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Extracto del libro «20 converses…», con Eduardo Reyes

Extracto de la conversación con Eduardo Reyes para el libro «20 converses sobre la independència de Catalunya», de Roser Pros-Roca.

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España va directamente a la quiebra número veinticuatro de su historia reciente. Ha vivido trece quiebras y diez suspensiones de pago, que se dice pronto. Si España fuese una empresa ya habría quebrado y cerrado sus puertas haría mucho tiempo. Entonces, ¿cuánto más tenemos la gente que aguantar? Y todo, como siempre, a costa del pueblo, siempre, siempre a costa del pueblo y en beneficio de unos cuantos, los mismos oligarcas de siempre.
«Yo creo que veremos una Cataluña independiente. Yo creo que Cataluña tiene que ser independiente porque los catalanes queremos que así sea y si el pueblo quiere, el pueblo lo consigue. El pueblo puede poner a alguien en el mando o quitarlo y cuando el pueblo se dé cuenta del poder que tiene, se dará cuenta de que puede actuar y actuará«.
Hace unos diez años atrás, instalados como estábamos todos, españoles y catalanes, en una cómoda burbuja que todavía no había estallado pero que ya advertía flaquezas preocupantes, nadie podía preveer lo que sucedería unos cuantos años después, ni que Cataluña tomaría la decisión de tomar las riendas de su destino. Entonces, ¿qué ha ocurrido en este momento? 
“Hace un año, no diez no, hace solamente un año, a mi como quien dice, no me importaba ni siquiera quien era el presidente del gobierno (bueno, es un decir), ni qué es lo que hacía el presidente del gobierno, pero al darme cuenta de que con el pasar de los días hacía todo lo contrario de lo que había prometido durante la campaña electoral, justo lo contrario de los que decía el programa electoral, eso sí empezó a importarme. Más incluso, empezó a dolerme. Me dañaba porque veía que la primera persona representativa del país es un completo embustero, y lo digo así a bocajarro: el señor Mariano Rajoy es un embustero y diría más cosas, pero me callo.
Entonces, hace un par de años yo no tenía ni el más mínimo conocimiento de los complicados engranajes de la política y como tenía bastante trabajo cada día, sinceramente, no disponía de demasiado tiempo para pensar en ello y el que tenía, no estaba dispuesto a invertirlo en esto. Un día, sin embargo, a la vista de los acontecimientos, de ese desmán de la clase política, de ese desorden que solo conduce a la corrupción y al caos, de esa sinvergüencería que cada día se puede ver en la Moncloa y en el Congreso de los Diputados, advertí lo asqueado que me sentía solo con pensar que yo también podía ser un cómplice callado de esa situación si no hacía algo por remediarlo. Observé también el mismo asco que yo sentía en la gran mayoría de personas que conozco y entonces caí en la cuenta de que la política tenemos que hacerla los ciudadanos, juntos, unidos, advirtiendo y demostrando a los gobiernos que el pueblo debe ser el único soberano y además tiene que ser el más representativo, el protagonista absoluto de su vida en sociedad, liderando los procesos, dejando oír su voz en los momentos de la toma de grandes decisiones, como ocurre en muchos países del mundo verdaderamente democráticos, en los que cuando unos señores se reúnen en un Consejo de Ministros para decir “vamos a hacer esta ley”, esta ley tiene que refrendarla el pueblo que debe poder decidir si esa ley está dispuesto o no a acatarla. Ya que no hay un Senado como Dios manda y si lo hay no vale para nada, pues que sea el pueblo el que diga si o no a esa ley. No puede ser que un señor, abusando de una mayoría absoluta sentencie incluso sus mismos votantes, con leyes con las que nadie está de acuerdo, como la ley del aborto o la ley Wert. Personalmente, no estoy dispuesto a dejar que nadie, arbitrariamente, haga lo que se salga de las narices con mi vida, con la de mis hijos y con la vida de mis nietos”.
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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.
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Cataluña: el conflicto es democrático, no nacionalista

Cataluña: el conflicto es democrático, no nacionalista.

Artículo publicado originalmente en inglés para la Catalan News Agency (CNA).

En los últimos cinco años hemos visto como el independentismo en Cataluña, una de las regiones más productivas de España, ha crecido de manera significativa. Algunos pretenden ver en esto un signo de insolidaridad o de egoísmo nacionalista, sin entender los verdaderos motivos que nos han traído a esta situación.

Cataluña ha liderado siempre las reformas democráticas en España, y ha contribuido con su esfuerzo a la solidaridad con los demás pueblos del Estado. Pero en el año 2010, tras la sentencia del Constitucional en contra de nuestro autogobierno, se evidenció que era imposible continuar avanzando en un sentido cuasi-federal dentro de la España actual; a esto se le añadió la crisis económica que ha golpeado especialmente a los países mediterráneos, y ha puesto en peligro el bienestar de los ciudadanos. Desde entonces hemos sufrido un continuo retroceso en nuestros derechos sociales y también democráticos, con reformas involucionistas y recentralizadoras por parte del Estado; ataques al autogobierno y a la lengua y cultura catalanas; un sistema de financiación profundamente injusto con Cataluña y que, lejos de ser “solidario”, alimenta un modelo de despilfarro del dinero público; y la imposibilidad de emprender cualquier reforma que desbloquee la situación.
El independentismo se convierte así en la respuesta a un modelo fracasado que los dos grandes partidos mayoritarios en España no quieren cambiar. Estos dos partidos son, por otra parte, cada vez más irrelevantes en Cataluña, consolidándose dos sistemas distintos y cada vez más distantes, que añaden una crisis de legitimidad y representatividad, entre los ciudadanos y quien decide sobre sus asuntos.
Las reivindicaciones independentistas tienen un innegable componente nacionalista o identitario en su origen, pero no es de ningún modo el más importante actualmente. Basta profundizar un poco para observar que si el independentismo es hoy mayoritario en la sociedad catalana, es precisamente por dejar de ser “nacionalista”. El castellano, que no se encuentra amenazado, es la lengua habitual del 55% de los catalanes; más del 60% se sienten españoles en algún grado; la mayoría de apellidos tienen origen español, y el 70% de los catalanes tienen origen fuera, o alguno de sus progenitores nacido en el resto de España, ya que Cataluña ha sido siempre una tierra de acogida y de mezcla. Y a pesar de todo eso, el independentismo es hoy mayoritario. ¿Qué ocurre?
Paradójicamente, el unionismo españolista únicamente utiliza argumentos identitarios para intentar frenar la situación. Apelan a la sangre, a la identidad, y a los apellidos, sin entender que en Cataluña no hay dos comunidades enfrentadas, ni se trata de reivindicaciones identitarias o nacionalistas. Va mucho más allá. También lo intentan con el discurso del miedo, con amenazas y profecías apocalípticas, sin ofrecer ninguna alternativa ni argumentos para seguir juntos. Simplemente dicen que es ilegal, aunque la ley sí lo permite; lo que falta es voluntad política.
Pero un pueblo no se puede mantener sometido en contra de su voluntad. Los catalanes, de orígenes distintos, nos hemos puesto en marcha para poder cambiar la situación. Nuestra asociación, Súmate, está formada por personas orgullosas de su origen español y de nuestra lengua, el castellano, pero que queremos ser protagonistas de nuestro futuro. Queremos decidir, queremos ser escuchados y tener la oportunidad de avanzar y construir un nuevo país, sin ir en contra de nadie. Trabajamos para poder votar el próximo 9 de noviembre, porque creemos que la democracia no es el problema, sino la solución. ¿Quién tiene miedo de escuchar al pueblo?

Eduardo Reyes
Presidente de SÚMATE

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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.
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Discurso de Salvador Seguí en el Ateneo de Madrid

“En Cataluña, los elementos reaccionarios del catalanismo, a menudo levantan la bandera de las reivindicaciones catalanas, en un sentido nacionalista. Y cuando más ruido hacen es en los momentos en los que se produce un hecho social de resonancia, talmente como si buscaran la intervención de las autoridades del Estado español para combatir a los trabajadores catalanes.
Nosotros, lo digo aquí en Madrid, y si conviene también en Barcelona, somos y seremos contrarios a estos señores que pretenden monopolizar la política catalana, no para lograr la libertad de Cataluña, sino para poder defender mejor sus intereses de clase y siempre atentas a malograr las reivindicaciones del proletariado catalán. Y yo os puedo asegurar que estos reaccionarios que se autodenominan catalanistas lo que más temen es el recrudecimiento nacionalista de Cataluña, en el supuesto de que Cataluña no lo fuera sometida. Y cómo que saben que Cataluña no es un pueblo insensible, ni siquiera intentan desatar la política catalana de la española.
En cambio, nosotros, los trabajadores, como sea que con una Cataluña independiente no perderíamos nada, más bien el contrario, ganariamos mucho, la independencia de nuestra tierra no nos da miedo.
Estad seguros, amigos madrileños que me escucháis, que si algún día se habla seriamente de independizar Cataluña del Estado español, los primeros y quizás los únicos que se opondrían a la libertad nacional de Cataluña, serían los capitalistas de la Liga Regionalista y del Fomento del Trabajo Nacional. Aún así hay muchas pruebas que confirman mi razonamiento. que proclamen su catalanismo en discursos y artículos periodísticos cuando están en Barcelona. Si piensan que se encuentran en peligro los intereses particulares de bienestar de su clase, enloquecidos y deprisa y corriendo van hacia Madrid, para ofrecer sus servicios a la Monarquía centralista, y más de una vez los habréis podido ver vistiendo el sayo de ministro. ¿Es, acaso, con la colaboración ministerial cómo es pueden afianzar las aspiraciones de libertad nacional de Cataluña, sometida a una monarquía centralista y enemiga de la emancipación del pueblos hispánicos? Por suerte la Cataluña vejada e injuriada, privada de su libertad nacional, conoce bien sus detractores y sabe de qué lado están sus verdaderos amigos y defensores.
Una Cataluña, liberada del Estado español os aseguro, amigos madrileños, que sería una Cataluña amiga de todos los pueblos de la Península Hispánica y sospecho que quienes ahora pretenden presentarse como los adalides del catalanismo, temen una entente fraternal y duradera con las otras nacionalidades peninsulares. Por lo tanto es falsa la catalanidad de quienes dirigen la Liga Regionalista. Y es que esta gente antepone sus intereses de clase, es decir los intereses del capitalismo, a todo interés o ideología. Estoy tan cierto del que digo, que sin pecar de exagerado, puedo aseguraros que si algún día Cataluña conquista su libertad nacional, los primeros, si no los únicos, que le pondrán trabas, serán los hombres de la Liga Regionalista, porque en Cataluña cómo por todas partes, el capitalismo está carecido de ideología”
Salvador Seguí, El Noi del Sucre. Secretario general de la CNT
Discurso en el Ateneo de Madrid el 1 de octubre de 1919
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Balanzas fiscales y sus métodos

Dice Sala i Martí que hay dos métodos para calcular las Balanzas Fiscales: la correcta y la incorrecta; por supuesto la que emplea el gobierno de España es la incorrecta.
El método que nos presenta este gobierno («Cuentas Publicas Territorializadas») es un método no homologado internacionalmente, inventado por el economista de cabecera de Montoro, vinculado a Ciudadanos, para hacer maniobras de distracción del Estado. De todas formas es un eufemismo más de los que nos tienen acostumbrados, pues no deja de ser el método de Carga Beneficio, retocado por el famoso Ángel de la Fuente.
El método “Carga Beneficio” es subjetivo ya que un tercero decide que es lo que nos beneficia. Este método podría ser válido para un Estado con una circunscripción única, no para un estado compuesto como el autonómico. Por ejemplo, el Gobierno decidió que el AVE (de Madrid a todas partes) beneficiaba a todos los españoles, por lo tanta la carga recae sobre todos los españoles. Madrid tiene actualmente más de un millos de funcionarios que, por trabajar en los ministerios, algunos descentralizados y no desmontados, dejan su IRPF, su consumo, su IVA en Madrid. Sin embargo la carga de Salarios, SS.SS, se imputa a toda España.
El método más aceptado internacionalmente respecto a las Balanzas Fiscales, y para mí el más justo, es el de “Flujo Monetario”. Tanto pongo, tanto me devuelven. Y para un catalán, «això són fabes comptades».
Por lo tanto que no mareen la perdiz y si les salimos tan caros, tan pesados y tienen que estar haciendo tanto trabajo para desmontar nuestras supuestas mentiras, no comprendo porqué tanto problema, que nos dejen votar y si sale Sí Sí nos vamos y todos contentos.
Paco Martínez
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Vuestras raíces no tienen nada que ver

Hace poco en un chat de antiguos alumnos alguien colgó alguna cosa de Podemos. Y otro le preguntó si estos no son de derechas. El primer le vino a decir: o esto o el 9N voto doble Sí, sintiendolo mucho por mis raíces. Y no pude evitar meter la cuchara. Y es que nuestras raíces en este proceso no tienen nada que ver. Tu apellido puede ser Sánchez, Dalmau, Smith o Aziz, pero si quieres la terra esto no importa. Puedes votar #SíSí vengas de donde vengas, ya que esto no está reñido con tus raíces. Querer la independencia no significa que odies a nadie ni a ninguna otra tierra. Quiere decir que quieres prosperar, que anhelas más libertad y quieres poder decidir tu futuro sin estar ligado a nada. 

Las raíces de cada uno se pueden ir a ver cuando uno quiera porque las fronteras no impedirán que pasemos: no suframos, que no serán herméticas. Yo mismo, tengo raíces en Guadalajara, Jaén o Madrid y no reniego en absoluto. Forma parte de mí. Es parte del legado de mis antepasados y no quiero perder el contacto con ello. Hay que saber de donde se viene para orientarse y saber hacia dónde va. Justamente. Nuestros abuelos o padres decidieron venir aquí para labrarse un futuro en una tierra acogedora y llena de oportunidades. Porque pensaron en nuestro futuro y vieron que Cataluña era lo que hacía falta. Por ellos, ahora tenemos que hacer un paso adelante y ser valientes, porque si no, nos quedaremos estancados. Tener en cuenta el pasado, pero mirar con coraje al porvenir. 
No podemos ser partidarios del doble Sí sin contar con los inmigrantes de todos los tiempos. En especial, los venidos del resto de España, porque sin esta parte no iríamos a ningún sitio: Cataluña está hecha de inmigrantes casi en su totalidad. Y esto implica también el castellano. Me cuesta imaginar una Cataluña independiente sin el castellano. Ya forma parte del paisaje cultural. 
Así que, este artículo va por vosotros, los que teneis miedo de romper con las raíces. Rafa, Paco, Adri y tantos otros: el #SíSi no excluye; suma, integra, recuerda y une una sociedad que quiere seguir avanzando y que necesita apretar el acelerador. Y no se valen medias tintas porque si no nos quedaremos atrás.

Marc Dalmau (@MarcDalmauC)
Fuente: Llobregat Digital

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Carta abierta a Ramón Jáuregui

Estimado sr. Jáuregui,

Ha pasado usted por Catalunya con motivo de la campaña electoral y ha dicho cosas. Hace meses que viene usted diciendo cosas sobre Catalunya y la cuestión del derecho a decidir. Recuerdo por ejemplo un interesante artículo en La Vanguardia que iba más allá de la doctrina oficial del PSOE y que no sé si hoy volvería a escribir. Es usted uno de los pocos políticos españoles que no ofende cuando habla de Catalunya. No nos ha llamado nazis, ni liliputienses, ni hobbits, ni insolidarios, ni locos. O al menos no me consta. Fíjese a qué punto hemos llegado, cuando se habla de nuestro país sin faltar al respeto nos llama la atención.

Hay un hilo argumental constante en sus intervenciones. Reclama usted una negociación entre las fuerzas políticas que evite la independencia a través de un nuevo pacto constitucional de tipo federal. Quiero explicarle por qué este es un planteamiento, en el fondo y en la forma, muy alejado de la actual centralidad social y política catalana y, por tanto, sin posibilidades reales de prosperar. Lo resumiré en tres puntos.

Primero. El suyo es un planteamiento cerrado porque sólo imagina un final posible, que es que Catalunya siga formando parte del Estado español. Eso es lo contrario del derecho a decidir que reclama la mayoría social en Catalunya. Decidir significa decidir, y eso incluye la posibilidad de decidir quedarse, claro que sí, pero también la de decidir irse. Si al final sólo puedes votar si te quedas o te quedas, no estás decidiendo. Y la gente aquí en Catalunya no aceptará esta limitación democrática.

Segundo. El suyo es un planteamiento viejo. De política antigua, quiero decir, de la que se hace de arriba a abajo: las élites políticas de Madrid y Barcelona se encierran en un despacho con línea telefónica directa con las respectivas élites económicas y cocinan un acuerdo que posteriormente se somete a votación. No dudo que en la mayor parte de España esta manera de hacer política siga plenamente vigente, pero debe saber que aquí en Catalunya esto se ha terminado. La mayoría de los partidos han entendido que ahora, y al menos en este tema, tendrá que ser al revés: primero se deberá obtener un mandato democrático popular, y luego ir a Madrid a trasladarlo, ya sea ese mandato “negociad para quedarnos” o bien “negociad para irnos”. Usted propone un método de arriba a abajo y esta vez el catalanismo reclama un método de abajo a arriba, donde el punto de partida y de llegada es la voluntad popular.

Tercero. El suyo es un planteamiento de antes de que lo nuestro se jodiera. Disculpe la grosería, está tomada del título del último libro del periodista Arturo San Agustín, que habla de la relación Catalunya-España y se titula precisamente así, Cuando se jodió lo nuestro. Y es que ya no hay la confianza imprescindible para iniciar un proceso como el que usted propone. No sé si es usted consciente de ello, pero lo que pasó con el Estatut significó una brusca y profunda quiebra de confianza que para muchos, muchísimos, no tiene marcha atrás. El grueso central del catalanismo social y político ya no se fía de la clase política española. No es que no se fíe del PP sino que ahora ya tampoco se fía del PSOE. Dijeron que respetarían el Estatut que aprobase nuestro Parlament y lo recortaron (con cachondeo incluido: “Le hemos pasado el cepillo”). Aún así, y sin entusiasmo, lo aprobamos en referéndum. Y entonces vino el Constitucional y se cargó lo que los ciudadanos habían votado en referéndum. Fue un via crucis con final de muerte. ¿Pretende usted que ahora los catalanes nos volvamos a meter en un proceso de este tipo, aún más complicado que la reforma del Estatut, y donde al final siempre acaba mandando la mayoría PP-PSOE?

Debe usted pensar que si todo esto que le cuento es cierto, la sociedad catalana ha cambiado mucho. Es cierto, ha cambiado mucho. Pero tampoco reclama nada que pueda chocarle a un demócrata, porque lo innegociable no es la independencia. Lo innegociable es el derecho a decidir nuestro futuro. Pongan urnas, por favor.

Eduard Voltas (@eduardvoltas)
Fuente: NacióDigital.cat

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Quiero a España pero soy independentista

Quiero a España pero soy independentista

Queremos la independencia pero, al mismo tiempo, queremos que España gane el Mundial

Este artículo nace del ahogo que me provoca intentar explicar en Madrid la cuestión catalana. Lo que se llama «hacer pedagogía» (aunque no me gusta nada , porque no somos quién para dar lecciones a nadie ) y que, sencillamente quiere decir explicarse a uno mismo, se vuelve absolutamente imposible porque la pasión, burda, inunda la razón y lo niega todo convirtiendo cada conversación en un humedal fangoso donde sólo te puedes hundir un poco más. Y el título, aunque a algunos les puede parecer una contradicción, es la pura verdad . Es tal como lo siento y como creo que lo sentimos muchos. Ahora me explico. Primero el detonante.

Me he visto involucrado en la enésima discusión sobre Cataluña. El enésimo careo, porque sí, les encantan los careos. A mí, con este tema, no. Porque hay una nula voluntad de comprensión.
«¿De dónde nace este sentimiento?», me preguntan. Y yo explico que (aparentemente) la sociedad catalana se ha convencido de que en España no estamos bien y ha tomado la decisión pragmática, racional, fría, de marcharse. ¿Por qué no estamos bien? Porque hay una sensación de reiterado menosprecio, por no decir maltrato. Con la economía, la cultura, la educación y… en definitiva con todo lo que signifique ser catalán. Entonces me dicen que ellos también tienen esa sensación con el Gobierno y no por ello Madrid o Castilla y León se independizan de España. Fabuloso, les digo yo. Vosotros quizá encontraréis otras herramientas para solucionar vuestros problemas, pero nosotros no las hemos encontrado durante más de 30 años. Y aquí se enciende otra chispa. Porque, si España y el Estado de las autonomías no funcionan (que aparentemente están de acuerdo), marcharnos y dejarlos tirados es de cobardes. De acuerdo, argumento. Pero uno de los principales problemas que tenemos es que Cataluña lleva toda la vida intentando hacer progresar España, intentando contribuir al proyecto común, y sólo hemos recibido pedradas, escarnio y un arqueo de ceja de «otra vez tocando los huevos?». Un frontón absurdo que ha envenenado el discurso de una manera paradójica: Cataluña hace una propuesta, automáticamente esta propuesta se convierte (porque los catalanes proponen mucho) en un «ya están otra vez los catalanes » y eso se convierte en un rebote catalanofóbico que provoca cosas tan curiosas como que nos prohíben artículos del Estatuto que luego aplican alegremente en otras autonomías.
Lo que venga de Cataluña, molesta porque viene de Cataluña. Porque somos vistos como los listos de la clase (reconozcámoslo, nos gusta ese puntito de sofisticados, de punta de lanza de la modernidad… y eso les revienta), pero ellos tienen el delegado de la clase. Nunca se hará lo que diga el listo de la clase… porque a todos les da rabia. Eso sí, que el listo de la clase años después es el triunfador y cuando hace cenas de reencuentro de amigos de EGB de Facebook es la envidia del grupo? Puede ser. O puede que se haya convertido en obeso lechoso que vive en casa de su madre porque como la economía no tira pues no tiene trabajo y se pasa el día jugando al World Of Warcraft online con japoneses que le dan palizas antológicas. Cuidado, ser el listo es un arma de doble filo. También se necesitan amigos.
Seguimos: «Es muy fácil montar un aparato independentista con una televisión como TV3». De acuerdo. Si no me equivoco, ahora mismo TV3 no vive un gran momento y debe estar en un 12% de share. ¿El resto de televisiones (T5 , A3 , TVE…), no serán también nacionalistas, verdad? Ah sí, pero españolas, que no cuenta. Lavar el cerebro a todo un país desde un 12% de share me parece extremadamente meritorio y me gustaría saber exactamente con qué programas lo hacen: ¿Amb ulls de nen, Oh happy day?, ¿La Riera, Bojos pel ball? Creo que Ramon Pellicer parpadea en Morse «in-inde-independencia».
Seguramente lo que más contribuiría es el APM, que pone videos de la caverna que nos calientan. Pero vaya… muy cogido por los pelos y presuponiendo que el espectador catalán tiene el nivel intelectual de un bovino espongiforme. No nos perdamos el respeto, que sabemos pensar por nosotros mismos.
No se puede cambiar España desde Cataluña, porque España no quiere. Todos sabemos que se necesitan dos tercios de la cámara para tocar la sagradísima Constitución. Y que esto no ocurrirá porque ni PP ni PSOE lo permitirán, porque han alimentado un discurso de catalanofobia tan potente durante tantos años, que cualquier negociación con Cataluña parece por ellos una derrota, una humillación. Y no: la humillación (para ellos) es el fracaso de un proyecto común; la humillación (para ellos) es no haber sido capaces de construir una casa confortable para todos. La ilusión (para nosotros) es intentar crear este país de cero. Intentar crear un lugar que nos haga sentir orgullosos de estar en él, donde seamos los responsables de lo que ocurre. Donde si el país va bien o mal, sea cosa nuestra. Un país impulsado de abajo arriba, como ha sido este proceso, que comienza en los municipios y que se va organizando hasta llegar a ser una marea que ha arrastrado siempre pichafría CiU.
«No te fíes de Pujol, ni de Mas», me dicen aquí. Correcto, no me fío. No me fío de nadie. Pero, por encima de estas diferencias individuales, los catalanes hemos demostrado que sabemos unirnos para la colectividad. El arco ideológico que hay tras los partidos que apoyaron la pregunta del 9N tiene más colores que un pantone el día del Orgullo Gay. ¿Que Mas en su primera legislatura pactó con el PP aunque había firmado ante notario diciendo que no lo haría? Me acuerdo. ¿Que Maragall dijo aquello del 3% de CiU, que existe el Caso Millet, los deportivos de Jordi Pujol Ferrusola y la ITV de Oriol Pujol? Me acuerdo, por supuesto. Y espero que se haga limpieza. La corrupción es una lacra que parte del egoísmo de quien quiere aprovecharse de lo público para su bien personal. Tendremos que luchar con todas nuestras fuerzas, pero esto no invalida el deseo de toda una sociedad, sino al contrario, lo reafirma. Queremos tener un país que empiece de la nada. Hacer fuego nuevo. Me encantaría que la proclamación de la independencia fuera una noche de la verbena de San Juan. Y todos los muebles viejos, a la hoguera (metafóricamente).

Una más, que he oído. Una muy gorda: «Lo que pasa es que los catalanes sois unos racistas». ¡Pam! Hemos llegado al final del camino. Racismo, odiamos a los españoles, nos creemos mejores que ellos. No, eso sí que no. Por ahí no paso. Aquí es cuando me empieza a palpitar una vena de la sien e intento respirar con el diafragma para calmarme y no gritar (lo consigo siempre, por suerte; perder los nervios nos degrada a todos… y os aseguro que a mí particularmente). La identidad catalana radica en el mestizaje. Es así de simple. El mestizaje nos ha hecho como somos. Desde íberos y romanos, a fenicios y árabes, pasando por franceses y judíos y todos aquellos que han pasado por aquí. Cada uno nos ha ido configurando para hacernos como somos. Cataluña es un fractal, y esa es la gracia. Que un franquista como Anglada se cabrea al ver un niño etíope con una estelada y que la gente reaccione contra el racismo, es síntoma de salud. Que exista una asociación como Súmate donde catalanes venidos de toda España (los nuevos catalanes, que decía en Candel) se integran en este movimiento transformador, es síntoma de salud. Y de orgullo. Este es un elemento claramente diferenciador: Cataluña ha sido capaz de integrar todos los pueblos que la han visitado, España es incapaz de integrar ninguno de los pueblos que conviven en ella; por eso tenemos que irnos.
Se lo podemos explicar como queráis, pero no tienen ninguna intención de entenderlo. Porque nosotros queremos una relación entre iguales, ellos quieren una relación jerárquica. Y nada más: no hay manera de que te den un solo argumento para seguir en España, más allá del «porque sí». ¿Que es un salto al vacío? No lo sabemos. No lo sabremos hasta que saltemos. Pero lo que está claro es que sólo dependerá de nosotros el saber caer bien y el saber levantarnos. Desde el tedio dicen «pues que se vayan ya», pero no es eso. Queremos marcharnos bien.
Y aquí, vamos a la segunda parte: quiero España, pero soy independentista.
Quiero a España porque, para empezar, no me gusta odiar a nadie. Es una absurda pérdida de energía creativa que no va nada conmigo. Hagamos algo productivo, mejor que cogernos manía.
Quiero a España porque hay demasiadas cosas que me gustan como para que no la quiera. Me gusta el Real Alcázar de Sevilla. Me gusta el cocido. Me gusta bailar canciones de Kiko Veneno con un rebujito en la mano en un chiringuito de Cádiz. Me gusta el parque del Capricho de Madrid. Me gusta el olor de azahar de los campos valencianos en primavera. Me gusta la Costa da Morte. Me gusta tomar algo en Malasaña. Me gusta el jamón extremeño. Me gusta Miguel Mihura, me gusta Antonio López, me gusta Buñuel, me gustan Los Planetas y me gusta Fernando Fernán Gómez. Y podría seguir infinitamente. Me gusta y quiero a mucha gente en España porque forman parte de algunos de los mejores momentos de mi vida. Como nos pasa a todos. Pero esto no tiene nada que ver con que desee que Cataluña se independice para tener todas las herramientas que necesitamos para salir adelante. Porque yo seré el mismo, pero el país dependerá de sí mismo para ser mejor.
Otro ejemplo: hay muchos independentistas que viven con contradicción los éxitos de la selección española. Por aquello de que «es que hay jugadores catalanes o del Barça, pero es que… es España». Yo no. Me alegro que gane España. Quiero que España también gane el próximo Mundial. Cuando lo juegue Cataluña, querré que lo gane Cataluña. ¿Pero ahora? Estoy más cerca emocionalmente y culturalmente de España que de cualquier otra selección. ¿Que la inflamación patriótica que se produce cuando ganan me hace salir urticaria? También. Pero no podemos estar sacando defectos a todo el mundo continuamente, cada uno que se alegre como quiera.
Siempre nos dicen desde el Congreso que quieren mucho a Cataluña. Pero no lo demuestran con hechos. Yo quiero a España, y creo que muchos catalanes también. Por eso creo que es el momento de irse, en lugar de seguir nos discutiendo. Que cada uno vaya por su cuenta y así no habrá ninguna excusa para no hacer lo que hay que hacer para que los países funcionen. A todos nos conviene acabar con la excusa mutua.

Toni Mata (@ToniMataD)
Fuente: Som Atents

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La Feria de Abril de Cataluña


Ya huele a Feria, a azahar y a hierbabuena, y también a churros y a porras y a pescaito frito. Y se reparten besos entre brindis de fino, de manzanilla, de Montilla o de rebujito, y se dicen mil te quieros, que la Feria es buen sitio para enamorarse o pa‘declararse.

Llegan por la entrada del Real sinfonías multicolores de mujeres guapas vestidas de gitana, como dicen en Graná; de flamenca, como dicen en Córdoba la Llana; o de faralaes, que es lo mismo dicho en version fashion. Emociona ver cómo se lo curran estas mujeres, unas con trajes escogidos a su aire, otras vestías toas iguales, las de los coros rocieros… Cuántas horas, cuánta ilusión, cuánto amor empleado en vestirse y peinarse cuidando hasta el menor detalle. Os habrán dicho «¡guapas!» muchas personas y yo, desde este humilde escrito, os lo llamo también a vosotras; y a los hombres, qué menos, pero igual de ilusionados se paseaban con su traje campero con sombrero cordobés o con gorrilla.

Y en eso llego Súmate, y plantamos nuestra mesa, nuestra caseta ha sido el cielo. Mujeres y hombres con la camiseta negra repartiendo globos, con un muy grande al futuro, repartiendo trípticos en los que damos argumentos con palabras de paz y voluntad de construir, de sumar y no de restar, porque en esta Cataluña nuestra no sobra nadie piense lo que piense, venga de donde venga, sienta lo que sienta.

Somos como tú, no porque estemos contigo sino porque estamos en los mismos sitios donde estás tú. Me he sentido en esta Feria orgulloso de mis raíces andaluzas, y de mi mujer andaluza, y me he acordado del cielo más bonito del mundo: el del Sur, el de Andalucía y Extremadura, ese cielo pegao a la tierra de un azul radiante.

Y me he sentido orgulloso del pueblo catalán, de ese pueblo que formamos todos los que vivimos aquí que, como decia Llach, venim del Nord, del Sud, de mar endins, de terra enllà

Muchas, muchísimas personas con las que hemos hablado, están a favor de la consulta. Luego, unos están a favor de la independencia, pensando en su futuro, el de sus hijos y el de sus nietos; y otros en contra, creyendo que la independencia significa romper con su gente más allá de Cataluña, y les hemos dicho que no, que solo queremos separarnos del Estado español, no de los españoles, que somos nosotros mismos.

Y por encima de todo un sentimiento, no hay fractura entre fandangos y alegrias y soleás y salves rocieras, en la Feria se respira respeto. La Feria no es de nadie, es de todos. Es de esas mujeres guapas vestidas de flamenca, no pocas de ellas catalanas de origen y lengua; es de esos hombres y mujeres que con pins de esteladas, o de banderas andaluzas, o de banderas españolas, o con más de una, o sin ninguna, van a echar un rato. Y no hay fractura porque todos y todas somos un solo pueblo.

Por todo eso y por mucho más, más de una vez al caer la tarde me acercaba a lo hondo de la Feria, a la vera de la playa y mirando el mar me echaba a llorar con lágrimas güenas sientiéndome orgulloso de todas las mujeres y hombres con los que he charlado estos días, y sintiendo con más fuerza que nunca que juntos vamos a construir un nuevo país.

Juan Batlle Pie

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Debajo de las sotanas

Ayer se celebró en la Catedral de la Almudena de Madrid un funeral de Estado por la muerte del expresidente Suarez, en el que estuvo representada la plana mayor del régimen, incluyendo algún dictadorzuelo africano acompañando al heredero del dictador patrio. Lo mejorcito de cada casa. Y quien oficiaba no podía ser otro que Monseñor Rouco Varela, que aprovechó el acto religioso para soltar soflamas guerracivilistas desde el púlpito.

Nos advertía el santo varón que «los hechos y actitudes que causaron la Guerra Civil» pueden repetirse. No se sabe si más como amenaza o como justificación. Sería bueno recordar el papel jugado por la institución que Rouco representa en aquel conflicto; aquella Santa Cruzada alentada y bendecida, acompañada bajo palio, que provocó lo que aún hoy las cunetas esconden sin que haya arrepentimiento ni propósito de enmienda.

No es normal que en un estado aconfesional se organicen actos oficiales bajo el amparo de una determinada confesión religiosa. No es normal que esta determinada confesión religiosa goce de privilegios y exenciones injustificables. No es normal que esta determinada confesión religiosa se apropie del patrimonio de todos los ciudadanos, aprovechándose de reformas legales ad hoc. No es normal que esta determinada confesión religiosa pretenda imponer su moral a toda la sociedad. No es  normal que esta determinada confesión religiosa cuestione derechos, mientras protege a pederastas. No es normal que esta determinada confesión religiosa esté más del lado de los poderosos que de los que sufren las consecuencias de la situación económica actual. No es normal que esta determinada confesión religiosa se dedique a hacer política desde el púlpito, e incluso en a calle, preocupada más por los asuntos del César que por otros asuntos más elevados. 

Se eleva a la categoría de bien moral, verdad revelada y casi dogma de fe, la sacrosanta unidad de España, patria común e indivisible, católica, apostólica y muy española, escrita en las pétreas tablas de la Sacrosanta Ley Constitucional Setentayochista. Por si no fuera suficiente, sufrimos un Gobierno que paga peregrinaciones a Lourdes a guardias civiles, o condecora y nombra asesoras del ministerio a santas y vígenes varías. Todo muy propio de un país moderno  y del siglo XXI. Vivimos en una España, no ya en blanco y negro, sino de cirio y pergamino.

Queda claro lo que hay debajo de las sotanas de Monseñor Rouco y su camarilla: integrismo y nacionalcatolicismo español. El de toda la vida. Como para quedarse…


Coque García (@coquegarcia)
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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.
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Por una doble ruptura democrática: separación amistosa, cambio de régimen

A estas alturas el movimiento soberanista catalán debería despertar respeto, si no comprensión, en el resto del estado. En efecto, ya nadie puede dudar de que se trata de un movimiento democrático y de libertad, una marea cívica y popular. Es sintomático, por ejemplo, la reciente firma de convenios de la ANC con organizaciones sindicales y con la FAVB (Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona), que refuerzan la participación y el compromiso ciudadano con el proceso. Por otra parte, es claramente transversal, sin que pueda ser tildado simplistamente de izquierdas o de derechas, a pesar de que, como es natural, las diversas fuerzas políticas se disputan su hegemonía. Las eventuales acusaciones de insolidaridad o de fronterismo resultan insustanciales cuando las agresivas estructuras estatales han arruinado todo tipo de pactos y continúan derribando los logros de autogobierno alcanzados.
En esta situación resulta intolerable el inmovilismo que equivale a perpetuar la voluntad de dominio y asimilación. Por su parte, resultan nada creíbles las vías autollamadas reformistas, cuyos reiterados fracasos culminaron en la sentencia del TC de 2010 y cuyas voces sólo se han despertado cuando el soberanismo ha elevado el tono reivindicativo. Pero también resulta insuficiente la simple aceptación del derecho a decidir, pero sin planes pro-activos para antes y después de su ejercicio. Esto es, sin una voluntad clara de diagnosticar el problema, dilucidar responsabilidades y encontrar soluciones.
(1) UNA SEPARACION AMISTOSA PARA UNA COLABORACIÓN MÁS FRANCA
Hay que aceptar de una vez por todas que la cerrazón de unos y la tibieza de otros han dinamitado las propuestas de convivencia y han hecho ya imposible un estado común. Basta apuntar que cualquier iniciativa en este sentido debería asumir, por lo menos, el Estatuto del 2006 (aprobado por el Parlamento español y refrendado por el pueblo catalán), cosa impensable actualmente por parte de las fuerzas políticas hegemónicas.
Aceptada esa premisa, la izquierda trasformadora debe promover la separación amistosa como una salida democrática y la menos mala de las posibles, poniendo el acento en minimizar los costes económicos, sociales y sentimentales. Por ejemplo, repartiendo la deuda, evitando boicoteos y vetos, propiciando dobles nacionalidades, facilitando la movilidad, etc.
Más aún, se trataría de potenciar las oportunidades, que también las hay, una vez se cierre la herida territorial abierta tres siglos atrás. La preservación de las buenas relaciones humanas e institucionales haría posible una nueva cooperación entre las partes. En particular, podría por fin plantearse un auténtico federalismo/confederalismo democrático de los pueblos ibéricos, no basado en la imposición y el dominio, sino en el reconocimiento mutuo de la previa soberanía e independencia. Más en general, abre la posibilidad de arrumbar con el régimen que desde hace siglos viene sufriendo el pueblo español. Es la oportunidad para revisar diagnósticos, relevar actores y redefinir objetivos.
(2) UN CAMBIO DE REGIMEN PARA UNA SOCIEDAD MÁS JUSTA
La secesión de Catalunya es el símbolo de un fracaso secular en la acción de gobierno de un régimen basado en al absolutismo y el clericalismo, de las clases dirigentes que lo han apoyado y de los partidos que le han dado cobertura. Ha de marcar el punto final de una monarquía desprestigiada, de una Constitución obsoleta y de un bipartidismo cómplice.
Es la culminación de siglos de dilapidación de recursos, de pobreza y desequilibrios territoriales, de incapacidad para gestionar un imperio o para estructurar un estado, de extorsión lingüística y cultural contra la diversidad, de represión de los movimientos renovadores y de tolerancia hacia los autoritarios.
(3) UNA ALTERNATIVA POLÍTICA PARA ESA DOBLE RUPTURA
Se requiere, por tanto, una alternativa política sobre la base de una nueva relación cooperativa entre las naciones y estados ibéricos, una regeneración progresista de las estructuras sociales y económicas y un relevo profundo en las clases dirigentes.
Sólo la izquierda transformadora puede liderar esa alternativa. Pero para ello debe liberarse de sus propios prejuicios políticos y sentimentales. Una vez más, la movilización popular ha tomado la iniciativa con una rapidez y una determinación que están dejando atrás a buena parte de los teóricos y de los políticos orgánicos. Aún es tiempo de reaccionar y de rectificar, afrontando las nuevas realidades: la izquierda transformadora debe asumir esa doble ruptura no sólo como inevitable, sino como conveniente y hasta como necesaria.
Josep Ferrer Llop, Teresa Mira Lozano, Santi Lapeira Gimeno, Francesc Matas Salla, Jordi Presas Vidal, Jordi Gutiérrez Suárez, Elvira Duran Costell, Josep M. Armengou Iglesias,Miquel Àngel Escobar Gutiérrez, Xavier Ferrer Masip, Joan de Torres Aguilar, Mercè Martí Novellón, Antonio Baños Castillejos, Ferran Puerta Sales,Pau Morillo Romero, Josep Maria López Llaví,David Miñana Galbis, Núria Cruset Garrell, Xavi Llobet Ribeiro, Mario Ezquerra Trabalon, Albert Compta Creus, Josep A.Tribó Busquets, Lluis Pérez Vidal, Carles Puig Pla, Coque García Muñoz, Paco Martínez Serrat.
Per una doble ruptura democràtica
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