
España no escucha



En los últimos cinco años hemos visto como el independentismo en Cataluña, una de las regiones más productivas de España, ha crecido de manera significativa. Algunos pretenden ver en esto un signo de insolidaridad o de egoísmo nacionalista, sin entender los verdaderos motivos que nos han traído a esta situación.
Eduardo Reyes
Presidente de SÚMATE


No solo debemos demostrar que queremos ser otro país, sino que además debemos creer que seremos un país diferente, en el que se le retira la oficina y diversas prerrogativas a un expresidente mentiroso y culpable de delito fiscal continuado.
Que somos capaces de meter a Millet en la cárcel y asumimos lar responsabilidades de nuestra propia corrupción; esta sería la manera de poder desterrarla.
Seguir exigiendo con más fuerza si cabe la Hacienda propia, para poder detectar y perseguir estos delitos con más rapidez y evitar las tentaciones de «guardar» ciertos fraudes, con la conveniencia de usarlos políticamente cuando convenga al Estado.
No queremos que nos confundan los que piensan que somos como los que blindan y dotan de inmunidad a su Rey , mientras meten en la cárcel al que repartía los sobres y se olvidan de los que los recibían, por cierto, también sin declarar.
Ha llegado el momento de demostrar que queremos un cambio de verdad y dejar atrás la tolerancia entre los grandes delincuentes, los que de verdad con su corrupción e incompetencia arruinan y desprestigian un país, y dejar de usar la justicia para desahuciar a unos pobres desgraciados que todo su delito ha sido ser víctimas de una crisis que estos otros han provocado.


Hace poco en un chat de antiguos alumnos alguien colgó alguna cosa de Podemos. Y otro le preguntó si estos no son de derechas. El primer le vino a decir: o esto o el 9N voto doble Sí, sintiendolo mucho por mis raíces. Y no pude evitar meter la cuchara. Y es que nuestras raíces en este proceso no tienen nada que ver. Tu apellido puede ser Sánchez, Dalmau, Smith o Aziz, pero si quieres la terra esto no importa. Puedes votar #SíSí vengas de donde vengas, ya que esto no está reñido con tus raíces. Querer la independencia no significa que odies a nadie ni a ninguna otra tierra. Quiere decir que quieres prosperar, que anhelas más libertad y quieres poder decidir tu futuro sin estar ligado a nada.
Ha pasado usted por Catalunya con motivo de la campaña electoral y ha dicho cosas. Hace meses que viene usted diciendo cosas sobre Catalunya y la cuestión del derecho a decidir. Recuerdo por ejemplo un interesante artículo en La Vanguardia que iba más allá de la doctrina oficial del PSOE y que no sé si hoy volvería a escribir. Es usted uno de los pocos políticos españoles que no ofende cuando habla de Catalunya. No nos ha llamado nazis, ni liliputienses, ni hobbits, ni insolidarios, ni locos. O al menos no me consta. Fíjese a qué punto hemos llegado, cuando se habla de nuestro país sin faltar al respeto nos llama la atención.
Hay un hilo argumental constante en sus intervenciones. Reclama usted una negociación entre las fuerzas políticas que evite la independencia a través de un nuevo pacto constitucional de tipo federal. Quiero explicarle por qué este es un planteamiento, en el fondo y en la forma, muy alejado de la actual centralidad social y política catalana y, por tanto, sin posibilidades reales de prosperar. Lo resumiré en tres puntos.
Primero. El suyo es un planteamiento cerrado porque sólo imagina un final posible, que es que Catalunya siga formando parte del Estado español. Eso es lo contrario del derecho a decidir que reclama la mayoría social en Catalunya. Decidir significa decidir, y eso incluye la posibilidad de decidir quedarse, claro que sí, pero también la de decidir irse. Si al final sólo puedes votar si te quedas o te quedas, no estás decidiendo. Y la gente aquí en Catalunya no aceptará esta limitación democrática.
Segundo. El suyo es un planteamiento viejo. De política antigua, quiero decir, de la que se hace de arriba a abajo: las élites políticas de Madrid y Barcelona se encierran en un despacho con línea telefónica directa con las respectivas élites económicas y cocinan un acuerdo que posteriormente se somete a votación. No dudo que en la mayor parte de España esta manera de hacer política siga plenamente vigente, pero debe saber que aquí en Catalunya esto se ha terminado. La mayoría de los partidos han entendido que ahora, y al menos en este tema, tendrá que ser al revés: primero se deberá obtener un mandato democrático popular, y luego ir a Madrid a trasladarlo, ya sea ese mandato “negociad para quedarnos” o bien “negociad para irnos”. Usted propone un método de arriba a abajo y esta vez el catalanismo reclama un método de abajo a arriba, donde el punto de partida y de llegada es la voluntad popular.
Tercero. El suyo es un planteamiento de antes de que lo nuestro se jodiera. Disculpe la grosería, está tomada del título del último libro del periodista Arturo San Agustín, que habla de la relación Catalunya-España y se titula precisamente así, Cuando se jodió lo nuestro. Y es que ya no hay la confianza imprescindible para iniciar un proceso como el que usted propone. No sé si es usted consciente de ello, pero lo que pasó con el Estatut significó una brusca y profunda quiebra de confianza que para muchos, muchísimos, no tiene marcha atrás. El grueso central del catalanismo social y político ya no se fía de la clase política española. No es que no se fíe del PP sino que ahora ya tampoco se fía del PSOE. Dijeron que respetarían el Estatut que aprobase nuestro Parlament y lo recortaron (con cachondeo incluido: “Le hemos pasado el cepillo”). Aún así, y sin entusiasmo, lo aprobamos en referéndum. Y entonces vino el Constitucional y se cargó lo que los ciudadanos habían votado en referéndum. Fue un via crucis con final de muerte. ¿Pretende usted que ahora los catalanes nos volvamos a meter en un proceso de este tipo, aún más complicado que la reforma del Estatut, y donde al final siempre acaba mandando la mayoría PP-PSOE?
Debe usted pensar que si todo esto que le cuento es cierto, la sociedad catalana ha cambiado mucho. Es cierto, ha cambiado mucho. Pero tampoco reclama nada que pueda chocarle a un demócrata, porque lo innegociable no es la independencia. Lo innegociable es el derecho a decidir nuestro futuro. Pongan urnas, por favor.
Eduard Voltas (@eduardvoltas)
Fuente: NacióDigital.cat
