
Acabo de cambiar el tono de mi despertador. Tenía el himno de Estados Unidos, pero “Barras y estrellas” es demasiado patriótico para la transición a la realidad. Es terrible despertarte amando un lugar cuya lengua chapurreas con bastantes dificultades. Así que me he decantado por una sinfonía en “furremol” de vete-tú-a-saber-de-quién-es, pero que es delicioso escuchar cómo dos chelos compiten por pasar de la melancolía a la felicidad. Insisto, no sé de quién es, pero se escucha con el oído y se disfruta con el paladar.
Me suelo levantar sobre las ocho de la mañana, pero mi vecino de arriba, amablemente arrastra sillas a las siete de la mañana; no sea que me duerma. El sonido asusta y es desagradable… pero no tiene precio saber que todavía queda una “horaza” de cama.
Y en este duerme vela, ¿Qué ocurre? La mente todavía se aferra al reino de los sueños, pero el cuerpo tiene ganas de funcionar.
Al menos esto es lo que me ocurre mí. Continúa mi sueño, vívido y apasionante, o angustioso y frustrante, pero a la vez la coherencia empieza a dominar el entorno. Lo primero de todo es situarnos en el tiempo y el espacio. ¿Qué día de la semana es hoy? ¿Qué pasa con el Barça, jugó ayer o no? Si ganó, el día empieza bien, pero como haya perdido… ¿Hoy es normal o hay algo por hacer especial?… Pero qué preciosa que es mi mujer, por Dios… justo me despierto cuando comienza mi apasionado sueño de amor. ¡A ver!, centrémonos: ¿ganamos o no?
Pero tengo conocidos mesetarios que tienen una opinión diferente de cómo se despierta la gente en Catalunya. Aunque haga mucho calor, están arropados y abrazados a su manta-senyera estelada. Su sueño sólo es una comparsa rítmica que dura las ocho horas de sueño y ocupa todas las fases REM. Algo como un son de tambor sin solución de continuidad… “In-inde-inde-penden-ciá, In-inde-inde-penden-ciá…” Justo al despertarse dejan de respirar para sentir cómo se ahogan por culpa de España y ya se levantan de mala leche como cualquier miembro de un pueblo reprimido.
En cambio, al otro lado del Ebro, es lo mismo pero al revés: Todas las camas parecen ataúdes militares con esas mantas de la bandera rojigualda. El primer pensamiento siempre es odiar a Cataluña. Sí, Cataluña con eñe! Igual que las Vascongadas, que no Euskadi. Que estamos en ¡¡ES-PA-ÑA, ES-PA-ÑA!! Pero qué se habrán creído; ¡Si son españoles! Que se fastidien. Qué va: son extranjeros. Vascos y catalanes son extranjeros porque no se merecen pertenecer a mi amada patria… pero no, que se fastidien que son españoles… aaarg!! Les odio tanto, que ya no sé ni cómo insultarlos.
Así que en las dos camas, la temperatura sube y el mercurio se sale del termómetro. Da igual que fuera esté nevando: arropados en nuestras banderas-manta, estamos hirviendo de ira porque sabemos que en el otro lado, hay un enemigo odiándonos.
Y digo yo: ¿Soy el único que se despierta luchando entre el sueño y la realidad? ¿El único que hace equilibrios en saber si ayer hubo partido del Barça, mientras todavía sigo tratando de salir de una vía del tren… pero mis piernas no se mueven mientras me acecha una locomotora decimonónica de vapor? No lo creo.
Creo que todos nos levantamos de la misma manera. La realidad nos golpea tarde o temprano, pero nunca el primer pensamiento es de odio político. No es que esto sea absurdo, es que no es verdad. El drama personal de cada uno es su propia situación. Después de lavarnos la cara y acabar con las gestiones de higiene, es cuando despierta nuestro Yo social. Es ahora, justo antes de desayunar, cuando tomamos conciencia de lo que nos rodea y de lo que rodeamos. Ahora sí es cuando puedo elegir entre odiar o ser útil: Yo decido. Y decido vivir y procurar felicidad a mi entorno. Es por eso que tengo un sistema de despertador y no un termómetro en la mesilla.
Daniel García de la Mata Álvarez
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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.
4 respuestas a «Termómetros por despertadores»
Este es el tipo de comentarios que en verdad hacen bien a un país ( o a dos). //*//
·Estoy de acuerdo (anónimo), más bien a dos, pues pueden representar a ese tanto por ciento que, afortunadamente, queremos lo mejor para el otro; sin dejar de lado nuestras necesidades.
Me ha gustado mucho la opinión de Daniel.
Saludos //*//
Yo no tengo una bata-manta estelada… donde la compro?
Excelente . De lo mejor que se ha escrito en todo este tiempo. Enhorabuena