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Quiero a España pero soy independentista

Quiero a España pero soy independentista

Queremos la independencia pero, al mismo tiempo, queremos que España gane el Mundial

Este artículo nace del ahogo que me provoca intentar explicar en Madrid la cuestión catalana. Lo que se llama «hacer pedagogía» (aunque no me gusta nada , porque no somos quién para dar lecciones a nadie ) y que, sencillamente quiere decir explicarse a uno mismo, se vuelve absolutamente imposible porque la pasión, burda, inunda la razón y lo niega todo convirtiendo cada conversación en un humedal fangoso donde sólo te puedes hundir un poco más. Y el título, aunque a algunos les puede parecer una contradicción, es la pura verdad . Es tal como lo siento y como creo que lo sentimos muchos. Ahora me explico. Primero el detonante.

Me he visto involucrado en la enésima discusión sobre Cataluña. El enésimo careo, porque sí, les encantan los careos. A mí, con este tema, no. Porque hay una nula voluntad de comprensión.
«¿De dónde nace este sentimiento?», me preguntan. Y yo explico que (aparentemente) la sociedad catalana se ha convencido de que en España no estamos bien y ha tomado la decisión pragmática, racional, fría, de marcharse. ¿Por qué no estamos bien? Porque hay una sensación de reiterado menosprecio, por no decir maltrato. Con la economía, la cultura, la educación y… en definitiva con todo lo que signifique ser catalán. Entonces me dicen que ellos también tienen esa sensación con el Gobierno y no por ello Madrid o Castilla y León se independizan de España. Fabuloso, les digo yo. Vosotros quizá encontraréis otras herramientas para solucionar vuestros problemas, pero nosotros no las hemos encontrado durante más de 30 años. Y aquí se enciende otra chispa. Porque, si España y el Estado de las autonomías no funcionan (que aparentemente están de acuerdo), marcharnos y dejarlos tirados es de cobardes. De acuerdo, argumento. Pero uno de los principales problemas que tenemos es que Cataluña lleva toda la vida intentando hacer progresar España, intentando contribuir al proyecto común, y sólo hemos recibido pedradas, escarnio y un arqueo de ceja de «otra vez tocando los huevos?». Un frontón absurdo que ha envenenado el discurso de una manera paradójica: Cataluña hace una propuesta, automáticamente esta propuesta se convierte (porque los catalanes proponen mucho) en un «ya están otra vez los catalanes » y eso se convierte en un rebote catalanofóbico que provoca cosas tan curiosas como que nos prohíben artículos del Estatuto que luego aplican alegremente en otras autonomías.
Lo que venga de Cataluña, molesta porque viene de Cataluña. Porque somos vistos como los listos de la clase (reconozcámoslo, nos gusta ese puntito de sofisticados, de punta de lanza de la modernidad… y eso les revienta), pero ellos tienen el delegado de la clase. Nunca se hará lo que diga el listo de la clase… porque a todos les da rabia. Eso sí, que el listo de la clase años después es el triunfador y cuando hace cenas de reencuentro de amigos de EGB de Facebook es la envidia del grupo? Puede ser. O puede que se haya convertido en obeso lechoso que vive en casa de su madre porque como la economía no tira pues no tiene trabajo y se pasa el día jugando al World Of Warcraft online con japoneses que le dan palizas antológicas. Cuidado, ser el listo es un arma de doble filo. También se necesitan amigos.
Seguimos: «Es muy fácil montar un aparato independentista con una televisión como TV3». De acuerdo. Si no me equivoco, ahora mismo TV3 no vive un gran momento y debe estar en un 12% de share. ¿El resto de televisiones (T5 , A3 , TVE…), no serán también nacionalistas, verdad? Ah sí, pero españolas, que no cuenta. Lavar el cerebro a todo un país desde un 12% de share me parece extremadamente meritorio y me gustaría saber exactamente con qué programas lo hacen: ¿Amb ulls de nen, Oh happy day?, ¿La Riera, Bojos pel ball? Creo que Ramon Pellicer parpadea en Morse «in-inde-independencia».
Seguramente lo que más contribuiría es el APM, que pone videos de la caverna que nos calientan. Pero vaya… muy cogido por los pelos y presuponiendo que el espectador catalán tiene el nivel intelectual de un bovino espongiforme. No nos perdamos el respeto, que sabemos pensar por nosotros mismos.
No se puede cambiar España desde Cataluña, porque España no quiere. Todos sabemos que se necesitan dos tercios de la cámara para tocar la sagradísima Constitución. Y que esto no ocurrirá porque ni PP ni PSOE lo permitirán, porque han alimentado un discurso de catalanofobia tan potente durante tantos años, que cualquier negociación con Cataluña parece por ellos una derrota, una humillación. Y no: la humillación (para ellos) es el fracaso de un proyecto común; la humillación (para ellos) es no haber sido capaces de construir una casa confortable para todos. La ilusión (para nosotros) es intentar crear este país de cero. Intentar crear un lugar que nos haga sentir orgullosos de estar en él, donde seamos los responsables de lo que ocurre. Donde si el país va bien o mal, sea cosa nuestra. Un país impulsado de abajo arriba, como ha sido este proceso, que comienza en los municipios y que se va organizando hasta llegar a ser una marea que ha arrastrado siempre pichafría CiU.
«No te fíes de Pujol, ni de Mas», me dicen aquí. Correcto, no me fío. No me fío de nadie. Pero, por encima de estas diferencias individuales, los catalanes hemos demostrado que sabemos unirnos para la colectividad. El arco ideológico que hay tras los partidos que apoyaron la pregunta del 9N tiene más colores que un pantone el día del Orgullo Gay. ¿Que Mas en su primera legislatura pactó con el PP aunque había firmado ante notario diciendo que no lo haría? Me acuerdo. ¿Que Maragall dijo aquello del 3% de CiU, que existe el Caso Millet, los deportivos de Jordi Pujol Ferrusola y la ITV de Oriol Pujol? Me acuerdo, por supuesto. Y espero que se haga limpieza. La corrupción es una lacra que parte del egoísmo de quien quiere aprovecharse de lo público para su bien personal. Tendremos que luchar con todas nuestras fuerzas, pero esto no invalida el deseo de toda una sociedad, sino al contrario, lo reafirma. Queremos tener un país que empiece de la nada. Hacer fuego nuevo. Me encantaría que la proclamación de la independencia fuera una noche de la verbena de San Juan. Y todos los muebles viejos, a la hoguera (metafóricamente).

Una más, que he oído. Una muy gorda: «Lo que pasa es que los catalanes sois unos racistas». ¡Pam! Hemos llegado al final del camino. Racismo, odiamos a los españoles, nos creemos mejores que ellos. No, eso sí que no. Por ahí no paso. Aquí es cuando me empieza a palpitar una vena de la sien e intento respirar con el diafragma para calmarme y no gritar (lo consigo siempre, por suerte; perder los nervios nos degrada a todos… y os aseguro que a mí particularmente). La identidad catalana radica en el mestizaje. Es así de simple. El mestizaje nos ha hecho como somos. Desde íberos y romanos, a fenicios y árabes, pasando por franceses y judíos y todos aquellos que han pasado por aquí. Cada uno nos ha ido configurando para hacernos como somos. Cataluña es un fractal, y esa es la gracia. Que un franquista como Anglada se cabrea al ver un niño etíope con una estelada y que la gente reaccione contra el racismo, es síntoma de salud. Que exista una asociación como Súmate donde catalanes venidos de toda España (los nuevos catalanes, que decía en Candel) se integran en este movimiento transformador, es síntoma de salud. Y de orgullo. Este es un elemento claramente diferenciador: Cataluña ha sido capaz de integrar todos los pueblos que la han visitado, España es incapaz de integrar ninguno de los pueblos que conviven en ella; por eso tenemos que irnos.
Se lo podemos explicar como queráis, pero no tienen ninguna intención de entenderlo. Porque nosotros queremos una relación entre iguales, ellos quieren una relación jerárquica. Y nada más: no hay manera de que te den un solo argumento para seguir en España, más allá del «porque sí». ¿Que es un salto al vacío? No lo sabemos. No lo sabremos hasta que saltemos. Pero lo que está claro es que sólo dependerá de nosotros el saber caer bien y el saber levantarnos. Desde el tedio dicen «pues que se vayan ya», pero no es eso. Queremos marcharnos bien.
Y aquí, vamos a la segunda parte: quiero España, pero soy independentista.
Quiero a España porque, para empezar, no me gusta odiar a nadie. Es una absurda pérdida de energía creativa que no va nada conmigo. Hagamos algo productivo, mejor que cogernos manía.
Quiero a España porque hay demasiadas cosas que me gustan como para que no la quiera. Me gusta el Real Alcázar de Sevilla. Me gusta el cocido. Me gusta bailar canciones de Kiko Veneno con un rebujito en la mano en un chiringuito de Cádiz. Me gusta el parque del Capricho de Madrid. Me gusta el olor de azahar de los campos valencianos en primavera. Me gusta la Costa da Morte. Me gusta tomar algo en Malasaña. Me gusta el jamón extremeño. Me gusta Miguel Mihura, me gusta Antonio López, me gusta Buñuel, me gustan Los Planetas y me gusta Fernando Fernán Gómez. Y podría seguir infinitamente. Me gusta y quiero a mucha gente en España porque forman parte de algunos de los mejores momentos de mi vida. Como nos pasa a todos. Pero esto no tiene nada que ver con que desee que Cataluña se independice para tener todas las herramientas que necesitamos para salir adelante. Porque yo seré el mismo, pero el país dependerá de sí mismo para ser mejor.
Otro ejemplo: hay muchos independentistas que viven con contradicción los éxitos de la selección española. Por aquello de que «es que hay jugadores catalanes o del Barça, pero es que… es España». Yo no. Me alegro que gane España. Quiero que España también gane el próximo Mundial. Cuando lo juegue Cataluña, querré que lo gane Cataluña. ¿Pero ahora? Estoy más cerca emocionalmente y culturalmente de España que de cualquier otra selección. ¿Que la inflamación patriótica que se produce cuando ganan me hace salir urticaria? También. Pero no podemos estar sacando defectos a todo el mundo continuamente, cada uno que se alegre como quiera.
Siempre nos dicen desde el Congreso que quieren mucho a Cataluña. Pero no lo demuestran con hechos. Yo quiero a España, y creo que muchos catalanes también. Por eso creo que es el momento de irse, en lugar de seguir nos discutiendo. Que cada uno vaya por su cuenta y así no habrá ninguna excusa para no hacer lo que hay que hacer para que los países funcionen. A todos nos conviene acabar con la excusa mutua.

Toni Mata (@ToniMataD)
Fuente: Som Atents

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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.
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La Feria de Abril de Cataluña


Ya huele a Feria, a azahar y a hierbabuena, y también a churros y a porras y a pescaito frito. Y se reparten besos entre brindis de fino, de manzanilla, de Montilla o de rebujito, y se dicen mil te quieros, que la Feria es buen sitio para enamorarse o pa‘declararse.

Llegan por la entrada del Real sinfonías multicolores de mujeres guapas vestidas de gitana, como dicen en Graná; de flamenca, como dicen en Córdoba la Llana; o de faralaes, que es lo mismo dicho en version fashion. Emociona ver cómo se lo curran estas mujeres, unas con trajes escogidos a su aire, otras vestías toas iguales, las de los coros rocieros… Cuántas horas, cuánta ilusión, cuánto amor empleado en vestirse y peinarse cuidando hasta el menor detalle. Os habrán dicho «¡guapas!» muchas personas y yo, desde este humilde escrito, os lo llamo también a vosotras; y a los hombres, qué menos, pero igual de ilusionados se paseaban con su traje campero con sombrero cordobés o con gorrilla.

Y en eso llego Súmate, y plantamos nuestra mesa, nuestra caseta ha sido el cielo. Mujeres y hombres con la camiseta negra repartiendo globos, con un muy grande al futuro, repartiendo trípticos en los que damos argumentos con palabras de paz y voluntad de construir, de sumar y no de restar, porque en esta Cataluña nuestra no sobra nadie piense lo que piense, venga de donde venga, sienta lo que sienta.

Somos como tú, no porque estemos contigo sino porque estamos en los mismos sitios donde estás tú. Me he sentido en esta Feria orgulloso de mis raíces andaluzas, y de mi mujer andaluza, y me he acordado del cielo más bonito del mundo: el del Sur, el de Andalucía y Extremadura, ese cielo pegao a la tierra de un azul radiante.

Y me he sentido orgulloso del pueblo catalán, de ese pueblo que formamos todos los que vivimos aquí que, como decia Llach, venim del Nord, del Sud, de mar endins, de terra enllà

Muchas, muchísimas personas con las que hemos hablado, están a favor de la consulta. Luego, unos están a favor de la independencia, pensando en su futuro, el de sus hijos y el de sus nietos; y otros en contra, creyendo que la independencia significa romper con su gente más allá de Cataluña, y les hemos dicho que no, que solo queremos separarnos del Estado español, no de los españoles, que somos nosotros mismos.

Y por encima de todo un sentimiento, no hay fractura entre fandangos y alegrias y soleás y salves rocieras, en la Feria se respira respeto. La Feria no es de nadie, es de todos. Es de esas mujeres guapas vestidas de flamenca, no pocas de ellas catalanas de origen y lengua; es de esos hombres y mujeres que con pins de esteladas, o de banderas andaluzas, o de banderas españolas, o con más de una, o sin ninguna, van a echar un rato. Y no hay fractura porque todos y todas somos un solo pueblo.

Por todo eso y por mucho más, más de una vez al caer la tarde me acercaba a lo hondo de la Feria, a la vera de la playa y mirando el mar me echaba a llorar con lágrimas güenas sientiéndome orgulloso de todas las mujeres y hombres con los que he charlado estos días, y sintiendo con más fuerza que nunca que juntos vamos a construir un nuevo país.

Juan Batlle Pie

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Debajo de las sotanas

Ayer se celebró en la Catedral de la Almudena de Madrid un funeral de Estado por la muerte del expresidente Suarez, en el que estuvo representada la plana mayor del régimen, incluyendo algún dictadorzuelo africano acompañando al heredero del dictador patrio. Lo mejorcito de cada casa. Y quien oficiaba no podía ser otro que Monseñor Rouco Varela, que aprovechó el acto religioso para soltar soflamas guerracivilistas desde el púlpito.

Nos advertía el santo varón que «los hechos y actitudes que causaron la Guerra Civil» pueden repetirse. No se sabe si más como amenaza o como justificación. Sería bueno recordar el papel jugado por la institución que Rouco representa en aquel conflicto; aquella Santa Cruzada alentada y bendecida, acompañada bajo palio, que provocó lo que aún hoy las cunetas esconden sin que haya arrepentimiento ni propósito de enmienda.

No es normal que en un estado aconfesional se organicen actos oficiales bajo el amparo de una determinada confesión religiosa. No es normal que esta determinada confesión religiosa goce de privilegios y exenciones injustificables. No es normal que esta determinada confesión religiosa se apropie del patrimonio de todos los ciudadanos, aprovechándose de reformas legales ad hoc. No es normal que esta determinada confesión religiosa pretenda imponer su moral a toda la sociedad. No es  normal que esta determinada confesión religiosa cuestione derechos, mientras protege a pederastas. No es normal que esta determinada confesión religiosa esté más del lado de los poderosos que de los que sufren las consecuencias de la situación económica actual. No es normal que esta determinada confesión religiosa se dedique a hacer política desde el púlpito, e incluso en a calle, preocupada más por los asuntos del César que por otros asuntos más elevados. 

Se eleva a la categoría de bien moral, verdad revelada y casi dogma de fe, la sacrosanta unidad de España, patria común e indivisible, católica, apostólica y muy española, escrita en las pétreas tablas de la Sacrosanta Ley Constitucional Setentayochista. Por si no fuera suficiente, sufrimos un Gobierno que paga peregrinaciones a Lourdes a guardias civiles, o condecora y nombra asesoras del ministerio a santas y vígenes varías. Todo muy propio de un país moderno  y del siglo XXI. Vivimos en una España, no ya en blanco y negro, sino de cirio y pergamino.

Queda claro lo que hay debajo de las sotanas de Monseñor Rouco y su camarilla: integrismo y nacionalcatolicismo español. El de toda la vida. Como para quedarse…


Coque García (@coquegarcia)
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Por una doble ruptura democrática: separación amistosa, cambio de régimen

A estas alturas el movimiento soberanista catalán debería despertar respeto, si no comprensión, en el resto del estado. En efecto, ya nadie puede dudar de que se trata de un movimiento democrático y de libertad, una marea cívica y popular. Es sintomático, por ejemplo, la reciente firma de convenios de la ANC con organizaciones sindicales y con la FAVB (Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona), que refuerzan la participación y el compromiso ciudadano con el proceso. Por otra parte, es claramente transversal, sin que pueda ser tildado simplistamente de izquierdas o de derechas, a pesar de que, como es natural, las diversas fuerzas políticas se disputan su hegemonía. Las eventuales acusaciones de insolidaridad o de fronterismo resultan insustanciales cuando las agresivas estructuras estatales han arruinado todo tipo de pactos y continúan derribando los logros de autogobierno alcanzados.
En esta situación resulta intolerable el inmovilismo que equivale a perpetuar la voluntad de dominio y asimilación. Por su parte, resultan nada creíbles las vías autollamadas reformistas, cuyos reiterados fracasos culminaron en la sentencia del TC de 2010 y cuyas voces sólo se han despertado cuando el soberanismo ha elevado el tono reivindicativo. Pero también resulta insuficiente la simple aceptación del derecho a decidir, pero sin planes pro-activos para antes y después de su ejercicio. Esto es, sin una voluntad clara de diagnosticar el problema, dilucidar responsabilidades y encontrar soluciones.
(1) UNA SEPARACION AMISTOSA PARA UNA COLABORACIÓN MÁS FRANCA
Hay que aceptar de una vez por todas que la cerrazón de unos y la tibieza de otros han dinamitado las propuestas de convivencia y han hecho ya imposible un estado común. Basta apuntar que cualquier iniciativa en este sentido debería asumir, por lo menos, el Estatuto del 2006 (aprobado por el Parlamento español y refrendado por el pueblo catalán), cosa impensable actualmente por parte de las fuerzas políticas hegemónicas.
Aceptada esa premisa, la izquierda trasformadora debe promover la separación amistosa como una salida democrática y la menos mala de las posibles, poniendo el acento en minimizar los costes económicos, sociales y sentimentales. Por ejemplo, repartiendo la deuda, evitando boicoteos y vetos, propiciando dobles nacionalidades, facilitando la movilidad, etc.
Más aún, se trataría de potenciar las oportunidades, que también las hay, una vez se cierre la herida territorial abierta tres siglos atrás. La preservación de las buenas relaciones humanas e institucionales haría posible una nueva cooperación entre las partes. En particular, podría por fin plantearse un auténtico federalismo/confederalismo democrático de los pueblos ibéricos, no basado en la imposición y el dominio, sino en el reconocimiento mutuo de la previa soberanía e independencia. Más en general, abre la posibilidad de arrumbar con el régimen que desde hace siglos viene sufriendo el pueblo español. Es la oportunidad para revisar diagnósticos, relevar actores y redefinir objetivos.
(2) UN CAMBIO DE REGIMEN PARA UNA SOCIEDAD MÁS JUSTA
La secesión de Catalunya es el símbolo de un fracaso secular en la acción de gobierno de un régimen basado en al absolutismo y el clericalismo, de las clases dirigentes que lo han apoyado y de los partidos que le han dado cobertura. Ha de marcar el punto final de una monarquía desprestigiada, de una Constitución obsoleta y de un bipartidismo cómplice.
Es la culminación de siglos de dilapidación de recursos, de pobreza y desequilibrios territoriales, de incapacidad para gestionar un imperio o para estructurar un estado, de extorsión lingüística y cultural contra la diversidad, de represión de los movimientos renovadores y de tolerancia hacia los autoritarios.
(3) UNA ALTERNATIVA POLÍTICA PARA ESA DOBLE RUPTURA
Se requiere, por tanto, una alternativa política sobre la base de una nueva relación cooperativa entre las naciones y estados ibéricos, una regeneración progresista de las estructuras sociales y económicas y un relevo profundo en las clases dirigentes.
Sólo la izquierda transformadora puede liderar esa alternativa. Pero para ello debe liberarse de sus propios prejuicios políticos y sentimentales. Una vez más, la movilización popular ha tomado la iniciativa con una rapidez y una determinación que están dejando atrás a buena parte de los teóricos y de los políticos orgánicos. Aún es tiempo de reaccionar y de rectificar, afrontando las nuevas realidades: la izquierda transformadora debe asumir esa doble ruptura no sólo como inevitable, sino como conveniente y hasta como necesaria.
Josep Ferrer Llop, Teresa Mira Lozano, Santi Lapeira Gimeno, Francesc Matas Salla, Jordi Presas Vidal, Jordi Gutiérrez Suárez, Elvira Duran Costell, Josep M. Armengou Iglesias,Miquel Àngel Escobar Gutiérrez, Xavier Ferrer Masip, Joan de Torres Aguilar, Mercè Martí Novellón, Antonio Baños Castillejos, Ferran Puerta Sales,Pau Morillo Romero, Josep Maria López Llaví,David Miñana Galbis, Núria Cruset Garrell, Xavi Llobet Ribeiro, Mario Ezquerra Trabalon, Albert Compta Creus, Josep A.Tribó Busquets, Lluis Pérez Vidal, Carles Puig Pla, Coque García Muñoz, Paco Martínez Serrat.
Per una doble ruptura democràtica
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Presentación de SÚMATE Bages

Una ochentena de personas llenan la sala de actos del Edifici dels Sindicats de la capital del Bages.

Súmate sigue en marcha, y ayer presentamos el grupo territorial en la comarca del Bages. Varios miembros de la entidad participaron en el acto, celebrado en el Edifici dels Sindicats, acompañados por el vocalista de Lax’n’Busto Salva Racero, con la asistencia de una ochentena de personas, para explicar las razones que nos llevan a querer construir un nuevo país.
Lourdes Sánchez, coordinadora de Súmate en la comarca, abrió el acto reivindicando la diversidad y la pluralidad de Cataluña, la identidad catalana y española, y el castellano como nuestra lengua materna. Pero habló también del compromiso con el futuro, y la necesidad de ser partícipes del proceso que vive actualmente Cataluña, de ser escuchados y de poder decidir. Por su parte, Salva Racero reivindicó su orígen familiar andaluz, y lamentó que el Estado español jamás ha aceptado su propia riqueza y diversidad cultural.
Coque García habló de la situación de agotamiento del proyecto político vigente, y la necesidad de ponerle fin, afirmando que «el estado no va contra Cataluña, sino contra todos los españoles. La diferencia es que en Cataluña tenemos un proyecto que ilusiona y hace posible cambiarlo; tenemos la oportunidad de ser protagonistas y hacer historia». Coque, criado en un ambiente totalmente castellanohablante, ha explicado que no es nacionalista, pero cree que este proceso de abajo a arriba no está basado en razones identitarias sino de compromiso cívico, negando así la fractura que algunos pretenden crear. Paco Martínez, el siguiente en intervenir, ha explicado su compromiso político desde el antifranquismo y su militancia activa en la federación catalana del PSOE desde su fundación, aunque ahora declara ser «un socialista huérfano». Paco ha desgranado la inconsistencia del discurso del miedo y las amenazas, desde las pensiones a la expulsión de la UE, pasando por el pago de la deuda o las balanzas fiscales. Ante las incertidumbres futuras ha afirmado de manera contundente que «lo jodido no es irse, lo jodido es quedarse«.
Ha cerrado el acto Eduardo Reyes, presidente de Súmate, hablando con orgullo de su identidad cordobesa y española, y también catalana. Ha animado a los asistentes a retomar «el testigo de esfuerzo y la lucha de nuestros padres, de todos los que vinieron a Cataluña buscando la oportunidad que les era negada en su tierra». Afirmando que «a mí la historia es lo que menos me importa, lo que me importa es el presente y el futuro de nuestros hijos y nietos«, concluyó apelando a la ilusión de poder construir juntos un nuevo país. «La independencia no es el objetivo, la independencia es la llave de la puerta que abre el camino de la esperanza«.

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La Unión Europea debe respetar las nuevas naciones

No hay ninguna base para excluir a Cataluña y Escocia de la UE si votan por la independencia. Su pertenencia a España y Gran Bretaña es un asunto español y británico, en el que la UE no tiene competencia.

Han habido numerosos rumores sobre la expulsión de escoceses y catalanes de la UE si votan a favor de la independencia respecto a Gran Bretaña  y España.
Recientemente, el presidente de la Comisión Europea, Manuel Barroso, se vió obligado a presionar a los escoceses. Especialmente España protege la unidad del país y está presionando para que la UE apoye a los actuales estados miembros, en lugar de permanecer neutral en la disputa entre los diversos pueblos de los países miembros.
Las amenazas de exclusión de la UE son puramente políticas. No hay base legal alguna en los tratados de la UE para expulsar de la Unión a un pueblo. Este extremo tan solo podría ocurrir legalmente mediante una modificación de los Tratados vigentes por unanimidad de los 28 estados miembros.
Este también fue el método por el que Groenlandia se retiró de la CE el 1 de enero de 1985 tras un referendum en febrero de 1982.
Del mismo modo, no hay ninguna disposición en los tratados sobre la concesión de derechos a las regiones que se convierten en estados. También esto requiere de una enmienda unánime de los tratados. Por tanto, se deberá encontrar una solución común.
Hay bases legales fuertes para resolver un conflicto de estas características. Según los tratados, todos los países europeos tienen el derecho de perteneeer a la UE si cumplen con diversos criterios.
Cataluña y Escocia evidentemente cumplen todos los criterios, ya que las leyes de la UE están en vigor en ambas regiones, por encima de toda la legislación regional y nacional. Así es ahora, y así será también cuando hayan votado por la independencia. 
La más importante de las preguntas abiertas de la negociación será la representación de las nuevas naciones en los órganos de la Unión. ¿Se deben tratar como naciones independientes y tener sus propios miembros en la Comisión Europea, Consejo de Ministros así como sus propios miembros en el Parlamento Europeo? ¿Deberían solicitar ser miembros siguiendo las directrices de los tratados para la admisión de nuevas naciones? En este caso, Escocia y Cataluña se verían obligadas a aceptar el euro como moneda. Gran Bretaña y Dinamarca cuentan con excepciones. Nosotros [los daneses] podemos decidir si queremos substituir las coronas por la moneda comunitaria. Los nuevos estados miembros no lo pueden decidir
Cataluña tiene el euro pero no tiene ninguna intención de contar con moneda propia. Escocia utiliza la libra británica y si se independiza deberá hacer un acuerdo con Gran Bretaña, crear una moneda propia o bien aceptar el euro.
Cuando en 1993 Checoslovaquia se dividió en Chequia y Eslovaquia, los dos nuevos países fueron tratados como naciones independientes. Los dos obtuvieron más tarde una representación correspondiente a la de otros países de la misma población. No se les castigó por el hecho de haberse separado.
Muy al contrario, los dos países obtuvieron en conjunto una representación mucho mayor que si hubieran solicitado la admisión como Checoslovaquia.
Si Cataluña  y Escocia reciben un trato menos favorable, pueden ir al Tribunal de Justícia de la Unión Europea y quejarse por discriminación respecto a otras naciones. No será fácil encontrar argumentos legales para rechazar un caso como este. La discriminación nacional está explícitamente prohibida por los tratados.
El Derecho de autodeterminación de los pueblos es un derecho internacional también reconocido por la UE. 
¿Significa esto que cualquier enclave puede formar su estado propio y reclamar los derechos de estado? ¿Puede la City de Londres independizarse de Gran Bretaña y obtener representación propia en la UE y en Naciones Unidas? Difícilmente, ya que no se trata de una nación con un pueblo diferenciable respecto a Gran Bretaña como unidad nacional especial.
Puede haber casos que estén en el límite y se hagan difíciles de decidir. Pero nadie puede poner en duda que tanto Escocia como Cataluña son dos naciones viables.
Gran Bretaña ha decidido que Escocia pueda votar sobre la independencia. Cataluña ha decidido lo mismo, pero España está en contra.
Escocia puede convertirse en un país como Dinamarca y añadirse a la cooperación nórdica y estar representada en la UE como lo está Dinamarca en la UE y en Naciones Unidas. Con un comisario, un puesto en el Consejo de Ministros y 13 representantes en el Parlamento Europeo. Para obtener esta representación es necesaria la revisión unánime de los tratados para la inclusión de nuevos estados miembros. Pero el punto clave radica en que los nuevos países ya forman parte de la UE.
No hay ninguna base para excluir a Cataluña y Escocia de la UE si votan por la independencia. Su pertenencia a España y Gran Bretaña es un asunto español y británico, en el que la UE no tiene competencia. En cualquier caso, las competencias españolas y británicas no son suficientes para expulsar de la UE dos naciones por el hecho de votar a favor de la independencia.
Los dos estados madre también estarían, por tanto, obligados a encontrar una solución si Escocia y Cataluña deciden independizarse.
El hecho de que la independencia se contagie a los vascos y otras naciones, y surjan muchos pequeños estados en la UE, llevará a una revisión general de la representación de los países de la UE. Los países grandes han mostrado reticencias a que todos los estados miembros tengan un comisario.
Probablemente se convocará una reunión de gobiernos de los estados miembros de la UE en 2015 por otros motivos. 
El Parlamento Europeo quiere volver a intentar convertir los tratados en una consitución.
Alemania quiere tener el control sobre las leyes de presupuestos de los diferentes países como condición para continuar con la contribución alemana a la supervivencia del euro. Si Escocia y Cataluña deciden independizarse, puede producirse un debate específico sobre cómo se deben organizar tanto las naciones como las regiones europeas.
La UE prohibe la discriminación contra las minorías nacionales, y esta directriz la considero fruto de mi obra en la UE. Fui invitado a hablar a la minoría alemana en Dinamarca, en su centro de enseñanza en Sankelmark, en el sur de Schleswig (Alemania). Les tenía que hablar de políticas agrarias en la UE y lo hice en sønderjysk [dialecto danés del sur de Jutlandia] que es la lengua común entre daneses y alemanes de la región fronteriza. Durante la pausa comí con el líder de la minoría danesa del sur de Schleswig, Anke Spoorendonk, y el líder de la minoría alemana del norte de Schelswig (Dinamarca), Hans Heinrich Hansen. Nos pusimos de acuerdo en formular una propuesta de prohibición de discriminación de las minorías nacionales en la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE.
Formé parte de las dos convenciones y no tuve dificultades en llevarlo a cabo. La disposición fue posteriormente incluída en el Tratado de Lisboa. De joven, con una mentalidad danesa en Aabenraa (Dinamarca), jamás habría soñado que habría colaborado a crear unos derechos conjuntos para danesos y alemanes en la región fronteriza y para todas las nacionalidades de la UE. A menudo he hablado en otros países sobre la forma ejemplar como hemos resuelto el tema fronterizo entre Dinamarca y Alemania.
Hans Peter Hansen, fue un gran referente para los habitantes del sur de Juntlandia antes de la reunificación [cambio de dominio alemán a danés de la región de Nordschleswig/Sønderjylland en 1920 mediante referendum] ya que estableció buenas relaciones con los miembros alemanes del Reichstag en Berlín, mientras que nunca dejó de lado su labor: conseguir que mis abuelos y otros pro-daneses del norte de Schleswig volviesen a Dinamarca. Los de mentalidad alemana aceptaron la redefinición de las fronteras porque así se decidió por votación en tres zonas.
H. P. Hansen tan solo quería a aquellos que se sintieran daneses. Respetó a nuestros vecinos alemanes, incluso después de haber caído en la Primera Guerra Mundial. Mi abuelo fue herido como soldado alemán durante la Guerra, pero yo nunca le oí decir ni una mala palabra contra los alemanes. Somos dos naciones diferentes y nos sentimos mejor como buenos vecinos. Los daneses entienden los principios de las minorías nacionales, las fronteras y el derecho de autodeterminación de los pueblos. Ojalá estos principios se puedan extender a toda Europa. Con o sin Escocia y Cataluña como naciones independientes.

Jens-Peter Bonde
Ex diputado del Parlamento Europeo

Fuente: Jyllands Posten 05.03.2014
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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.
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Respuesta al editorial de EL PAÍS «Un golpe de mano», de 18 de marzo de 2014

Editorial de EL PAÍS «Un golpe de mano», de 18 de marzo de 2014

En los primeros años de la llamada Transición, el diario EL PAÍS fue un poderoso instrumento de creación de opinión, y solía hacerlo a partir de su inequívoca identificación con la incipiente democracia. Una democracia reclamada por la calle y trasladada, en un grado entonces más que aceptable, a las estructuras del Estado a través de un proceso liderado por un presidente del gobierno, Adolfo Suárez, que reclamó de las cortes altura de miras para «elevar a la categoría política de normal, lo que a nivel de calle es plenamente normal». En esos años, EL PAÍS entendía lo que ocurría en las calles de España, lo que era «plenamente normal» en ellas. Tal vez siga entendiendo lo que es plenamente normal en las calles españolas, pero o no entiende lo que ocurre en las calles catalanas, lo cual le merma seriamente como creador de opinión al respecto, o lo entiende pero lo tergiversa o simplemente lo oculta, en cuyo caso no queda mermado como creador de opinión, sino desprovisto de toda credibilidad.

Junto con la credibilidad, parece estar perdiendo también la capacidad de sostener su esfuerzo como creador de opinión en observaciones sólidamente argumentadas. Entrar en la discusión semántica de los términos ‘elecciones plebiscitarias’ para intentar demostrar que son un ejemplo de la actitud manipuladora de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) es un recurso más propio de una conversación matutina de bar que de un equipo profesional del periodismo supuestamente de alta calidad. Pero ni siquiera eso es lo más preocupante. Como profesor de lengua y literatura en castellano que he sido durante bastantes años, puedo apreciar su interés por la precisión en el uso de las palabras. Lo que no puedo ni quiero ni debo aceptar, como ciudadano, es que esa discusión semántica sustituya cualquier elaboración sobre el significado plenamente normal que los términos ‘elecciones plebiscitarias’ tienen en las calles y en el Parlament de Catalunya y con el que, por cierto, Felipe González, a quienes ustedes protegieron durante muchos años, no tuvo ningún problema de comprensión lectora en su conversación con Artur Mas y Jordi Évole.
Pero hay más. Ustedes entienden perfectamente la descripción de un proceso por el que, si el gobierno de Mariano Rajoy no da los pasos para autorizar la consulta del 9 de noviembre, lo más probable es que el President Artur Mas disuelva el Parlament y convoque elecciones plebiscitarias, en las que los partidos que defienden el derecho a decidir y la celebración de la consulta como un ejercicio inequívocamente democrático de los derechos inividuales de los ciudadanos catalanes, se comprometerán a instar al nuevo Parlament a crear el Estado Catalán independiente. Si, como parece más que probable, esos partidos obtienen una mayoría más que holgada, ese compromiso se convertirá en un mandato recibido directamente de los electores catalanes. Eso es democracia. Entren ustedes a discutir eso, analizarlo, debatirlo en la sociedad española como se está debatiendo intensamente en la sociedad catalana, y rebátanlo con los argumentos que estimen apropiados. Vuelvan a ser verdaderamente creadores de opinión y entren en el debate, en lugar de evitarlo como hacen sistemáticamente el gobierno central y el PP. Y háganse conscientes de que cuando uno habla serenamente y el otro calla, el silencio pertinaz es el único que cree oír gritos en las palabras del que habla.
Entrando en el debate seriamente, y no con juegos semánticos evitativos, contribuirán a que la sociedad española debata qué país quiere tener, qué Estado quiere tener, qué aspectos valiosos de sus formas de pensar, sentir, actuar, ser quiere mantener y cuáles quiere o necesita cambiar. Contribuyan a que la sociedad española debata sobre sus identidades y sobre los efectos que el casi perenne y sin duda obsesivo centralismo castellanista ha tenido y sigue teniendo en la vida de los ciudadanos españoles. Contribuyan a que los españoles (no solo los políticos sino, ante todo, los ciudadanos, que es de quienes provienen los mandatos), conozcan mejor su historia, no como una sucesión de hechos supuestamente heroicos de sus élites, sino desde la perspectiva de los efectos duraderos de las acciones interesadas de esas mismas élites. Contribuyan a que los españoles sepan qué ocurrió no solo en 1714 sino, sobre todo, después, y desde entonces hasta hoy. Contribuyan a generar ese debate social que ahora no se oye por ninguna parte, y verán cómo entonces se desencadena el debate político en España que ahora no existe. Eso es lo que hace años estamos haciendo los catalanes: generar y mantener un intenso y sereno debate social que acaba siendo recogido, como debe ser, por nuestros representantes políticos que entonces, más que nunca, nos representan, no solo porque hayan recibido nuestros votos el día de las elecciones, sino porque escuchan el debate que se da en la calle, lo interpretan correctamente y lo asumen. Ustedes llaman a eso golpe de mano asambleario. Nosotros lo llamamos democracia.
Cuando sean ustedes capaces otra vez de escuchar a su ciudadanía, la española, y detectar en el debate (o en la ausencia de debate) social tendencias, síntomas, señales, indicaciones, y sean capaces de interpretarlas, utilicen ese caudal de información y elaboración para analizar lo que hace la sociedad catalana. Mientras tanto, tal vez sería más útil para todos que escucharan más y mejor, y recuperaran su propia memoria histórica como periódico y la del que durante décadas ha sido su partido de referencia, el PSOE, que defendió en su día el derecho de autodeterminación, ese mismo que hoy ustedes contribuyen a criminalizar.


José María Ribal (@josemariaribal)

Fuente: blog personal
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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.
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Señor Leguina, ¿quién necesita perdón?

El vulgo en Cataluña está perdido, desorientado. Manipulado y adoctrinado, se dirige inexorablemente hacia el despeñadero, hacia el precipicio. Hacia el abismo y hacia el espacio exterior. Somos un pueblo de súbditos, no ciudadanos; un rebaño de menores de edad a quienes han engañado y un loco conduce a la perdición.
Y de entre toda esa chusma que son «los catalanes», destaca la subclase de los «inmigrantes». Hoy día el 70% de los catalanes tienen orígenes fuera. Son los García, los Fernández, los Rodríguez, los Martínez… Todos los «ez» y muchos más. Esos son los peores, porque algunos se niegan a cumplir el papel que el régimen postfranquista les tenía reservado. Para eso el PSOE lo tenía todo atado y bien atado: masa sumisa, y entretenida de vez en cuando trayendo al presidente de la Junta de turno. A pesar de llevar algunos más de cuarenta años en Cataluña, a pesar de haber echado aquí raíces, a pesar incluso de haber nacido aquí, a pesar de sentirse catalanes, siguen siendo «inmigrantes» en Cataluña. Además de manipulados, son un hatajo de renegados y traidores, de estómagos agradecidos y tontos útiles. Son como los kapo judíos en los campos de concentración, son como el Tío Tom o como «el primer negro que salió en TV3 hablando catalán». Imperdonable.
Por suerte tenemos al salvapatrias Joaquín Leguina, que nos regala sus consejos y lecciones. Retorna desde la ultratumba y el olvido político para iluminarnos, ¡ay míseros de nosotros, ay infelices!. Resulta que lo que pasa en Cataluña, esto de sacar cientos de miles de personas a la calle, esto de la sociedad civil organizada para iniciar un proceso constituyente con reformas profundas desde la base, es culpa de Artur Mas, que está tó loco y se ha metido en un callejón sin salida. Él solito. El pueblo no pinta nada, estamos alienados.
Joaquín Leguina representa lo mejorcito de este régimen postfranquista que agoniza. Es de esos nacionalistas que niegan ser nacionalistas, porque nacionalistas son siempre los demás, que yo la tengo más grande. Todo el mundo sabe que nación solo hay una (grande y libre) que es la Española, de españoles, y en español, porque lo dice la Sacrosanta Constitución (española). A la mierda eso de entender la nación como un plebiscito diario, como un compromiso entre ciudadanos, como una voluntad de ser. Una nación, para el señor Leguina, lo es porque lo dice la ley. ¡Y punto!
Y si alguien no comulga con esa visión legalista, dogmática y étnico-identitaria monodireccional del señor Leguina (y otros muchos salvapatrias del régimen), es un traidor al que hay que combatir. Solo faltaría que lo resolvieramos debatiendo y decidiendo democráticamente. ¿Estamos locos? ¡Que esto es España!
Pues en esas estamos los catalanes. Haciendo locuras, como pedir que nos escuchen y poder votar. Y somos muchos los catalanes de distintos orígenes, con identidades diversas y que hablamos castellano sin estar perseguidos (a quien el señor Leguina considera indómitos inmigrantes), los que formamos parte de este proceso, siendo protagonistas. Porque de eso se trata, señor Leguina, de construir juntos, entre todos, algo nuevo, algo que intentaremos que sea mejor que lo que hay ahora. ¿Qué tenemos que hacernos perdonar? Lo que no nos podremos perdonar a nosotros mismos es dejar pasar esta oportunidad para poder decidir nuestro futuro. No nos podremos perdonar el dejar de luchar para seguir progresando, que es la misma lucha que trajo a muchos, a nuestros padres, a Cataluña.
Quizás el que se tiene que hacer perdonar algo es el señor Leguina. Se ha convertido en un cadáver resentido y amargado, que ahora reniega de todo aquello que él representa y con lo que ha colaborado cómplicemente. Es un claro exponente de todo aquello que no funciona, de aquello que hace necesario empezar de nuevo.
Señor Leguina, nosotros no vamos a pedir perdón por querer ser ciudadanos y dejar de ser súbditos de ése régimen del que usted forma parte. Pero le perdonamos su desconocimiento de la realidad, aún está a tiempo de ponerle remedio, de venir y acercarse a Cataluña y a los catalanes dejando de lado su nacionalismo y sus prejuicios. Mientras tanto, nosotros vamos haciendo camino, anem fent via


Coque García (@coquegarcia)

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La falacia en el debate nacional del concepto “ciudadano del mundo”

Hay muchas personas que se autodenominan “no nacionalistas” y se contraponen a otras que definen de forma manifiesta con que cuerpo social se identifican más (Catalunya, España, Francia, Euskadi). Se asume cierta posición de superioridad moral “yo estoy por encima de naciones y banderas” frente a los cavernícolas que defienden (o defendemos) que hay un cemento que cohesiona y genera los cuerpos sociales. En cierta manera me recuerdan el “la sociedad no existe” de los neoliberales de los años 80.

Es cierto que hay una extraordinaria minoría de verdaderos ciudadanos del mundo, que se sienten identificados con la humanidad en su conjunto sin ninguna preferencia identitaria de ningún tipo. Pero no es la mayoría que se autodenomina “ciudadano del mundo”.
Hay una prueba del nueve para atrapar a un “ciudadano del mundo” de postín. ¿Defiende que la redistribución de los impuestos de, por ejemplo, en Catalunya se haga a cualquier otra región del mundo y no, curiosamente a una región española? ¿Creen que las ayudas europeas han de ir primero a ciudadanos de Europa y luego a los del resto del mundo? ¿creen que los impuestos recaudados en España se han de invertir prioritariamente (99%)… en España?
Las respuestas a estas preguntas nos demostrarán su verdadera “ciudadanía del mundo”. Se puede alegar que desde el punto de vista racional tengamos más solidaridad con los que más cerca geográficamente tenemos (si el pueblo de al lado no es del todo miserable podré hacer negocios mejor y mi vida mejorará), o que desde un punto de vista emocional somos solidarios con aquellos que nos caen más cerca. Esto tiene respuesta fácil, preguntemos si se prefiere aportar impuestos para ayudar a los ciudadanos de las islas Canarias o a los de Tetuán (que nos queda más cerca a la inmensa mayoría de ciudadanos españoles) o a los del deprimido Ariege francés.
Le podemos llamar empatía social con los compatriotas, afinidad con los que nos sentimos más cercanos o identidad nacional. No entro a valorar como hemos conseguido tener más afinidad por un señor que vive a 1000 km. por el mero hecho de que pertenece al mismo estado que por el señor que vive a 300km y que habla portugués o francés o árabe. El hecho es que la mayoría de estos ciudadanos del mundo lo que tienen es un identitarismo republicano un “nacionalismo de lo cotidiano”, aunque existe algo de esa identidad de ciudadanía global es increiblemente más pequeña que la identidad nacional. Incluso cuando esa identidad “global” la limitamos a la de un continente.
Así que no nos dejemos arrastrar a ese juego dialéctico entre “ciudadanos del mundo (modernos, cosmopolitas y de mente abierta)” contra “nacionalistas (con boina y garrota)”. El debate es qué colectividades políticas son las que construyen la identidad, cuáles son útiles y cuáles han de poder tener instituciones y de qué tipo donde residir porciones de la soberanía popular. El resto es “bullshit”

José Rodríguez (@trinitro)
Fuente: www.joserodriguez.info
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Súmate en Madrid

Madrid 10 de marzo de 2014,

Una representación de la asociación Súmate aterrizó en la capital para realizar un acto de presentación en el Club de Amigos de la UNESCO de Madrid bajo el lema «Escucha España. Las razones de muchos catalanes para querer votar su futuro». El acto fue apadrinado por el catedrático y escritor madrileño Ramón Cotarelo y contó también con las intervenciones de Eduardo Reyes, presidente de Súmate; Nicolasa Fernández, portavoz y co-coordinadora en Tarragona; Manolo Ortega, ex miembro de UPyD, y José Rodríguez, militante del PSC, ambos miembros de Súmate, como ponentes.
Empezó Ramón Cotarelo explicando su admiración por Súmate y por qué ésta fue a buscarlo: «al ver un vídeo mío en Youtube les pareció bien invitar a un nacionalista español como yo». Cotarelo explicó la diferencia que veía entre un nacionalista español como él y uno que no quiere permitir que Cataluña pueda decidir su futuro. «Yo me siento un nacionalista español que integra a otras nacionalidades y no del otro tipo, que integre a otras en su seno contra su propia voluntad. Ese es un imperialista. Si no están de acuerdo deben tener el derecho a separarse si quieren. Yo soy partidario del derecho a decidir, más del derecho de autodeterminación«. Añadió que si Cataluña fuese independiente «España se relacionaría con Cataluña de igual a igual».
El catedrático y escritor habló del proceso que vive Cataluña: «existe la conciencia de ser nación. Sobre eso no se puede legislar porque es un sentimiento. Si Cataluña se independiza ¡yo me voy con ellos! El proceso catalán tiene mucha fuerza, es la fuerza centrípeta de una nación, y no una madrastra que solamente genera rechazo y odio. Súmate es lo que yo quisiera para España, gente que quiere formar parte de mi nación. Son la prueba de que éste es un asunto de la sociedad civil, no de las elites o la burguesía: gente normal como la gente de Súmate».
Para acabar su intervención explicó qué pasaría con Europa bajo su punto de vista y por qué España ha llegado a esta situación. «¿Alguien puede imaginar Cataluña fuera de la UE? ¿La región más europea de España fuera de Europa? No se enteran de nada… ¡antes se helará el infierno! […] La transición fue la última oportunidad que tuvo este país para ser un país normal, si los que tuvieron que llevarla a cabo hubiesen jugado limpio. Soy nacionalista español, y me gustaría que España fuera distinta. Pero mientras tanto, si yo fuera catalá sería independentista […] Si alguna esperanza tiene España de despertar, es con la sacudida catalana; si no, es que está muerta«.
Siguió el turno de ponencias el presidente de la entidad, Eduardo Reyes: “soy español, cordobés y catalán, y queremos trabajar por esa tierra donde vivimos para dejar un futuro mejor a los que están por venir, y hoy hemos venido a Madrid para que escuchen las razones del pueblo catalán para querer decidir su futuro y para que nos dejen votar. Lo que pasa en Cataluña es de abajo para arriba, es la sociedad civil la que empuja, no los partidos políticos«.
Eduardo dió paso a Nicolasa, andaluza de nacimiento, portavoz de la entidad y co-coordinadora de Súmate en Tarragona, quien explicó que «Súmate somos aquellas vidas humanas que llegaron a Cataluña desde alguna otra parte de España o hijos de aquellos que llegaron y que quieren decidir sobre el futuro de Cataluña, y además quieren que sea un estado independiente. Ni renunciamos a nuestras raíces, ni renunciamos a decidir nuestro futuro«.
A continuación Manolo Ortega, vicepresidente de Súmate y ex militante de UPyD, contó cómo la fábrica en la que trabajaba presentó el primer ERE, aunque la empresa presentaba beneficios, horas después de la primera reforma laboral de Rajoy, y cómo aquellos partidos contrarios al derecho a decidir no mostraron apoyo alguno a los trabajadores y sí lo hicieron los partidos favorables a la consulta. “Antes estaba en UPyD, pero no hablaban de federalismo y defendían que para ser español tenías que dejar de ser catalán; por eso decidí dejar de pertenecer a UPyD, yo soy español ¡pero también catalán!». Manolo, simpatizante del Real Madrid y de la Roja, es partidario del derecho a decidir y de la independencia de Cataluña. «Muchos hemos tenido que defender Cataluña en España, y España en Cataluña; esto último ya nos es cada vez más difícil porque nos dejan sin argumentos«.
Finalmente José Rodríguez, barcelonés, hijo de andaluces y militante del PSC, habló sobre la siempre negativa respuesta del Estado español a Cataluña. «El partido que no era mayoría en España tiró atrás el Estatut y ahora niegan la consulta, no abren la puerta al diálogo. Los colectivos proconsulta son sindicatos, asociaciones de vecinos, banco de alimentos, sociedad civil… : todos aquellos que cosen la sociedad; en cambio, los que hablan de fractura al otro lado, los que se oponen, son los que salen a la foto del príncipe Felipe, los del Puente Aéreo, aquellos que han provocado 800.000 parados en Cataluña y quieren mantener el status quo y controlar el poder político y económico«. José analizó que la estrategia del Estado es una «estrategia de dilatación, de dejar pasar el tiempo», pero «la consulta es inevitable, los catalanes vamos a decidir nuestro futuro; tan solo pueden dilatarlo«.
Finalizaron el acto Ramón y Eduardo. El primero añadió por último que «el miedo debe tenerlo quien lo esgrime como argumento«. Eduardo acabó reivindicando la soberanía del pueblo catalán y que ésta acabará «con aquellos poderes que nos han llevado a esta situación y además el poder pasará al pueblo de Cataluña».