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¿Por qué un referendum para decidir nuestro futuro?

A partir de los años 50 más de un millón de personas, perdedores de una guerra que yo llamo ¡incivil!, por culpa de la miseria producida por la gestión de la victoria franquista, fueron obligados a emigrar a donde con el esfuerzo de su trabajo pudieran dar de comer a los suyos, llegando a Cataluña procedentes de toda España, en su mayoría de Andalucía.
¿Por qué derecho a decidir?
Los que hemos venido de fuera de Catalunya, tenemos muy claro lo que supone, tomar decisiones. Nuestros padres o nuestro agüelos, cuando decidieron liar las maletas y subirse acompañados de toda la familia al tren que les llevaría a Cataluña, tenían muchas dudas sobre dónde iban, pues partían a lo desconocido. Pero lo que si tenían claro es lo que dejaban atrás: no tenían futuro ni para ellos ni para sus hijos, y tomaron la DECISIÓN, por muy dura y desconocida que fuera. Decidieron dejar lo más importante de su vida, lo más próximo, el terruño que los había visto nacer, dejaron el resto de su familia, sus pocos bienes y su pasado.
Ahora que nos dicen que si tomamos el camino de la independencia nos lanzaremos hacia un callejón sin salida. Podríamos recordarles que nosotros ya estamos acostumbrados a ir a lo desconocido, y que ya perdimos nuestra pequeña patria cuando nos obligaros a emigrar.
En estos momentos quizá no tan trágicos pero de igual importancia, pues también está en juego el futuro de nuestros hijos, y seguramente también el de nuestros nietos, tendremos el derecho de DECIDIR. Decidir si podemos vivir nosotros y nuestras familia en una Cataluña más prospera e independiente, sin expolio fiscal, o tendremos que ver a nuestros hijos o nuestros nietos volviendo a emigrar, esta vez al extranjero, porque el paro en Cataluña se eleve a cuotas insoportables. 
En una Cataluña sin expolio fiscal, nuestras familias tendrán futuro. ¡Derecho a decidir libremente ya! porque si esto no sucede tendremos que DECIDIR emigrar otra vez, más arriba…
Que la culpa del paro en Cataluña la tiene en gran parte el expolio fiscal lo demuestran las estadísticas de paro del País Vasco: por no tener déficit fiscal por su concierto con el Estado Español el paro está en la mitad de Cataluña. Esto supondría, la friolera de 425.000 puestos de trabajo, la mitad de 850.000 parados que tenemos actualmente.
Hablando de Andalucía…
Estoy recordando la poesía de Miguel Hernández Andaluces de Jaén aceituneros altivos, kilómetros y kilómetros de olivos, y dice la poesía ¿de quién son esos olivos? De una o dos personas, por lo tanto el beneficio también es de ellos.
En esos cientos de kilómetros cuadrados existen pueblos donde vive gente que solo tiene trabajo una o dos veces al año, y se ve obligada a emigrar. Las izquierdas, que deberían haberlo solucionado, con una reforma agraria después de 30 años gobernando, por cobardía ante la reacción de la derecha no lo ha hecho, y la solución más cómoda y menos comprometida, ha sido la de la subvención, el PER, que hace que la gente se acomode en esa situación sin esperanza de mejorar. El PER sin proyecto solo crea personas dependientes y depresivas; la solidaridad mal entendida y sin punto final solo es caridad.
Recuerdo hace décadas cuando no existía el PER los autocares de gentes, extremeños y andaluces, que venían con contrato de 6 meses a trabajar a la Costa Brava. Venían a otro mundo, otras oportunidades. Algunos o algunas se casaban o juntaban con personas autóctonas, y creaban sus familias. Ahora prefieren quedarse con el PER, no se arriesgan a nada, y sus puestos los ocupan extranjeros.
Recordemos a Machado.
Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte en corazón. Mi problema es como podéis ver, que las dos Españas me han helado el Corazón.
La otra reflexión poética se refiere a Rafael Alberti.
A cabalgar, a cabalgar hasta arrojarlos en el mar… Está claro que no lo hemos conseguido, pues los que nos cabalgan son ellos. Por todo ello hace tiempo que renuncie a arreglar España.
Qué culpa tiene Cataluña si no se ha querido o sabido hacer la España plural. A nosotros los catalanes nadie puede acusarnos de no haberlo intentado, por la derecha y por la izquierda, nosotros siempre hemos querido encajar, pero después de muchos años hemos renunciado. Creo que no se nos puede exigir más.
Estoy convencido que con nuestra reacción España encontrara su camino de reformas. Cuando España se encuentre con su realidad, Cataluña estará allí como siempre hemos hecho, pero hablando de tu a tu, y controlando donde va a parar la solidaridad, no vuelva a ir a las manos de los señores, dueños de los olivos…
El principio democrático está en poder votar, poder decidir, y yo quiero decidir independizarme para poder hacer un país nuevo, un país que no tenga esas cargas sociales ajenas.
Es importante que se expresen los del ‘no’, para que den ellos también una alternativa, un proyecto de futuro dentro de España. Pero un ‘no’ sin proyecto o con proyectos ya intentados durante muchos años y fracasados, es quedarnos como estamos.
Consideramos que quien proponga un proyecto de futuro dentro de España, primero tendrá que convencer a España… Tarea que los del ‘sí’ llevamos haciendo varios años y no lo hemos conseguido. Creo que a estas alturas la mayoría no está dispuesta a esperar más.
El futuro está en nuestras manos
Lo que mayor satisfacción que me está dando esta vida a mis 74 años es saber que nuestros nietos tendrán la certeza de que para defender su futuro como catalanes y como ciudadanos, en un momento histórico como este, sus padres y sus agüelos, lucharon y estuvieron a la altura.
Construir este proyecto de futuro supone la suma de todos los que queremos votar por un nuevo Estado Catalán independiente, por lo tanto SÚMATE.


Paco Martínez 

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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.
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Cataluña y la Unión Europea: posibles escenarios de futuro

El debate sobre las consecuencias que tendría para la Unión Europea una posible declaración de independencia de una parte del territorio de un estado miembro se encuentra, ahora mismo, muy polarizado. Buena parte de las aportaciones que se han hecho plantean que se produciría una exclusión sine die del nuevo estado, sobre la base de un conjunto de consideraciones que conviene analizar con un cierto detalle. Esto nos permitirá poner un poco de luz en un debate que se ha polarizado excesivamente, influido por el deseo de unos y otros de dar argumentos en contra o a favor de la independencia.

Es necesario decir, primero, que no existe ninguna norma general de derecho internacional ni ninguna norma de la Unión Europea que regule expresamente esta situación concreta. Por tanto, ninguna norma impide que un estado surgido de un proceso de independencia de un estado miembro de la Unión Europea pueda convertirse en un nuevo miembro, sin tener que superar un proceso de adhesión como si se tratase de un tercer estado del todo ajeno al proceso de construcción europea. Ahora bien, los que no lo ven así se basan en los dos argumentos siguientes.
En primer lugar, el gobierno español ha invocado el artículo 4.2 del Tratado de la Unión Europea (TUE) para afirmar que es contraria a derecho de la Unión Europea cualquier declaración unilateral de independencia de un territorio de un estado miembro si no se ha hecho de manera pactada. Afirma que este artículo funciona como una norma de remisión, de tal manera que todo aquello relativo a la identidad nacional — incluyendo las estructuras fundamentales políticas y constitucionales de los estados miembros y todo aquello que tenga que ver con las funciones esenciales de los estados, especialmente el mantenimiento de la integridad territorial, del orden público y la salvaguarda de la seguridad nacional— se incorpora en el ordenamiento jurídico de la Unión Europea como principios fundamentales que impedirían aceptar declaraciones unilaterales de independencia que los violen. Esta interpretación del artículo 4.2 del TUE no es la adecuada porque en realidad este precepto únicamente establece una reserva absoluta de la competencia sobre estas cuestiones en favor de los estados miembros, de tal manera que la Unión Europea no podrá hacer ningún tipo de acción que afecte a estas cuestiones. Ahora bien, si el nuevo estado ya se ha constituido nada impide a la Unión adoptar una decisión sobre sus relaciones mútuas.
En cambio, el gobierno español olvida que el artículo 2 del TUE también se tendría de aplicar en este contexto. Este precepto establece los valores que deben respetar la Unión Europea y los estados miembros en las actuaciones respectivas. Y entre los valores citados encontramos el principio democrático. En este sentido, la negativa de un estado miembro de convocar una consulta para decidir sobre la independencia de un territorio o de atender a la voluntad inequívoca de la mayoría de la ciudadanía podría suponer, según estándares internacionales, una vulneración del principio democrático previsto en este artículo, y según como se haya producido sobre el papel se permitiría aplicar el mecanismo de control y de sanción previsto en el artículo 7 del TUE, en caso de violación grave y continuada de los valores previstos en el artículo 2 por parte de un estado miembro.
En segundo lugar, también se ha afirmado que en caso de creación de un estado en la Unión Europea sería necesario aplicar el artículo 49 del TUE, relativo a las nuevas solicitudes de adhesión a la UE, pero no perciben la inadecuación de este precepto para resolver las ampliaciones que surgiesen de un proceso de separación en el seno de la Unión Europea. En efecto, este artículo no solo pretende articular la adhesión de un nuevo estado, sino también facilitar que este proceso se desarrolle garantizando la correcta adaptación a la nueva situación por parte de todos los actores implicados, cosa que no es necesaria cuando hablamos de un territorio donde el derecho de la Unión Europea ya se aplicaba con total normalidad. Así pues, parece que la defensa de la aplicación del artículo 49 del TUE es claramente instrumental, con el objetivo de visualizar la posibilidad de veto a la ampliación o el largo periodo de tiempo que el nuevo estado debería esperar fuera de la Unión hasta que acabase todo el proceso de ejecución del tratado de adhesión.
Hasta ahora, la única institución europea que se ha pronunciado ha sido la Comisión. Y lo ha hecho para decir que solo se manifestará sobre las consecuencias jurídicas que tendría para la Unión Europea la creación de un nuevo estado, surgido de la separación de un estado miembro, si se formula una petición expresa por parte de un estado miembro donde se detalle un escenario concreto. Cosa que no se ha producido hasta ahora. Lo que la Comisión nos dice, entre líneas, es que no hay una respuesta única y que todo dependerá de las circunstancias de cada caso concreto. 
Así mismo, la Comisión Europea sostiene que el nuevo estado independiente se consideraría un tercer estado, en el cual no se aplicarían los tratados de la Unión, y hace una remisión genérica al procedimiento de ampliación previsto en el artículo 49 del TUE, pero sin afirmar de manera contundente que fuera necesario aplicarlo para hacer frente a una situación de este tipo. Desde el punto de vista jurídico, esto no nos puede sorprender en absoluto: es evidente que para aplicar el derecho de la Unión Europea al nuevo estado es necesario que este lo solicite y que la Unión Europea lo acepte. La cuestión clave radica en determinar cómo se articularía este proceso y su duración. Y es en este punto cuando se empiezan a confundir las cosas por parte de aquellos que pretenden utilizar esta cuestión para provocar el pánico entre los ciudadanos respecto a las catastróficas consecuencias que tendría un eventual proceso de independencia.
Los unionistas defienden que la exclusión de la Unión Europea sería definitiva o que se alargaría mucho tiempo si la independencia se produjese fruto de una declaración unilateral, porque el ingreso de un nuevo estado no solo contaría con el veto del estado predecesor, sino también el de otros que tuviesen tensiones territoriales. Lo cierto es que una secesión no pactada puede condicionar enormemente la respuesta de la Unión, como también lo podría hacer el comportamiento antidemocrático de un estado miembro que hubiese forzado una declaración unilateral de independencia como única salida para implementar la voluntad democrática mayoritaria de los ciudadanos de un territorio. Ambas situaciones serían del todo indeseables en un contexto de verdadera democracia y obligarían a las instituciones europeas y a los estados democráticos a pronunciarse.
Si llegase la petición del nuevo estado para formar parte de la Unión, esta se vería obligada a responder y, para hacerlo, debería tener en cuenta factores tan diversos como las circunstancias concretas del proceso de independencia, el respeto al principio democrático que establece el artículo 2 del TUE y las consecuencias sociales, jurídicas, políticas y económicas que tendría la decisión, tanto para la misma Unión, como para los ciudadanos y las empresas de los estados miembros. La decisión de la Unión Europea puede ir desde la exclusión definitiva hasta la adhesión simultánea, pasando por soluciones transitorias que facilitasen la aplicación del derecho de la Unión en el territorio del nuevo estado mientras no se modificase el conjunto de normas que permitirían la adaptación definitiva a la nueva situación del estado predecesor y del nuevo. Los tratados fundacionales de la Unión y la práctiva de la propia organización permitirían utilizar diversas fórmulas y procedimientos para implementar cualquiera de estas respuestas.
En caso de que la decisión de la Unión fuese la exclusión definitiva, los intereses económicos y sociales de los estados miembros y del nuevo estado podrían quedar afectados muy negativamente. Pero el problema se podría resolver con la adopción de una solución pragmática que evitase la ruptura entre la Unión y el nuevo estado, siempre que este cumpliese con los requisitos exigidos para convertirse en estado miembro y solicitase formar parte. En este sentido, parece fuera de toda lógica que en caso de independencia de un territorio de la Unión se acuerde la exclusión automática — sin tener en cuenta los efectos negativos que esto tendría para todos los actores implicados—, cuando el artículo 50 del TUE establece que, para retirarse de la Unión Europea, es necesario iniciar negociaciones para regular las nuevas relaciones mútuas con el objetivo de evitar los perjuicios que tendría para todos los estados una ruptura súbita, con el añadido que la retirada efectiva del estado solo sería posible una vez pasaran un mínimo de dos años sin haber llegado a un acuerdo.
En definitiva, y como hemos intentado demostrar, no es rigurosos afirmar rotundamente que la creación de un nuevo estado en el seno de la Unión Europea suponga la exclusión definitiva.
Alfonso Gonzalez (profesor de Derecho de la Unión Europea – URV / Col·lectiu Praga)
Artículo publicado en Vilaweb

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#YoConSúmate

Ayer presentamos en Mataró la territorial de SÚMATE en el Maresme. Un proyecto empezado hace sólo unas semanas y en el que muchas personas hemos trabajado con mucho esfuerzo. Personas que hace unas semanas no nos conocíamos de nada pero que tenemos una cosa en común: somos gente con origen español que creemos que la mejor herramienta que tenemos para vivir mejor es construir un nuevo estado en Catalunya.
Más de 50 personas vinieron a seguir con interés las razones que exponían tres catalanes, nacidos en Córdoba, Sevilla y Galicia, para votar #SíSí en la consulta del #9N2014.
Con el acto ya comenzado entraron unos emergúmenos, que según ellos mismos han reivindicado en su twitter, eran de Falange Española de las JONS. Algunos con las caras tapadas con bufandas, gafas de sol, gorras y boinas rojas, han extendido unas pancartas y unas banderas mientras nos gritaban. Eduardo Reyes, desde la tribuna, les ha invitado a sentarse, escuchar, y dar a posteriori su opinión. A debatir, a hablar, a solucionar las diferencias con la palabra. Lejos de eso, han gritado «Arriba España!» haciendo el saludo romano, nos han increpado, y al salir de la sala, nos han atacado con sprays.
SÚMATE és una entidad que cree, como yo, que tenemos una oportunidad de construir un nuevo país y de hacerlo juntos. Que en este proceso tan importante que estamos viviendo, todos tenemos que participar porque el país que vamos a hacer, lo vamos a hacer para todos. Si por algo trabaja SÚMATE más que nadie, és por la cohesión del pueblo catalán. El aglutinamiento de todos, independientemente de nuestro origen, para construir un futuro compartido.
Y creemos que la forma de hacerlo és con la palabra, con la razón, con la reflexión, y con la democracia, la que nos permite a todos expresarnos sin miedo.
Otros, en cambio, han demostrado que presuponen la voluntad de la gente por su origen. Han atacado a SÚMATE, porque no entienden que gente que se siente española, que anima a la Roja, y que habla en castellano, tenga un proyecto en común con aquellos con un sentimiento nacional diferente, con una lengua diferente.
Y no quieren que votemos, que nos expresemos libremente. Ni tan sólo que nos reunamos para explicar nuestros motivos. Su arma no es la palabra, és la amenaza, el insulto, la coacción, la agresión, el miedo, el terror.
Por ello, espero que en los periódicos lea la notícia que todos los partidos condenan enérgicamente estos actos y piden todo el peso de la justícia, que el fiscal General del Estado actua de oficio contra estos energúmenos y que se les juzga bajo ley antiterrorista. Si eso no pasa, entenderé que hay instituciones que permiten y toleran esta violencia, que la consienten, porque es la suya.
#YoConSúmate

Héctor Montero (Pineda)

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No nos callarán

Desde SÚMATE queremos expresar públicamente nuestro más profundo rechazo a acciones como la que ayer sufrimos en Mataró, en una presentación de la entidad, a manos de aquellos que solo gritan, amenazan, insultan e increpan y que no creen en la democracia. Ante la iniciativa de los ponentes de cederles un tiempo para que expresaran su opinión y sus argumentos, prefirieron responder con violencia verbal e incluso rociando gas en la sala.
Tienen razón aquellos que hablan de que hay fractura y división. Pero no entre Cataluña y España, entre catalanes y españoles. Ni siquiera entre aquellos que quieren seguir en el model actual, un modelo agotado; los partidarios de una difícil reforma federal; o los partidarios de poder construir algo nuevo. Estas diferencias se resuelven en las urnas porque la democracia es la solución, no el problema
La fractura que existe es entre los que defienden que la ciudadanía pueda votar y decidir democráticamente, y aquellos que se oponen y quieren impedirlo. La única fractura es entre demócratas y fascistas.
Queremos agradecer a todos los que nos han mostrado su apoyo. Actos vandálicos como este, lejos de menguar nuestras fuerzas, nos reafirman en nuestra convicción de que la vía más justa para que un pueblo se exprese es la democrática. Creemos que votar es el camino y vamos a seguir trabajando para que TODOS, incluso y sobre todo aquellos que no piensan como nosotros, podamos expresarnos libremente
El 9 de noviembre de 2014 con el #SíSí podemos construir juntos un nuevo país, mucho más democrático.
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SÍ+SÍ

La suma SÍ+SÍ multiplica

Súmate apoya la pregunta que las fuerzas democráticas parlamentarias han acordado

El 9 de noviembre de 2014 todos los catalanes tendremos la oportunidad de poder decidir qué modelo de país queremos, expresarnos democráticamente y salir del silencio al que nos quieren someter quienes ni quieren escuchar ni que votemos. Todos los que estamos descontentos con el modelo actual y la relación que el Estado español mantiene con Catalunya, podremos manifestarlo votando a la primera pregunta: “¿Quiere usted que Cataluña sea un Estado?

. Sí a querer ser un Estado. Un estado con más autogobierno. Esta primera pregunta abraza también a las personas que desean seguir en España o crear un estado federal con el Estado español.

La segunda pregunta ofrece una solución concreta a la primera pregunta: “¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente?

. Súmate está a favor de votar SÍ también a la segunda pregunta. Defendemos un cambio de modelo, ya que el sistema autonómico actual está agotado y no hay voluntad desde el gobierno español de cambiarlo. Dentro de la estructura actual es imposible: la única alternativa para realizar la primera pregunta, para para cambiar de verdad la situación, es que las relaciones entre Cataluña y España se produzcan desde la igualdad y el respeto, sin dependencias ni imposiciones.

Desde SÚMATE defendemos el SÍ+SÍ porque queremos que nuestro futuro dependa de nosotros. Queremos un país socialmente más justo, más democrático, con una justícia que funcione, donde se garantice nuestro bienestar y se protejan nuestros derechos y libertades. Es un proyecto positivo y no va en contra de nadie. Todos juntos, sin renunciar a nuestra identidad ni a nuestros orígenes, queremos construir un país mejor. Un nuevo país en el que valga la pena vivir.

El SÍ+SÍ de Súmate multiplica, y el 9 de noviembre de 2014 nos podremos expresar democráticamente, porque la democracia ni fractura ni divide, sino que nos fortalece como sociedad.

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1er Encuentro de Socios/as SÚMATE

El próximo domingo 22 de diciembre tendrá lugar el 1er Encuentro de Socios/as SÚMATE, en el Casinet d’Hostafrancs (Barcelona).

Pondremos en común todo el trabajo realizado hasta ahora, plantearemos nuestros objetivos para el futuro, y cargaremos las pilas para seguir trabajando para construir juntos un nuevo país 🙂

Al finalizar la jornada hay una comida, abierta también a no socios y acompañantes. El precio es de 12€, y es necesario confirmar asistencia en info@sumate.cat

Puedes asociarte desde aquí

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SÚMATE en Lleida

Este viernes 29 de noviembre a las 19h presentaremos SÚMATE en Lleida

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La lengua de los abuelos

Mi abuelo paterno, Marcos Álvaro, no habló nunca en catalán pero lo entendía; había llegado a Catalunya proveniente de Murcia, de muy joven, durante los años veinte. Mi abuelo materno, Francisco Vidal, nacido en el Principado, hablaba habitualmente en catalán y conocía perfectamente el castellano, idioma en que redactaba la mayoría de los papeles de su labor como representante de una compañía de seguros. Mi padre nació en un hogar puramente castellanohablante e hizo una inmersión natural en el catalán gracias a las amistades, el trabajo, la familia de mi madre y la afición al teatro amateur, cuando la dictadura empezó a tolerar un poco la representación de obras de algunos autores autóctonos. Ni mi padre ni mi madre aprendieron nunca la lengua catalana en la escuela, el franquismo se lo impidió, como a tantas personas. El catalán formaba parte del sustrato de la catalanidad social que, a pesar de las políticas represivas destinadas a borrarlo, se transmitía oralmente al margen de las leyes del régimen. Esta catalanidad prepolítica –reforzada por la resistencia cultural catalanista y por el papel de organizaciones clandestinas como el PSUC– impidió que triunfara completamente la españolización cultural planificada por los ideólogos de Franco. Madrid no ha podido repetir lo que, hace siglos, consiguió París con la Catalunya Nord. Afortunadamente.
Hoy, mi padre habla con sus hermanos –mis tíos– en castellano y en catalán mientras mis primos y yo hablamos en catalán. Los encuentros familiares –bodas, bautizos, funerales– constituyen una buena foto de la realidad lingüística de la Catalunya que algunos, desde lejos, quieren ignorar, desde Wert hasta Bosé, a quien yo hacía más civilizado: utilizamos las dos lenguas sin ningún problema, con naturalidad, en función de la edad de los hablantes, de la costumbre y de otras circunstancias. Aunque yo pienso en catalán, y mis padres me hablaban siempre sólo en catalán, y fui escolarizado en una de las primeras escuelas de la ciudad que utilizaban el catalán como lengua vehicular, el castellano no es para mí una lengua extranjera, como sí lo son, en cambio, el inglés y el francés. Tengo con el castellano una relación intelectual y afectiva más que próxima, aunque no sea mi idioma materno ni con el que escribiría poemas. Toda esta narración personal viene a cuento porque, a raíz del debate sobre la independencia, aparecen opiniones contrapuestas sobre el papel que debería tener el castellano en un futuro Estado catalán. En un país donde parece que todo el mundo quiere ser un poco filólogo y un poco sociolingüista, el asunto no es fácil, sobre todo porque hay inercias y apriorismos que, en determinados círculos, no se han revisado desde hace tiempo. También hay personas que pierden la perspectiva general de lo que ahora está pasando y se limitan a observar su parcela como si el 2013 fuera 1983.
Para resumirlo. Por una parte, hay soberanistas que piensan que el castellano, en una Catalunya independiente, debería tener una consideración legal de acuerdo con lo que representa social y culturalmente, sin que eso implique cambiar las políticas de inmersión escolar y de apoyo a la lengua catalana, que sufre todavía debilidades importantes, como refleja el Informe de Política Lingüística 2012, presentado recientemente. Por la otra, hay soberanistas que no ven necesario que el castellano sea un idioma también asumido por un futuro Estado catalán, a pesar de ser la lengua materna de más del 50% de la población. Yo estoy con la primera posición, porque constato que el atractivo del proyecto soberanista es, precisamente, su carácter cívico más que cultural o identitario. Además, la aparición de plataformas de catalanes castellanohablantes partidarios de la independencia pone en evidencia una nueva sociedad, en la cual los planteamientos clásicos del nacionalismo catalán no sirven para forjar una mayoría que haga posible un cambio histórico de statu quo.
La cuestión es embrollada y los expertos del ramo lo analizan estos días. Entre los sabios de la lengua, hay criterios divergentes, porque no hablamos de matemáticas. Abordar, por ejemplo, el concepto de oficialidad es un campo de minas. Más allá de lo que digan los académicos, me parece que una sociedad como la catalana de hoy no puede ser imaginada sin tener en cuenta que los viejos esquemas noucentistes han sido superados por el paso del tiempo y por una serie de mutaciones que nos obligan a repensar la manera más eficiente de evitar que la lengua propia de Catalunya sea residual allí donde debe ser más importante. Sin olvidar que el mundo global y el nuevo paradigma tecnológicocultural hacen indispensable la construcción de estrategias inéditas e imaginativas para mantener vivo un patrimonio que nos define y que nos explica, que nos hace ser universales porque, justamente, somos diferentes.
De la misma manera que hay muchos Fernández, Martínez y Álvaro entre los que votarían sí a la independencia (y algunos Pujol, Pla y Vidal entre los que votarían no), también hay una vivencia de la catalanidad que pasa por la lengua castellana y negarlo no sería inteligente ni constructivo, ni políticamente útil. El desafío que tenemos delante exige que todo el mundo se atreva a revisar las viejas certezas
Francesc-Marc Álvaro (periodista y escritor)

Fuente: francescmarcalvaro.cat

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Debate sobre el «dret a decidir» en Badalona

El jueves 28 de noviembre a las SÚMATE participa en una charla organizada en la Associació de Veïns de Nova Lloreda-Nord (Badalona) sobre el Dret a Decidir.

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FNAC-Illa: Presentación de «Escucha, Sefarad»

Miércoles 27 de noviembre a las 19h 
CONFERENCIA-PRESENTACIÓN
del libro «Escucha, Sefarad: los motivos que llevaron a la independencia de Cataluña«, de Albert Pont (presidente del CCN), a cargo de Eduardo Reyes, presidente de SÚMATE.
Lugar: FNAC-Illa