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La Unión Europea debe respetar las nuevas naciones

No hay ninguna base para excluir a Cataluña y Escocia de la UE si votan por la independencia. Su pertenencia a España y Gran Bretaña es un asunto español y británico, en el que la UE no tiene competencia.

Han habido numerosos rumores sobre la expulsión de escoceses y catalanes de la UE si votan a favor de la independencia respecto a Gran Bretaña  y España.
Recientemente, el presidente de la Comisión Europea, Manuel Barroso, se vió obligado a presionar a los escoceses. Especialmente España protege la unidad del país y está presionando para que la UE apoye a los actuales estados miembros, en lugar de permanecer neutral en la disputa entre los diversos pueblos de los países miembros.
Las amenazas de exclusión de la UE son puramente políticas. No hay base legal alguna en los tratados de la UE para expulsar de la Unión a un pueblo. Este extremo tan solo podría ocurrir legalmente mediante una modificación de los Tratados vigentes por unanimidad de los 28 estados miembros.
Este también fue el método por el que Groenlandia se retiró de la CE el 1 de enero de 1985 tras un referendum en febrero de 1982.
Del mismo modo, no hay ninguna disposición en los tratados sobre la concesión de derechos a las regiones que se convierten en estados. También esto requiere de una enmienda unánime de los tratados. Por tanto, se deberá encontrar una solución común.
Hay bases legales fuertes para resolver un conflicto de estas características. Según los tratados, todos los países europeos tienen el derecho de perteneeer a la UE si cumplen con diversos criterios.
Cataluña y Escocia evidentemente cumplen todos los criterios, ya que las leyes de la UE están en vigor en ambas regiones, por encima de toda la legislación regional y nacional. Así es ahora, y así será también cuando hayan votado por la independencia. 
La más importante de las preguntas abiertas de la negociación será la representación de las nuevas naciones en los órganos de la Unión. ¿Se deben tratar como naciones independientes y tener sus propios miembros en la Comisión Europea, Consejo de Ministros así como sus propios miembros en el Parlamento Europeo? ¿Deberían solicitar ser miembros siguiendo las directrices de los tratados para la admisión de nuevas naciones? En este caso, Escocia y Cataluña se verían obligadas a aceptar el euro como moneda. Gran Bretaña y Dinamarca cuentan con excepciones. Nosotros [los daneses] podemos decidir si queremos substituir las coronas por la moneda comunitaria. Los nuevos estados miembros no lo pueden decidir
Cataluña tiene el euro pero no tiene ninguna intención de contar con moneda propia. Escocia utiliza la libra británica y si se independiza deberá hacer un acuerdo con Gran Bretaña, crear una moneda propia o bien aceptar el euro.
Cuando en 1993 Checoslovaquia se dividió en Chequia y Eslovaquia, los dos nuevos países fueron tratados como naciones independientes. Los dos obtuvieron más tarde una representación correspondiente a la de otros países de la misma población. No se les castigó por el hecho de haberse separado.
Muy al contrario, los dos países obtuvieron en conjunto una representación mucho mayor que si hubieran solicitado la admisión como Checoslovaquia.
Si Cataluña  y Escocia reciben un trato menos favorable, pueden ir al Tribunal de Justícia de la Unión Europea y quejarse por discriminación respecto a otras naciones. No será fácil encontrar argumentos legales para rechazar un caso como este. La discriminación nacional está explícitamente prohibida por los tratados.
El Derecho de autodeterminación de los pueblos es un derecho internacional también reconocido por la UE. 
¿Significa esto que cualquier enclave puede formar su estado propio y reclamar los derechos de estado? ¿Puede la City de Londres independizarse de Gran Bretaña y obtener representación propia en la UE y en Naciones Unidas? Difícilmente, ya que no se trata de una nación con un pueblo diferenciable respecto a Gran Bretaña como unidad nacional especial.
Puede haber casos que estén en el límite y se hagan difíciles de decidir. Pero nadie puede poner en duda que tanto Escocia como Cataluña son dos naciones viables.
Gran Bretaña ha decidido que Escocia pueda votar sobre la independencia. Cataluña ha decidido lo mismo, pero España está en contra.
Escocia puede convertirse en un país como Dinamarca y añadirse a la cooperación nórdica y estar representada en la UE como lo está Dinamarca en la UE y en Naciones Unidas. Con un comisario, un puesto en el Consejo de Ministros y 13 representantes en el Parlamento Europeo. Para obtener esta representación es necesaria la revisión unánime de los tratados para la inclusión de nuevos estados miembros. Pero el punto clave radica en que los nuevos países ya forman parte de la UE.
No hay ninguna base para excluir a Cataluña y Escocia de la UE si votan por la independencia. Su pertenencia a España y Gran Bretaña es un asunto español y británico, en el que la UE no tiene competencia. En cualquier caso, las competencias españolas y británicas no son suficientes para expulsar de la UE dos naciones por el hecho de votar a favor de la independencia.
Los dos estados madre también estarían, por tanto, obligados a encontrar una solución si Escocia y Cataluña deciden independizarse.
El hecho de que la independencia se contagie a los vascos y otras naciones, y surjan muchos pequeños estados en la UE, llevará a una revisión general de la representación de los países de la UE. Los países grandes han mostrado reticencias a que todos los estados miembros tengan un comisario.
Probablemente se convocará una reunión de gobiernos de los estados miembros de la UE en 2015 por otros motivos. 
El Parlamento Europeo quiere volver a intentar convertir los tratados en una consitución.
Alemania quiere tener el control sobre las leyes de presupuestos de los diferentes países como condición para continuar con la contribución alemana a la supervivencia del euro. Si Escocia y Cataluña deciden independizarse, puede producirse un debate específico sobre cómo se deben organizar tanto las naciones como las regiones europeas.
La UE prohibe la discriminación contra las minorías nacionales, y esta directriz la considero fruto de mi obra en la UE. Fui invitado a hablar a la minoría alemana en Dinamarca, en su centro de enseñanza en Sankelmark, en el sur de Schleswig (Alemania). Les tenía que hablar de políticas agrarias en la UE y lo hice en sønderjysk [dialecto danés del sur de Jutlandia] que es la lengua común entre daneses y alemanes de la región fronteriza. Durante la pausa comí con el líder de la minoría danesa del sur de Schleswig, Anke Spoorendonk, y el líder de la minoría alemana del norte de Schelswig (Dinamarca), Hans Heinrich Hansen. Nos pusimos de acuerdo en formular una propuesta de prohibición de discriminación de las minorías nacionales en la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE.
Formé parte de las dos convenciones y no tuve dificultades en llevarlo a cabo. La disposición fue posteriormente incluída en el Tratado de Lisboa. De joven, con una mentalidad danesa en Aabenraa (Dinamarca), jamás habría soñado que habría colaborado a crear unos derechos conjuntos para danesos y alemanes en la región fronteriza y para todas las nacionalidades de la UE. A menudo he hablado en otros países sobre la forma ejemplar como hemos resuelto el tema fronterizo entre Dinamarca y Alemania.
Hans Peter Hansen, fue un gran referente para los habitantes del sur de Juntlandia antes de la reunificación [cambio de dominio alemán a danés de la región de Nordschleswig/Sønderjylland en 1920 mediante referendum] ya que estableció buenas relaciones con los miembros alemanes del Reichstag en Berlín, mientras que nunca dejó de lado su labor: conseguir que mis abuelos y otros pro-daneses del norte de Schleswig volviesen a Dinamarca. Los de mentalidad alemana aceptaron la redefinición de las fronteras porque así se decidió por votación en tres zonas.
H. P. Hansen tan solo quería a aquellos que se sintieran daneses. Respetó a nuestros vecinos alemanes, incluso después de haber caído en la Primera Guerra Mundial. Mi abuelo fue herido como soldado alemán durante la Guerra, pero yo nunca le oí decir ni una mala palabra contra los alemanes. Somos dos naciones diferentes y nos sentimos mejor como buenos vecinos. Los daneses entienden los principios de las minorías nacionales, las fronteras y el derecho de autodeterminación de los pueblos. Ojalá estos principios se puedan extender a toda Europa. Con o sin Escocia y Cataluña como naciones independientes.

Jens-Peter Bonde
Ex diputado del Parlamento Europeo

Fuente: Jyllands Posten 05.03.2014
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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.
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Respuesta al editorial de EL PAÍS «Un golpe de mano», de 18 de marzo de 2014

Editorial de EL PAÍS «Un golpe de mano», de 18 de marzo de 2014

En los primeros años de la llamada Transición, el diario EL PAÍS fue un poderoso instrumento de creación de opinión, y solía hacerlo a partir de su inequívoca identificación con la incipiente democracia. Una democracia reclamada por la calle y trasladada, en un grado entonces más que aceptable, a las estructuras del Estado a través de un proceso liderado por un presidente del gobierno, Adolfo Suárez, que reclamó de las cortes altura de miras para «elevar a la categoría política de normal, lo que a nivel de calle es plenamente normal». En esos años, EL PAÍS entendía lo que ocurría en las calles de España, lo que era «plenamente normal» en ellas. Tal vez siga entendiendo lo que es plenamente normal en las calles españolas, pero o no entiende lo que ocurre en las calles catalanas, lo cual le merma seriamente como creador de opinión al respecto, o lo entiende pero lo tergiversa o simplemente lo oculta, en cuyo caso no queda mermado como creador de opinión, sino desprovisto de toda credibilidad.

Junto con la credibilidad, parece estar perdiendo también la capacidad de sostener su esfuerzo como creador de opinión en observaciones sólidamente argumentadas. Entrar en la discusión semántica de los términos ‘elecciones plebiscitarias’ para intentar demostrar que son un ejemplo de la actitud manipuladora de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) es un recurso más propio de una conversación matutina de bar que de un equipo profesional del periodismo supuestamente de alta calidad. Pero ni siquiera eso es lo más preocupante. Como profesor de lengua y literatura en castellano que he sido durante bastantes años, puedo apreciar su interés por la precisión en el uso de las palabras. Lo que no puedo ni quiero ni debo aceptar, como ciudadano, es que esa discusión semántica sustituya cualquier elaboración sobre el significado plenamente normal que los términos ‘elecciones plebiscitarias’ tienen en las calles y en el Parlament de Catalunya y con el que, por cierto, Felipe González, a quienes ustedes protegieron durante muchos años, no tuvo ningún problema de comprensión lectora en su conversación con Artur Mas y Jordi Évole.
Pero hay más. Ustedes entienden perfectamente la descripción de un proceso por el que, si el gobierno de Mariano Rajoy no da los pasos para autorizar la consulta del 9 de noviembre, lo más probable es que el President Artur Mas disuelva el Parlament y convoque elecciones plebiscitarias, en las que los partidos que defienden el derecho a decidir y la celebración de la consulta como un ejercicio inequívocamente democrático de los derechos inividuales de los ciudadanos catalanes, se comprometerán a instar al nuevo Parlament a crear el Estado Catalán independiente. Si, como parece más que probable, esos partidos obtienen una mayoría más que holgada, ese compromiso se convertirá en un mandato recibido directamente de los electores catalanes. Eso es democracia. Entren ustedes a discutir eso, analizarlo, debatirlo en la sociedad española como se está debatiendo intensamente en la sociedad catalana, y rebátanlo con los argumentos que estimen apropiados. Vuelvan a ser verdaderamente creadores de opinión y entren en el debate, en lugar de evitarlo como hacen sistemáticamente el gobierno central y el PP. Y háganse conscientes de que cuando uno habla serenamente y el otro calla, el silencio pertinaz es el único que cree oír gritos en las palabras del que habla.
Entrando en el debate seriamente, y no con juegos semánticos evitativos, contribuirán a que la sociedad española debata qué país quiere tener, qué Estado quiere tener, qué aspectos valiosos de sus formas de pensar, sentir, actuar, ser quiere mantener y cuáles quiere o necesita cambiar. Contribuyan a que la sociedad española debata sobre sus identidades y sobre los efectos que el casi perenne y sin duda obsesivo centralismo castellanista ha tenido y sigue teniendo en la vida de los ciudadanos españoles. Contribuyan a que los españoles (no solo los políticos sino, ante todo, los ciudadanos, que es de quienes provienen los mandatos), conozcan mejor su historia, no como una sucesión de hechos supuestamente heroicos de sus élites, sino desde la perspectiva de los efectos duraderos de las acciones interesadas de esas mismas élites. Contribuyan a que los españoles sepan qué ocurrió no solo en 1714 sino, sobre todo, después, y desde entonces hasta hoy. Contribuyan a generar ese debate social que ahora no se oye por ninguna parte, y verán cómo entonces se desencadena el debate político en España que ahora no existe. Eso es lo que hace años estamos haciendo los catalanes: generar y mantener un intenso y sereno debate social que acaba siendo recogido, como debe ser, por nuestros representantes políticos que entonces, más que nunca, nos representan, no solo porque hayan recibido nuestros votos el día de las elecciones, sino porque escuchan el debate que se da en la calle, lo interpretan correctamente y lo asumen. Ustedes llaman a eso golpe de mano asambleario. Nosotros lo llamamos democracia.
Cuando sean ustedes capaces otra vez de escuchar a su ciudadanía, la española, y detectar en el debate (o en la ausencia de debate) social tendencias, síntomas, señales, indicaciones, y sean capaces de interpretarlas, utilicen ese caudal de información y elaboración para analizar lo que hace la sociedad catalana. Mientras tanto, tal vez sería más útil para todos que escucharan más y mejor, y recuperaran su propia memoria histórica como periódico y la del que durante décadas ha sido su partido de referencia, el PSOE, que defendió en su día el derecho de autodeterminación, ese mismo que hoy ustedes contribuyen a criminalizar.


José María Ribal (@josemariaribal)

Fuente: blog personal
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Señor Leguina, ¿quién necesita perdón?

El vulgo en Cataluña está perdido, desorientado. Manipulado y adoctrinado, se dirige inexorablemente hacia el despeñadero, hacia el precipicio. Hacia el abismo y hacia el espacio exterior. Somos un pueblo de súbditos, no ciudadanos; un rebaño de menores de edad a quienes han engañado y un loco conduce a la perdición.
Y de entre toda esa chusma que son «los catalanes», destaca la subclase de los «inmigrantes». Hoy día el 70% de los catalanes tienen orígenes fuera. Son los García, los Fernández, los Rodríguez, los Martínez… Todos los «ez» y muchos más. Esos son los peores, porque algunos se niegan a cumplir el papel que el régimen postfranquista les tenía reservado. Para eso el PSOE lo tenía todo atado y bien atado: masa sumisa, y entretenida de vez en cuando trayendo al presidente de la Junta de turno. A pesar de llevar algunos más de cuarenta años en Cataluña, a pesar de haber echado aquí raíces, a pesar incluso de haber nacido aquí, a pesar de sentirse catalanes, siguen siendo «inmigrantes» en Cataluña. Además de manipulados, son un hatajo de renegados y traidores, de estómagos agradecidos y tontos útiles. Son como los kapo judíos en los campos de concentración, son como el Tío Tom o como «el primer negro que salió en TV3 hablando catalán». Imperdonable.
Por suerte tenemos al salvapatrias Joaquín Leguina, que nos regala sus consejos y lecciones. Retorna desde la ultratumba y el olvido político para iluminarnos, ¡ay míseros de nosotros, ay infelices!. Resulta que lo que pasa en Cataluña, esto de sacar cientos de miles de personas a la calle, esto de la sociedad civil organizada para iniciar un proceso constituyente con reformas profundas desde la base, es culpa de Artur Mas, que está tó loco y se ha metido en un callejón sin salida. Él solito. El pueblo no pinta nada, estamos alienados.
Joaquín Leguina representa lo mejorcito de este régimen postfranquista que agoniza. Es de esos nacionalistas que niegan ser nacionalistas, porque nacionalistas son siempre los demás, que yo la tengo más grande. Todo el mundo sabe que nación solo hay una (grande y libre) que es la Española, de españoles, y en español, porque lo dice la Sacrosanta Constitución (española). A la mierda eso de entender la nación como un plebiscito diario, como un compromiso entre ciudadanos, como una voluntad de ser. Una nación, para el señor Leguina, lo es porque lo dice la ley. ¡Y punto!
Y si alguien no comulga con esa visión legalista, dogmática y étnico-identitaria monodireccional del señor Leguina (y otros muchos salvapatrias del régimen), es un traidor al que hay que combatir. Solo faltaría que lo resolvieramos debatiendo y decidiendo democráticamente. ¿Estamos locos? ¡Que esto es España!
Pues en esas estamos los catalanes. Haciendo locuras, como pedir que nos escuchen y poder votar. Y somos muchos los catalanes de distintos orígenes, con identidades diversas y que hablamos castellano sin estar perseguidos (a quien el señor Leguina considera indómitos inmigrantes), los que formamos parte de este proceso, siendo protagonistas. Porque de eso se trata, señor Leguina, de construir juntos, entre todos, algo nuevo, algo que intentaremos que sea mejor que lo que hay ahora. ¿Qué tenemos que hacernos perdonar? Lo que no nos podremos perdonar a nosotros mismos es dejar pasar esta oportunidad para poder decidir nuestro futuro. No nos podremos perdonar el dejar de luchar para seguir progresando, que es la misma lucha que trajo a muchos, a nuestros padres, a Cataluña.
Quizás el que se tiene que hacer perdonar algo es el señor Leguina. Se ha convertido en un cadáver resentido y amargado, que ahora reniega de todo aquello que él representa y con lo que ha colaborado cómplicemente. Es un claro exponente de todo aquello que no funciona, de aquello que hace necesario empezar de nuevo.
Señor Leguina, nosotros no vamos a pedir perdón por querer ser ciudadanos y dejar de ser súbditos de ése régimen del que usted forma parte. Pero le perdonamos su desconocimiento de la realidad, aún está a tiempo de ponerle remedio, de venir y acercarse a Cataluña y a los catalanes dejando de lado su nacionalismo y sus prejuicios. Mientras tanto, nosotros vamos haciendo camino, anem fent via


Coque García (@coquegarcia)

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La falacia en el debate nacional del concepto “ciudadano del mundo”

Hay muchas personas que se autodenominan “no nacionalistas” y se contraponen a otras que definen de forma manifiesta con que cuerpo social se identifican más (Catalunya, España, Francia, Euskadi). Se asume cierta posición de superioridad moral “yo estoy por encima de naciones y banderas” frente a los cavernícolas que defienden (o defendemos) que hay un cemento que cohesiona y genera los cuerpos sociales. En cierta manera me recuerdan el “la sociedad no existe” de los neoliberales de los años 80.

Es cierto que hay una extraordinaria minoría de verdaderos ciudadanos del mundo, que se sienten identificados con la humanidad en su conjunto sin ninguna preferencia identitaria de ningún tipo. Pero no es la mayoría que se autodenomina “ciudadano del mundo”.
Hay una prueba del nueve para atrapar a un “ciudadano del mundo” de postín. ¿Defiende que la redistribución de los impuestos de, por ejemplo, en Catalunya se haga a cualquier otra región del mundo y no, curiosamente a una región española? ¿Creen que las ayudas europeas han de ir primero a ciudadanos de Europa y luego a los del resto del mundo? ¿creen que los impuestos recaudados en España se han de invertir prioritariamente (99%)… en España?
Las respuestas a estas preguntas nos demostrarán su verdadera “ciudadanía del mundo”. Se puede alegar que desde el punto de vista racional tengamos más solidaridad con los que más cerca geográficamente tenemos (si el pueblo de al lado no es del todo miserable podré hacer negocios mejor y mi vida mejorará), o que desde un punto de vista emocional somos solidarios con aquellos que nos caen más cerca. Esto tiene respuesta fácil, preguntemos si se prefiere aportar impuestos para ayudar a los ciudadanos de las islas Canarias o a los de Tetuán (que nos queda más cerca a la inmensa mayoría de ciudadanos españoles) o a los del deprimido Ariege francés.
Le podemos llamar empatía social con los compatriotas, afinidad con los que nos sentimos más cercanos o identidad nacional. No entro a valorar como hemos conseguido tener más afinidad por un señor que vive a 1000 km. por el mero hecho de que pertenece al mismo estado que por el señor que vive a 300km y que habla portugués o francés o árabe. El hecho es que la mayoría de estos ciudadanos del mundo lo que tienen es un identitarismo republicano un “nacionalismo de lo cotidiano”, aunque existe algo de esa identidad de ciudadanía global es increiblemente más pequeña que la identidad nacional. Incluso cuando esa identidad “global” la limitamos a la de un continente.
Así que no nos dejemos arrastrar a ese juego dialéctico entre “ciudadanos del mundo (modernos, cosmopolitas y de mente abierta)” contra “nacionalistas (con boina y garrota)”. El debate es qué colectividades políticas son las que construyen la identidad, cuáles son útiles y cuáles han de poder tener instituciones y de qué tipo donde residir porciones de la soberanía popular. El resto es “bullshit”

José Rodríguez (@trinitro)
Fuente: www.joserodriguez.info
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Feliz día de Andalucía!

Hoy se conmemora el 34 aniversario del referéndum de Autonomía de Andalucía, en el que se aprobó el acceso a la Autonomía por la «vía rápida». Accediendo a la Autonomía de esta forma (como Cataluña, País Vasco y Galicia), Andalucía reivindicaba su condición de nacionalidad histórica y su deseo de autogobernarse.
A día de hoy la singularidad andaluza está diluida bajo el «café para todos». Y la capacidad de autogobierno en esta España cada vez más centralista es a todas luces insuficiente para las necesidades de los andaluces.
En el campo, aún no ha habido una reforma agraria en condiciones, que convierta la tierra en un bien productivo, en vez de en la fuente de poder y especulación que es hoy. La tierra sigue en manos de los de siempre: la Duquesa de Alba y los hijos y los nietos de los mismos señoritos que hace un siglo. Las iniciativas cooperativistas han marcado el camino: una tierra de todos, en la que todos trabajan y sobre la que todos deciden por el bien común.
Y en la ciudad, las sucesivas Juntas no han apostado por el valor, el conocimiento, la investigación, el desarrollo. Los jóvenes andaluces están condenados al campo, al trabajo precario en el sector servicios, o a la emigración. La cultura de la subvención es el pez que se muerde la cola: apaga la innovación, la emprendeduria, el desarrollo y la economía productiva, creando jóvenes sobradamente preparados pero que vuelven a necesitar de la subvención y de la ayuda para vivir.
La solución a estos problemas no va a venir de España. Ya les va bien tener su patio de recreo, una tierra controlada por unos señoritos con sus negocios en Madrid, y una juventud dormida que no pueda competir con el centro económico del Estado a cambio de subvenciones pagadas con los impuestos espoliados a otras comunidades.
Pero Andalucía no necesita limosnas de nadie. Andalucía tiene juventud, tierra, y todo lo que una nación necesita para prosperar. Andalucía necesita levantarse, darse cuenta que los partidos españoles (PP y PSOE) no van a aportar las soluciones, y fortalecer los partidos y organizaciones políticas de obediencia estrictamente andaluza.

Andalucía necesita preguntarse que quiere ser de mayor: la región del sur de España, o la nación del sur de Europa.
Andalucía necesita levantarse. Por Andalucía libre, los pueblos y la humanidad: andaluces, levantáos!
Héctor Montero
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En economía, el tamaño del estado, no importa

Un comentario reciente en mi blog ilustra un argumento que se utiliza en contra de la independencia de Catalunya. Se viene a decir que Catalunya separada de España y aún entrando en las mismas instituciones internacionales a las que ahora pertenece España, tendría menos valor político que ahora y menos peso económico y por tanto conviene que Catalunya siga con España para mantener las ventajas de pertenecer a un “estado grande y más poderoso”.
Es evidente que Catalunya independiente de 7 millones de habitantes tendrá menos peso en las instituciones internacionales que una España de 47 millones. Lo que es más cuestionable es si la parte proporcional de “peso político” de los catalanes será mayor o menor. Si la suma de España-B de 40 millones de habitantes y Catalunya de 7 millones tendrá menor peso o mayor.
En la esfera internacional un montón de órganos institucionales no son proporcionales a la población (como el consejo europeo o el propio plenario de la ONU), sino que el hecho de ser nación reconocida o miembro de la UE te hace tener una voz y un voto. En los órganos que son proporcionales a la población como el Parlamento Europeo, en el caso de que una hipotética Catalunya independiente fuera admitida, tendría un peso proporcional. No hay una economía de escala institucional que beneficie tener más ciudadanos cuando eres un país de tamaño medio como España. O eres tan grande como Alemania que haces valer tu peso poblacional en la UE, o eres una superpotencia mundial para hacerlo valer en las instituciones internacionales. Ser de tamaño medio en la UE como España, no aporta mucho valor, y menos aún en la esfera internacional.
Pero, ¿y la economía? ¿no será mejor ser grande para atraer inversores y conseguir exportar?
Por otro lado el argumento se orienta al peso de la economía. El argumento viene a decir que siendo un país de 7 millones tendremos menos valor y por tanto menos empresas invertirían. Hay una especie de extraño argumento que intenta relacionar que “ser grande” aporta ventajas. El argumento relaciona “el poder” en bruto con la competitividad económica. Según ese argumento China deberías ser la economía más poderosa del mundo, y no lo es ni entre la de sus vecinos inmediatos (aunque el PIB de China hace pocos años que ha superado al de Japón, el PIB por cápita, o sea la capacidad de generar riqueza por habitante, está muy por debajo de algunos de sus vecinos como Japón o Corea del Sur).
La evidencia empírica, los pequeños juegan con una ventaja poco significativa
Centrémonos en nuestro rincón del mundo, a los países que más nos parecemos, los de la famosa UE-15, ¿son los países más grandes los que más riqueza generan? ¿es al revés?.
Seleccionamos los datos de PIB por cápita de Eruostat, los ponemos en correlación con la población y tenemos la siguiente gráfica.
Aunque hay una correlación entre tamaño y riqueza, a favor de los países más pequeños, esta correlación es muy poco signficativa. Hay países con mucha población como Alemania o Reino Unido que generan bastante riqueza y hay países pequeños como Irlanda, Austria o Países Bajos que también. Hay países pequeños que tienen un PIB por cápita relativamente bajo como Grecia y Portugal y otros grandes como Italia que también.
Incluyo los mismos datos sin Luxemburgo, que debido a su altísimo PIB por cápita y su tamaño tan pequeño distorsiona el resultado.
En ambos gráficos (con o sin Luxemburgo) se puede ver que de haber alguna correlación, es que los países con menor población tienen un PIB por cápita algo más alto que los de población algo mayor. Aún así, la significación estadística es bajísima. De 0,02 con Luxemburgo, de 0,008 sin él. Lo cuál viene a decir que el tamaño no importa, o tenerlo (el estado) pequeño o grande importa muy poco.
Algo de literatura científica
Al parecer la literatura científica nos dice que la economía de Catalunya no tiene un beneficio especial por pertenecer a un estado más grande.
Hay dos casos de estudio donde el ser pequeño ha demostrado ser una ventaja. El ser pequeño ha sido un factor que ha influido en Dinamarca y Países Bajos para mejorar su competitividad. Pero esa mejora ha venido más bien relacionada con la capacidad de sus instituciones de generar buenos gobiernos durante 30 años que por el mero hecho de ser pequeños. El ser pequeños fue un factor más dentro de los factores que permitieron adaptar sus instituciones para ser competitivos, no es determinante por si mismo.
Modelos más generales sobre la riqueza de las naciones y su tamaño, indican que existe un trade-off entre los beneficios de tener un estado grande que garantice ciertos derechos (el de la propiedad, la capacidad de generar capital social) y diversos costes políticos de ser grande y gestionar la diversidad de preferencias de los ciudadanos:
Successful countries create conditions for high productivity in the economic sphere by enforcing property rights and providing social overhead capital and at the same time minimize political costs by creating a system of rules that reduce influence costs and allow for diverse preferences. Countries also need an effective military apparatus to protect their wealth from predation by other countries.
Estudios históricos sobre la evolución del tamaño de los estados más exitosos indican que la tendencia en el siglo XIX fue hacia un aumento del tamaño de los estados, pero para el liberalismo económico del siglo XX los estados han ido adoptando un tamaño menor.
Siguiendo por la vía historicista, la ampliación de la democracia y la integración en mercados económicos más abiertos (como los que forma la UE) provocan procesos de secesión. Posiblemente porqué los beneficios económicos de “ser grande” se consiguen mejor a través de la integración económica en mercados internacionales y la extensión del liberalismo económico. Así que el trade-off entre los beneficios de ser “grande” para acceder al comercio internacional y el coste de tener poblaciones heterogéneas con preferencias diversas juega a favor de hacerse pequeño.
De hecho lo que sí parece es que hay una correlación entre la abertura a los mercados y tener un sector público más activo y el tamaño del país. Los pequeños compiten perfectamente con los grandes al abrirse rápidamente a los mercados internacionales.
Conclusión, la economía catalana no se beneficia por estar asociada a un “estado más grande y fuerte”.
La economía catalana y su competitividad internacional no serán peores por estar en un estado más pequeño. Las ventajas de “ser grande” en una economía abierta ya no son evidentes. Si una hipotética Catalunya independiente se logra integrar en las instituciones internacionales en las que ahora pertenece España, la capacidad competitiva catalana será tan buena o tan mala como los catalanes podamos hacerla. La experiencia de algunos países de la UE indica que ser pequeño les ha supuesto una ventaja y existe una pequeña correlación entre ser pequeño y la creación de riqueza pero no es significativa. No podemos esperar tampoco lo contrario, que por construir un estado más pequeño eso vaya a aportar más competitividad de por sí.
Catalunya podría seguir el camino de Dinamarca o de los Países Bajos, o estancarse como Grecia (que tiene una población algo más grande pero comparable). El primer paso está en poder disfrutar de las ventajas de integrarse en mercados internacionales y por tanto es más clave ese factor que ningún otro. Aprovechar las muy pequeñas ventajas que puede tener Catalunya por ser pequeña pasan primero por conseguir participar en las instituciones de los mercados internacionales y europeos. De ahí que el reconocimiento internacional juegue más de lo que algunos queremos creer.
Lo que sí es que no hay ningún motivo para argumentar que la economía catalana se beneficia de estar en un estado más grande. Los beneficios o perjuicios que pueda tener la economía y la competitividad catalana por formar parte de España vendrán por otra vía, y forman parte de otro debate, pero en este caso el estar asociados a un “gran estado fuerte” dejó de ser una ventaja en el siglo XX con la extensión del liberalismo económico. La política económica de las cañoneras que rigió el siglo XIX hace tiempo que dejó de ser vigente.
José Rodríguez
Extraído con permiso expreso del autor de su blog.
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¿Por qué la evolución hacia el soberanismo de una mayoría de la sociedad catalana?

El punto sin retorno.
La sentencia sobre el nuevo Estatut (2010), de un Constitucional que es cualquier cosa menos un órgano de justicia e independiente, supuso sin duda un punto sin retorno sobre el convencimiento de la mayoría del pueblo catalán de derivar hacia la consecución de un estado propio.
Perseguir la victoria total y la humillación de todo un pueblo puede acabar girándose en contra, como por ejemplo, el mensaje que trasladó el President Montilla a Zapatero en los meses previos a la sentencia del TC: la tesis de Montilla era la desafección de Cataluña hacia España. Nadie le hizo caso y se siguió por parte del estado jugando sucio, poniendo de manifiesto una falta de sensibilidad que rayaba el insulto.
Se recogían firmas contra el Estatut, y en algunos casos contra Cataluña; se presionaba sobre el Constitucional a pesar de que otros estatutos llevaban artículos copiados del Estatut catalán, y nunca fueron impugnados; se boicoteaban productos catalanes, se actuaba en contra de la lengua catalana; se reiteraba en el incumplimiento del presupuesto de Fomento destinado a las infraestructuras catalanas, que también beneficiaban a todos los españoles, por ser Cataluña uno de los pasos importantes de las exportaciones de todo el estado. Incomprensible… a no ser que en el fondo subyazca una exagerada catalanofobia por parte de nuestros gobernantes, (me quito un ojo si tú perdieras los dos).
La masiva manifestación del 10 de julio 2010 en respuesta a la sentencia fue un comienzo de lo que vendría después. Siguieron las masivas participaciones en las Diadas (11 de septiembre) 2010, 2012 y finalmente la Vía Catalana septiembre 2013, un millón y medio de personas. Y en clave de futuro, la cita del 9 de noviembre de 2014: consulta sobre la independencia de Cataluña, SI + SI.
El auge independentista.
Se equivocan quienes creen que el auge independentista es debido a un cambio de posición del mayor partido de la derecha (CiU), o de una iluminación divina del President Mas, atribuyéndole de forma peyorativa una visión mesiánica del futuro de Cataluña.
Nada más lejos de la realidad: nos encontramos frente un movimiento ciudadano, promovido desde abajo, fruto del bloqueo autonómico debido a su falta de financiación, de la humillación, incomprensión, deslealtad institucional, falta de respeto a las leyes del Parlament y al marco de convivencia dentro del Estado Español.
¿A eso se le llaman Autonomía y Democracia? Cataluña es de las comunidades que más impuestos recaudan y los catalanes, en tanto que ciudadanos españoles, de los que más pagamos. El gobierno de la Generalitat, repito, por su falta de financiación, se ha convertido en una gestora, que solo puede cubrir sus necesidades con «préstamos» del estado español, el FLA (Fondo de Liquidez Autonómica). Estamos ante un mecanismo perverso, creado por el ministro Montoro para permitir acceder a nuestro propio dinero, pero pagando el 5,5% de interés. Esto supone un mayor endeudamiento con el propio estado, que a su vez no nos financia según lo pactado (léase la clausula adicional tercera del Estatut), además del expolio económico que anualmente sufren los ciudadanos de Cataluña por ley. En definitiva, una situación de ahogo económico intencionado.
Así pues nos enfrentamos a una sentencia sobre el Estatut de un Constitucional politizado y desprestigiado, la crisis, y las respuestas de un estado español hostil y centralizador. Todo ello ha movilizado a la sociedad civil catalana, que a la vez ha arrastrado a la clase política, porque en democracia ésta, no lo olvidemos, debería estar al servicio de sus ciudadanos.
La evolución del auge soberanista en las encuestas ha sido vertiginosa desde 2010. Este crecimiento del apoyo al autodeterminación proviene fundamentalmente del cambio de opinión de dos segmentos de la sociedad. Por un lado, el nacionalismo tradicional, articulado en torno a CIU. Por otro, parte del sector federalista de la izquierda catalana, que por los motivos expuestos, ambos han perdido la esperanza de poder profundizar más en el autogobierno de Cataluña. La centralidad que por las causas mencionadas ha encontrado la idea de la independencia da un plus de beneficio electoral a la coherencia política de ERC.
Hay otra versión tan extendida como intencionada en España, que cree que la escuela catalana es la culpable de este cambio. Si eso fuera cierto, el sector independentista solo estaría representado por los jóvenes y éste no es el caso. El apoyo a la independencia es muy transversal generacionalmente, y presenta muy pocas diferencias entre grupos de edad. Yo mismo nací en Madrid hace ahora 74 años, fui educado en el “nacionalcatolicismo”. Soy de habla castellana, no soy nacionalista, milité en el PSC durante 23 años y soy independentista.
Aquellos que piensen que impedirnos votar el 9N supondrá que desaparezca el problema, por enésima vez, se equivocan. Cataluña ha resistido durante 300 años y lo seguirá haciendo hasta la consecución de su reconocimiento como Estado.
Con todos estos razonamientos, nuestro deber es intentar convencer a los indecisos, para que con la unidad necesaria, lleguemos a la consecución de nuestra independencia.
En definitiva, los ciudadanos de Cataluña deseamos un país normal como cualquier otro, y queremos vivir en un estado que defienda nuestros intereses, con capacidad de elaborar nuestras propias leyes, gestionar nuestros recursos, sus infraestructuras y todos sus servicios, y poder relacionarnos de igual a igual con los otros países del mundo.
Sí no somos capaces de conseguir las herramientas que nos daría un nuevo estado catalán, para enfrentarnos a los retos de globalización de este siglo XXI, las generaciones futuras nos juzgarán. Si en este momento histórico, en el que tenemos la oportunidad de conseguir la independencia, lo dejáramos pasar, nuestros propios hijos y nietos no nos lo perdonarán.
Paco Martínez 

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La opinión expresada en este articulo pertenece únicamente a su autor/a y no refleja necesariamente la posición de SÚMATE como colectivo.
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Dichosas balanzas fiscales

Supongo que os habréis enterado de toda la movida que gira alrededor de las balanzas fiscales. Es difícil prever por donde nos saldrán esta pandilla de devotos ministros de la Virgen del Rocío y del brazo incorrupto de Santa Teresa. Con toda la humildad del mundo voy a tratar de haceros un poco más digerible algo que se nos antoja como muy complejo pero que al fin y a la postre son las cuentas del gran capitán.

De toda la vida, en los países civilizados (5 jotas), se ha utilizado como método de cálculo el conocido como flujo monetario. No solo estudié los distintos métodos en la facultad (si no me descuento son seis), sino que me pasé 13 años dando el callo en Europartners, un holding financiero con participación de Banca di Roma-Unicredit, Commerzbank, Crédit Lyonnais, y el hoy absorbido Central-Hispanoamericano por parte española. La ventaja de que hayan transcurrido 10 años desde entonces, es que pude empaparme de balanzas fiscales en un periodo de serenidad intelectual. Pude hacerlo en medios tan distintos como el federal de Alemania, el regionalizado de Italia y el jacobino francés que ni se lo plantean. El caso español ya sabemos todos que funciona a golpe de vísceras y su análisis tan solo nos sirve como mero placebo ocultado a título oficial, aunque fácilmente deducible en el ámbito académico. 
Resulta que Montoro se levantó un buen día y cayó en la cuenta de que las balanzas fiscales eran un factor que primaba el soberanismo y amagó con publicar unas balanzas maquilladas. No tardó en caer en la cuenta de que al ser una suma que tiene que dar cero, lo que escondía por un lado, le asomaba por otro. Si no le crecían los enanos en Baleares, lo hacían en Extremadura o Galicia. Decidió guardarlo en el cajón de los olvidos, pero de repente apareció una lideresa chulapona que tiene a todo el gabinete de Rajoy de los nervios y que quiere utilizar la ventaja que le proporciona a Madrid el beneficio de la capitalidad, a fin de sacar pecho de un déficit fiscal absolutamente artificial, consecuencia del que parte reparte, de que allí rinden sus impuestos las multinacionales que operan en todo el Estado y del valor añadido que genera el gasto recurrente de toda una administración central con varios organismos duplicados en las Autonomías.
La lideresa es la lideresa y los isleños baleares pese a ser del PP son muy suyos, por lo cual, al bueno de Cristóbal no le quedó otra que pedirle árnica a su amigo del alma Ángel de la Fuente, cuyo equipo colaborador está formado por un economista valenciano y otro maño que se distinguen por su incondicional admiración hacia el laborioso pueblo catalán (ese que tanto le gusta a Rajoy porque hace cosas).
Ángel de la Fuente era un devoto del PSOE que vio la luz en una charla de Jordi Cañas y se hizo incondicional admirador de Ciudadanos. Si queréis saborear auténticos monumentos literarios del lerrouxismo más rampante, solo tenéis que acceder a las páginas de El País y deleitaros con las odas a Cataluña de este singular personaje.
El engendro de de la Fuente al que ha titulado «Cuentas públicas territorializadas» es una burda manipulación del método del flujo de beneficios. Es la lírica intercalada en las matemáticas en donde todo cabe y todo es arbitrario. El sistema ideal para no ponerse jamás de acuerdo. Hay que esperar que como hipótesis de trabajo reconozca los 16.300 millones de media que arroja el método matemático del flujo monetario adoptado por todos los países serios. Su misión consiste en aportar los más variopintos argumentos para rebajar esta cifra hasta donde el cuerpo aguante, pero eso queridos amigos es pura retórica que no modifica una realidad lacerante. Si a un presidente como Aznar se le ocurre invadir Perejil, el 20% de la fiesta a cargo de los catalanes; si decide colaborar con su amigo Bush en la invasión de Irak o dedicar 400 millones a la fiesta de los toros, los catalanes corren con el 20% de los gastos. Ya no quiero ni pensar en lo que aportamos en sobres corporativos porque me pongo malo y he decidido dedicar todos mis esfuerzos a Súmate.
Para no alargarme más, os diré que el sistema de flujo de beneficios tiene sentido en tanto en cuanto nos descuenten unos gastos razonables como contribución al Estado como embajadas, defensa etc. Lo que no es razonable es que nos carguen en la visa el capítulo de bodas, banquetes, comuniones, fastos y algarabías; no sé si me explico.
No voy a discutir la categoría académica de Ángel de la Fuente, pero supongo que tampoco me discutirá él a mí, la de las doctoras Nuria Bosch y Marta Espasa que después de dedicarle varios años, presentaron un estudio sobre los gastos que representaba un nuevo Estado para Cataluña. Algo más de 3.000 millones, lo cual quiere decir que el beneficio neto de la independencia asciende a 13.000 millones. He ahí que los 5.000 millones que nos descuenta el Estado español por gastos comunes se nos transforman en 3.000 en la nueva Cataluña con la abismal diferencia que existe entre unos gastos aleatorios e incontrolables frente a unos gastos optimizados en beneficio de los ciudadanos de Cataluña.

Manuel Puerto Ducet (@puerto_duc)

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Querida Cris

Querida Cris
Ante todo decirte que estoy bastante enfadado contigo. Y lo estoy porque aún espero que cumplas tu promesa de ir a hacernos unos callos a uno de esos sitios buenos (y baratos) que tú siempre encuentras. Pero en fin, seguiré hambriento y esperante.
Te escribo a raíz de tu divertida intervención el otro día en 8tv frente a nuestro “presi” Eduardo Reyes. Bastante graciosa. Me gustó muchísimo la comparación que hiciste de nosotros con: “el primer negro que salió en TV3 hablando catalán”. Estoy totalmente de acuerdo. De hecho en un show mío en el CCCB el mayo pasado ya vinculé el black power con el cat power y el resultado fue muy cachondo. Igual que ellos, saliendo de los ghettos y dando la mano a gente que vivía de espaldas. Buena metáfora la tuya.
En Súmate, nos vamos dando cuenta cómo aquella vieja “gauche caviar” tiene especiales y dolorosos sarpullidos cada vez que se topa con nosotros. Como los de Xavier Sardá en RAC1 por ejemplo, cuando el hombre acabó destemplado y cargado de tics clasistas. Hay un manifiesto displacer ante la evidencia de que el colectivo charna ya no encaja en aquel viejo, setentero y confortable cliché de Solé Tura o Juan Marsé: esos charnegos inocentes e incultos pero buenos proletarios y mejores personas que votan a la izquierda siempre en castellano para defenderse de unos burgueses catalanoparlantes que los explotan y los alienan. Unos charnegos que viven en Catalunya pero como leales españoles, porque la sangre remota es más poderosa que la comunidad presente (básicamente se trata de la tesis de aquel manifiesto de los 2.300 que firmara Amando de Miguel o Jiménez Losantos). El mito de Xarnatown, el lugar en el que Catalunya es sólo una autonomía leal a Felipe frente al opresor Pujolista que dice ser nación solo para robar nuestras plusvalias. El lugar donde se dice “plegar” y “rachola” y con eso se satisface el conocimiento de “lo catalán”. Un poco de Feria de Abril, un poco de butifarra y un mucho de folklore para mantener “las dos almas” de Catalunya separadas política y culturalmente. Lo nuestro y lo suyo. Un país, dos comunidades. Los “negros” en castellano y los “blancos” en catalán. Cómodo.
También entiendo perfectamente que tu comentario iba dirigido a la “burguesía catalana” que, según tú, nos ve como objeto de curiosidad y risión. Sin embargo nuestra experiencia diaria (y desde hace ya muchos meses) es exactamente la contraria. El catalanismo más orgánico y clásico lo que ha hecho es darnos facilidades, calidez y buen rollo. Es más, Súmate ha servido, como me expresaba con vehemencia un alto cargo de Òmnium, para que ellos se diesen cuenta de que han perdido la viveza, el entusiasmo y el contacto con la calle que Súmate aporta. Trabajan con nosotros sin paternalismo ni condescendencia. Sin cambiarnos de idioma o ideología. Guay.
Y sin embargo, muchos de esas “izquierdas españolas” tan cosmopolitas e internacionales a las que debemos confiar, según tú, nuestras vidas y futuro, no han parado de llamarnos (desde España y desde aquí) de nazis a subnormales, traidores o idiotas. Muchas de esas izquierdas españolas a las que deberíamos pertenecer por cuestión sanguínea, o porque lo dice nuestro DNI, nos han insultado y negado la existencia de forma reiterada. O peor, nos han sonreído displicentes en el mejor de los casos (y te lo digo de primera mano). Por lo tanto, si lo que pretendías era discriminar una vez más entre “ellos” y “nosotros”, catalanes y castellanos, llegas tarde. Los nuestros son todos aquellos que exigen votar, que quieren un nuevo país y a los que no les da miedo una catalanidad plena y nueva. Vengan de donde vengan. Vivan donde vivan.
Total, que aparece Súmate y empiezan los cortocircuitos. Se rompe el plan. Y empiezan los nervios como con Sardá que acabó preguntando al borde de la histeria si admitiríamos a alguien que hablase catalán o algún licenciado en ingeniería. Y ahora tú con lo de los negros…
Los nervios son normales. Desde esa perspectiva, y perdóname Cris, clasista, un negro hablando catalán es un exotismo, una risa para los intelectuales de verdad que saben hablar muchos idiomas. El negro que hablaba catalán en TV3 es una burla pintoresca del orden natural de las clases. Como un charna indepe. Como un proletario indepe. El problema aparece cuando no hay un sólo negro ni un solo charnego independentista. El problema aparece cuando estas personas “singulares” se organizan e intervienen políticamente. Y cuando lo hacen para suturar esa fractura, esa distancia en la que muchos nos querían mantener: inmigrantes contra catalanes de toda la vida. Y es exactamente eso lo que el proceso es. La sutura de las diferencias a través de la exigencia de nuestra soberanía política (no culturalista ni idiomática).
El lío aparece cuando la cosa no va de identidades y cuando lo que se reclama es la soberanía popular y el voto. Proceso destituyente y nueva constitución. Cuando se va hacia una República y una nueva ciudadanía. Catalanas ¿De dónde si no? Y ahí os perdéis y acudís al “último cliché”: Tenéis buenas intenciones y buena fe pero os engaña y manipula la burguesía de siempre. Antes Pujol y ahora Mas. Os engañan porque vosotros no sois más que unos inocentes charnegos todo corazón pero incapaces de hacer política sin esos “progres ilustrados” que nos representaban tan bien. Más paternalismo, más condescendencia.
No somos folklore, Cris, somos política. Y somos calle y somos urna y somos la catalanidad entendida más allá del provincialismo y la casa regional. Somos pueblo soberano. En castellano, catalán, mandarín y urdú.
Desde mi punto de vista, el primer negro que habló catalán en TV3 fue un gran tipo. Un tipo que decidió que, para él y sus hijos, éste iba a ser su país. Y entendió que hablar catalán era una buena idea porque le permitía prosperar, hacer más amigos, entender lo que se dice y escribe y por ello participar de la vida en común de forma plena. Lo alejó de cualquier ghetto. Un tipo que sabía que el catalán no le obligaba a dejar de hablar wolof, mandinga o castellano. Para nosotros, la comparación con primer negro que habló catalán en TV3 no es un exotismo o una burla. Es un gran modelo que te agradezco.
Un modelo a seguir como el de aquella primera negra que sentó en los asientos delanteros de un autobús en Montgomery, Alabama. Como el primer negro que meó en un váter de blancos de Johanesburgo. El primer negro que habló catalán en TV3. Exacto, esos somos nosotros. 
Los primeros que no cumplen sumisos con el papel que se les había asignado. Que se rebelan a la tutela benevolente de los pijiprogres de aquí y allí. Siempre vigilantes a mantener el régimen del 78. Siempre atentos a que no se mezclase lo charna con lo catalufo. Cada uno con su clientela, como debe ser.
Somos los primeros negros que llevamos estelada y gritamos independencia en castellano. Los primeros que pensamos en una catalanidad soberana y libre que nos permita desobedecer a la tiranía del gobierno de Madrid y visitar a la familia en el pueblo sin ningún problema y al mismo tiempo. Los primeros negros que rompen el cliché, que denuncian a las oligarquías de allí y a las de aquí. Que se solidarizan y se manifiestan con la gente de aquí y la de allí. Que está en las diadas y en las mareas. Con Gamonal y con Arenys de Munt. Los primeros que están dando una solución masiva, popular y democrática al colapso borbónico.
Eduardo Reyes, el primer charnego independentista que habla en la tele es, efectivamente, igual que el primer negro que habló en TV3. Como el primer gay en salir públicamente del armario, como la primera mujer en licenciarse en una universidad. Somos lo mismo. Parte de un futuro que os rompe cómodos esquemas. Desde tu perspectiva somos pintorescos, lo sé. Pero desde la nuestra, el primer negro y Eduardo Reyes no somos lo singular, somos la nueva normalidad, la nueva mayoría. La nueva catalanidad forjada en las calles, asambleas y colectivos independentistas. Una catalanidad republicana, popular, masiva y multilingüe.
Dijiste en tu intensa intervención televisiva que temías que “el procés” lo llevara Artur Mas de la mano. De hecho y paradójicamente, eso es lo que están esperando que pase, como agua de mayo, las izquierdas borbónicas: que haya un pacto, un diálogo, un acuerdo entre Mas, Rajoy, Rubalcaba, Fainé, Rossell y todas las élites y oligarquías catalanas y españolas.
Problema en las calles, solución en los despachos. Tranquila Cris porque seremos nosotros, “los negros”, los charnas, los de las calles y asambleas, los de la estelada y la marea los que no lo permitiremos. Nosotros exigimos votar precisamente para que ellos no pacten. Eso, Cris, es más que evidente. Así que te invito a formar parte del nuevo Black-Cat Power. Gente que no somos tal y como deberíamos ser y que hace lo que no deberíamos estar haciendo.
Cada vez somos más los negros hablando catalán en TV3
Salud y República Catalana
Antonio Baños
Socio de Súmate
Comisión de Comunicación de Súmate
Y sobre todo, tu amigo

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Los ‘extranjeros’ de Susana Díaz

Este fin de semana Susana Díaz, la Presidenta de la Junta de Andalucía, ha participado en un acto del PSC en l’Hospitalet de Llobregat. No es algo nuevo. De vez en cuando, el PSC decide que es buena idea que el presidente o la presidenta andaluza haga presencia a un acto en el Área Metropolitana de Barcelona, para contentar a los que ellos llaman “andaluces que viven en Catalunya”. Como si no fuéramos lo bastante catalanes para seguir la actualidad política del país donde vivimos, y necesitáramos que alguien, con un punto de folklorismo, nos recordara de vez en cuando que no somos parte de esta sociedad.
Son ellos los que necesitan hacer hincapié en la diferencia. Los que creen que no nos puede interesar un míting de Pere Navarro, de Artur Mas o de Oriol Junqueras, sino que nos contentarán trayendo a la presidenta andaluza con un par de olés. Son ellos los que hablan de nosotros y de nuestros padres como “andaluces en Catalunya”, y no como catalanes de origen andaluz. Y encima tienen la desfachatez de venir a decirnos que, si Catalunya se independiza, pasaremos a ser extranjeros en nuestro propio país.
En la Catalunya que vamos a construir los catalanoandaluces no seremos extranjeros, básicamente, porque somos parte del proceso que nos llevará a la independencia. Nuestro voto en la consulta del 9 de noviembre valdrá lo mismo que el de alguien con cuatro abuelos catalanes. Vamos a decidir todos los catalanes juntos, independientemente de nuestro orígen. Y el país que vamos a construir va a ser un país para todos.
También dice la Presidenta que el proceso nos va a obligar a elegir nuestra identidad. Señora Díaz, nadie puede hacerme elegir porque mi identidad, como la de la mayoría de los catalanes, es múltiple y plural. Soy tan catalán como andaluz. El país que vamos a construir todos juntos no va a hacer que me deje de sentir andaluz. Sin embargo, que la Presidenta de Andalucía venga a visitarnos como la madre que visita al hijo pródigo, sí que me hace sentir menos catalán. Me hace sentir catalán de segunda.
Los catalanes de origen andaluz no necesitamos que nadie venga a recordarnos de dónde venimos, porque lo tenemos muy claro y estamos muy orgullosos de nuestras raíces. Pero por encima de todo no necesitamos que nadie nos diga hacia dónde vamos, porque eso lo vamos a elegir, democráticamente, junto al resto de los catalanes.

Héctor Montero (@hmonterom)

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