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España, te quiero

Es un hecho que Catalunya se va. La situación ha llegado a tal punto que es imposible seguir en un sistema autonómico como el actual. Las inercias centrípetas de los dos partidos del régimen PP y PSOE, que jamás se han acabado creyendo el invento de las autonomías, con el centralismo uniformador del nacionalismo castellanizante-español de siempre cada vez menos disimulado, hacen que solo queden dos opciones: o marcha atrás e involución, o dar el paso y seguir cada uno su camino.

Aquel cuento de la España plurinacional, la conllevancia y el encaje ideal dentro de la arquitectura improvisada durante la «modélica» transición que nos vendieron ya no se lo cree nadie. Por eso resulta patético, e incluso insultante, que surjan ahora cantos federalistas (o «terceras vías» e inventos similares)  para intentar engañar y demorar lo inevitable. Porque ni siquiera quien recurre a ello se lo cree de verdad. Y no será porque no se haya intentado desde Catalunya, desde hace más de 100 años…
Desde España lo han intentado ignorar. Para ellos no existía ningún problema, no tenían de qué preocuparse. Era el victimismo catalán, que se acabaría conformando con alguna migaja, aprovechado también por algunos en Catalunya para «lo suyo»… Pero cuando no han podido ignorarlo más, han pasado al discurso del miedo.
Han pronosticado las siete plagas bíblicas, las peores desgracias y maldiciones que estaban por caer si los catalanes acaso siguieramos empeñados en hacer algo tan subversivo y peligroso como meter una papeleta en una urna. Han amenazado con dejarnos fuera de la UE, como Islandia, Noruega o Suiza… y fuera del Universo si pudieran, por los siglos de los siglos. También fuera del euro, donde no tendríamos poder de decisión si nos diera por negarnos a vaciar nuestros bolsillos y lo siguieramos utilizando como hacen Andorra o Montenegro… aunque España no tenga ni silla en el Comité Ejecutivo del BCE. Después han pasado a amenazarnos con que deberemos hacernos cargo de la correspondiente deuda públicacomo si siguiendo en España no la tuvieramos ya que pagar. Por no hablar del coste que supondría las estructuras propias de un estado: pagar fuerzas de seguridad, servicios secretos, diplomáticos, inspectores de hacienda o jueces… como si no lo estuvieramos haciendo ya, además de mantener a famílias reales, submarinos que no flotan, sables de gala o la piscina para el embajador en Riad. Y con las pensiones; nos han amenazado, yendo incluso a residencias a asustar a nuestros mayores, con que España, que nos quiere tanto, no nos pagará las pensiones. Mintiendo descaradamente, puesto que las pensiones en un sistema de reparto como el nuestro no las paga «España» de lo que se ha acumulado, sino los trabajadores actuales con sus cotizaciones. Poco podría pagar España cuando se ha fundido el Fondo de Reserva, metiendo mano para comprar su propia deuda pública…
Y, ante la falta de argumentos racionales para hacernos desistir de usar los peligrosos sobres (con papeletas), recurrirán a los argumentos emocionales. Apelarán a los sentimientos, intentarán dividir la sociedad, utilizarán (como ya vienen haciendo) la lengua para romper la cohesión. Se inventarán las calamidades que padeceremos los castellanohablantes tras la independencia, como si la sociedad catalana no hubiera demostrado ya sobradamente su carácter abierto, integrador y plural. Pero también nos dirán que nos quieren, prometerán que van a cambiar, que dialoguemos, que lo sigamos intentando… como si hasta ahora nos hubieran hecho mucho caso.
Catalunya y España tienen proyectos políticos distintos. Ni mejores ni peores, distintos… e incompatibles. Para que Catalunya siguiera dentro de España debería renunciar a ser lo que es; y la España con la que sueña (soñaba) Catalunya es imposible. España lo ha dejado claro de manera contundente en numerosas ocasiones, cada vez que desde Catalunya se ha intentado. En este punto lo mejor para ambas partes es un divorcio acordado, y no seguir con la retahíla de reproches y maltrato contínuos. Es muy egoista retener a quien quiere partir, y obcecarse en intentar que la otra parte cambie. 
Eso no es amor.

España ya ha dejado claro que no quiere cambiar, y Catalunya que quiere seguir su propio camino. Si los españoles quieren a Catalunya, que la quieran libre. Y si los catalanes quieren a España, que la quieran tal como es, no empeñándose en hacer que cambie contra su voluntad. España no pierde, gana la oportunidad de construir una relación desde el respeto y el interés mútuo con un país vecino con el que comparte tantísimas cosas. Y gana también la oportunidad de acabar con todo aquello que está en ruinas, emprendiendo las reformas que tiene pendientes… si los españoles quieren.
Yo amo España. Mis padres nacieron allí, mi lengua es el castellano, tiene una riqueza cultural admirable… Y estoy orgulloso de todo ello, porque forma parte de mí y no voy a renunciar a ello, ni nadie me va a obligar a que lo haga. Pero es hora que España y Catalunya sigan su propio camino.
Así que con todo el amor desde Catalunya: Adéu, Espanya.

Coque García. 
Miembro de SÚMATE.
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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.
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El clima político actual: una nueva etapa histórica para Catalunya

Se podría decir, que el pasado 11 de septiembre del 2012 muchos fuimos los que quedamos sorprendidos del volumen que tomó la Diada; yo mismo, que he asistido a todas las diadas desde 1977 junto a mi mujer, catalana ella, y mi hija a hombros siendo un bebe, esperaba de ésta una Diada más
Pero, ¡sorpresa! los mismos políticos que con su buen hacer, han demostrado a todos que no les importa el pueblo, al que engañan a base de mentiras, que en cuanto salen elegidos dan la vuelta a todo su programa sin el más mínimo rubor.
… Que los partidos que desde la transición han gobernado España, tienen sus filas llenas de corruptos y que cada vez piden más esfuerzos a la clase más baja mientras ellos se van de rositas, donde uno tiene un amigo narcotraficante y que casualidad que era muy amigo pero no sabia como se ganaba la vida.
… Que una señora se encuentra un jaguar en el garaje y pobrecita ella no lo había visto.
… Que un tesorero de un partido muy «popular» tiene una cuenta en Suiza con la friolera de, lo digo en pesetas que jode más, 8.153 millones. Cantidad con la que ningún ciudadano honrado puede sino soñar.
… Que el mismísimo Sr. presidente del gobierno cobra aprox 800 € por vivir gratuitamente, con servicio y todas las comodidades inimaginables para un ciudadano de a pie, en un palacio propiedad del pueblo.
… Que casi todos los ministros y diputados cobran dietas de 1.800 € teniendo hasta 5 pisos de propiedad en Madrid al tiempo que piden austeridad a aquellos que apenas ganan 1.000 € al mes.
Pues bien, para no entrar en mas detalles porque creo que se me quemaría el ordenador y no están los tiempos para gastos, pasamos directamente al clima político que nos rodea.

El pueblo catalán ya dijo el pasado 11 de septiembre del 2012 hasta aquí hemos llegado y este 11 de septiembre del 2013 se reafirmó contundentemente con una cadena humana, de punta a punta de Cataluña, formada por catalanes ya sea de nacimiento o los que plantamos aquí nuestras raíces y nos convertimos en catalanes, donde invertimos en futuro y no estamos dispuestos a que nos hagan el corralito del esfuerzo y sacrificio de nuestros padres que lo dieron todo por construir en esta NUESTRA TIERRA un futuro mejor.

Yo hijo de Córdoba, a la que adoro como adoro Cataluña, quisiera dividirme para disfrutar y luchar por las dos, pero tengo que decidir y decido que mi tierra es allá donde mis hijos y nietos puedan tener la más digna de las posibilidades de vida.
Entiendo perfectamente que hayan paisanos a los que les cueste tomar esta decisión, pero por favor, que no sea por ignorancia. Infórmate de de las grandísimas ventajas que te ofrece una Cataluña independiente bien administrada, piensa en la seguridad que te ofrece una empresa donde el reparto de bienes sea mas justo, donde tus impuestos sean mejor gestionados y mas racionalmente empleados, donde tus hijos tengan la misma posibilidad de estudiar y trabajar que cualquiera.
Yo sufrí una inmigración y no deseo que nadie tenga que irse de su tierra.
Cataluña es la tierra de todo aquel que en ella vive y trabaja y a pesar de aquellos pocos, muy pocos, que por intereses partidistas quieren que siga bajo el yugo como tierra conquistada, Cataluña ya ha sido conquistada por todos aquellos que nos sentimos catalanes y decimos.
VIVA CATALUÑA LIBRE  ¡AH! Y POR FAVOR! SÚMATE.
Eduardo Reyes.

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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.
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En respuesta al profesor Granell

A continuación publicamos la respuesta de Vicenç Aparicio al professor Francesc Granell.

En respuesta al profesor Granell

En la entrevista que se publica en El País el profesor Granell hace varias afirmaciones sobre una eventual independencia de Cataluña que, por su contundencia, difícilmente pasan desapercibidas al lector.

▪ Cataluña y la Unión Europea.
Es difícil saber qué sucederá con la Unión Europea si Cataluña se convierte en un estado independiente porque no hay ningún precedente de una secesión de un territorio de un Estado miembro que forme parte de la Unión.
La Convención de Viena, de 1978, sobre sucesión de estados en materia de tratados sólo se aplica en defecto de lo que prevea la propia organización, en este caso, la Unión Europea. Y aquí, cada organización internacional tiene sus propios criterios. Por ejemplo, para formar parte de las Naciones Unidas hay que solicitar el acceso, si bien ha habido una excepción, cuando Siria se escindió de la República Árabe Unida en 1961, de la que formaba parte con Egipto. Entonces fue admitida automáticamente a las Naciones Unidas. Otras organizaciones internacionales aceptan la admisión directa si se cumplen ciertas condiciones (como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional), y otros no ponen ningún tipo de condiciones para la admisión directa (como la Unión Postal Internacional y la Organización internacional de la Energía Atómica). Las soluciones son, pues, diversas y dependen de cada organización internacional.
Ante el silencio de los tratados, una tesis que podríamos llamar contractualista, y que parece que es la que mantiene la Comisión de la UE cuando se ha pronunciado sobre esta cuestión, sostiene que , en tanto que Cataluña se convertiría en un nuevo estado que no sería parte en los tratados comunitarios , debería solicitar su admisión . Esta es la tesis que también sostiene el profesor Granell.
Ahora bien, en este caso hay que advertir que la expulsión automática de la Unión Europea sólo tendría lugar una vez Cataluña fuera reconocida como estado independiente, de lo contrario, es decir si el resto de Estados miembros siguen reconociendo la soberanía española sobre el territorio y la población de Cataluña, no podría darse esta » expulsión”. Es más, para que España pudiera expulsar de la Unión Europea una Cataluña que no ha sido reconocida como estado independiente por el resto de estados , debería modificar los tratados para excluir el territorio de Cataluña de su aplicación, lo que requiere la unanimidad de los estados miembros. Así pues, incluso siguiendo la doctrina que parece mantener la Comisión Europea, el no reconocimiento de Cataluña como estado y su expulsión de la Unión Europea son realidades incompatibles.
Tampoco sería necesario iniciar un proceso de adhesión que se prolongara en el tiempo. En la medida que una Cataluña independiente cumpliría todos los criterios de Copenhague , mediante una decisión en el seno del Consejo Europeo ( reunión de los jefes de Estado y de gobierno de los estados miembros ), que debería ser unánime, adoptada el mismo día de efectos de la independencia, se podría acordar la adhesión de Cataluña a la Unión Europea.
Otros autores defienden una tesis, que podríamos llamar institucionalista, según la cual con la secesión de una parte de un estado miembro se produce una ampliación interna de la Unión Europea, de modo que, en caso de independencia, Cataluña permanecería dentro de la Unión Europea, si bien deberá iniciar una negociación con el resto de los estados miembros para modificar los tratados en sus aspectos institucionales. La idea de fondo es que la Unión Europea es más que una organización internacional, se trata de una confederación o federación de estados, con disposiciones que no sólo se aplican a los Estados miembros, sino que también son de aplicación directa a los particulares.
En términos similares, en un dictamen del profesor Roland Vaubel, entiende que la solución que resulta compatible con los fines de integración de la Unión Europea, es la aplicación del artículo 34 de la Convención de Viena, según el cual ambos estados, tan España como Cataluña seguirían siendo miembros de la Unión Europea.
En medio de estas, se han planteado otras opciones, que también son compatibles con los tratados, como la que se formula en el dictamen del profesor Graham Avery por encargo del Parlamento Británico. Según esta propuesta, se produciría una situación transitoria en la que el Reino Unido mantendría la soberanía nominal sobre Escocia, mientras Escocia negociaría con el resto de Estados miembros la reforma de los tratados y, una vez ésta tuviera lugar, se produciría la independencia formal de Escocia.
Así pues, no hay obstáculos jurídicos que impidan que Cataluña permanezca dentro de la Unión Europea en caso de independencia. En último término, dependerá de la voluntad política de los autores.
En cualquier caso, también es bueno recordarlo, una Cataluña independiente podría acceder al mercado común incluso si no fuera miembro de la Unión Europea. En este sentido, Cataluña podría firmar con la Unión Europea un tratado comercial bilateral, que, de acuerdo con lo previsto en los artículos 207 y 218 TFUE, no requiere la unanimidad de votos en el Consejo de la UE para su aprobación, sino la mayoría cualificada . No hay obstáculo jurídico para que este tratado comercial abarque las 4 libertades comunitarias: la libre circulación de mercancías, servicios, capitales y trabajadores.
▪ Cataluña y el euro.
Poco puedo añadir a lo que ya ha escrito el profesor Jordi Galí. Una Cataluña independiente puede adoptar el euro como moneda propia, y las entidades financieras que operan en Cataluña podrían acceder a la liquidez del Banco Central Europeo a través de sus sucursales abiertas en estados de la Eurozona, ya que, de acuerdo con la documentación general sobre los instrumentos y procedimientos de política monetaria del Eurosistema, publicada por el BCE, cumplirían con los requisitos para ser «entidades de contrapartida», en concreto, estar sujetas al sistema de reservas mínimas, ser solventes y cumplir con los requisitos establecidos por el BCE.
También podría acuñar monedas de euro propias, y las entidades financieras que operan en Cataluña acceder directamente a la liquidez del BCE (sin tener que hacerlo a través de sus sucursales), si Cataluña firma un acuerdo monetario con la Unión Europea, como los que ésta tiene ya firmados con Mónaco, San Marino, El Vaticano y Andorra.
Dice el profesor Granell que si Cataluña abandonara el euro y tuviera moneda propia «estaríamos condenados a la devaluación». No se entiende esta conclusión cuando Cataluña es una economía netamente exportadora. En el siguiente gráfico, con datos extraídos del INE y de la base de datos trimestral del comercio interregional de bienes C-interreg, se ve, en datos anuales, la evolución de la balanza comercial exterior de Cataluña y de España, en proporción al PIB.

A diferencia de España, Cataluña es una economía exportadora neta y, ante una salida del euro, no se ve por qué debería devaluar si con el tipo de cambio actual ya es competitiva.
▪ Cataluña y las deudas del reino de España.
Dice el profesor Granell: «No se puede decir, como hace algún ilustre colega, que la deuda es del Reino de España y que nos desentenderíamos. Entrar en el mundo sin reconocer las deudas como parte de España y las propias es incorporarse con muy mal pie en el sistema internacional. Si se entrara en esa dinámica no sé si podríamos subir pensiones o luchar contra la crisis como nos prometen”.
Hay que partir de la premisa de que si una Cataluña independiente no es reconocida como estado por España, tampoco puede suceder el reino de España en su posición deudora. Para que pueda haber sucesión en las deudas hay un acuerdo entre el estado predecesor y el estado secesionado, y de este acuerdo, que es un auténtico tratado internacional, sólo pueden ser parte los sujetos de derecho internacional, esto es, estados u organizaciones internacionales. En defecto de acuerdo, no es que Cataluña se desentienda de las deudas de España, sino que el único obligado por estas deudas frente a sus acreedores es el reino de España.
Nota adicional :
La Convención de Viena, de 1983, sobre sucesión de Estados en materia de bienes, archivos y deudas del estado, que está llamada a regular esta cuestión , no ha entrado en vigor porque no ha sido ratificada por un número suficiente de estados. En todo caso, conviene destacar que no es de aplicación a todas las deudas, sino a aquellos que están contraídos con sujetos de derecho internacional ( no con particulares ). El principio por el que opta la mencionada convención (que, insistimos, no está en vigor ), es que las deudas del estado predecesor pasan al estado sucesor en una proporción equitativa, teniendo en cuenta los bienes, derechos e intereses que pasan al estado sucesor en relación con la deuda del estado. Así pues, el criterio de reparto no sería ni el PIB ( 19% ) ni la población ( 16% ), sino la proporción de bienes, derechos e intereses que pasan a Cataluña. Los bienes que pasarían a Cataluña serían los bienes inmuebles ( edificios , infraestructuras ) ubicados en el territorio de Cataluña, los bienes muebles vinculados a estos, y los bienes muebles e inmuebles situados fuera de Cataluña «en una proporción equitativa». Asumiendo que sólo pasarían a Cataluña los bienes situados en Cataluña, el criterio de reparto que mejor se adecuaría a la Convención de Viena de 1983 sería el porcentaje de inversiones ejecutadas en Cataluña en los últimos años.

Vicenç Aparicio. Abogado, licenciado en Derecho y Administración de Empresas (UPF) y en Ciencias Políticas (UOC)
Extraído del blog de Jordi Graupera.

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De Europa no nos moverán

España cree que ha conseguido la piedra angular que hará que los «sediciosos» catalanes dejemos de soñar con quimeras: la expulsión inmediata de la UE (e incluso algunos ilustrados han dicho que también de la ONU. Supongo que hablan para gente que no conoce como funcionan estos organismos…). No soy nadie para hacer recomendaciones a España, pero sin lugar a dudas jugárselo todo a una carta y que realmente tú no controlas puede traer penosas consecuencias para ellos.

Sí, he dicho que España no controla esa carta. La posición de España llegado el momento de la independencia de Catalunya será bastante difícil y como casi siempre es de suponer que vendrá alguien de fuera a explicarles cual es la opción que más les conviene. Analicemos la situación. Es bastante probable que Catalunya salga de la UE ya que se trata de un nuevo Estado, pero incluso esta salida de la UE traería beneficios diplomáticos: para que te echen de la UE hace falta que el resto de Estados (incluidos España) te reconozcan como un país diferente. Primer triunfo, sigamos.Catalunya es un territorio que lleva 27 años en la UE y cuya legislación está enteramente adaptada al Derecho Comunitario, esto significa que la entrada de Catalunya en la UE se podría hacer en cuestión de semanas lo justo para renegociar los votos que tendríamos en el Consejo y los eurodiputados que nos corresponderían. Esto parece cienciaficción pero es cierto y si lo parece es porque contamos con que España nos vetará. Curioso que el país que tanto nos quiere y tanto se preocupa por nuestro futuro nos vete por haber decidido democráticamente su futuro. El veto tendría consecuencias para Catalunya, está claro. Pero también las tendría e importantes para España.

De acuerdo con la legislación internacional en la materia (la Convención de Viena principalmente), en caso de una independencia pactada el estado de nueva creación debe asumir la parte proporcional a su PIB en el conjunto del estado (en el caso de Catalunya el 22%) de la deuda del antiguo Estado así como también de los activos (por ejemplo obras de arte de titularidad estatal del Prado o del Reina Sofía) y si el nuevo país lo desea, todos los tratados firmados mientras estaban juntos podrán vincularle también una vez separada. Es decir si Catalunya y España se divorcian amistosamente, tendríamos que asumir el 22% de los 900.000 millones de euros de deuda española así como el 22% de los bienes del estado pero España no nos podría vetar en ningún organismo. Qué pasa si no es amistoso y España decide vetarnos? Simple y llanamente que España y quizás la UE entra en quiebra. España debería asumir sus 900.000 millones de deuda más la deuda que dejase Catalunya, es decir en total el 110% de toda la riqueza que genera España iría destinado a pagar la deuda. Realmente nos quieren hacer creer que la UE no le hará a España, llegado el momento, tragarse el orgullo y no poner en riesgo la economía de todos? Cuesta trabajo imaginar que un club económico se sentencie a muerte por el orgullo patrio de uno de los miembros…

Pongámonos en lo peor y pensemos que realmente nos expulsan de la UE y lo hacen por bastante tiempo, significaría eso que los catalanes no podremos comerciar con el exterior, ni salir de nuestro país, que no llegarán productos de fuera, que tendríamos que crear nuestra moneda…? En el caso improbable que esto sucediera (Catalunya es una de las economías más abiertas de toda la UE, tiene el PIB de Portugal o Grecia con menos población y sería contribuyente neta a la UE), nadie impediría a Catalunya firmar los tratados de libre comercio que desee y con quien desee. En ningún caso habría ni fronteras ni aranceles como no los hay con Andorra o con Suiza que no forman parte de la UE. No habría aranceles básicamente porque no interesaría a nadie: ni a nosotros ni mucho menos a España cuyo 60% de exportaciones que salen por carretera o tren salen por el paso de La Jonquera. De verdad España va a pagar por esas exportaciones aranzeles a Catalunya? Van a sacarlo todo por Irún colapsándolo? Los empresarios de la huerta de Almería, Valencia, Murcia que van hacia Centroeuropa, Italia, Balcanes…. van a asumir hacer 400-500 km más por temas patrióticos? Lo dudo. Europa tiene fórmulas como la EFTA para que países que no son de la UE tengan libre comercio con los que si forman parte (para mi sería la solución óptima para Catalunya) y también tiene la posibilidad de entrar en el Tratado de Schengen con el voto de la mayoría de los miembros. Vamos, que no veremos una Catalunya aislada del mundo ya que ni a España le interesa y existen mecanismos para que esto no sea así.

Sobre el euro se ha escrito mucho también, el debate es cuanto menos absurdo. Cualquier país puede decidir que moneda tiene, si se desea podríamos tener dólares, libras, crear nuestra propia moneda o lo que será lo más probable adoptar el Euro como lo tienen países que no forman parte de la UE (Andorra, Mónaco, San Marino…). El inconveniente de formar parte del Euro sin hacerlo de la UEM es básicamente que no podríamos influir en el BCE, pero es que ahora lo hacemos? Tiene influencia Catalunya en el BCE? Ninguna. Por cierto, muchos economistas consideran que la creación de una moneda y banco central propio sería una gran fórmula de estimular la economía… Diez años después se ha visto que el euro no es la panacea.
Como hemos visto hay muchas fórmulas para ver que Catalunya por conveniencia de unos y otros tarde o temprano estaría en la UE y mientras no lo estuviera habría fórmulas para que el cambio no fuera traumático para nadie. Incluida España.

Jaume Urós Guijarro
Extraído con consentimiento expreso de su blog
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Con la ‘estelada’ en el balcón

Hola Jordi, ante todo quisiera decir que me gusta mucho tu estilo periodístico y que creo que te muestras siempre crítico, o tan crítico como los medios de nuestro país permiten, por lo que te estoy muy agradecida. También me ha gustado tu artículo ‘Uno de la mayoría silenciosa’, que contestaba la opinión de la vicepresidenta Saenz de Santamaría. Yo, como tú, no soy demasiado partidaria de patrias y banderas pero sí fui a la Via Catalana, tengo la estelada en el balcón y hago todo lo que puedo para conseguir que Catalunya sea un país independiente. Esto puede parecer una contradicción pero no lo es y, por este motivo, quiero contarlo; porque me parece que hay mucha gente que piensa como tú y tengo ganas de aclarar este aspecto.
Yo no soy nacionalista tal como lo son aquellos que quieren imponer su lengua y su cultura de manera uniformizadora a territorios diversos, aquellos que niegan el derecho de expresión, que utilizan la justicia para imponer sus ideas pasando por encima de la expresión democrática de los pueblos y que basan su dominio sobre territorios amparándose en el derecho de conquista. Estos nacionalistas, digamos hegemónicos en un territorio determinado, no utilizan este término para definirse a sí mismos y, en cambio, lo utilizan muy a menudo, y siempre dándole un sentido peyorativo para referirse a los territorios o a las personas que se manifiestan en contra de su dominación. El nacionalismo español ha utilizado y utiliza este recurso en la mayoría de la prensa de todo el Estado, que de alguna manera u otra controla, y hay muchas personas que, de manera acrítica han hecho suya esta visión; se repite una idea sin ningún tipo de argumentación pero las sucesivas repeticiones la hacen familiar hasta el punto de que ya no es cuestionada y se da por buena de manera generalizada. De esta manera se ha llegado al punto de que cuando se habla de nacionalismos nunca se piensa en el español, con toda la carga de dominio que este hecho conlleva.
Para mí la estelada es un símbolo que expresa una reivindicación, de la misma manera que lo hacen imágenes como el Gernika de Picasso, el póster del Che Guevara… La utilizamos ahora para demostrar que no queremos estar más sometidos al Gobierno de España, para lograr un cambio que beneficie a todas las personas que viven en Catalunya , a los que hablan catalán y los que hablan castellano , los son nacidos aquí y los de fuera , los que se sienten catalanes y los que se sienten españoles, porque consideramos que seguir viviendo como ahora hacemos nos perjudica a todos. Cuando consigamos la independencia y podamos ser un país normal, cuando no tengamos que reivindicar nada en este sentido, sacaremos las esteladas de los balcones y nuestras protestas irán dirigidas al Gobierno de Catalunya que será entonces el único responsable de la política de nuestro país. Y estoy segura de que no pondremos ningunan bandera gigantesca en la plaza de Catalunya.
Teresa Calveras (Barcelona) en El Periódico

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«A los catalanes ya nos da igual»

Señor Rubalcaba: Soy un socialista, ¡ay!, catalán de padres andaluces, y sigo con frecuencia e interés sus intervenciones, especialmente las referentes a la Diada nacional de Catalunya. Ante su próxima visita a nuestro país, donde tendrá ocasión de manifestarse nuevamente, me gustaría trasladarle mi opinión sobre nuestra situación, no tanto porque piense que representa a una amplia mayoría de catalanes (que también), sino porque creo que tiene interés para usted, y en general para la clase política, escuchar más al ciudadano de a pie que a sus correligionarios, seguramente más preocupados, a la hora de asesorarle, en mantener su propio estatus que en resolver las cuestiones que preocupan a sus representados. Mi preocupación: creo que desde hace años se ha traspasado ampliamente una línea roja en la política española consistente en el ninguneo, el desprecio y el avasallamiento, de facto i de iure, de Catalunya. Unas veces por intereses electorales, otras por centralismo, por perspectiva imperialista, por desconocimiento o cualquier otra causa… nos da igual. Atrás quedan la Constitución, los estatutos de autonomía, el pacto fiscal y los intentos fallidos de acomodarnos como buenos vecinos, porque, si alguna cosa tenemos clara en la Catalunya de hoy es que no necesitamos una carta rogada al estilo de las del siglo XIX, aquellas concesiones que otorgaban los reyes para calmar las protestas de sus súbditos.
Guárdense su concesiones el ministro Margallo y usted mismo (y, de paso, el señor Navarro) y no insistan más en esta vía: España nos hará alguna concesión para salir del paso, porque nos da igual. No pierdan el tiempo en recontar y cuestionar los asistentes a nuestras manifestaciones, hacer fotografías de la parte trasera del escenario del Concert per la llibertat, decir que ponemos figurantes de cartón, cuestionar la legitimidad de Rafael Casanova, los hechos de 1714 o cualquier otra crítica, porque nos da igual. Sabemos que buena parte de la elite política actual, también la catalana, que no conoce otro modo de vida que los ingresos públicos (sean mediante transferencia o mediante sobre), antepone sus propios intereses: ser diputado, o senador, tal vez ministro y mejor si es de Exteriores, a las aspiraciones y el mandato de sus electores. Pero estos, al fin, ven llegada la posibilidad de una nueva etapa donde todo sea posible, sin el lastre de un sistema del pasado que ya nos da igual. Nos da igual, porque no deseamos, ni necesitamos nada de nadie; no esperamos que nos hagan ningún favor, que nos den un dinero que no es nuestro ni que nos hagan autopistas, puertos o aeropuertos que correspondan a otros. Lo que queremos, más que nada, es ser. Queremos ser como somos, gente trabajadora, pacífica y digna y, también, orgullosa. Con nuestras virtudes y nuestros defectos, queremos que nos reconozcan como sus iguales (no más, pero tampoco menos) y así, como sus iguales y si las circunstancias y el buen sentido de todos lo permiten, y después de este reconocimiento, entendernos y tender puentes de buena vecindad que nos aseguren a todos el mejor de los futuros posibles. Hoy, la ciudadanía de Catalunya, de manera mayoritaria, ha tomado conciencia de su existencia, de sus derechos y de sus expectativas, y ningún escenario de los que nos dibujan, por apocalíptico que sea, nos va a hacer cambiar nuestra manera de ver las cosas, porque ya nos da igual.
Creo, señor Rubalcaba, que la mejor opción, y no solo para los socialistas españoles y catalanes, es un giro radical en la actual orientación, que pase por el reconocimiento de la identidad catalana, del derecho de los catalanes a que tomen sus decisiones, equivocadas o no, de que estos puedan expresarse libremente con todas sus consecuencias. Y si llega el caso de una Catalunya independiente, poder presentarse, cuando menos, como una opción que defiende las libertades y respeta las opiniones de los ciudadanos, para así poder comenzar a trabajar de nuevo desde el día 1 por las ideas de progreso que tanto usted como el señor Navarro y a despecho del esfuerzo de generaciones anteriores, parecen estar condenando a la extinción. Hoy, la paradoja, señor Rubalcaba, es que para que exista una posibilidad de seguir juntos, primero tendremos que separarnos, y cuanto mejores sean las condiciones de la separación, más aumentarán las posibilidades de una nueva unión, porque no se puede negociar nada desde la desigualdad y la asimetría, ¿y sabe por qué? Porque cualquier otra opción, a los catalanes nos da igual.
Ramón Gutierrez en El Periódico
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Catalunya y Europa… Otra vez

Inmediatamente después del éxito de la Via Catalana, el Estad español ha puesto en marcha toda su maquinaria y desde todos los frentes posibles. Ahora, als catalans se nos acumula la faena y hará falta que sepamos encajar los golpes que vayamos recibiendo; que serán muchos, cada vez más fuertes y dirigidos allí donde anímicamente nos pueden hacer más daño como sociedad.

Ahora toca, otra vez, hablar de Europa. De hecho, este es un tema que puede introducir el factor de la duda entre los más indecisos, entre las personas menos informadas y, también, entre las menos formadas (y lo digo sin ningún ánimo de ofender). El miedo a quedar fuera de la Unión Europea es un miedo irracional, es cierto, pero dificilmente controlable y rebatible.
Repasemos los titulares de hoy: «Bruselas cierra la opción sobre el futuro europeo de un Estado catalán» (El País); «Advertencia de la UE a los sediciosos catalanes» (ABC); «La UE deja claro a Mas que una Cataluña independiente quedaría fuera de la UE» (La Razón); «Bruselas avisa que Catalunya podría quedar fuera de la UE» (La Vanguardia); «Ducha fría europea» (El Periódico). ¿Alguien piensa que esta coincidencia en los titulares de la prensa prodependencia es casual?
Es muy complicado cuestionar estos titulares, porque es obligado aclarar muchos conceptos para contradecir una sola frase tan clara y contundente: «si Catalunya se independiza quedará fuera de Europa». Un titular que encontramos y encontraremos constantemente en los medios prodependencia. Un titular, sin embargo, que es una gran falacia. Es cierto que algunos personajes han asegurado, más o menos explícitamente y en las últimas horas, que esto sería así, pero, ¿quienes son los transmisores? Hasta ahora Joaquín Almunia, Pia Ahrenkilde y el portavoz del Parlamento Europeo Jaume Duch.
Es decir, el primero un dirigente histórico del PSOE, la segunda una mujer que a continuación de su valoración añadió que, no obstante la posibilidad de quedar fuera de la UE, en realidad: «los tratados no prejuzgan una situación hipotética que se pueda dar dentro de un estado miembro» (este inciso se ha pasado por alto en la mayoría de medios españoles, ¡oh, casualidad!). Y, por último, Jaume Duch, de quien vale la pena leer su historial en Vilaweb.
Pero no hay que sufrir, porque no hay nada nuevo. Nada ha cambiado de ayer a hoy, excepto la ofensiva mediatica. Nos encontramos donde estábamos. A pesar de todo, pienso que hace falta ser optimistas porque hay muchos factores que juegan a nuestro favor. Y para tranquilizar a los más asustadizos, os ofrezco estas ocho claves. Si nos ponemos, seguro que encontraríamos muchas más:
1. Ningún tratado, artículo, normativa, directiva… dice en parte alguna que en un caso como el catalán, quedaríamos fuera de la UE. Tampoco se dice en ningún lado que seremos miembros de manera automática, pero, ahora, todo lo que se diga no son más que suposiciones y opiniones interesadas.
2. Los que dicen que nos echaran de Europa mienten y juegan a confundir a la opinión pública. Europa es un espacio geográfico, un continente. En todo caso, aquí estamos hablando de una sociedad de Estados que aplican políticas económicas comunes. Una sociedad o un organismo que para nada es único.
3. Y es que hace tres meses el número tres de la EFTA, Georges Baur, dejó bien claro que Catalunya sería un candidato perfecto para entrar en su organización (por cierto, ningún medio prodependencia se hizo eco de ello). La EFTA es la Asociación Europea de Libre Comercio, y la conforman Islandia, Noruega, Suiza y Liechtenstein. Reino Unido debate si salir de la UE y volver a la EFTA. En este caso hablamos de países que no han querido ser de la UE por considerar que, formando parte de ella, saldrían perdiendo.
4. Si Catalunya fuese vetada también en el tratado de libre circulación de personas, bienes, transportes, servicios y trabajadores (Acuerdo de Schengen) prácticamente el 80% de mercancías que circulan entre España y Francia deberían pagar aranceles a Catalunya. ¿Alguien realmente piensa que esto pasaría jamás? ¿Impedirá España que sus parados puedan venir aquí si encuentran un trabajo?

5. Sobre la moneda, ningún problema. Cualquier país puede usar la moneda quequiera sin pedir permiso a nadie. Si queremos usar el euro, lo usamos y punto, como hacen tantos y tantos países.
6. Un bloqueo económico a Catalunya sería dejar fuera de circulación a las miles de empresas de capital europeo que hay en Catalunya. Vaya, que los alemanes no podrán comprar tranquilamente sus propios Volkswagen fabricados en Catalunya. Absurdo, ¿no?
7. Con la secesión surgirían dos Estados diferentes: España y Catalunya- El primero, situado económicamente en el grupo de los países constantemente receptores de ayudas, en un nivel similar a Grecia o Portugal. El segundo, contribuyente neto, con un PIB equivalente a Suiza. ¿Europa querrá prescindir del segundo? No lo creo para nada.
8. España tiene una deuda enorme con la UE. Y si Catalunya queda vetada fuera de la UE, puede legítimamente no hacerse cargo de parte alguna de la deuda. Y España, evidentemente, no podrá pagar. ¿Quién puede creer que los alemanes, franceses y resto de europeos aceptarán algo parecido? Catalunya puede hacerse cargo del 16% o del 20% aproximadamente de la deuda (según si se calcula sobre población o sobre nivel de productividad), pero esto sólo será así si estamos dentro de la UE, claro. Por cierto, de la manera en que sin duda pagaremos, tanto sí como no, será si nos quedamos dentro del Estado español.
En definitiva, que ahora toca hablar de Europa. Mañana será otro tema y pasado otro más. Y ya aviso, volveremos sobre ello. Una vez y otra. Y es normal que sea así. Si Catalunya sigue en su camino tiene mucho a ganar económicamente, tanto como tiene a perder el Estado español. Es cierto que nada será fácil. Hará falta negociar y situarnos en el mapa mundial. Pero saldremos adelante. Y, por otra parte, es absolutamente lógico que el Estado utilice todas las estrategias posibles para que no nos vayamos, por convencimiento o por coacción. En esto queda claro que no tendrán manías. Y lo tenemos que asumir más pronto que tarde, porque el objetivo final bien lo merece.

Jaume Pros Fernandez (@jaume_pros) en elVallenc.cat

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Razones de un madrileño para participar en la Via Catalana

El nacionalismo siempre me pareció una ideología que atrofia la mente y limita el pensamiento crítico. Después de un año viviendo en Barcelona y habiendo obtenido el nivel C1 de catalán, mi opinión no ha cambiado. Pero ya que pasaré los próximos años de mi vida en Catalunya, me preocupo por el futuro del territorio en el que vivo. Y al ver qué le conviene a Catalunya, encuentro dos razones de peso para acudir el día 11 a la Vía Catalana.
La primera es económica. Durante este año, he visto el maltrato económico que sufre Catalunya. Los catalanes pagan los impuestos más altos de España, pero tienen el menor porcentaje de funcionarios. Son los que más contribuyen a las cargas del Estado Español, y sin embargo, ven cómo desde Madrid se impone un modelo radial de trenes que lleva a disparates como que el corredor Mediterráneo pase por la capital. Por no hablar de los peajes, un fenómeno prácticamente desconocido para mí en España hasta llegar a Catalunya. Con la independencia, Catalunya podría administrar los elevados recursos públicos que generan los catalanes de forma directa.
La segunda, más importante aún, es política. España es un Estado en el que la corrupción ha llegado a los más altos niveles, un país donde las juventudes del partido de gobierno se exhiben con símbolos de una dictadura fascista y donde el dictador aún tiene su mausoleo. Es un país que bate récords de parados, de desahucios y de científicos que emigran. Paga una de las tarifas de electricidad y telefonía más caras de Europa, porque la ley en esos sectores se hace por y para el lobby de turno.
Por tanto, es imprescindible una regeneración en España. Pero, ¿va a darse en un país cuya mayor preocupación es Gibraltar y el fichaje de Bale? Evidentemente no. La única oportunidad que veo para la regeneración democrática es la independencia de Catalunya. Por eso, el día 11 las manos de este independentista no nacionalista que escriben estas líneas se unirán a las de miles de catalanes a favor de la independencia.

Daniel Pérez Rodríguez


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Carta publicada en La Vanguardia el 05/09/2013

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Catalunya años 60

Cuando Cataluña fue elegida por nuestros padres para sacar adelante a su familia, ya era tratada como a una colonia. Desde 1714 tras ser conquistada por Felipe V.

A las colonias no se les cobra impuestos, se les expropia prácticamente de sus bienes dejándoles escasamente lo necesario para subsistir. 
Esto era desconocido por aquellos que venían de todas partes del Estado español en busca de trabajo, porque trabajo, era lo que sobraba.
Los cientos de miles de personas, que vinimos a Cataluña y que fuimos acogidos con los brazos abiertos, nos unimos al pueblo catalán juntos y con mucho sacrificio y esfuerzo hicimos de Cataluña un gran país.
Hoy, han pasado más de 60 años y el esfuerzo y el sacrificio que nuestros padres y abuelos hicieron para darnos un futuro mejor, ha caído en saco roto. Los gobernantes que hemos conocido, Franco, Suarez, Calvo Sotelo, González, Aznar, Zapatero, y Rajoy, sólo han servido para hacer de España una cuna de corrupción, ninguno ha hecho lo más mínimo por el ciudadano, pero ellos y sus partidos ha ido hacia arriba, se han hecho de oro a costa de pedir más y más sacrificio al pueblo.
En el punto de mira de todos los gobiernos siempre ha estado Cataluña.
Por ser una de las regiones más ricas y prosperas, se le ha ido masacrando en el reparto, como a una colonia, se la ha expoliado de prácticamente todos sus recursos, evitando así su crecimiento y obstaculizando el esfuerzo de nuestros padres y abuelos por darnos un estado de bienestar.
Ahora, estamos en el papel de padres y abuelos y hemos de atajar el problema desde otra perspectiva.
Ahora tenemos la oportunidad de ser un nuevo País, liberarnos para siempre de aquellos que nos han utilizado como mano de obra barata y sumisa, sin apenas protestar.
Todos aquellos castellanoparlantes, con raíces dentro y fuera de Cataluña, que nos sentimos orgullosos de haber nacido donde nacimos, pero que nos sentimos catalanes, precisamente porque nuestros padres escogieron esta tierra y se dejaron la piel, para darnos una vida más digna, queremos luchar unidos por una Cataluña independiente, donde el estado del bienestar, la igualdad de oportunidades, la educación y la sanidad para nuestros hijos y nietos, sea el objetivo prioritario.
Se lo debemos a nuestros padres, a nuestros abuelos, a todas aquellas personas que de alguna manera, lucharon por la libertad de los pueblos. No debemos consentir que el sacrificio de toda esa gente sea en vano, porque si lo hacemos, habremos pasado por la vida tan inútilmente que no habrá valido la pena vivirla.
Si no logramos entrar en la historia, construyendo un nuevo país, será como si no hubiéramos existido.
Por mi parte, y desde que se creó Súmate, he decidido dedicar el resto de mi vida a contribuir en la tarea de crear para el futuro de mis nietos un país mejor, y no sólo para mis nietos, sino para toda la juventud, que desde tan temprana edad, empiezan a desesperarse porque no ven una luz que les anime a estudiar o a trabajar, porque no ven el fruto de su esfuerzo, ya que cada vez, es más inútil su sacrificio si no ven que al final tienen la recompensa de poder disfrutar de algo construido para el bien común.
Porque el propósito de los gobiernos es que cuanto más necesitada esté la gente, mejor puede dominarla. 
Pues hasta aquí hemos llegado: Cataluña ha dicho ¡basta!
Eduardo Reyes.
Presidente de SÚMATE
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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.