


En los últimos cinco años hemos visto como el independentismo en Cataluña, una de las regiones más productivas de España, ha crecido de manera significativa. Algunos pretenden ver en esto un signo de insolidaridad o de egoísmo nacionalista, sin entender los verdaderos motivos que nos han traído a esta situación.
Eduardo Reyes
Presidente de SÚMATE



Hace poco en un chat de antiguos alumnos alguien colgó alguna cosa de Podemos. Y otro le preguntó si estos no son de derechas. El primer le vino a decir: o esto o el 9N voto doble Sí, sintiendolo mucho por mis raíces. Y no pude evitar meter la cuchara. Y es que nuestras raíces en este proceso no tienen nada que ver. Tu apellido puede ser Sánchez, Dalmau, Smith o Aziz, pero si quieres la terra esto no importa. Puedes votar #SíSí vengas de donde vengas, ya que esto no está reñido con tus raíces. Querer la independencia no significa que odies a nadie ni a ninguna otra tierra. Quiere decir que quieres prosperar, que anhelas más libertad y quieres poder decidir tu futuro sin estar ligado a nada.
Ha pasado usted por Catalunya con motivo de la campaña electoral y ha dicho cosas. Hace meses que viene usted diciendo cosas sobre Catalunya y la cuestión del derecho a decidir. Recuerdo por ejemplo un interesante artículo en La Vanguardia que iba más allá de la doctrina oficial del PSOE y que no sé si hoy volvería a escribir. Es usted uno de los pocos políticos españoles que no ofende cuando habla de Catalunya. No nos ha llamado nazis, ni liliputienses, ni hobbits, ni insolidarios, ni locos. O al menos no me consta. Fíjese a qué punto hemos llegado, cuando se habla de nuestro país sin faltar al respeto nos llama la atención.
Hay un hilo argumental constante en sus intervenciones. Reclama usted una negociación entre las fuerzas políticas que evite la independencia a través de un nuevo pacto constitucional de tipo federal. Quiero explicarle por qué este es un planteamiento, en el fondo y en la forma, muy alejado de la actual centralidad social y política catalana y, por tanto, sin posibilidades reales de prosperar. Lo resumiré en tres puntos.
Primero. El suyo es un planteamiento cerrado porque sólo imagina un final posible, que es que Catalunya siga formando parte del Estado español. Eso es lo contrario del derecho a decidir que reclama la mayoría social en Catalunya. Decidir significa decidir, y eso incluye la posibilidad de decidir quedarse, claro que sí, pero también la de decidir irse. Si al final sólo puedes votar si te quedas o te quedas, no estás decidiendo. Y la gente aquí en Catalunya no aceptará esta limitación democrática.
Segundo. El suyo es un planteamiento viejo. De política antigua, quiero decir, de la que se hace de arriba a abajo: las élites políticas de Madrid y Barcelona se encierran en un despacho con línea telefónica directa con las respectivas élites económicas y cocinan un acuerdo que posteriormente se somete a votación. No dudo que en la mayor parte de España esta manera de hacer política siga plenamente vigente, pero debe saber que aquí en Catalunya esto se ha terminado. La mayoría de los partidos han entendido que ahora, y al menos en este tema, tendrá que ser al revés: primero se deberá obtener un mandato democrático popular, y luego ir a Madrid a trasladarlo, ya sea ese mandato “negociad para quedarnos” o bien “negociad para irnos”. Usted propone un método de arriba a abajo y esta vez el catalanismo reclama un método de abajo a arriba, donde el punto de partida y de llegada es la voluntad popular.
Tercero. El suyo es un planteamiento de antes de que lo nuestro se jodiera. Disculpe la grosería, está tomada del título del último libro del periodista Arturo San Agustín, que habla de la relación Catalunya-España y se titula precisamente así, Cuando se jodió lo nuestro. Y es que ya no hay la confianza imprescindible para iniciar un proceso como el que usted propone. No sé si es usted consciente de ello, pero lo que pasó con el Estatut significó una brusca y profunda quiebra de confianza que para muchos, muchísimos, no tiene marcha atrás. El grueso central del catalanismo social y político ya no se fía de la clase política española. No es que no se fíe del PP sino que ahora ya tampoco se fía del PSOE. Dijeron que respetarían el Estatut que aprobase nuestro Parlament y lo recortaron (con cachondeo incluido: “Le hemos pasado el cepillo”). Aún así, y sin entusiasmo, lo aprobamos en referéndum. Y entonces vino el Constitucional y se cargó lo que los ciudadanos habían votado en referéndum. Fue un via crucis con final de muerte. ¿Pretende usted que ahora los catalanes nos volvamos a meter en un proceso de este tipo, aún más complicado que la reforma del Estatut, y donde al final siempre acaba mandando la mayoría PP-PSOE?
Debe usted pensar que si todo esto que le cuento es cierto, la sociedad catalana ha cambiado mucho. Es cierto, ha cambiado mucho. Pero tampoco reclama nada que pueda chocarle a un demócrata, porque lo innegociable no es la independencia. Lo innegociable es el derecho a decidir nuestro futuro. Pongan urnas, por favor.
Eduard Voltas (@eduardvoltas)
Fuente: NacióDigital.cat

Este artículo nace del ahogo que me provoca intentar explicar en Madrid la cuestión catalana. Lo que se llama «hacer pedagogía» (aunque no me gusta nada , porque no somos quién para dar lecciones a nadie ) y que, sencillamente quiere decir explicarse a uno mismo, se vuelve absolutamente imposible porque la pasión, burda, inunda la razón y lo niega todo convirtiendo cada conversación en un humedal fangoso donde sólo te puedes hundir un poco más. Y el título, aunque a algunos les puede parecer una contradicción, es la pura verdad . Es tal como lo siento y como creo que lo sentimos muchos. Ahora me explico. Primero el detonante.

Toni Mata (@ToniMataD)
Fuente: Som Atents
Ya huele a Feria, a azahar y a hierbabuena, y también a churros y a porras y a pescaito frito. Y se reparten besos entre brindis de fino, de manzanilla, de Montilla o de rebujito, y se dicen mil te quieros, que la Feria es buen sitio para enamorarse o pa‘declararse.
Llegan por la entrada del Real sinfonías multicolores de mujeres guapas vestidas de gitana, como dicen en Graná; de flamenca, como dicen en Córdoba la Llana; o de faralaes, que es lo mismo dicho en version fashion. Emociona ver cómo se lo curran estas mujeres, unas con trajes escogidos a su aire, otras vestías toas iguales, las de los coros rocieros… Cuántas horas, cuánta ilusión, cuánto amor empleado en vestirse y peinarse cuidando hasta el menor detalle. Os habrán dicho «¡guapas!» muchas personas y yo, desde este humilde escrito, os lo llamo también a vosotras; y a los hombres, qué menos, pero igual de ilusionados se paseaban con su traje campero con sombrero cordobés o con gorrilla.
Y en eso llego Súmate, y plantamos nuestra mesa, nuestra caseta ha sido el cielo. Mujeres y hombres con la camiseta negra repartiendo globos, con un SÍ muy grande al futuro, repartiendo trípticos en los que damos argumentos con palabras de paz y voluntad de construir, de sumar y no de restar, porque en esta Cataluña nuestra no sobra nadie piense lo que piense, venga de donde venga, sienta lo que sienta.
Somos como tú, no porque estemos contigo sino porque estamos en los mismos sitios donde estás tú. Me he sentido en esta Feria orgulloso de mis raíces andaluzas, y de mi mujer andaluza, y me he acordado del cielo más bonito del mundo: el del Sur, el de Andalucía y Extremadura, ese cielo pegao a la tierra de un azul radiante.
Y me he sentido orgulloso del pueblo catalán, de ese pueblo que formamos todos los que vivimos aquí que, como decia Llach, venim del Nord, del Sud, de mar endins, de terra enllà…
Muchas, muchísimas personas con las que hemos hablado, están a favor de la consulta. Luego, unos están a favor de la independencia, pensando en su futuro, el de sus hijos y el de sus nietos; y otros en contra, creyendo que la independencia significa romper con su gente más allá de Cataluña, y les hemos dicho que no, que solo queremos separarnos del Estado español, no de los españoles, que somos nosotros mismos.
Y por encima de todo un sentimiento, no hay fractura entre fandangos y alegrias y soleás y salves rocieras, en la Feria se respira respeto. La Feria no es de nadie, es de todos. Es de esas mujeres guapas vestidas de flamenca, no pocas de ellas catalanas de origen y lengua; es de esos hombres y mujeres que con pins de esteladas, o de banderas andaluzas, o de banderas españolas, o con más de una, o sin ninguna, van a echar un rato. Y no hay fractura porque todos y todas somos un solo pueblo.
Por todo eso y por mucho más, más de una vez al caer la tarde me acercaba a lo hondo de la Feria, a la vera de la playa y mirando el mar me echaba a llorar con lágrimas güenas sientiéndome orgulloso de todas las mujeres y hombres con los que he charlado estos días, y sintiendo con más fuerza que nunca que juntos vamos a construir un nuevo país.

Juan Batlle Pie

Ayer se celebró en la Catedral de la Almudena de Madrid un funeral de Estado por la muerte del expresidente Suarez, en el que estuvo representada la plana mayor del régimen, incluyendo algún dictadorzuelo africano acompañando al heredero del dictador patrio. Lo mejorcito de cada casa. Y quien oficiaba no podía ser otro que Monseñor Rouco Varela, que aprovechó el acto religioso para soltar soflamas guerracivilistas desde el púlpito.
Nos advertía el santo varón que «los hechos y actitudes que causaron la Guerra Civil» pueden repetirse. No se sabe si más como amenaza o como justificación. Sería bueno recordar el papel jugado por la institución que Rouco representa en aquel conflicto; aquella Santa Cruzada alentada y bendecida, acompañada bajo palio, que provocó lo que aún hoy las cunetas esconden sin que haya arrepentimiento ni propósito de enmienda.
Queda claro lo que hay debajo de las sotanas de Monseñor Rouco y su camarilla: integrismo y nacionalcatolicismo español. El de toda la vida. Como para quedarse…
