanto del gobierno como de la oposición, pasaria con una Escocia independiente. De hecho, el diputado Rasmus Helveg Petersen, portavoz de asuntos extranjeros de los social-liberales (que forman parte del gobierno danés) recuerda que los estados que quieran ser miembros y sean aprobados, serán miembros de la UE, según la Declaración de Copenhaguen de 1993, que es la guia para la adhesión de nuevos miembros . “Los criterios son muy objetivos. Escocia los cumpliría.”, ha asegurado.
Estas y muchas otras declaraciones se recogen en un reportaje realizado por el colectivo escocés National Collective, que reúne artistas y creadores favorables a la independencia de Escocia.  
«Estoy seguro de que la Unión Europea en general apoyaría la entrada de Escocia, y lo mismo ocurre con la OTAN. No puedo pensar que alguien creyera que no es una buena idea«, remarca Lars Bo Kaspersen, director de ciencias políticas en la Universidad de Copenhague.
En conclusión, recomendamos echarle un vistazo al reportaje  a todos aquellos que tengan dudas sobre el papel de un nuevo estado en la Unión Europea, porque, al fin y al cabo, ¿son Cataluña y Escocia tan diferentes?
Fuente: VilaWeb